Capítulo 13

-¡NO ME HABLES DE ESE ELFO!

-Su nombre está totalmente prohibido cerca de mí.

-No hablen de él.

-ELFO ODIOSO

-También queda prohibido ese horrible nombre que me pusieron, 'Emlygil'

-¡COMO SE ATREVE!

Viento había entrado del balcón y movía fuertemente el pelo de Glawareth hacia atrás.

Las velas prendidas, parecían estar por estallar, pues cada vez que ella gritaba algo nuevo y caminaba de un lado a otro, el fuego parecía prender más y más.

Tenía un enojo ciego, quería destruir cosas, matar orcos, quería cortar la cabeza de cierto elfo.

Los otros dos elfos, todavía estaban mirando, con mucho miedo.

Luego de un momento los ojos de Glawareth dejaron de tener el brillo rojizo y se pusieron grises hielo.

Se acercó a los otros dos, esta vez no retrocedieron.

Pero esta Glawareth fría como el hielo, daba más miedo que la anterior.

-¿Quedo claro?

-Ssi, si, quedo claro, Glawareth.

-Perfecto. Dije, con una sonrisa fingida y me dirigí hacia el estante de la derecha. Empecé a ojear alguno de los libros.

Luego de eso, todo volvió a la normalidad. Los tres amigos siguieron hablando. Habían entendido y ahora ya nadie hablaba de cosas prohibidas.

Lindir parecía respetar y querer más a la nueva Glawareth, esta, parecía más seria, centrada y mucho más adulta.

Se hicieron grandes amigos desde ese momento.

Eso no quería decir que Glawareth dejara sus travesuras, en si era más seria, lo que le daba más ocultamiento a sus bromas.

Todo el día lo paso caminando, leyendo, charlando con sus amigos y otras personas que le venían a preguntar amablemente como estaba ahora.

Había personas que se fijaban en ella por chismosas, pero ella los ignoraba.

Llego la noche y se despidió de sus amigos y todos se fueron cada uno a sus dormitorios a cambiarse.

Glawareth esta vez eligió un vestido lila, de ceda. Era muy bonito. Tenía el escote circular, sus mangas eran abiertas y se le marcaban las curvas.

Se agregó un collar de pequeñas gotas de gemas de amatistas al cuello.

Y una diadema de plata con una pequeña amatista con forma de rombo en el centro. La tiara en la parte de atrás se unía con unas cadenitas también de plata las cuales tocaban suavemente mi cabello de color negro ondulado.

-Esta noche comienza otra vez tu vida- Me dije en voz alta, mirándome al espejo. La cicatriz se veía, pero no queda mal, en si le daba un toque rudo y bonito a mi cara, me gustaba.

-Olvídate de todo lo malo, sonríe de verdad y afronta todo, se valiente.

Luego de eso me puse unas sandalias cómodas y salí de mi habitación.

Fui hacia el comedor principal, tenía una mesa redonda. Ya había bastante gente. Apenas me acerque todos se dieron vuelta y me miraron.

Yo no me asuste ni nada y seguí mi camino, como si todo fuera de lo más normal.

Me senté entre mi tía y Elrond, ellos me sonrieron y parecían volver a respirar cuando les devolví la sonrisa.

Me serví de todo un poco, tenía mucha hambre. Había comido alguna cosa, desde que me había despertado, pero esto era mucho mejor que lo anterior.

Supuestamente era un banquete por mí vuelta al mundo de los vivos, pero a mí no me gustaba la atención, así que no dije nada ni me moví del asiento.

Hable con mucha gente, eso sí, fui amistosa, hasta tuve que fingir alguna que otra sonrisa, pero la mayoría de las veces olvide mis penas anteriores. Todo está bien. Me decía a mí misma. Y rápidamente me fui olvidando, dejando mis inquietudes para otro momento, y las ubique en un rincón de mi mente para que no me molestaran más.

Comí bastante. Y luego de la cena fuimos a uno de los otros salones y en el medio había unas llamas de fuego prendidas, me acerque antes que todo el mundo y las mire.

Todo alrededor quedo en silencio.

Se podía sentir la tensión.

Galadriel al ver lo que pasaba, se acercó despacio y me agarro una de las manos. Mire hacia ella, a sus hermosos ojos azules. Su mirada era amable.

-Ya todo está bien querida Glawareth, no hay de qué preocuparse.

-Ya lo sé. Le respondí con una sonrisa genuina, ella me la devolvió con un destello de alegría verdadera y empezamos a cantar una canción en elfico las dos juntas.

Todo el salón parecía estar en un sueño.

Terminamos la canción y todo el mundo pareció salir del estupor.

Nos reímos entre las dos y después se me iban acercando varios elfos.

Me pidieron bastantes bailes. Los acepte todos.

Los que me conocían quedaron de verdad sorprendidos con este cambio, era un cambio enorme. Yo antes odiaba que me sacaran a bailar.