Capítulo 22
Cuando salí de mi dormitorio, estaba preparada para irme, baje rápidamente hacia el patio principal que daba a la entrada más grande.
Allí estaban Elrond y unos 100 elfos, preparados, con sus respectivas armaduras y sus armas.
Íbamos con el estandarte Noldor, el cual era un conjunto de estrellas sobre un fondo azul.
Nos desearon la buena suerte, Arwen se acercó a mí y me dio un estandarte Noldor hecho por ella misma y le agradecí con un abrazo.
Nos despedimos y partimos sin descanso, pasamos las montañas nubladas y seguimos camino hacia Rhovanion.
Pasamos el rio grande y también el hogar del cambia pieles.
Al llegar a la puerta del camino elfico, no éramos los únicos elfos esperando para entrar.
Me baje de mi caballo y junto con Glorfindel nos acercamos hacia la puerta donde habían dos personas, Galadriel y el guardia de Lorien, Haldir.
Cuando vi a mi tía mi humor mejoro.
Parecía que me estaban esperando, porque al llegar Galadriel sonrió y se acercó.
-Aquí nos separamos querida Glawareth. Yo me voy al sur, tengo que ayudar a nuestro amigo Mithrandir.
Asentí. Cuando nombro al mago, yo me di cuenta que seguí teniendo su anillo puesto en el dedo. Lo maldije por darme algo que podría salvarle la vida y protegerlo.
Pero ya no importaba.
Galadriel me dijo que estaba esperando a Saruman, con el iban a ir a Dol Guldur a desterrar a Sauron de su escondite.
Yo no quería mucho a Saruman, pero esta nueva noticia me dejo asombrada.
Al fin iba a hacer algo de provecho y contra el enemigo; había dejado de negar la palabra de los demás.
Mi tía nos dejó no sin antes conversar sobre el plan de viaje.
Teníamos que seguir el camino elfico, usando magia para que no nos vieran y antes de llegar a las salas del rey elfo, salir del camino hasta el rio, que desembocaba en Laketown.
Se fue con unos pocos más de veinte hombres, para protegerla. Tenía que rodear todo el bosque negro hasta el sur, para llegar a su destino.
Elrond también se fue con ella. Pero antes nos saludamos.
Él tenía que ir porque era parte del concilio blanco. Además todos estábamos muy preocupados por Mithrandir.
Galadriel me dejo al mando de otro ejército, pero tenía la ayuda de Haldir.
Era un elfo apuesto, muy concentrado en su trabajo y amable.
Así que Glorfindel, Haldir y yo nos adentramos en el camino de los elfos, para llegar hasta Lake Town/ Esgaroth.
Éramos un ejército de unos doscientos elfos. Bien armados y valientes.
Cabalgábamos a paso seguro y en unos días ya estábamos muy cerca.
Parábamos unas horas para comer o que los caballos también comieran o descansaran.
Cada tanto tenía una visión y podía ver por alguna razón lo que estaba pasando con los enanos o el hobbit.
La visión que me dejo más intrigada fue la que vi el último día de nuestro viaje a través de Mirkwood.
Yo podía ver, sentir y escuchar lo que pensaba el hobbit.
Bilbo, estaba adentro de la montaña solitaria- Erebor- y se acercaba cada vez más al tesoro.
Pensando que el dragón no estaba o ya estaba muerto, entro haciendo mucho ruido.
Empezó a mover alguna que otra baratija.
Estaba buscando algo, pero no lo encontraba.
'el Arkstone' 'tengo que encontrarla'
Pude leer sus pensamientos, el buscaba y buscaba sin cesar.
Hasta que sin querer, toco algo y las monedas de oro se movieron y dejaron al descubierto al último dragón en la tierra media. Dejaron al descubierto a Smaug.
Inmediatamente al ver esto, sentí el miedo que venía desde Bilbo, el pobre hobbit no sabía qué hacer y se escondió rápidamente.
Y en ese preciso momento alguien me sacudió el hombro y salí de mi sueño.
Cuando volví a la realidad, Haldir me estaba mirando, pero al estar acostumbrado a su señora, no le pareció raro, sino que parecía muy curioso.
Esperando saber lo que vi, me pregunto que había visto.
Glorfinder también se acercó y les conté de mi visión, ellos asentían y preguntaban cosas sobre el hobbit.
Una hora después de mi visión partimos otra vez por la costa del rio hacia el pueblo del lago.
Habíamos estado horas trotando por el camino, cuando sentí que otros pasos, más bien sonidos de varios caballos u otros animales cabalgando.
Antes de que llegaran a nosotros, les avise a mis compañeros con una seña para que se escondieran.
Nos escondimos en el bosque, para un elfo era fácil, pero los orcos ni sentirían nuestra presencia.
Alguno de nosotros nos subimos a algún árbol para mirar desde arriba y ver que criaturas pasarían por el camino.
Yo por mi parte me subí a una rama alta y fuerte, saque una flecha de mi carcaj pacientemente mientras los ruidos se hacían más fuertes.
Coloque una flecha en mi arco y estire la cuerda, me puse en guardia.
Inmediatamente paso el primer huargo con su montador, tire mi flecha hacia su garganta, el orco cayó de espaldas para atrás, mientras otras flechas provenientes desde mis lados mataban a los demás, aunque pudimos ver que huían dos huargos con sus montadores orcos.
Pero no terminaba ahí.
A lo último paso un gran huargo gris oscuro y un orco pálido, más grande que los anteriores, tenía la cara muy deforme y parecía estar corriendo de algo.
Mire asombrada y mis cejas se unieron en desconcierto. Pero no perdí el tiempo.
Tire mi flecha al huargo. Pues parecía que ese orco era el líder de todo el conjunto de las demás criaturas que ya habían pasado.
El orco se levantó de su montura y miro al suelo, había bastantes cuerpos de sus compañeros y sus huargos en el.
Todos muertos.
Luego miro hacia arriba, donde estábamos nosotros.
Antes de que pudiera hacer nada, del camino apareció un corcel blanco, lo montaba un elfo alto y rubio.
Mire un segundo, ese elfo me recordaba a alguien.
Pero antes de que el nuevo elfo que había aparecido hiciera algo contra el orco pálido, yo solté una flecha que fue con velocidad asombrosa y le atravesó la cabeza de lado a lado a mi víctima.
Cayó al suelo con un ruido sordo.
El elfo rubio quedo asombrado e intrigado.
Miro hacia arriba, directamente a los árboles.
Nosotros no nos movimos, el elfo parecía ser un elfo Silvano.
Hasta que el elfo no pudo más con la curiosidad y exclamó:
-¿Quién está ahí? ¡Muéstrate a ti mismo!
Acatando la orden en sus palabras, pues eran amables, aunque con un toque de rudeza, el cual me parecía conocido.
Baje del árbol y caí al suelo del camino, lo hice grácilmente y en silencio.
Con mi capa puesta, mis cabellos color negro sobresalían.
Tenía mi arco preparado. Los demás elfos escondidos esperaron en silencio, sin duda esperando algún gesto de aceptación u orden.
Aunque de seguro también tenían sus flechas preparadas.
El elfo rubio miro a mi figura alta y encapuchada con desconcierto, curiosidad.
El sujeto en cuestión era alto, con cuerpo bien formado.
Tenía el cuerpo musculoso y al mismo tiempo delicado, era un elfo.
Sus ropas eran seguramente de guardia del bosque negro.
Había algo en su persona que se me hacían conocido.
No era un enemigo.
Me baje la capucha con las dos manos, luego de poner mi arco en mi espalda.
El elfo adelante mío tenía el pelo rubio y largo hasta la mitad de la espalda, era muy apuesto y sus ojos azules oscuros, brillaban.
Superando el primer asombro de mi primera vista, el elfo se acercó al orco pálido y vio mi flecha atravesada limpiamente en su cráneo y asintió aprobadoramente hacia mí.
-Buena puntería, ¿podría saber su nombre, mi señora?
Asentí y le dije en un tono amable.
-Soy Glawareth de Imladris.
Los ojos del elfo se abrieron de par en par.
Les hice señas a los demás para que no dispararan al elfo.
-¿Me permite su nombre? Le pregunte a él. Mientras decía esto, mi ejército bajaba y salía del bosque a los costados.
El elfo que estaba totalmente solo quedó maravillado.
Respondió distraido.
-Mi nombre es Legolas, Legolas Thranduilion de Mirkwood.
Mi mente explotó en mil pedazos, mis pensamientos iban a mil por hora y mi corazón también, mi cara quedo pálida. Volví a respirar adecuadamente.
-Yo soy Glawareth, The Dragon Slayer.
Lo dije para que me identificara, pero seguía odiando ese nombre.
Me miró más de cerca, pero esta vez hacia mi cicatriz.
Yo no desvié la mirada, espere a que me dijera algo
Quedó una vez más sin palabras, el elfo esta vez quedó paralizado.
-¿Usted es la hermana de Gil-Galad? ¿Hija de Orodreth?- preguntó asombrado.
-Sí, la misma.- Le dije muy seria. -Este es mi ejército, venimos en nombre de Elrond de Imladris y Galadriel de Lorien, a por la ayuda de los elfos de Mirkwood.
-Esto es una gran sorpresa, aunque bienvenida. Gracias por ayudarme con estos orcos y sus huargos, pelee contra ellos yo solo, asesine a varios, pero estos lograron escapar.
Asentí, era valiente, como su padre. Aunque a diferencia de él era muy amable y era más fácil dialogar con él. Sonreí de costado.
-Me apena decirte que escaparon dos, hacia donde iban no podría decirte, pero supongo que a Dol Guldur. Allí se alza un gran poder maligno.
Dije esto mientras me acercaba a los orcos, los cuales tenían mis flechas, las fui sacando, uno por uno, con muecas de asco, y las guarde de nuevo en mi carcaj.
Legolas se acercó a mí cuando me aleje de los cuerpos y me hizo una reverencia. Yo le respondí con otra.
Era el príncipe del bosque negro.
Yo todavía no salía de mi asombro, era el hijo de Thranduil.
Pero lo supe esconder muy bien.
-De allí vienen muchas criaturas enormes y malvadas. Pero no sabía que también había orcos y huargos. Solo arañas.
-Así es, el nigromante se estableció allí. Tal vez lo conozcas por otro nombre: Sauron.
Dio unos pasos hacia tras sin pensarlo, parecía realmente alarmado. Sus ojos se achicaron suavemente y murmuro algo. Quedo pensativo mientras lo hacía.
-'Es a eso a lo que se refería el orco…'
-¿Qué orco?
-Hace unos días yo y mi padre, el rey, interrogamos a uno de los orcos que secuestramos cerca de aquí. Parece ser que una gran hueste de orcos y otras criaturas siguen al Único y ahora todo concuerda con eso.
-Sí, pero como es que no están aquí los ejércitos del bosque negro, ¿estás aquí tu solo?
-No, el ejército está en camino, con mi rey a la cabeza, vamos a montar tiendas, pero ellos creen que solo para pelear contra los enanos, digamos que tenemos unos desacuerdos con ellos.
Miré hacia el bosque con una sonrisa sarcástica en mi rostro.
-Oh si, el rey de Mirkwood tiene problemas con la compañía de Thorin escudo de roble.
Me miro de reojo y suspicaz.
-Suenas como si los conocieras.
-Sí, los conozco…- y mirando al suelo agregué en silencio- A todos, más de lo que quisiera.
Seguimos hablando y luego cada uno nos pusimos en marcha hacia nuestro destino.
Íbamos hablando animadamente, cuando una nueva visión vino a mi mente, sobresaltando a todo elfo que estuviera cerca, creo que Legolas perdió un poco el control de su caballo por la sorpresa.
En la visión el dragón anunciaba que iba destruir Esgaroth, pensando que hombres del pueblo del lago habían robado alguna de sus posesiones.
Volví al presente y anuncie sin mucha vacilación:
-Tenemos que ir rápidamente a Lake Town, el dragón va a estar allí en unas horas.
Todos se miraron con miedo pero siguieron mi mando obedientemente.
Legolas no entendía nada, pero nos siguió también.
Miré mi anillo y recé para que todo fuera bien.
Caminamos y mientras conversábamos cobre algunas cosas, íbamos a paso rápido, pero habíamos dejado los caballos dentro del bosque, el dragón no tenía que verlos.
Le presente a Haldir y Glorfindel, a Legolas.
Los identifico a los dos.
Parecían llevarse bien.
Me sentía curiosa así que le pregunte algunas cosas.
-Pareces conocer mi historia, ¿cómo es que sabes de mí?
Asintió, pero siguió mirando hacia delante. Ya nos quedaba muy poco para llegar a la ciudad del lago.
-Hay libros de la batalla donde tu estuviste y además mi padre me conto sobre ti, y de la batalla.- Dijo esto mirándome de reojo
Quede de piedra por esta declaración.
Me imagine a Thranduil contándole de mí, a su hijo antes de ir a dormir. Me empezó a costar respirar.
Legolas se dio cuenta que no la estaba pasando muy bien.
-¿Estas bien? Me miro la cara, preocupado.
-Sí, si estoy perfectamente. Dime, ¿Cuantas personas hay en ciudad del lago y hay algún elfo por aquí además de ti? Lo mire expectante.
Miraba hacia adelante pero cuando me hablo, me echo un vistazo que me hizo congelar la sangre de mis venas, tenía una mirada muy parecida a la de su padre.
-Unos miles de personas y hay una elfa y varios enanos en la casa de Bard.
Lo mire extrañada.
-¿Y que hace una elfa con enanos y quien es Bard?
Se rio un poco, tenía una linda sonrisa.
No era la de su padre. Me enojé un poco.
Este elfo era una constante prueba de que Thranduil se había casado con otra elfa y había tenido familia con ella.
-La jefa de la guardia, Tauriel está socorriendo a uno de los enanos que escapo de los calabozos, fue disparado con una flecha de Mordor.
-¿Todo un asunto, no?
Me reía por dentro, el elfo al nombrar a Tauriel se le habían iluminado los ojos. Estaba enamorado de ella, eso era obvio.
Quede preocupada por el enano que había sido herido.
-¿Cuál es el nombre del enano?
-Kili o Fili, no sé cuál de los dos. - Dijo esto con un poco de odio o rencor. Ese era el hijo real de Thranduil.
Me empecé a apresurar cada vez más, el vio como de rápido iba y me igualó.
A mi otro costado estaba Glorfindel.
Armamos un plan de acción en Esgaroth.
-Necesitamos evacuar la ciudad, si el dragón sale y la gente sigue en la ciudad, va a volver a repetirse la historia de Dale. Dijo Glorfindel
Todos asentimos en respuesta.
Mire a Legolas.
-¿Crees que el Elvenking permitirá a los humanos entrar a su ciudad por unas semanas?
Quedo en silencio por un momento pensando, llegábamos a la ciudad.
-Puede que al principio no le guste, pero va a tener que hacerlo de todos modos.
-Perfecto, tu Legolas, ve con Haldir y Glorfindel, vayan sacando a los humanos del pueblo y llévenlos directo al rey.
Luego de eso nuestro grupo se separó, Legolas y otros elfos Noldor, vinieron conmigo para ir socorriendo a las personas del pueblo. Otro grupo fue a avisar a Thranduil de la emergencia y el tercer grupo fue armando carpas a un costado del rio.
Caminamos por un largo trecho hasta una casa que tenía varias escaleras.
Recién habíamos llegado cuando un niño de unos 15 años apareció corriendo de uno de los lados.
Le faltaba la respiración y cuando paro de correr nos miró y pareció identificar a Legolas, pero a mí me miro extrañado y curioso.
Empezó a respirar más normalmente después de unos segundos.
Nos contó que a Bard lo habían apresado y estaba en una celda en la cárcel del pueblo.
Pero antes de hacer algo con respecto a eso, Legolas me indico que entrara a la casa, los tres entramos y quedamos petrificados por la imagen.
La elfa, llamada Tauriel tenía una de las manos de Kili, el cual estaba acostado en una pequeña mesa de madera. Tenía una pierna totalmente vendada y parecía estar curándose.
Me acerque al enano, yo nunca había sido de las mejores en sanación, pero sabía algo.
Tauriel me miro asombrada al entrar. Una elfa Noldor era raro de ver por estos bosques o en la ciudad.
Le pregunte que había hecho y me conto que le había puesto una mezcla a base de athelas. Asentí con aprobación.
En la casa también estaban otros enanos, estaba: Óin, Fíli y Bofur
Los tres parecieron alegres de ver a alguien conocido y me saludaron sinceramente.
Había también dos pequeñas niñas, que me veían con ojos desorbitados.
Legolas me presentó a Tauriel la cual cada vez parecía más sorprendida.
-¡Es la princesa Noldor! Usted es una de las razones por la cual soy guerrera, mi señora- Dijo la elfa haciendo una reverencia.
Sonreí amistosa hacia ella.
De repente tuve otra visión y quede parada donde estaba en medio de la sala de la casa.
El dragón volaba hacia la ciudad y Bard seguía encarcelado, yo sentía que el hombre iba a ser necesitado más adelante, así que cuando volví a mis sentidos, después de preguntar algunas indicaciones, no dije ni una palabra y me fui hacia el lugar donde me dijeron que estaba la cárcel del pueblo.
