Capítulo 25
Tres días pasaron muy rápido luego de eso. Pero cosas muy importantes pasaron en ellos.
Después de que Bard matara al dragon, Glawareth y el, se dieron cuenta que un ejército de humanos se habían apostado en las carpas de los Noldor a un costado del rio.
La cuestión era, que al darse cuenta que Bard tenía razón en no ayudar a los enanos a llegar a Erebor, por el dragón y luego lo había asesinado, lo propusieron como nuevo gobernador de Dale y de Esgaroth.
Al maestro de la ciudad ya lo habían despachado. Nadie sabía que había sido de él.
Glawareth suponía que se había ido con lo que pudo encontrar de valor.
Otra cosa muy diferente eran los grandes daños que la ciudad del lago había sufrido.
No quedaba nada sano.
Los elfos y humanos unieron fuerzas e hicieron todo lo que pudieron, solo habían sido unas pocas muertes, aunque la ciudad estaba devastada.
Los humanos y Bard dan por muertos a los enanos, pero los elfos Noldor y Glawareth no lo creen.
En fin, los hombres habían quedado sin hogar y muchos habían muerto en las llamas o en el bosque.
En el segundo día después de la muerte del dragon, Bard habia hablado con Roac, un misterioso cuervo que hablaba la lengua común.
Gracias a él fue que Bard había sabido del punto débil de Smaug y él estaba muy agradecido. Trajo información desde el bosque. Una gran cantidad de elfos sindar, venía desde Mirkwood.
Dijo que también venia el Rey Thranduil y ella ya estaba muy nerviosa, cosa extraña en ella.
Glawareth pasaba de carpa en carpa organizando a su ejército. Todo el mundo esperaba una confrontación entre enanos y elfos silvanos. Pero ellos no sabían la magnitud del asunto.
Ella cada tanto tenía visiones.
Una de las veces vio como el nuevo rey bajo la montaña le obsequiaba como pago una cota de malla de mithril a Bilbo. Fue muy cómico ver con ropa elfica al Hobbit.
Los enanos y el hobbit no tenían que comer, y el hobbit parecía tener mucha hambre y estaba desesperado por el desayuno.
Después tuvo otra mientras limpiaba sus flechas, luego de un entrenamiento con Haldir, donde veía al mismo viejo zorzal, comunicando la muerte de Smaug a los enanos. Ellos estaban muy felices, pero con las noticias de los elfos, Thorin estaba muy enojado.
Además estaba el asunto de que los hombres de Esgaroth querían parte del tesoro del rey bajo la montaña para reparar los daños que había causado el dragón. Lástima que Thorin no parecía dispuesto, yo no comuniqué nada de esto.
Tres días después y Bard es elegido oficialmente como gobernador.
Y piden vehementemente la reparación de su hogar.
Al día después llegan los elfos de Mirkwood y arman otras carpas para establecer su ejército, son miles y están todos bien armados.
Ya empezaba a sentirse el crudo invierno, para los elfos era más fácil, pero los humanos lo sufrían paulatinamente.
Teníamos reuniones entre Bard, Haldir, Glorfindel y yo.
Yo podía sentir la cercanía de cierto elfo, a unas cuantas carpas de distancia.
También sabía que los elfos silvanos habían estado realmente sorprendidos al ver el ejército Noldor acampando por siete noches consecutivas para ayudar a los elfos sindar.
Y también muy impresionados al saber que uno de ellos, con la ayuda de un humano llamado Bard, habían destruido a la criatura Smaug.
Thrabduil tenía mucha curiosidad, pues no cualquiera tenía el poder suficiente para matar a un dragón tan temible y astuto.
Así paso el primer día con el campamento completo, los elfos Sindar y Noldor se unieron y mezclaron.
Glawareth esquivó todo intento que Thranduil llevo a cabo para contactar con el humano y 'el elfo' como el la llamaba al no saber quién eran los responsables.
Hasta que al segundo día de la llegada de los elfos del bosque Glawareth no pudo parar la búsqueda que Legolas tenía puesta en ella.
Glawareth estaba ese día sentada en una piedra enorme anclada en la costa del lago.
Estaba cansada, pero feliz, había tenido éxito en ignorar a los silvanos y en una pelea esa misma tarde con Glorfindel, los dos habían estado muy empatados.
Tenía a la vista el hermoso, aunque desolado pueblo antiguo de Dale.
Era una linda vista, aunque triste.
Es muy duro, perder tu hogar.
Limpiaba mi espada con un paño de lino, cada vez estaba más brillante.
Tenía un mango de oro y una piedra rubí en el medio, la hoja era de mithril.
Nunca perdía su filo. Me reía por dentro al acordarme lo mal perdedor que era Glorfindel hoy a la tarde.
Estaba mirando hacia el suelo donde estaba apoyada mi espada, pasando el paño una y otra vez cuando una sombra, grande y alta cubrió toda la luz del sol.
Me imagine que era Haldir o alguno de los elfos que tenía bajo mi mando.
Pero me sorprendí mucho cuando vi que era de hecho Legolas quien me había molestado de mi descanso.
Lo mire con la cabeza bien alta y subí una ceja en cuestionamiento.
El me miraba de pies a cabeza, yo estaba con mi ropa de montar, cómoda, unas calzas y una túnica que me habían regalado hace ya unos años por mi cumpleaños en Rivendell color azul oscuro. Y por supuesto, mi capa negra, pero con la capucha abajo.
Carraspee y el pareció salir de sus pensamientos, me miro a los ojos y me dijo:
-¡Princesa, la estuve buscando por todos lados! ¡Pensé que le había pasado algo!
Yo le hice una mueca, sentía preocuparlo de algún modo, pero yo nunca le pedí nada. También estaba el hecho de que el me hacía recordar mucho a su padre y eso me ponía de mal humor. El por supuesto no sabía que al ignorar a su padre, había supuesto tener que ignorarlo a él, pero no era personal.
-Lo siento, he estado ocupada.
Me levante de la gran roca y moví de forma brusca mi espada, que para ojos humanos hubiera sido un movimiento casi invisible. Pues los elfos teníamos una gran velocidad.
Me puse la espada en mi cinturón y empecé a alejarme, el me seguía, entrecerré los ojos y me di la vuelta.
El empezó a hablar.
-No estoy aquí porque si, fui a buscarte a ti y Bard a tu carpa, pero no estabas ahí, y me encontré con Haldir mientras te buscaba y él me dijo que podría encontrarte aquí.
Luego de decir eso, miro hacia tras, hacia la gran vista. Se podía ver la destrucción de Dale en su máximo esplendor. Legolas parecía muy extrañado y me miro otra vez, yo miraba hacia la ciudad.
Luego de un segundo, pregunte.
-¿Por qué razón nos buscabas?
Asintió suavemente.
-MI padre hace días que busca a los asesinos del dragón. Bard ya debe haber llegado a la carpa, te esperan a ti. 'El piensa que es un elfo el que ayudo en Esgaroth'. Agrego como más en un susurro.
Yo puse una sonrisa, así que Thranduil no sabía que yo estaba aquí.
Eso era a mi favor, él estaba en desventaja, le podría dar una sorpresa.
Estaba muy nerviosa, esta era una prueba a mi coraje. Decidí en cuestión de segundos, que la iba a afrontar.
Le conteste a Legolas que iría y el empezó a guiarme hacia las carpas de los sindar.
El campamento de los sindar era diferente al de los Noldor.
Para empezar las carpas eran de un color más crema, a diferencia de que los Noldor usábamos telas blancas. Los estandartes eran verdes bosque, con estrellas amarillas.
Otra diferencia es que las carpas estaban todas colocadas en función de la del Rey la cual estaba en el medio del campamento, y era mucho más grande que la de los soldados comunes. Aunque podría haber escuchado en mi vida que el rey de los elfos silvanos, era en si un buen rey y que había defendido bien a su pueblo sin un anillo para ayudarle, lo cual le daba mucho más crédito, y me quede preguntándome si no se veía el ego y la vanidad de Thranduil al tener el campamento así ordenado.
Yo iba con mi capa puesta, lo único que dejaba al descubierto era mi pelo negro ondulado, que salía por los costados de la capucha.
Los elfos repartidos por el camino, se giraban a mirar a 'el elfo' que caminaba al lado de su príncipe.
Parecía ser un elfo muy digno, caminaba elegantemente, dignamente y sin mucha prisa.
Legolas la escolta y entra con ella a la carpa real.
Yo lo miro mientras el desliza la delicada mano sobre la puerta de la carpa. La abre y me deja pasar primero, como todo un caballero, me hace una seña para que pase, y antes de eso yo respiro hondo, preparándome para lo que me esperara allí adentro.
Estaba súper nerviosa, mi corazón iba a mil por hora y me pude tranquilizar antes de dar un paso y entrar, Legolas paso detrás de mí.
Por debajo de la capucha ella mira la imagen que hay delante de ella.
Bard está de pie delante de un trono de madera esculpido hermosamente ubicado en el medio de la habitación.
Parece un poco fuera de lugar y cansado de esperar.
Legolas le pone un brazo atrás a Glawareth porque ve que ella no parece querer acercarse más, él está extrañado pero no dice nada.
La hace acercarse hasta unos siete pasos largos del trono, justo al lado de Bard, este la mira de reojo y entrecierra los ojos, no entiende por qué su amiga esta con la capa puesta.
Luego Glawareth mira hacia adelante, en el trono esta una persona que no había visto hacía más de dos mil años.
Su corazón se detuvo unos segundos.
