Capítulo 6

Tres años habían pasado como un pequeño viento desde las montañas y ya los ejércitos de los elfos estaban todos preparados y listos para luchar.

Pero en ese espacio de tiempo los elfos silvanos de Greenwood, conjuntamente con otros silvanos de Lothlorien, se desunieron del ejército mayor. Yo no quería escuchar nada, pero escuche sin querer, que El rey del bosque y su hijo se habían ido de Imladris, hace unos meses, supuestamente iban a atacar por su lado, eso a Gil-Galad no le gusto, y él tenía razón. Su armamento, no era el mejor, era un ejército grande y valiente, pero iban a la guerra, no a la victoria. No se sabía por dónde iban a atacar, todo eran preguntas sin contestar, mi hermano estaba al mando de los demás ejércitos elficos, aunque no los silvanos, segun Oropher, porque «no estaban dispuestos a someterse al mando supremo de Gil-Galad»

Me había perdido una gran discusión, pero yo ya no estaba para eso, la antigua Glawareth, tal vez estaría triste, pero la nueva era más responsable, sabía que mucho dependía por mi vida y empezaba a tener en cuenta que su vida pendía de un pequeño anillo que tenía en la mano y de sus artes en la batalla.

Una cosa era positiva: el elfo Thranduil, no estaba más molestando a Glawareth, la cual pensaba en él, cada cuanto en cuanto, pero luego volvía a sus libros.

Ella seguía sin poder creer que él le hubiera leído tan bien, solo la había conocido unos meses.

¡Realmente lo odiaba!

En la guerra todas las criaturas vivientes se dividieron ese día..., algunas de la misma especie, aun bestias y aves, estaban en uno y en otro bando; excepto los elfos. Sólo ellos no estaban divididos y seguían a Gil-Galad.

Pero las fuerzas del Rhovanion en alianza separada, cruzaron el rio grande hacia mordor e hicieron retroceder a Sauron hacia Dagorlad. El ejército Silvano no hizo caso a las órdenes de Gil-Galad y si bien eran muy numerosos, iban muy mal equipados, allí muchos perecieron, pero es en ese momento donde entran las fuerzas del ejército de mi hermano Gil-Glalad y por lo tanto es donde entro yo en esta historia, en esta guerra.

El Elendir y su hijo Isildur también estaban a la cabeza de sus ejércitos, al igual que Gil-Galad y Oropher. Este último con sus más valerosos a la cabeza antes de que mi hermano diera la señal de ataque, salió a arremeter contra Sauron . A continuación, el ejército mayor entró a Udûn encontrando el camino casi despejado, gracias a la valerosa acción de los Silvanos y terminó por empujar a Sauron hacia dentro de su fortaleza, estableciéndose el sitio de Barad-dûr.

Allí yo estaba con mi armadura plateada, debajo tenía un vestido ceñido color rojo fuego debajo, liviano y unas calzas color plata.

Llevaba mi espada, forjada con el metal más duro de la tierra media, Mithril.

Llamada lókëril o Mithamlug pues, se decía que cuando yo luchaba con esa espada, aunque era como la plata, desprendía un brillo rojo, como de fuego.

Mi pelo hacia atrás desatado y coronándolo, mi tiara de oro con el diseño más bonito. También llevaba mi nuevo anillo, ya lo sabía utilizar, pero no era algo de lo que me gustara exhibirme, o lucirme por ello.

Yo estaba al lado de mi hermano y del otro estaba Elrond. Los tres estábamos serios y cuando descubrimos que los silvanos ya habían empezado a atacar, entramos nosotros también en la batalla, muchos orcos más y otras horribles criaturas, fui haciendo desaparecer, hasta que me di cuenta que me había separado de mi hermano, pero yo seguí peleando, luchando con fuerza, no me canse rápido, era una elleth fuerte, acostumbrada a la lucha cuerpo a cuerpo, cuando podía usaba mis dagas dobles o alguna flecha cuando tenía libres las manos.

Todo era normal, lo que se dice normal en una batalla tan grande como esta, era una batalla imponente, en todos los lados que mi vista elfica podía alcanzar a ver, había contrincantes luchando, pero fue en esos momentos que mi vista empezó a ver a las criaturas que yo más había temido ver en esa batalla. Mientras los ejércitos de Gil-Galad, mi querido hermano atacaba las fortalezas del enemigo, el cual estaba escondido y salía con hechizos, cada tanto, y hacia perder grandes cantidades de números de nuestros ejércitos, yo partí hacia donde estaban los dragones.

Era mi destino me decía a mí misma, aunque yo quería ayudar a mi hermano y a los demás elfos, era mi deber con mi tía y con los elfos silvanos, pues esas criaturas eran grandes y de gran poder y si no las mataba a tiempo, nos iban a matar a nosotros.

Pude ver de lejos que tenían grandes alas, habían tres, todos hijos del padre de los dragones, creados por morgoth, eran increíblemente rápidos y echaban fuego y humo por la boca y con eso, acechaban a muchos elfos que morían al instante.

Con mi caballo, uno de los más rápidos de la tierra media, llegue rápidamente.

Y como en todo lo que había visto hasta ahora en mis sueños se hacían realidad, este era uno de esos momentos.

Me encontraba en exactamente el mismo lugar, con vapores y niebla negra alrededor mío, todo estaba ennegrecido por el fuego, los dragones volaban encima de los que quedaban vivos, como si fueran aves de carroña, yo me adelante, y como en el sueño, lo vi a él.