Capítulo 10
La mejilla no me dolía tanto y mi mano fue rápidamente hacia el dolor. Era dolor con una mezcla de picazón. Seguro se me había puesto mucho peor mientras dormía. Recordé lo que le había pasado a mi hermano y empecé sin querer, a llorar. Me tape la cara con las manos, teniendo cuidado de no tocar mi mejilla.
Yo estaba vestida con un camisón elfico, hermoso y blanco. Totalmente limpia, ni pensar que había venido casi muerta de una guerra. En el dormitorio había olor a mi perfume. Estaba en casa otra vez, por un momento en mucho tiempo, me sentí muy bien.
Al minuto, cuando ya solo lagrimeaba lentamente, apareció una figura familiar en la puerta, caminaba rápido hacia mí y parecía traer un ungüento en una mano y una carta sellada en la otra.
Era Elrond
Me alegre al instante. El dejo las cosas que tenía en sus manos a los pies de la cama y se acercó y me abrazo muy fuertemente.
Mientras esto pasaba me ubique en tiempo y espacio.
Estaba en Imladris.
Era de día.
Estaba yo sola en este dormitorio con Elrond.
Miles de preguntas vinieron a mi mente. Por Valar, me dolía bastante ahora que pensaba en eso, me toque la sien, en un intento de arreglar la situación y dejo de doler un poco.
Elrond me miro después de un rato yo lo mire, y se dio cuenta que no entendía nada. Me comenzó a explicar.
-Tu situación empeoro, tu herida parece que se infectó con ese veneno de Mordor. Hice todo lo que pude, Celebrian, Galadriel y Círdan estuvieron aquí. Galadriel me aviso que hoy ibas a despertar de tu desmayo.
Yo fui digiriendo toda la información que me había sido dada en tres segundos. Faltaba un nombre. Fruncí las cejas. El leyó mi mente.
-Sí, Glawareth, Thranduil también estuvo aquí.
Elrond de repente se puso muy serio, como con miedo.
-¿Pero hace cuanto que estoy aquí, que paso con la batalla, con el anillo, con Isildur, y por qué estoy en Imladris? Dije todo rápido, muy rápido.
-Estas aquí hace una semana, ya estamos en la tercera edad del sol, estamos en paz, sauron fue destruido y estas en Imladris porque vives aquí y aquí vive el que te ha estado curando y ha estado preocupado por ti: Yo.
-Perdóname si te he lastimado, Elrond, es que no entiendo nada. Seguí.
-¿Dónde está todo el mundo?, ¿qué más paso con el anillo?- pare un momento, Elrond se paró, como enojado, nunca lo había visto de esa manera- ¿Dónde está el Único, Elrond? ¿Lo tiraron al fuego del monte del destino, cierto? Mi voz era cortada, yo estaba muy nerviosa.
-Isildur tomo el anillo de su verdadero dueño, pero no lo tiro a la lava del monte.
Mis sueños se hicieron realidad, Otra vez. Mire a Elrond.
Sus ojos desprendían un brillo mortal, estaba enojado, furioso, y yo también estaba enojada, muy enojada. Confiaba en Isildur, y ahora nos había traicionado. El anillo tenía que ser destruido.
-Yo le dije que lo tirara… hasta lo seguí adentro del monte, pero el no quiso escuchar y se lo quedo para sí mismo… está loco Glawareth, está fuera de nuestro poder, otra vez, no podemos quitárselo, ese anillo es más poderoso de lo que tememos, si se lo sacamos sin permiso, una herida quedara en la mente de Isildur, aunque ya tiene una bastante considerable, pues él se adueñó ahora del anillo, pero el anillo le quito su libertad de pensamiento, ahora su razón de vida es El. Ya no es el Isildur que conocimos. La raza de los hombres es débil.
Yo no podía creer lo que oía, tenía razón, obvio, pero ahora ¿Que iba a ser de nosotros?
Según lo que había dicho Elrond, Sauron había desaparecido, pero algo me decía que él estaba en algún lugar en la tierra media.
Se me congelo la sangre. NO, no podía seguir existiendo cuando mi querido hermano no lo estaba. El anillo de seguro tenía algo que ver.
-¿y que va a suceder ahora?- Pregunte yo con mi pobre voz, estaba rasposa y se sentía como si hubiera estado gritando por mucho tiempo.
Tenía mucha sed, quería agua.
Elrond vio la desesperación en mis ojos, se sentó a mi lado, en la cama y me dio un vaso que contenía una bebida fresca y que al momento que mis labios la tocaron, mi cuerpo pareció revivir otra vez.
-Vamos a vivir en paz por un tiempo, supongo. -Dijo con resignación. – Mi anillo protegerá la ciudad contra los orcos que sean lo bastante estúpidos para venir hasta nuestros bordes y todo estará bien. Miro hacia otro lado.
Me estaba ocultando muchas cosas. Le di un pequeño toque en el brazo.
-¿Qué más? ¿Qué me ocultas Elrond? Mientras decía eso, su mirada se ensombreció y yo quede muy preocupada. Se levantó de la cama y empezó a caminar a paso rápido por delante del pie de la cama donde yo estaba todavía tendida.
-Primero que nada te tengo que informar que Cirdan quería librar algunas palabras contigo, pero como no despertabas y él no tenía mucho tiempo…
Me miro un momento, preocupado. Yo le devolví la mirada.
-¿Si….?
-Se fue con su anillo. Lo siento, Glawareth.
Pero esto yo ya lo había asumido. Lo Mire un segundo, preguntándome que era lo que lo ponía tan preocupado, le di una media sonrisa, ah, era eso.
-No tienes que preocuparte, ese anillo no era mío, era de él, de Círdan, y nada en mí se partió, ni tampoco desea el anillo, todo está bien amigo mío.
El pareció más relajado, yo reí esta vez, una risa corta y sin mucha alegría, mi corazón estaba un poco rajado eso sí, pero no tenía que ver con el anillo. Elrond parecía todavía de veras preocupado.
-Hay otra cosa… -dijo, se sentó otra vez, mi mirada lo seguía, tenía miedo, ahora yo sentía miedo ¿Qué más?
–Es sobre Thranduil, un asunto muy urgente lo ha hecho partir hacia Greenwood.
El dormitorio quedo en silencio por un momento, no sé cuánto. Yo no sabía que era lo que tanto le preocupaba. Lo mire seria unos segundos y luego sonreí un poco.
-Ah entiendo, ¿y que era tan importante que se fue? Ahora es el rey, es por eso ¿No? El volverá, cuando él pueda.
Elrond miro hacia otro lado. Se puso pálido. Luego miro otra vez hacia mí, su mirada y sus cejas daban un aire de entendimiento, era una mirada muy dura. Me agarro las dos manos y me las acaricio cariñosamente. Oh Oh.
-No, escúchame atentamente, Glaw, El no volverá, él se fue y me dejo algo para ti, si es que volvías a revivir, cuando él se fue, todavía estabas desvariando y tenías fiebre. Estábamos todos muy preocupados…- Yo no quise escuchar más y me di cuenta de algo, que era muy importante y mi parte inteligente de mi cerebro no quería ni escuchar, o la parte idiota, no podría decir. Yo AMABA a Thranduil y me di cuenta cuando ya no estaba a mi lado. Odioso elfo. Elrond seguía hablando, el, sabía que yo quería a Thranduil, o creía saber. Ni se imaginaba.
- …Y entonces vino una escolta enorme desde Greenwood hace unos tres días y él se tuvo que ir, pero me dio esto para ti.
Me miro con pena, odie esa mirada. Entrecerré los ojos.
Me tendió una carta gruesa, blanca y cerrada. Mire de la carta, a él, de él, a la carta repetidamente. Mi mente no quería unir las pruebas del terrible abandono que había sufrido. Cuando mi mente se aclaró y todo calzo.
Mi corazón se rompió del todo.
