Capítulo 9
No sabía dónde estaba, mi cuerpo estaba paralizado, no podía mover ni un dedo. Mi mirada estaba en completa oscuridad. Había un absoluto silencio. Lo único que podía sentir era una pequeña caricia en una de mis mejillas y un dolor profundo en la otra. Alguien tenía agarrada con firmeza, aunque con ternura mi mano. Cada minuto que pasaba la mejilla me dolía más y más, además estaba la cuestión de que mis ojos no respondieran a pesar de todo el esfuerzo que ponía en ellos, esto mismo me ponía de mal humor. Sentí una voz susurrante en uno de mis costados, no entendía lo que decía. 'Emlygil' 'Emlygil'.
Pasos y más pasos podía oír que se acercaban, pero no podía ver quiénes eran, pues mis ojos seguían sin responder.
Sentí gritos de dolor y después me di cuenta que eran mis gritos. No entendía nada y luego todo cayó en la oscuridad otra vez.
Rápidamente caí en un sueño muy profundo. Otra vez no sabía dónde estaba, pero esta vez podía había luz y mucha claridad.
Al frente había un océano del color más azul que había visto, era hermoso.
Yo estaba parada sobre una tarima flotante de madera que parecía ser muy fuerte y duradera, esta seguía hasta más entrado el océano y a sus costados podía ver que había muchos botes y barcos tan hermosos como el agua en que reposaban, estos iban y venían, desde y hacia el oeste.
Me quede muy quieta, cuando sentí que alguien, no sabía quién, pasaba por mi lado, me dio un pequeño escalofrío, pero olvide el punto completamente, pues la persona era en realidad un elfo: era Círdan.
Quede parada con la boca abierta, con más preguntas que respuestas. Luego de un minuto donde mi mente iba a mil por hora, fui acercándome a él y siguiéndolo. Era un sueño de lo más completo, hasta parecía que yo estaba ahí. Pero nadie parecía darse cuenta de mi presencia. Esto era típico, me dije a mí, pero no sabía la razón.
Antes de que me diera cuenta, Círdan dejo de caminar y yo casi me caigo a un lado, pues fue totalmente inesperado. El elfo quedo ahí parado mirando hacia uno de los lados, el cual parecía no tener ningún barco anclado, yo tenía poca paciencia y seguí mirando hacia el frente. Había reflejos rojizos y anaranjados como pintados en el cielo, empezaban en el lugar donde el cielo se tocaba con el mar y se reflejaban en él.
Deje de mirar cuando de repente apareció un barco navegando hacia nosotros. Luego el barco se acercó lo más que pudo y quedo quieto, levantaba olas pequeñas, las cuales rozaban tiernamente la madera.
Mientras mi olfato sentía el olor salado que venía del océano; del barco que se había anclado en la costa descendieron varias personas, más precisamente cinco, no todas juntas o en fila, venían como en un orden y las cinco vestidas de diferentes colores, todos parecían ser ancianos, me pareció muy extraño, del oeste no venían ancianos, venían elfos e otras criaturas igualmente hermosas y de apariencia jóvenes.
Estos cinco ancianos, hasta parecían encorvados y el ultimo era el que parecía estar más hacia abajo.
Primero descendió un anciano alto, vestido de un blanco deslumbrante, su pelo y barbas eran del mismo color. Tenía un cinturón de plata, que brillaba como miles de diamantes. Este caminaba orgulloso, y parecía muy arrogante, no me gusto para nada. Pero parecía, al menos un poco amable, en cuanto piso tierra, miro hacia Círdan, le dio un pequeño saludo con la cabeza y espero al costado mío, él tampoco me veía. Genial.
Segundamente llegaron dos otros ancianos, estos tenían el pelo y la barba más oscuros, pero llenos de canas. Vestían de azul marino, hasta sus sombreros. Sus túnicas eran largas y tocaban el suelo. Tenían pequeñas sonrisas en sus caras y enseguida miraron al primer anciano, el que estaba a mi lado, que empezó a alejarse, los otros dos lo siguieron. No supe hacia dónde. Pues tras ellos llego otro anciano, con pelo y barbas marrones, al igual que su vestimenta, parecía estar más desgarbado y sus ropas más viejas o usadas, pues tenían parches en algunos lados.
Tenía una mirada extraña, como si estuviera en un sueño y un pequeño pájaro que venía desde tierra adentro voló hacia él y se posó en su cabeza, inmediatamente sonrió muy complacido, se puso el sombrero sobre el pobre pajarillo y no lo volví a ver más, aunque sentía de vez en cuando algún canto desde el lugar donde yo pensaba que estaba oculto dentro del sombrero. Me reí por lo bajo. Este anciano me gradaba, más que los otros dos y mucho más que el primero, que ya habían desaparecido completamente de mi vista. Cirdan miro al nuevo visitante y empezaron a hablar animadamente, parecía un encuentro organizado y esperado por todos. A mí todavía nadie me informaba ni porque estaba allí, ni tampoco hacían señales de que me podían ver.
Y por último llegó uno vestido de gris, encorvado, de aspecto más envejecido, lo mire de pies a cabeza. Los otros dos al lado mío dejaron de hablar y apartaron la mirada de entre ellos y miraron al otro viejo. El nuevo visitante iba de los zapatos al gran sombrero puntiagudo vestido de gris.
De seguro mi mirada fue de puro asombro, era el que más aspecto de anciano tenia, hasta daba un poco de pena y también daban ganas de irlo a ayudar a caminar. Caminaba a paso seguro, eso sí, y hacia donde estábamos nosotros. Pero antes de que se acercara mucho, Círdan se le adelanto, tal vez con ganas de no extenuarlo mucho al pobre viejo.
Se acercó lentamente, y yo con ellos. El viejo tenía barbas y pelos canos, pero más grises que blancos, aunque daba la impresión de que daban destellos dorados con la luz del sol que venía detrás de él. Era todo un espectáculo de ver. Ojos muy azules y amables. Parecían que habían visto miles de edades, pero al mismo tiempo, jóvenes y brillaban con energía. Mirada simple, bondadosa y cariñosa, aunque con poder y decisión, estos miraron directamente hacia el otro elfo que tenía a mi lado. Seguían sin verme, ninguno de los dos, o eso parecía.
Yo estaba molesta y curiosa, es sol bajaba muy lentamente.
El elfo y el anciano hablaron por un rato, del viaje y de cosas que yo no entendía.
Hasta que pararon de hablar y el elfo se acercó más al viejo y le dijo mostrándole un anillo.
Esperen un minuto.
Un anillo.
De oro y con un rubí.
Ese era Mi anillo, si ERA, porque inmediatamente eche un vistazo hacia la mano donde se suponía que tenía que estar, no estaba. Quede asombrada. 'Bueno, en realidad'- pensé yo- 'no era Mi anillo, era de Círdan, que hiciera lo que quisiera con él. Pero ni permiso me había pedido para devolvérselo.'
El elfo hizo una pequeña reverencia hacia el anciano y recito: "Toma este anillo, pues trabajos y fatigas te esperan. Este es el Anillo de Fuego, y con él tal vez puedas reanimar los corazones y procurarles el valor de antaño en un mundo que se enfría. En cuanto a mí, mi corazón está con el mar, y permaneceré junto a las costas grises hasta que parta el último barco. Hasta entonces te esperaré".
Eran unas palabras muy parecidas a las que mi tía me había anunciado esa tarde en Imladris y espere a ver que hacia el otro individuo.
El anciano le devolvió el gesto, muy amablemente, y más grácilmente de lo que se podía esperar.
Lo mire con asombro. Su sonrisa era muy amplia y graciosa. Desde ese momento me gustó mucho y sin pensar yo también sonreí.
El hombre tomo el anillo que le había sido entregado sin una palabra, 'todo un ejemplo'- pensé yo- 'pues cuando me lo habían dado a mí, había casi renegado de el.'
Hablaron un poco más y ahí es cuando el viejo dejo la mirada del elfo y sin avisar miro hacia mi lado, me miro directo a los ojos, los cuales brillaban con complicidad y parecían guardar una broma secreta. Quede inmediatamente de piedra, este último personaje parecía poder verme, eso más que alegrarme me puso en guardia, pero el susto rápidamente paso, pues el anciano me guiño el ojo y me dijo en un susurro amistoso:
-Ya nos veremos querida compañera del anillo, ya nos volveremos a ver. Con gran asombro y ese último vistazo al anciano con sombrero puntiagudo, ya todo fue otra vez oscuridad.
Maldita sea.
Fui sintiendo que recobraba la conciencia y todo lo demás muy lentamente.
Recuerdos pequeños del sueño/visión/cosa, fueron apareciendo en mi mente y los organicé para preguntar sobre el después.
Todo era muy extraño, ya tenía hambre, mucha hambre a decir verdad. Yo nunca tenía tanta hambre al levantarme en Imladris. Extraño.
Hasta que otras imágenes más horribles y oscuras aparecieron como destellos que me golpearon en mi mente, sentí que me dolía la mejilla y todo cobro sentido y en lo que podría decirse un gran sobresalto, mi visión volvió y pude ver.
