Capítulo 18
Estaban a principios del año 2941 de la tercera edad, y nuestra querida Glawareth está sentada en su escritorio, ubicado en uno de los costados que dan al balcón de su dormitorio.
Se la veía muy concentrada, puesto que estaba escribiendo su propio libro.
La portada del libro era azul, de cuero.
Se le había ocurrido la idea de escribir uno sobre sus aventuras.
En ese momento estaba por la parte donde iba por la comarca ayudando a Mithrandir a hacer fuegos artificiales.
Estos mismos les gustaban a los niños al igual que a los ancianos Hobbits.
Eran unas criaturas de lo más entrañables.
Mientras escribía yo sonreía. ¡Qué momentos! , extrañaba la comarca, y a Mithrandir.
Hacía ya varios años, muchos a decir verdad que no nos veíamos.
Luego empecé a describir uno por uno los fuegos artificiales, que forma, que color, que ruido hacían.
Hasta que me detuve al tener una pequeña visión, se me cayó la pluma que tenía en la mano, con la que estaba escribiendo y mientras los ojos grises se le ponían vidriosos, esta repiqueteaba en el suelo. Dio un ruido sordo y quedo quieta.
Glawareth luego de un minuto recobro el sentido y se agacho a recoger la pluma.
Su visión, era muy extraña.
Se veía parada en medio de un mar dorado que se movía y hacia pequeños tintineos mientras daba pasos, hacia donde, no sabía.
Ella seguía caminando y a lo lejos vio algo entre ese mar dorado que brillaba con una luz propia en medio de la oscuridad.
Parecía una estrella, y ella amaba las estrellas, así que se acercó, despacio.
Sentía que alguien la estaba mirando y cuando al fin pudo acercarse al objeto brillante, vio que era una piedra con forma de gota que descansaba sobre un colchón de oro.
Todo termino oscuro y ella volvió a la realidad.
Si, de verdad eso fue muy extraño.
La ventana de mi recamara, estaba abierta y pasaba un aire fresco, yo esta vez me había vestido con una túnica gris y unas calzas marrones oscuras.
Tenía el pelo recogido y desordenado, pues recién había llegado de montar.
Ahora mi caballo era blanco y se llamaba Snow, era hermoso y valiente, era descendiente directo y lejano de mi querido Raven, pero ya lo había perdido hace muchos años.
Él me había acompañado en esa aventura hacia la comarca, lo cual me hizo acordar, otra vez, a Gandalf.
Y mientras pensaba en eso, en la parte de abajo del valle se oyeron ruidos de pisadas fuertes y yo deje de escribir, me levante del asiento, tranquilamente, quería saber quién hacia tanto alboroto.
Me deslice al balcón y mire para el costado derecho.
Era una imagen de lo más extraña.
Por la entrada del paso secreto llegaban catorce viajeros, el que iba adelante iba vestido completamente de gris: Era Mithrandir.
Cuando me di cuenta que era el, quería salir corriendo a saludarlo y darle la bienvenida, pero Lindir se me adelanto, entonces me quede escuchando y dando una ojeada a las otras personas que habían venido con él.
Parecían ser personas de altura baja y barbas largas. Había trece que tenían un cuerpo fuerte, o que eran más viejos. Eran enanos
Había uno que me llamo la atención, era más bajo y más flaco.
Parecía fuera de lugar y al mismo tiempo maravillado por la imagen del valle, de eso no lo podía culpar. Era un Hobbit.
Mire maravillada. Pues los Hobbits nunca se adentran tan fuera de sus bordes, ellos preferían estar lejos de los hombres y de la gente grande, como ellos llamaban a los elfos.
Lindir les dio la bienvenida educadamente y hablo con Mithrandir.
Oí que uno de los enanos hablaba con otro y le decía en un susurro –estate preparado-
Yo me reí por lo bajo, pues si yo lo podía escuchar, mucho elfos, también lo harían.
Gandalf pregunto por Elrond, y Lindir le respondió que no estaba.
Gandalf iba a preguntar otra cosa, pero paro de hacerlo, pues se sintió el sonido de un cuerno elfo que venía hacia la ciudad y todos miraron hacia el estrecho puente, allí, a lo lejos se veía que venían, Elrond con Elladan y Elrohin.
Habían salido a patrullar el camino secreto, claramente, porque yo les había avisado que iba a haber una escaramuza de orcos, pero yo no quería ir, entonces fue Elrond.
'Así que esta era la razón de tremenda hueste de orcos en las fronteras de Rivendell'
Pensé yo.
Y negué con la cabeza, 'en que problemas estaba metido Mithandir ahora', me pregunté con humor y un poco de preocupación.
Inmediatamente mi tío llego al valle, los enanos se pusieron en posición de defensa y pusieron cómicamente al Hobbit en el medio, me reí a carcajadas.
El pobre hobbit no sabía que pasaba, y los enanos murmuraban cosas en otro idioma y miraban a los elfos que los rodeaban, con odio y recelo.
Esperando para atacar.
Elrond paro y empezó a bajar del caballo.
Gandalf se acercó y se saludaron animadamente.
Luego de un intercambio de palabras y saludos, se invitó a los enanos a comer y tomar vino.
Yo al ver que entraban al comedor, empecé a bajar rápidamente.
Baje hacia las cocinas y entre.
Les dije a los elfos que atendían a los visitantes, que a los enanos les gustaban las verduras y el vino y que les dieran eso para cenar.
Me reí por dentro, estos elfos no sabían nada sobre los enanos y dieron como válida mi premisa.
Me aleje antes de que alguien se enterara de mi nueva travesura y llegue al comedor.
Estaba corriendo muy rápido y cuando llegue a la puerta estaban los trece enanos, un hobbit, un elfo y un mago mirándome respirar apresuradamente. Era una vista de lo más sorprendente.
Gandalf al verme, se adelantó hacia mí con una sonrisa de oreja a oreja.
-Querida Glawareth que gusto enorme de verte, ya extrañaba nuestros encuentros. Dijo sinceramente.
Me guiño el ojo y yo me reí.
-El gusto es mío Mithrandir, yo también te extrañaba.
Nos abrazamos.
Los demás, nos miraban con curiosidad. Nunca habían visto a Gandalf tan animado y feliz. Ni tampoco lo habían visto demostrando tanto afecto hacia otra persona.
Nos miramos un momento a los ojos y hablamos de cosas sin importancia por unos minutos.
Nos olvidamos del presente y de las visitas rápidamente.
Hasta que alguien carraspeo.
Paramos la conversación bruscamente y miramos para el costado, no había nadie, Gandalf bajo la mirada y sonreí y yo hice lo mismo.
A un lado parado, derecho y orgulloso, había un enano, de pelo negro con algunas canas al frente, una mirada sagaz y seria, demasiado seria.
Parecía que no había tenido muchos momentos felices en su vida.
Volvió a carraspear, Gandalf entendió lo que quería y empezó las presentaciones.
-Glawareth te presento al líder de nuestra compañía, Thorin escudo de roble.
Lo mire seriamente y le dice una pequeña reverencia, el vio esto y educadamente me copio el gesto.
Lo mire a los ojos y él no los aparto, le sonreí.
-Bienvenido a Imladris, te me haces conocido, pero me parece que nunca nos hemos cruzado.
El me miro, no tan serio como antes. Y respondió amablemente, aunque un poco cortante.
-Tal vez conociste a mi abuelo, Thrór, el rey bajo la montaña solitaria.
Me miro esperando una respuesta.
Yo recordé una de mis aventuras y así era, conocía al abuelo, una vez que había venido hasta Imladris por un asunto de estado.
-Sí, es verdad, te pareces mucho a él.
Era verdad, por lo menos en apariencia, yo sabía muy bien la enfermedad de la mente que tenía el abuelo de Thorin, 'el tesoro' y recé, para que a él no le pasara lo mismo.
Después Thorin asintió, sonrió un poco y se movió al costado para dejarme ver al resto de su compañía.
Empezó con las largas presentaciones. En resumidas cuentas los restantes enanos se llamaban, Dwalin, Balin, Kíli y Fíli, Dori, Nori, Ori, Óin, Glóin, Bifur, Bofur y Bombur.
Por ultimo señalo al Hobbit y lo presentó con el nombre de Bilbo Baggins.
El hobbit parecía embobado con mi persona. Le brillaban los ojos.
Yo le sonreí cariñosamente y el a mí.
Charlamos unos momentos más y luego nos fuimos todos para el comedor.
Cuando entre, reprimí la risa, las mesas puestas estaban hermosas, eso sí, estaban repletas de platos y platos de verduras, de todos los tipos y había vino.
Todos vieron lo que yo había visto, algunos miraron con horror, otros con desconcierto, otros tenían tanta hambre que no les importo.
Yo me seguí riendo, aunque lo intente ocultar, creo que no lo hice muy bien, pues Mithrandir y Elrond antes de sentarse compartieron una mirada y después me miraron a mí y sacudieron la cabeza, aunque no sin una pequeña sonrisa.
La pequeña travesura me dio mucho de que reírme.
Varios de los enanos se reusaron a comer la verdura que había servida, otros decidieron probar algunas hojas de lechuga y luego de un momento, la escupieron y hacían graciosas caras de asco.
Elrond al ver el sufrimiento de la compañía pidió a los sirvientes, que estaban muy nerviosos , que trajeran carnes y salchichas para los invitados, y por primera vez me dio pena de mis acciones, pues los pobres sirvientes no tenían la culpa, evidentemente había sido yo la culpable.
Yo seguía vestida con mi ropa de vestir. No era la mejor primera impresión que había dado, pero igual seguía estando más limpia que muchos de nuestros visitantes enanos.
Algunos me miraban y bajaban la mirada.
Otros me miraban abiertamente y luego la desviaban cuando se daban cuenta que los estaba mirando yo.
Y unos pocos me hablaron.
Uno de ellos que estaba sentado muy cerca de otro, tenía pelo negro y barba corta.
Parecía joven, se presentó a sí mismo como Kili y también se presentó su hermano, era rubio y era más alto que el anterior, se llamaba Fili, aunque no se parecían mucho.
Me hicieron cantidad de preguntas, parecían de lo más curiosos.
Por último se dieron cuenta quien era yo.
-Tú eres la hermana de Gil-Galad, la Dragon Slayer, ¿no es así?
Me pregunto asombrado Kili yo asentí sin ganas con la cabeza, odiaba ese apodo, se miraron entre ellos. Se lo comunicaron a los demás y todos me miraron con asombro.
Uno de ellos que tenía la barba blanca y traje de viaje rojo, me miro y luego a los demás y dijo en voz alta.
-Usted mató a cuatro dragones, según he escuchado.
Negué vehemente la cabeza
-No, solo tres.
Algunos dejaron de tomar vino o se atragantaron.
Me hicieron un montón de preguntas más.
Hasta el líder Thorin me pregunto cosas de los dragones.
Me contaron lo que les había pasado a ellos con Smaug, yo ya lo sabía, pero me gustaban las historias.
Mithrandir miraba de un lado a otro divertido, al parecer por un chiste interno.
Asentía algunas veces y otras agregaba alguna cosa que a mí se me olvidaba mencionar.
Así siguió el día.
Después se les permitió a los enanos darse un baño y se fueron a una de las fuentes más grandes de Rivendell.
