Capítulo 5.

Bom llevo sus manos a la cabeza. Quiso concentrarse pero no podía. No entendía nada. Todo era tan confuso. De alguna manera lo que había sucedido esa mañana, en el puente, lo recordaba muy bien. Sin embargo era como si al mismo tiempo los sucesos fueran disipándose de la nada. Algo le hacía sentir así. Y por supuesto ese algo era lo que necesitaba entender. En esa ocasión ella le había dicho esas palabras tan extrañas a Taeyang que no comprendía. Como pudo haber actuado de esa forma si no había vivido sus problemas. Pero en ese momento esas frases salieron de su boca de lo más natural, con seguridad inquebrantable.

-Ah Pero ¿Qué paso?-dijo ella con desesperación por no poder encontrar una solución a esa encrucijada de su cabeza.-QUE MOLESTO.

Se levantó de la silla que se encontraba ante su escritorio y camino por toda la habitación. Sentía mucho calor. Pensó que quizás esa era la razón por la cual no podía pensar con claridad en ese instante. Así que opto por salir a la calle para respirar el aire fresco del ocaso.

Cruzo el salón del primer nivel que la llevaba a la puerta de salida. Cuando iba atravesarla escucho voces que hablaban de ella. Se detuvo.

-Han escuchado que el día de ayer se instaló en este edificio una chica de familia pobre-decía un muchacho que se encontraba apoyado en una de las columnas que sostenían el techo.

Bom lo miro de soslayo. Luego desvió su camino hacia la puerta para doblar a la izquierda. Se empezó a acercar disimuladamente pero entonces vio a mucha más gente de la que había imaginado, acompañando al muchacho. Se detuvo a una prudente distancia. No muy lejos de ellos, pero tampoco muy cerca. De hecho lo suficiente para escuchar que decían con más claridad. Presto atención.

-Disculpe usted, señorita-se escuchó una voz a sus espaldas.

Bom se voltio preparando una excusa en su cabeza para decirla si hacía falta a esa persona. Pero entonces vio que no era un prefecto del edificio, más bien era un hombre que bestia ropas extrañas. Algo así como de la época antigua. Sus cabellos estaban recogidos en una pequeña cola. Sus ojos mostraban una ligera forma redonda en sus rasgos. Aun así no dejaba de parecer coreano.

-¿Quién es usted?

-Me presento, mi nombre es Takeshi-dijo él con voz apacible agachando la cabeza.

-¿Eres japonés?-pregunto ella.-Lo siento, pensé que eras coreano.

-Oh, no se preocupe, señorita-sonrió gentilmente-Yo soy mitad coreano y mitad japonés.

-Entiendo-dijo ella.

-Sería muy placentero si me dijera ¿En dónde podría ir para inscribirme en esta preparatoria?

-No creo…

-Vaya, miren a quien tenemos aquí.-dijo alguien con un tono de voz desagradable.

Bom y Takeshi se volvieron y se encontraron con las miradas de un grupo de chicos que la joven reconoció como los que habían hablado mal de ella hace unos segundos atrás. Estaban de tras de ella. Mirándola con infinito desprecio. Bom apretó los dientes con rabia y sostuvo su mirada con un brillo desafiante en los ojos.

-Tú debes ser la estudiante pobre que recibió la beca por parte de la preparatoria ¿no es así?-DIJO EL CHICO QUE ella había escuchado anteriormente.

-No soy pobre-contradijo Bom.

-Claro que sí, por tus ropas puedo ver que eres de pueblo.-dijo una chica con altanería.

-¿Qué?-gruño Bom sin poder evitarlo.

-Se nota que no tienes modales y esa es la razón más clara de que tus padres son de clase, de la más baja.-agrego el muchacho.

-No permitiré…

Empezó Bom pero fue detenida por Takeshi que extendió su mano ante el rostro de ella. Se adelantó más hasta que Bom quedo de tras de él.

-Por favor, señorita no es necesario que gaste sus energías por esta gente insolente. Yo me encargare de todo.

-¿Quién eres tú?-pregunto el chico percatándose de Takeshi por primera vez.

-Soy alguien que no soporta que ofendan a las damas-respondió con calma.

-Esa mujer no es ninguna dama-dijo otro muchacho del grupo.-Es una rastrera.

Bom apretó los puños de furia.

-¿Rastrera?-el joven sonrió-Rastrera es esa chica que te acompaña. Y tuvo la insensatez de provocar amargura en la señorita. Con tu amigo. Pero ahora que los veo a todos ustedes. Son de la misma clase. Unos ingratos. Sin modales.

-¿Qué has dicho?-grito el chico que había empezado a ofender a Bom desde un principio.

-Esa no es la manera de comportarse de personas que supuestamente han nacido en una familia culta. Supongo que sus padres deben haberlos educado de esa manera.

-Como te atreves a decir esas palabras monje extraño-estallo irritado el chico.

-No soy monje-corrigió Takeshi.-Provengo de familias antiguas. Es por eso que tengo tradiciones que me dictan usar este kimono.

-Ya cállate-estallo el muchacho lanzándose contra él para golpearle el rostro.

Takeshi en un rápido movimiento saco una espada de gran tamaño y la apunto hacia el pecho del joven. Bom se sorprendió. No se había dado cuenta de que Takeshi traía una vaina en el cinto hasta ese momento.

-También se me olvidaba decirte que la parte japonesa de mi familia desciende de una gran legión de samuráis.

Esa mención era para Bom y ella lo capto inmediatamente.

El joven se encontraba paralizado con los brazos alzados y los ojos abiertos como platos por la sorpresa y el miedo.

-Que haces-pudo decir otro de los chicos del grupo.

-Estas preocupado por tu amigo ¿verdad?-dijo Takeshi mirando al chico que había hablado-No le hare nada. Te lo aseguro. Pero no deseo que sigan molestando a la señorita.

-Pero… ¿qué sucede aquí?-se escuchó una voz.

Bom se volvió y se encontró con una de las autoridades que había visto cuando bajo al salón.

-Prefecto este loco mire lo que acaba de hacer-dijo una de las chicas que estaban ahí.

Takeshi ladeo la cabeza y vio al prefecto. Bajo la espada y la envaino sin más. Los muchachos del grupo esperaron con paciencia a que Takeshi fuera sancionado o expulsado de la casa de becados pero para su sorpresa el hombre se inclinó a modo de respeto. Para Bom también fue una gran sorpresa.

-Señor, lo esperábamos-dijo.

-¿Señor?-dijeron los del grupo en unísono perplejos.

El hombre los miro a ellos con seriedad.

-Así es-afirmo-La familia del Señor Takeshi es dueña de este lugar y también de la preparatoria.

Daensug miro la botella completamente vacía. Frunció los labios. Y luego tomo el objeto. Lo apretó con fuerza levantándolo. Lo agito en el aire.

-Sirva…me más… señor-dijo el joven con ebriedad.

-Lo siento muchacho. Pero ya debo cerrar. Es mejor que vaya a su casa a descansar. Seguramente sus padres deben estar preocupados por usted.

-¿Padres? ¿Qué padres?-dijo Daensug con enojo-Yo no tengo padres. Soy hijo de la nada me escucho. En todo caso sería como un cero a la izquierda.

-Por favor es mejor que se retire.-insistió el hombre removiéndose inquieto.

-Bien, me voy-dijo el chico dejando la botella en la barra.

Se paró con torpeza y se volvió para salir pero no se percató de las escalinatas que debía bajar para llegar a la salida y cayo cuan largo era.

-Ah, muchacho ¿Se encuentra bien?-El hombre corrió a ayudarle.

-Pero que paso…-dijo el joven cuando el hombre le estaba ayudando a levantarse.

-Se tropezó con la escalinata-respondió.

Cuando Daensug estuvo completamente de pie, el hombre lo guio hasta la salida.

-Vaya a su casa, por favor.-pidió el hombre.

Daensung quedándose solo, se acercó a su auto. Intento abrir la portezuela pero no pudo. Jalo con más fuerza. Pero no funcionaba.

-¡Maldito auto!-aulló Daensug con impotencia.

Bom camino por el pavimento viendo cada edificio con intención para no perderse de regreso. Había salido del edificio después de que Takeshi se despidiera de ella. Ahora caminaba no para tomar aire fresco como era su idea en un principio sino para comprar un libro.

Pero pronto se dio cuenta que, por donde iba no había ninguna librería o al menos algo que se le pareciese. Solo entonces se percató de golpes. Escuchaba con claridad los golpes por qué no había nadie más que pudiera hacer ese ruido ya que la calle estaba completamente desierta. Miro a los cuatro costados y noto un auto aparcado al otro lado de la acera. Y a un chico golpeando con los puños la parte de arriba.

-¡Aish! ¡Condenado carro, ábrete!-grito el joven.

Bom se le quedo viendo un rato. Le pareció que tenía problemas con el automóvil. Pero también escucho la voz del chico. Y se le antojo que podría estar ebrio. Se dio vuelta. Y entonces vio como la puerta del edificio que se mostraba a su lado se abrió, apareciendo de adentro un rostro conocido por ella.

El chico también la reconoció y se quedó unos segundos mirándola sorprendido. Luego sonrió. Avanzo un poco más y cerró la puerta. Se volvió e inclino un poco su cabeza.

-Hola Bom-saludo el muchacho con suavidad.

-Hola-dijo solamente ella.

-Aun eres evasiva-comento el chico.

Nuevamente se escuchó el golpe contra el auto.

-No estoy acostumbrada hablar con la gente todo el tiempo-dijo ella ladeando la cabeza.

-¿Enserio?, pero apenas nos hemos encontrado hoy-menciono mirando hacia donde la chica miraba.

-Claro. Pero lo único que he hecho desde que llegue a esta ciudad es encontrarme con chicos en su mayoría.-señalo al joven que estaba pateando su auto.-Por ejemplo, él. Me lo encontré a sí. Pero no me acerque a hablarle. Si hubiera estado sobrio estoy segura que me hubiera hablado como lo hicieron Taeyang y tú en la estación.

-No lo creo. Lo conozco. Y ten por seguro que no hubiera dirigido su atención hacia ti.-La voz de SeungRi se escuchó muy tangible.

-¿Le conoces?-inquirió la muchacha.

-Si-dijo.-Es uno de mis mejores amigos.

-Hasta donde he visto, los chicos de ciudad son muy sociales. ¿Por qué crees que él es la excepción?

-Pues tiene un comportamiento especial para con las mujeres.-respondió él.

-¿El qué?

-¿Quieres saber? Entonces te lo mostrare-dijo el joven.

Daensug seguía pateando la portezuela de su auto con la fuerza inestable que tenía sin conseguir nada en realidad. Estaba a punto de rendirse cuando escucho la voz de una persona a sus espaldas.

-Daensug. Me doy cuenta que estando ebrio era más despistado que de costumbre.

Daensug se giró y vio a SeungRi. Por un momento no le reconoció pero unos segundos después ya sabía quién era. Iba hablar pero de pronto se percató de algo que lo dejo helado.

-Por… qué... te acompaña una mujer-dijo con los ojos muy abiertos al darse cuenta de Bom.

-Daensug….

-Que se vaya, que se vaya-Las palabras del chico más que ebriedad en su voz. Se notaba un miedo terrible. Estaba muy asustado.

Daensug retrocedió con torpeza. Se tambaleaba por el alcohol que llevaba en su sistema.

-¿Qué le pasa?-pregunto Bom sorprendida.

-Pasa que le tiene un temor horrible a las mujeres.