Capítulo 8

El tercer dragón seguía quemando y matando nuevas víctimas, en lo que después me daría cuenta, era un fuego maldito, nadie era capaz de curarlo o pararlo, solo el dueño del anillo que yo llevaba puesto en mi mano derecha, la cual blandía mi espada, podía hacer algo contra el.

El último de su especie en esa batalla, era de un color azul, muy oscuro.

Era grande, pero no tanto como el primer dragón, aunque parecía mucho más inteligente y astuto.

No bajaba nunca de su vuelo, y yo me di cuenta que tendría que usar más que mi espada esta vez, saque una flecha de mi carcaj y lo apunte a sus ojos.

Él se dio cuenta de mis intenciones y se rio.

-Una flecha elfica, no es suficiente para destruir un arma de morgoth.

Dijo con voz espeluznante.

-Esta no es una flecha elfica común, es una flecha negra, creada por enanos, muy resistente a los de tu especie.

Tire una vez del arco pero reboto en las escamas de la barriga del dragón. Pues el volaba muy rápido, y aunque yo apuntara y diera en el blanco, no me daba tiempo de dispararle a donde yo quería.

Él se rio, pero sin gracia y me miro a los ojos, yo ya advertida por los libros que había leído durante tres años, sabía que no tenía que mirarlos directamente, pero no me acobarde.

Tire otra vez, esta vez la flecha dio en una ala del dragón, que lo hizo perder pie en el aire, pero se recuperó rápido.

Este dragón era difícil de matar, pensaba yo, y no estaba fuera de razón, el bicho en cuestión volaba de un lado al otro en el cielo y me miraba con arrogancia.

-Yo soy diferente a los otros dos dragones, yo tengo un secreto, pocos saben que existo, pero te lo demostrare.-

Y de repente su cuerpo obtuvo un brillo azulado y de su garganta lanzo fuego, pero no era fuego común, era un fuego plateado, con brillo azulado, era fuego que por alguna razón era de hielo, quede totalmente espantada e impresionada. Los orcos alrededor de nosotros habían salido corriendo, pero yo me quede donde estaba y repelí el ataque con fuerzas, que sin duda venían del anillo, yo me estaba quedando más que exhausta, estaba que no podía más, pero yo seguía con mi arco y flecha preparada para atacar y con mi último aliento y fuerza me prepare para atacarlo con la flecha por tercera vez.

-Como dije, esta no es una flecha común, es una flecha negra.

Le dije, y el mismísimo dragon, entendiendo por fin de que hablaba, bajo derecho hacia mí, en un intento de atacarme y herirme.

Dispare. La flecha negra salió disparada hacia la horrible criatura, esta, dio en el ojo derecho del dragón, le atravesó todo el cráneo y cayó muerto a mis pies. Mi armadura quedo llena de sangre que me salpico la caída y la mire con asco.

Después de ese momento no sabía qué hacer, mi mirada estaba perdida y todo lo que veía era negro o blanco, pero empecé a correr, mi mente estaba perdida.

Corrí lo más rápido que pude, y llegue al costado de la batalla, a mordor. Y comencé a atacar, no sabía si eran orcos o goblins, yo atacaba.

Mientras esperaba otro ataque de cuando en cuando buscaba con la mirada a mi hermano.

La victoria estaba cerca para los ejércitos de los elfos y humanos.

Pero el poder del anillo no se puede deshacer. Apareció de la nada, Sauron el destructor de la tierra media, y con su anillo en mano, empezó a golpear los ejércitos esparcidos en el suelo de batalla. Fue allí cuando vi a mi hermano, estaba a la cabeza con muchos otros elfos, que no me parecía conocer, pues ese momento en mi memoria, es muy borroso alrededor de Gil-Galad. Sauron con todo el poder, venido desde el anillo, golpeo, fuertemente a mi hermano y el salió disparado hacia un lado, en el suelo, mi hermano, estaba quieto y palido, el rey supremo de los elfos Noldor, había muerto.

En ese momento, cuando toda esperanza se había desvanecido, Isildur, hijo del Elendil, tomó de su padre la espada. Estaba partida, pues el Rey había caído encima de ella, pero a pesar de eso, Isildur la tomo y la dirigió hacia la mano que tenía el anillo y con un tirón preciso y con la fuerza necesaria, la espada corto parte de esa mano y el anillo se desprendió del espíritu que le había dado su poder y cayó al suelo. Sauron, enemigo de los pueblos libres de Middle-Earth, fue derrotado.

Mientras todo esto pasaba, yo estaba luchando contra varios orcos a la vez y cuando vi que mi hermano había muerto, uno de esos orcos me agarro en un momento desprevenida y me hizo un enorme, profundo y deforme corte en mi mejilla derecha. 'me va a quedar una cicatriz' pensé, pero ya era tarde así que con un mínimo movimiento de la espada, le corte el cuello, con su cabeza ya muy lejos,el cuerpo quedo temblando en el suelo y le pise el pie y dejo de temblar.

Cuando los demás orcos vieron que Sauron había caído, salieron despavoridos, no solo los orcos, los trolls, goblins y demás criaturas malformadas, salieron en tropel hacia el bosque de piedras y arena. Lejos de todo lo que quedaba en mordor, cuerpos, mugre y muerte a cada paso.

Mi herida de la mejilla seguía sangrando, pero no me importaba, corrí despavorida hacia el cuerpo de mi hermano y vi que ya era demasiado tarde para llevarlo a la carpa de curación, ya estaba muerto, a su lado quedaba su espada y se la puse en el pecho y lo abrace muy fuerte.

Todavía seguía teniendo ese olor a menta, recordé algunos momentos felices cuando nos turnábamos para la guerra de espadas con nuestro padre o cuando nos burlábamos de Findulias. O simplemente cuando nos mirábamos los tres, los unos a los otros con cariño.

Así me encontró Elrond, y se agacho a mi lado y me desprendió de mi hermano y me abrazo, me dijo palabras tranquilizadoras en elfico y me fui calmando, pero el dolor en mi corazón desde ese día, no desaparecería nunca.

Luego de un rato, allí abrazados, Elrond se movió para verme la cara y se dio cuenta de mi herida y puso los ojos como platos.

Me miro muy atentamente.

-Esa herida es profunda, no mucho, pero no dudo que haya sido infringida por un arma de mordor, esta envenenada, tenemos que ir a las salas de curación, yo mismo te voy a curar, ven, sígueme.

Yo no lo mire ni un poco más, di vuelta mi cabeza y me volví a acercar a mi hermano. Mi voz temblaba, mi cuerpo también.

-No tengo nada, estoy bien, Elrond, pero Gil-Galad NO, él está muerto.

Tendría que haber estado aquí para ayudarlo. Pero fui directo a los dragones.

Me devolvió una mirada de compasión, respeto y tristeza.

-Sí, te vi, estoy orgulloso de ti. Pero tu hermano hubiera querido que no murieras también hoy, y si no te curo, morirás.

Primero hice como que no lo había escuchado, solo nos miramos un momento, su cara cambio por una de desaprobación.

Luego sin decir palabra me levante, después de pensarlo bien y mirar a mi hermano, por última vez.

Lo seguí en silencio hacia las carpas donde anteriormente yo había dejado a Thranduil, pero eso lo deje para pensar en otro momento.

Lo vi a lo lejos, le estaban poniendo miles de cremas y esencias en todo el costado quemado.

Elrond siguió mi mirada y sonrió, sin humor.

Me guio hacia una camilla cerca, me pidió que me sentara y empezó a mezclar diferentes hojas, flores y polvos.

Después de un momento largo, donde dejo lo que estaba haciendo en una pequeña mesa de madera y se acercó a mí, me toco la herida de la mejilla, me hablo otra vez

-Salvaste al nuevo Rey de los elfos Silvanos, ese elfo te debe la vida.

Asentí con la cabeza

-Dos veces. Pero el también lucho bien hoy.

Él se rio un poco, supongo que tratando de disipar mi falta de humor y me miro con ojos risueños.

- Escuche entre los pasillos de mi palacio que ustedes dos no se llevaban muy bien que digamos.

Y me lanzo una mirada curiosa.

Yo fría como una piedra le respondí que no sabía de lo que estaba hablando y que eso había quedado en el pasado. Por un momento pensé en Lindir, era un chismoso y le había ido a contar todo, lo que de seguro había escuchado sin permiso.

-Sí… fue Lindir, pero no lo odies, él siempre me informa de todo lo que llega a sus oídos.

- No tengo ánimos para hablar de estas cosas, Elrond, solo cúrame la mejilla y todo volverá a la ''normalidad'

Se volvió serio y me miro

-Tienes razón, querida, déjame ver.

Me miro otra vez la herida, me toco y me dolió mucho, pero lo único que demostré fue un pequeño siseo entre los dientes.

Me puso un ungüento con olor muy extraño, pero muy fresco 'athelas' supuse, y al segundo me sentí, renovada.

Mire el anillo que tenía en mi mano. Ahora estaba con un brillo oscuro, normal, parecía un anillo de lo más corriente.

- Te funciono bien el anillo, por lo que pude ver. Dijo Elrond, todavía fijándose en mi herida.

Yo cabecee media dormida, como un supuesto 'si' y él sonrió.

-Nunca vi tal despliegue de poder en una elleth, ni siquiera en Galadriel, tu tía, lo hiciste mejor de lo que esperabamos.

Después de un poco más de conversación, fui hasta la camilla al lado de la de Thranduil y me senté y lo mire, los enfermeros elficos, habían hecho todo lo que podían. Su piel estaba chamuscada en muchos lados, se veían algunos músculos y su ojo izquierdo era pálido.

Me dio un escalofrió, por poco él también hubiera muerto y todo lo que quedaba de un reino, hubiera caído.

Me había dado cuenta que antes de que yo le encontrara, él ya había sustituido a su padre en el mando del ejército, fue por eso que casi no había orcos en Dagorlad. Era un ellon demasiado valiente, además de orgulloso, arrogante, odioso… podría haber seguido la lista pero me acerque a él y le di un pequeño beso en la mejilla que seguía intacta, con la mandíbula cincelada, como una estatua de piedra o de mármol, perfecta, su ojo sano miraba a la nada, era azul, celeste y yo me quede dormida a su lado, sentada en una silla al costado, soñé que estaba en Imladris, relajada y que un nuevo día comenzaba con la luz del amanecer .

'Emlygil' escuche una hermosa voz por encima de mi sueño, no sabía de donde había venido, pero de todas maneras yo ya estaba dormida y veía a mi hermano sonriéndome de forma fraternal en mi sueño.