Capítulo 12

Luego de eso y dejando de lado lo que decían mis sanadores, me reusé a quedarme acostada. Me corrieron por todo el dormitorio con compresas de agua y platitos con ungüentos.

Los deje ponerme las cremas.

No me gustaba estar ahí todo el día viendo el techo del dormitorio y odiaba sentirme como una inútil, siempre fui así, pero ahora parecía tener un humor más oscuro.

Me levante y ya me sentí mejor.

Fui hacia el vestidor. Despedí con un grito a las sirvientas que me había traído Elrond y me vestí yo sola. Me peine como pude y tuve mucho cuidado en no tocarme la herida, pero a veces picaba y dolía.

Después de unos momentos ya me obligue a ignorar el dolor y camine del cuarto a la biblioteca.

O bueno, eso quise hacer.

En fin, mi cuarto quedaba en la mitad de Rivendell. Para ir a cualquier lado tenía que esquivar elfos y elfas que me miraban, y cuando se daban cuenta de quién era yo, desviaban la mirada y cuchichiaban entre ellos. Era horrible.

Se oían cosas como: The Dragon Slayer!

Negaba con mi cabeza, increíble

Yo odiaba esa mierda, me hacía acordar al pobre Glorfindel.

No habíamos matado a terribles criaturas para ser famosos o para obtener gloria, lo hicimos por un propósito más alto. Pero las grandes masas de seres nunca fueron de las más inteligentes.

En mitad del camino me encontré con dos personas, una no me sorprendió en absoluto, me miraba feliz con una gran sonrisa en la cara: Era Celebran.

La mire con miedo, su sonrisa era muy grande.

Pero lo que más me sorprendió era el segundo elfo:

Lindir.

Él estaba sonriendo, como si estuviera de verdad feliz.

Estaba de verdad feliz.

Por los valar, ¿de qué me había perdido ahora?

Celebrain sin nada que decir, me dio un abrazo fuerte, se lo devolví, puse una pequeña sonrisa.

-Ooh que preocupada que estaba por ti querida prima, no lo sabes.

Nos separamos un poco y nos miramos la una a la otra. Ella me miro a los ojos y cambio su postura y su sonrisa por una de entendimiento y me abrazo otra vez, yo estaba desprevenida. Me reí

Mientras miraba por encima del hombro de Celebrian, mire hacia Lindir y le sonríe. El me respondió con un asentamiento y también se rio.

Luego de eso, hablamos los tres de todo un poco.

Llegamos a la biblioteca, mi lugar preferido.

Era una enorme habitación con libros en estantes que iban desde el techo, muy alto, hasta el suelo.

Los había ordenado yo, aunque no era mi trabajo. Estaban en orden alfabético. Había gran variedad de temas.

Había de muchos idiomas, idioma común, elfico antiguo, sindarin y otros.

En un lado una gran ventana, que daba hacia un gran y bonito balcón y la vista era preciosa, uno de los más hermosos y grandes acantilados de Rivendell.

Yo solía sentarme ahí, en ese balcón. En un sillón enorme de madera tallada con pequeñas flores en forma de estrella.

Siempre mientras leía, se sentía el ruido del agua y los pájaros que jugaban en la orilla del acantilado.

Ese día cuando llegamos, seguimos charlando de una cosa o la otra, nos divertíamos con algún cuento que me había perdido cuando estaba en cama.

-Pero estábamos tan preocupados por ti, Emlygil

Yo me reía y asentía, pero mis cejas en ese punto se juntaron, no entendía lo que me había dicho a lo último.

-¿Cómo me llamaste?

Ella y Lindir sonreían un poco y empezaron a explicarme.

-Ya sabes, Chica dragón, mujer dragón.

Asentí, si eso quería decir en sindarin. Pero seguí sin entender.

-Claro que sé que quiere decir, pero ¿Por qué me dicen así?

-Oh ya sabes, porque mataste Dragones, la última vez que te fuiste, lo recuerdas ¿no?

¿Me estaba tratando de boba? Me puse muy seria

Lindir también explico.

-También te decimos así, porque cuando te enojas tus ojos se ponen muy rojos y tienes una forma de ser muy…que extraño…

Me miro a los ojos mientras decía eso y yo puse una mirada de cuestionamiento. Los ojos de Glawareth estaban muy lejos de tener su propio brillo especial. Algo grave estaba pasando, pensaron Celebrian y Lindir.

Celebrian se asustó. Y se acercó rápidamente a Glawareth. Le dio un toque en el brazo a su prima.

-¿Qué sucedió allí, Glawareth?

Negué con la cabeza

-No pasó nada, mi hermano murió, y ahora sauron fue destruido. Eso paso.

Bueno no destruido enteramente, pensé para mí misma.

-Hablamos en serio, ¿qué TE paso a ti?, estas muy rara.

Reí

- No me sucedió nada, solo que casi muero unas veinte veces en lo que duraron los días y que ahora mí cara es horrible, ¿es que no ven la cicatriz?

Ellos asintieron, serios.

-Sí, la vemos. Te queda muy bien. Es una marca de guerra. Tendrás más pretendientes que antes.

Me cambiaban de tema.

-No tan rápido ustedes dos, ¿por qué me dicen 'Emlygil'? No me gusta mucho.

Entrecerré los ojos, como un juez, con mi dedo los señale a los dos mientras decía eso, espere a que me respondieran de una vez.

Fue Celebrian la que hablo esta vez.

-Es como te llamaba…- compartió una mirada preocupada con Lindir

Le respondí rápidamente cuando vi que dudaba en decirme.

-¿Quién?

Lindir respondió.

-Thranduil, Así te llamaba el cuándo estaba aquí en Imladris y a alguno de nosotros nos gustó y le copiamos.

Sentí que la rabia, el enojo y otras cosas venían a mi mente y me llenaban el cuerpo entero. Los otros dos caminaron varios pasos hacia atrás y me miraron con asombro.

-Bueno, al menos volvió la Glawareth de antes. Dijo Lindir antes de que yo estallara a gritos en medio de la biblioteca.

Los pájaros que estaban cerca, volaron asustados, los dos adelante mío, retrocedieron un poco más.

En los pasillos, por todo el valle se escucharon grandes gritos, parecían provenir de la biblioteca.

Elrond en su estudio se agarró la frente con la mano derecha y sacudió la cabeza.

Un dragón había renacido en la biblioteca de Imladris.