Capítulo 19

Mientras los enanos se bañaban y se cambiaban de ropa. Yo caminé por los jardines con Mithrandir.

Íbamos por el jardín de la fuente de Luthien y Beren cuando hablamos de cosas más serias.

-No sé en qué asunto andas metido, Mithrandir, pero no puedo creer que no me hayas invitado.

Le dije esto, pero en realidad no tenía muchas ganas de ir a ninguna aventura en esos días.

Sonrió y asintió.

-Sí, ando en problemas.

Me reí fuertemente

-Cuéntame que los trae aquí, a un grupo de malhumorados enanos y un hobbit, ¡te pido por los valar, Gandalf!

-Estoy de acuerdo que es un grupo de lo más pintoresco, pero si te lo comento, por favor mantenlo en secreto.

Asentí seriamente pero le dije:

-¿Que es una elfa sin un buen secreto?

Él puso los ojos y luego empezó a contarme la verdadera razón por la cual venían a Imladris.

-¡Pero hay un dragón, adentro de esa montaña, con el tesoro, Mithandir!

Le dije muy seria y mi voz sonó un poco histérica. Nunca era broma cuando se trataba de un Dragón.

-Lo sé, lo sé, pero si no hacemos algo rápido, ese dragón, puede ser un gran enemigo en las manos de sauron.

Asentí asustada.

-¿Así que me crees cuando digo que él está de vuelta? ¿Piensas que va a usar al dragón Smaug como arma?

-Lo que yo crea no es relevante. Es por precaución.

Caminamos un poco más en silencio, yo mire al cielo estrellado.

-¿Y llevas a un grupo de enanos y a un pobre hobbit a pelear contra el único dragón que queda en la tierra media?

-En realidad de eso te quería hablar. Vamos a necesitar tu ayuda en el tema del dragón.

Dejé de caminar abruptamente. Lo mire con asombro y negué con la cabeza. Levanté una de mis cejas.

-En que problema me metiste ahora Gandalf, y sin pedirme permiso, vaya a saber qué fue lo que les prometiste a esos enanos ¡y sin preguntarme antes!

Estaba muy decepcionada, pero yo quería saber más.

-¿Qué es lo que yo tendría que hacer?

Asintió con la cabeza y me dijo paso por paso lo que necesitaba.

-Primero que nada, todavía no te necesitamos. Tú te darás cuenta cuando, querida amiga.

Rodé los ojos, nunca cambiaba. Siempre hablando en acertijos.

-Segundo, te tengo que dar algo, que tal vez recuerdes.

Y luego de haber dicho eso, se sacó el anillo de la mano derecha y me lo tendió, el rubí hacia arriba, tiraba destellos oscuros hacia la luna.

Negué rápido con la cabeza y me aleje. Puse mis manos levantadas entre nosotros.

-No, Mithandir, ese anillo no es mío, es tuyo.

Asintió pero prosiguió.

-Lo sé, y porque es mío puedo hacer con él lo que me plazca, siento que el anillo ahora lo tienes que utilizar tú, y así se hará.

Me acerqué lentamente y tomé el anillo con temor. Me lo puse y el siguió.

-Te advierto también, querida Glawareth que en esta aventura te encontraras con personajes que no deseas ver y que cuando vuelvas, si es que vuelves no serás la misma.

Asombrada y temerosa lo mire a los ojos.

Sabía a qué se refería, Erebor, quedaba justo al costado de Mirkwood, antiguamente llamado Greenwood, donde vive Thranduil.

Asintió adivinando mis pensamientos.

-Llego el momento de enfrentar tu ultimo miedo, querida compañera del añillo.

Paso un rato largo y yo seguía sin habla.

Gandalf me miraba con una sonrisa de diversión en su cara.

Cuando pude hablar le dije:

-Tú sabías que este momento iba a llegar ¿verdad?

-Para serte sincero si, lo sabía, pero tú también, tu destino lleva unido al de el por mucho tiempo, no pudo pasar desapercibido por alguien tan sabio como tú.

Yo me di la vuelta y camine hasta un banco, necesitaba sentarme un segundo.

Mire el anillo, me hacía acordar a los dragones y a Él.

Y también a mi hermano y una llama de fuego se extendió por todo mi cuerpo.

Mire hacia Mithrandir estaba no muy lejos de mi mirándome yo me decidí y el asintió.

-Está bien, si es mi destino, que venga de una vez, le plantare cara.

Me planteó un plan y yo lo escuché con mucha atención. Me dijo una forma de ir más rápido hacia Esgaroth y yo me la memorice para otro momento.

Me contó los problemas entre Los elfos de MIrkwood y los enanos.

-Es una historia larga, pero se puede resumir en pocas líneas: Los elfos dicen que Thranduil les dio a los enanos, un cofre con gemas blancas cómo estrellas y que les pidió que las hicieran brillar más. Dicen que les iban a pagar un precio justo.

Los enanos dicen que el precio que querían pagar los elfos no era suficiente y que por eso no devolvieron las gemas.

Para mi es algo más serio, el abuelo de Thorin al tener la enfermedad de la mente, con ambición, veía las gemas como suyas y se las quedo, fue un intento logrado de robo.

El asunto no termina allí, Los elfos dejaron la alianza que tenían con Erebor luego de eso y cuando llegó el dragón, no lo enfrentaron. Y le negaron ayuda a los enanos, ganándose el odio de Thorin.

Yo mientras escuchaba, asentía y preguntaba alguna cosa.

-¿Desde cuándo a Thranduil le interesan tanto unas gemas blancas que deja de lado la vida de miles de enanos a merced de una criatura tan vil? No dudo que fue por miedo al dragón.

-Sí, si parte fue por el dragón, pero otro de los motivos fue porque en realidad odia a los enanos, no dudo que se encuentren las dos razas, en algún momento en esta aventura y espero estar allí para verlo.

Nos reímos los dos, pero nuevamente yo pregunté seria.

-¿Y yo tengo que estar allí para salvarlos?

Negó con la cabeza.

-No, querida, de ninguna manera, para eso está el ladrón, el hobbit.

-Ah, el pobre hobbit.

Se rio.

-Aunque él no lo sepa está disfrutando mucho de esta aventura, él también es un Tuk.

Lo mire asombrada.

-Es un Tuk, pariente del viejo Tuk?

-Sí, si lo es! Dijo saltando un poco donde estaba parado.

Yo seguía sentada en el banco. Miré hacia mis manos.

-¿Y entonces que tengo que hacer yo en esta aventura?

-Sencillo, tienes que ayudar a matar al dragón

Lo miré, el hizo un ademan, como restando importancia.

Me reí de su ''sencillo'' plan.

-¿Sencillo, Mithrandir?, estamos hablando de un dragón, en una montaña con un gran tesoro de or- Y me detuve allí, oro, me hizo acordar a mi visión de esta mañana y dejé de hablar.

Ya me había dado cuenta de cómo y cuándo marchar hacia Erebor.

Me iban a avisar por medio de los sueños.

Todo iba cobrando sentido.

Me miro divertido. Dándose cuenta lo que me había sucedido

-De seguro has tenido visiones de este momento, ¿no querida Glawareth?.

Lo mire maravillada y asentí lentamente.

-Si tuve una visión esta misma mañana, justo antes de que tu compañía apareciera, Mithrandir.

Agregué.

-Pero temo decirte que esta búsqueda tuya no será aceptada tan fácilmente por los demás guardianes de la tierra media.

Estaba muy serio ahora y miro hacia el suelo, él sabía lo que yo quería decir, tenía que contar el cuento a Saruman y a Galadriel y estaba preocupado.

-Tengo mis razones, y son muy importantes.

De repente sentí una oscuridad alrededor del mago y lancé un pequeño grito.

-Llevas algo maligno contigo, mago, ¿qué es?

Se acercó a mí y se sentó a mi lado.

De su túnica sacó un pequeño manto color marrón claro y yo sentí cada vez, más y más temor, me acerque un poco, pero todo mi ser me pedía que me alejara. Lo silencié.

El anciano mago abrió lentamente el manto, con movimientos gráciles y dejó a la vista una espada negra y vieja.

Nos miramos el uno al otro, esta era la prueba que necesitaba, era la prueba innegable de que los nueve estaban libres y que al mismo tiempo el señor oscuro estaba otra vez en la tierra media, esperando por atacar.