Capitulo 7

Un destello plateado, entre todo un caos, una luz en la oscuridad, un ellon o elleth estaba arrodillado en el campo, en plena batalla, fui hacia allí, mis pies me arrastraban, tenía que ir allí, decía mi voz interior y allí fui.

Me deslice, lo más rápido que pude para ver la cara del ellon, era un ellon y estaba con una postura triste, melancólica, arrodillado frente a cuerpo, un cuerpo muerto. Tenía un arco descansando en la mano y una flecha en la otra, la cual estaba apoyada en el piso. Iba vestido con una armadura muy hermosa, plateada con un diseño como de un bosque, con enredaderas, le quedaba muy bien. Era un elfo del bosque verde. Después de mirar cómo estaba vestido levante mi cara hacia la suya.

Le vi la cara y experimente un terrible desconcierto, era Thranduil y el cuerpo era el de Orophin.

Después de unos segundos mire para el cielo, los dragones estaban bajando la distancia del vuelo, tenía que hacer algo, así que antes de dejar pensar a alguien que era lo que estaba haciendo, agarre a Thranduil del brazo, el me miro desde abajo y su cara se deshizo del horror y me miro con asombro.

-Ya no puedes hacer nada por él, pelea, pelea, Thranduil.

-Tienes razón, Glawareth. El asintió y me agarro la mano. Tenía los ojos llorosos. Era increíble, yo lo había pensado incapaz de experimentar sentimientos. Su corazón no era tan frio después de todo.

Antes de poder hacer algo una voz hablo, pero no era de ninguno de los dos y envió un escalofrió, espeluznante a mi columna y yo mire hacia el costado mío, del lado derecho.

Era un dragón.

Era de color verde platino, brillaba y era el más grande de los tres que había visto.

Su voz era un susurro oscuro, engañoso, aterrador.

Era astuto, como todos ellos, el creía que me tenía a su merced y parecía saber quién era yo.

-Tú no tendrías que estar aquí Mujer Elfa.

Y con la fuerza que me quedaba lance a Thranduil a un lado, y el salió volando, si volando, hacia la izquierda, muy lejos.

Pues había vislumbrado el estómago de la lombriz gigante, esta vez brillaba con un brillo deslumbrante, el mismo que de seguro yo tenía en mis ojos.

Mientras yo pensaba en como atacar al dragon, orcos, goblins y hasta arañas venían hacia mí, pero no se acercaban al dragon. Thranduil muy cerca mío, los interceptaba uno por uno y los fue destruyendo, salvándome la vida. Y antes de que supiera que estaba pasando una ola de potente fuego, fuego maldito, me rodeo.

Desde fuera, se podría ver una bola enorme de fuego, que se movía a una velocidad asombrosa, y dentro estaba mi cuerpo. Sentí mucho calor, pero mi mente y mi cuerpo estaban fríos y con un movimiento vago de la mano y muñeca se deslizo fuera de mi vista, el dragón quedo entre maravillado y desconcertado y tal vez un podo asustado, pues no había visto persona, en ninguna raza, la cual, uno de ellos resistieran tan alto ataque.

Yo luego de eso lo mire desafiante.

-Atácame todo lo que quieras Lombriz maldita, no tienes poder aquí.

Volvió a tirarme fuego pero yo puse mi gran espada delante y con un conjuro, el cual me había enseñado mi tía, esta se prendió como una vela. De punta a punta, las llamas llegaban.

Los elfos a mi alrededor quedaron estupefactos, yo también, pero rápidamente reaccione, este momento de sorpresa, era lo que necesitaba.

Pues en el estómago, o más bien en el pecho del dragón, faltaba una escama, salte rápido, muy lejos y con mi espada elfica con llamas de fuego lo atravesé en ese mismo lugar, el dragón quiso atacar otra vez, pero ya era tarde.

Mi anillo refulgía y de un momento para otro, luego de sacar mi espada del cuerpo de dragón, el fuego fue como a guardarse a ese trozo de piedra preciosa y parecía que tuviera fuego interior, eso me dio más valor de lo que pensé que podía tener y rápidamente me volví a Thranduil el cual estaba a muchos metros, parado, con la boca abierta y mirando al cuerpo del gran dragón, el cual ahora era un poco más que carne que empezaba a tener un olor espantoso.

Me aleje de allí y fui hasta él.

Salió de su asombro y me miro sonriendo, esta vez sin frialdad y con gran respeto. El siguió peleando contra atacantes sin nombre.

-¡Tienes que enseñarme a hacer eso! Me dijo, yo le sonreí, una media sonrisa, pues no estaba de humor.

-En otro memento – En ese momento la espada de Thranduil cortaba la cabeza de un orco bastante alto. Era muy genial ver luchar a Thranduil, era muy hermoso. Luego de pensar en eso, volví a la realidad y continúe:

-Ahora escúchame con atención, yo puedo contra ellos, tu ve y sigue luchando en la batalla, están a las puertas de mordor.

Bajo su espada. Me devolvió la mirada con miedo y se acercó a mí, me toco la mejilla, tiernamente.

-Gracias a ti sigo vivo, me quedare contigo Glawareth.

Asombrada, por este cambio me acerque un poco más, quería verle los ojos, los cuales tenían el brillo más hermoso, más que el mithril, parecían refulgir con deseo o pasión, no podría decir que cosa y sin que yo pudiera adivinar, el me atrajo hacia él y me beso, desesperadamente, le devolví el beso, el mejor beso que había tenido con alguien hasta ahora. Nos separamos por falta de aliento y nos miramos un instante.

En este mínimo instante, otro dragón, un poco más chico y de color rojizo amarronado, se acercó a nosotros dos, yo apenas pude replegar las defensas con el anillo.

Cuando me quise acordar, las llamas habían alcanzado todo el lado izquierdo, entre yo y Thranduil, él había querido atacar al dragon por el mismo, pero no le había hecho ni un rasguño. El espacio se hizo enorme, pues antes de que el pudiera reaccionar, yo lo había tirado de mi lado otra vez y él aunque ya había sido expuesto a las llamas malditas estaba más seguro de lo que había estado un minuto antes.

No sé qué paso con Thranduil desde ese momento, yo reprimí el fuego que iba directo a mí y lo lance atreves del espacio hacia el maldito dragón, una de sus alas se chamuscaron y aproveche que venía para abajo desde el cielo, en picada, hacia el suelo, para con mi espada, con renovado poder, cortarle la garganta, el dragón hizo un sonido extraño y fuerte, y callo a mi lado.

Estaba muy preocupada, el fuego había alcanzado a Thranduil. Luego corrí hacia el cuerpo de él, seguía muy quieto donde yo lo había dejado y al verlo de cerca me quede espantada y muy triste.

Todo su lado izquierdo estaba quemado, chamuscado, su pelo era lo único que quedaba a salvo, pues hasta su globo ocular era solo una sombra de lo que había sido.

Lo agarre en mis brazos, y vaya que pesaba bastante, pero, antes puse mi espada en mi costado, en su respectiva vaina y corrí con él en brazos, antes de que el último dragon quisiera vengarse de la muerte de sus compañeros. Fui hacia la tienda de enfermería y no con poco esfuerzo, lo deslice en una camilla vacía, había muchísimos cuerpos de enfermos, pero al no tener mucho tiempo, fui hacia una elfa que estaba allí y le dije lo que había pasado, ella, me miro con pena, pues no me había dado cuenta, pero toda mi cara estaba salpicada con grandes lágrimas.

Luego de darme cuenta que los sanadores ya estaban haciendo lo más que podían por Thranduil, yo salí de la carpa de enfermería y busque al tercer y último dragón.