Capítulo 17

Los años pasan rápido para todos los elfos y cuando quisimos ver, ya habían pasado 119 años.

Mithandir se había ido al norte otra vez, él amaba a los Hobbits.

También había tenido noticias de que se había encontrado con Radagast en un bosque, o eso decían los rumores.

Radagast era otro de los magos Istari o Maiar como los llamábamos.

Seguía tan enamorado de la naturaleza como el primer día y no volví a saber más de Ganldalf por muchos años.

A mediados del año 129 de la tercera edad, una noticia dio mucha felicidad a toda la familia.

Mi prima, Celebrian estaba en cinta.

Elrond y ella estaban muy felices, y yo con ellos.

Recordé mi sueño de hace tantos años, y ya tenía ganas de tener a mis sobrinos para enseñarles bromas y travesuras.

Lady Galadriel y Celeborn vinieron al parto y se recibió a dos hermanos gemelos con mucho cariño, como tanta sorpresa, aunque no para mí y Galadriel, las dos ya sabíamos lo que se venía.

Eran dos hermosos medios elfos; tenían cabello oscuro y lacio. Ojos azules, como los de Celebrian.

Sus padres los nombraron: Elladan y Elrohir.

Pasaron muchos años más, volando, y entre muchas otras cosas, entrené con mis sobrinos para la guardia.

A medida que los años pasaban más grupos de orcos se atrevían a querer pasar los bordes de Imladris, pero nunca lo hicieron.

Ya fuera por el poder del anillo o por nosotros los guardias; Rivendell seguía siendo un lugar de paz y seguridad.

Al pasar los años, a mediados del año 241, llego una nueva integrante a la familia: Arwen.

Era una elfa muy amable y querida por todos. Como hermosa.

Tenía ojos grises, pelo color negro ondulado, muy parecido al mío.

Sus hermanos mayores eran tan controladores y se preocupaban mucho por ella, ella era su pequeña y querida hermana menor.

Pobrecita, no la dejaban en paz.

Tal vez me había pasado al decirles que tenían que cuidarla mucho.

Arwen era muy tranquila, tenía una paz interior que yo envidiaba, sanamente, obvio.

Le enseñe a usar la espada y sus hermanos le enseñaron a usar el arco. Pero ella siempre fue mejor con la espada.

Fueron miles de años muy felices, pero otra vez la oscuridad llegaría hasta los corazones de todos en Rivendell.

El número de criaturas sucias y malignas empezó a crecer otra vez por muchos lugares en la tierra media, una sombra empezó a moverse en algunos bosques y los contaminó.

En el año 2509 de la tercera edad, Celebrian decidió ir a Lorien, a visitar a sus padres.

Yo no pude ir con ella porque estaba en la guardia con mis sobrinos. Ninguno de mis tres sobrinos la acompañó.

Arwen estaba ocupada con asuntos de estado, en los que ayudaba a su padre, pues ella era muy paciente y demasiado amable con los políticos.

Así que mi prima se fue hacia Lorien con un grupo de guardias, pero eso no fue suficiente para sobrevivir de los orcos de las montañas nubladas.

Era de madrugada cuando recibió un llamado tan fuerte que me desperté sobresaltada de mi sueño.

Mi tía me llamaba a través de nuestro pensamiento.

Celebrian no había llegado del viaje y estaban muy preocupados.

Rápidamente me puse mi equipo de caza y Salí de mi cuatro hacia el dormitorio de Elrond.

Abrí la puerta, que al tocar la pared hizo bastante ruido y lo desperté.

Se puso a la defensiva inmediatamente.

Me miro con los ojos como platos cuando le conté lo que me habían comunicado y en seguida también despertamos a mis sobrinos.

A Elrond se le veía muy preocupado y triste. Le di un té tranquilizante.

Elladan y Elroin se pusieron en marcha conmigo inmediatamente y fuimos derecho al paso que había tomado la escolta de Celebrian.

Encontramos cuerpos, pero ninguno era de mi prima.

Era obvio que por lo menos no la habían matado.

Estábamos desolados, y muy preocupados, vaya a saber uno lo que le estaban haciendo.

Seguimos la busca, sin descanso.

Hasta que entramos a una cueva repleta de orcos y no dejamos de matarlos, hasta que encontramos en una celda muy pequeña, al sujeto de nuestra búsqueda.

Celebran estaba viva, pero no era la misma que habíamos conocido.

Nada nos había preparado para la imagen que fuimos testigos ese día.

Mi querida prima había sido torturada y envenenada horriblemente por los orcos.

La tomamos en brazos, sus ojos parecían idos y su cuerpo estaba repleto de heridas, cada una peor que la anterior.

Fuimos directo a Imladris, para que Elrond le curara.

Pero mucho no se pudo hacer ese día. Pues sus heridas iban más allá de lo superficial.

En fin, Elrond hizo todo lo que estaba en sus manos, pero mi prima decidió cruzar a las tierras imperecederas en el año 2510.

Los elfos, al ser tan antiguos estábamos acostumbrados, pero eso no quería decir que no nos dolía igualmente.

Éramos una raza de amor hacia todas las criaturas en el mundo, no veíamos tacha en la creación, y ver que el mundo nos lastimaba de esta manera, nos destrozaba de una forma que no se puede describir.

Al ser otra de las muchas pérdidas de mi familia, yo y mis dos sobrinos mayores, con mucho pesar y odio hacia las criaturas terribles que le habían hecho tal daño a nuestra querida Celebrian, partimos hacia las montañas en un viaje de muchos años.

La venganza sería muy larga.

No se volvió a saber de nosotros tres por largo tiempo.

Volvíamos inesperadamente, pero nos volvíamos a ir.

Hasta que un día volví sola, pues mis sobrinos habían ido al norte con los montaraces.

La Glawareth que volvió ya estaba mucho mejor de la cicatriz de la mejilla, pero su corazón otra vez estaba roto.

Su única amiga, su querida prima había muerto y ninguna cantidad impensable de orcos destruidos, -pues ella no sabía el número total de sus víctimas- iba a llenar el vacío que había dejado su querida Celebrian.

Elrond la recibió muy afectuoso.

Arwen la abrazó y lloro en su hombro, pues era la que más la había extrañado, Glawareth era la única figura materna que le quedaba.

La venganza había sido completa, con los gemelos, Glawareth viajo de norte a sur por las montañas nubladas y cada grupo de orcos con el que se encontraban era rápidamente asesinado.

Cerca del término de su aventura, alguno de los orcos que se acercaban sin querer y se daban cuanta quien era ella, salían corriendo hacia el otro lado, ellos le ponían nombres, pues sabían quién era ella, -era la chica dragón, decían en lengua oscura.-

Les conto historias divertidas a su sobrina y a Elrond, y también les dijo que su venganza todavía no terminaba. Ellos seguían estando tristes por lo que le paso a Celebrian.

En un momento aparte con Elrond, ella le conto que hace unos años ya había empezado a sentir una sombra oscura por algunos bosques, que se movía lentamente, a espaldas de todos en la tierra media, esperando el momento para atacar, ella pensaba que era otra vez: Sauron.

Elrond escucho todo en silencio, pero negó terminantemente que eso fuera cierto. 'Estamos en paz, una paz duradera, todo está bien'

Elrond por su parte estaba un poco asustado, luego de lo que le paso a Celebrian había estado triste, y también había sentido esa sombra, pero no le parecía algo de lo cual preocuparse.

El anillo se había perdido y con el Sauron.

Mientras Glawareth no estaba se había formado el concilio blanco.

Sus miembros eran: Saruman, Mithrandir, Galadriel, Elrond, Radagast y Círdan.

Una vez que coincidió que yo estaba allí en Rivendell, me uní a ellos y les dije mis sospechas, pero Elrond con la ayuda de Saruman, -el cual cada vez me gustaba menos- negaron rotundamente.

Pero lo que yo no sabía era que había puesto una idea en la mente de Gandalf, el cual también empezó a sospechar.