Hello! Este es el capítulo que más edición me llevó! Espero haberlo hecho bien, ya que me pareció que era muy importante el reencuentro.
Obviamente la confrontación no termina acá y va a seguir en otros capítulos ;)
Ya vi las escenas detrás de cámaras y la versión extendida de The Hobbit DOS… Me reí bastante con la escalera-trono-túnica de Thranduil! Esperemos ver más de el en la próxima película! Y como ya dije: Hay spoilers en estos capítulos! Yo leí el hobbit y lo use de base para mi historia, pero disfruten si ya lo leyeron también!
Al final el otro fanfic lo voy a hacer más adelante, para todas las fans de Haldir. Va a ser en Lorien. Siempre lo vi como un elfo amable, fuerte e intimidante, aunque no frio. (Como lo es Thranduil, el cual es un poco más oscuro, como su bosque negro)
Enjoy!
Capítulo 26
Nada la iba a preparar para la imagen del rey en su trono.
Ella nunca lo había visto en el poder. Y por un momento su mente quedo en blanco.
Seguía siendo tan hermoso, y atractivo como hacía ya tanto tiempo.
Glawareth lo miro por debajo de la capa, el ignoraba al que fuera que estuviera allí de pie, pues ni en sus peores ni mejores sueños pensaría que era en realidad ella.
Solo le lanzo una mirada distraída y perezosa. Su postura era orgullosa, real, intimidante.
Esto a ella no le gusto en lo más mínimo, ¡quién se creía que era!
Lo que más le preocupo a ella fue su mirada y su semblante.
Sus ojos y su aura parecían fríos, muy fríos, todo parecía cubierto de hielo. No podía leerle ningún pensamiento. Su mente ahora era muy fuerte y poderosa.
Eso la impresionó y la preocupo un poco. ¿Qué le había pasado al anterior Thranduil?
Frio y duro como el hielo, muy fuerte y poderoso.
Ella vio por el costado de su mirada, que Legolas se había posado a un costado del trono, mirando la escena pacientemente.
Presta mucha atención a este encuentro. De alguna manera sentía que dos almas poderosas iban a enfrentarse ese día.
El silencio parecía terrible, pero Bard por un lado no sabía cómo romperlo y Glawareth no tenía intención de revelar su identidad, así que calló.
El rey elfo, había cambiado mucho, y no enteramente en un bien sentido. Lo hacía recordar a su viejo padre, Oropher, el estricto y frio elfo.
Sus ojos además de fríos son muy calculadores, también estaba el hecho de que ella podía ver, desde donde estaba, una sombra de su antigua cicatriz, en una de sus mejillas, la cual seguiría oculta para otros ojos.
Trato con todas sus fuerzas de disuadir a su mente, pero la seguía viendo desde la distancia.
Aunque ella pensó que no le quedaba del todo mal.
El de algún modo, se veía más atractivo y hermoso que antes. Sus movimientos eran gatunos y elegantes. Tenía un vaso lleno de vino color morado en una de sus manos.
También su ego y narcisismo parecían haber crecido a tope. A esta nueva descripción Glawareth entrecerró los ojos, eso era lo que le gustaba menos del nuevo Thranduil.
Al fin después de unos segundos Glawareth pudo romper alguna de las defensas mentales del elfo y lo único que pudo leer era desconfianza e impotencia, al verla allí parada toda escondida y encapuchada.
No aguanta más y exclama con voz fría:
-Entonces estos son los asesinos de Smaug el terrible.
Su desconfianza parecía crecer a un estado puro, cuando ninguno de los dos invitados respondió nada.
En la cara del rey se formó una horrible y atractiva mueca.
Como una sonrisa forzada.
No me gustaba en lo más mínimo.
-Podría preguntarme que quieren a cambio dos desconocidos, por tener tanta suerte con el dragón, ¿tal vez una parte del tesoro?- Dijo esta vez con voz melosa, aunque igualmente escalofriante.
Miro con los ojos entrecerrados, de mí a Bard estudiando el lenguaje corporal de la chica y la cara del humano.
Yo estaba tan enojada. Muy enojada. El rey elfo nos miraba con arrogancia y frialdad.
Al poco sentimiento de amabilidad que sentía, se sumó esta nueva frase dicha por el rey. Ya no pude detener mi ira.
Me miro directamente y con ojos como platos cuando sintió mi risa baja.
Yo me reí más fuertemente al darme cuenta que había utilizado la palabra 'suerte' en la misma oración que 'dragón'.
Tres pares de ojos me miraron esta vez, atentamente, Legolas por su parte estaba desconcertado por la risa de Glawareth. Su padre no lo tomaría bien.
Y así fue, era muy posible que la mirada de Thranduil se pusiera mucho más fría y desconfiada.
Me arriesgue a pronunciar palabra, ya había disfrutado de la ventaja especial, era hora de enfrentarse a la furia del rey.
-Uno no simplemente mata a un dragón con suerte, Thranduil, y tu más que nadie debería saberlo.- Dije con todo el odio e ira que había reunido durante más de dos mil años.
Todo quedo en silencio luego de mis palabras.
Al escuchar mi voz, Thranduil se puso en guardia.
Mientras yo hablaba, las llamas de las velas alrededor ardieron al triple de lo normal.
Pues yo ya a esta altura tendría que saber controlar:
A) Mi gran temperamento
B) EL PODER DEL ANILLO DE FUEGO.
Y la segunda era la más probable.
Los muros de frio que recubren la mente de Thranduil flaquean unos segundos, al sospechar quien sería esta invitada, siente anticipación y nerviosismo, ella logra hacer lectura de ello y hace una pequeña sonrisa.
El mira a la figura encapuchada enfrente de el y no da crédito a lo que sospecha.
Le da un escalofrio al rey y luego se levanta del trono en un rápido movimiento.
Ni legolas ni Bard entienden que está pasando.
Thranduil ordena, apuntando con un dedo hacia la elfa:
-Identifíquese inmediatamente.
Nada podría haber preparado a Thranduil en ese momento.
Me baje lentamente la capucha y la deje atrás, en mi espalda, dejando mi rostro al frente y en alto, los ojos fijos, demostrando nada, a los ojos de Thranduil.
Esta vez que sabía que era ella, podía ver esa aura plateada que salía de su cuerpo y se maldijo a sí mismo, por no haberse dado cuenta antes.
Inmediatamente ella se descubre, al otro elfo le cambia la cara.
Ya no tiene la mirada tan fría.
Se miran el uno al otro por un minuto.
Pasan muchos sentimientos por el frio rostro del rey elfo: sorpresa, incredulidad, y otros que desaparecen tan rápido que no se pueden leer por la elfa.
Luego el parece salir del estupor de este nuevo descubrimiento y habla primero:
-¿Leíste la carta?
Pregunta el elfo.
Lo hace con voz cortante. Sus ojos demuestran que leer esa carta era muy importante.
Ella sonríe falsamente, la temperatura de la carpa sigue subiendo. Las otras criaturas quedan excluidas de la conversación, y ven el intercambio con ojos muy abiertos.
Legolas no sabe mucho de la historia entre ellos dos, pero queda impresionado por como la elfa habló a su padre. Y también en el hecho de que el rey elfo no pareció molestarse ni ofenderse en lo más mínimo, más bien parecía preocupado y triste.
Si fuera cualquier otro elfo, ella estaría en un calabozo en el castillo de su padre, pudriéndose lentamente.
Pero parecía especial para él. Eso le llamo la curiosidad al joven elfo.
-No, no la leí. Respondió la elfa fríamente, luego de unos segundos.
Thranduil empezó a moverse por la habitación, con sus ojos posados en la figura de la elleth. Su cicatriz la hacía más hermosa.
Empezó a girar alrededor de ella.
-Era importante que la leyeras, pero sabía que era inútil tratar de explicarte, eres tan terca como un enano e orgullosa como un Noldor.
-Soy una Noldor, eso lo sabes muy bien Thranduil. Explotó la elfa.
Ella desesperada estaba por cambiar el tema de la conversación, tenía rabia y no iba a olvidarse de las ofensas que el elfo le había ofrecido tan abiertamente. Las ignoro por el momento, no quería ni tenía que demostrar nada, era él el que la había dejado todos estos años.
Ella suspiro pesadamente y Hablo fríamente esta vez
-Hablando de enanos, unos trece liberaron hace unos días a un dragón que yo y mi amigo aquí- dijo señalando a Bard- ayudamos a destruir.
Thranduil dejo de pasearse y se sentó tranquilamente en su trono, mirando a la elfa mientras hablaba.
-Pero el verdadero responsable de matar al dragón, es el- agrego, otra vez señalando al humano.
El movimiento de su mano esta vez fue vago, pero concluyente.
Thranduil movió su mirada, de Glawareth a Bard.
Bard hizo una breve inclinación al rey. Glaw puso los ojos brevemente.
Hizo las presentaciones debidas.
-Este es Bard. Hijo de Girion, nuevo señor del Dale y Esgaroth.
El elfo centraba toda su atención en el humano, posiblemente leyendo su mente o viendo sus movimientos, cosas que hacemos los elfos a menudo.
Me sentí más tranquila, la confrontación había pasado, o eso parecía y me tome la libertad de mirar cómo estaba vestido Thranduil.
Tenía unas calzas grises y una túnica verde oscuro, con diseños de plata que brillaban con la luz de las velas, que ahora estaban quietas.
También tenía una tiara coronando su hermoso cabello, la tiara era de plata con una pequeña piedra blanca en forma de gota, una dichosa piedra diamante, blanca como las estrellas.
Me reí por dentro, como me había dicho Gandalf, esas piedras eran su obsesión.
De seguro la razón, por la que un campamento de elfos del bosque estaba aquí era para suplir la necesidad estúpida del rey por tener devuelta esas piedras.
Las cuales estaban en Erebor, ahora ya no en posesión del dragón.
Thranduil dejo de estudiar a Bard y le dijo.
-Los humanos que miraban desde el bosque vieron tu impecable demostración de poder con el dragón y dicen que tú eres el nuevo gobernador.
Se levantó y camino hacia Bard, este no se inmuto, tenía la cara al frente y en blanco.
Era la conversación entre dos reyes.
Cada tanto, Thranduil lanzaba pequeñas miradas a la elfa. Pues todavía no podía creer que estuviera allí, delante de él.
Ella por su parte estaba muy aburrida y se quería ir de allí cuanto antes.
El rey elfo siguió hablando.
-Piden el arreglo de la ciudad. Quieren parte del tesoro de Erebor para suplir esos daños.
A Bard no le pareció descabellada la idea. También estaba el hecho de que fue gracias a los enanos que el dragón había sido liberado de la montaña y todo lo que él había tenido que pasar para asesinar a la criatura terrible.
A los enanos no les iba a salir barato.
Después de unas palabras entre los tres, se decidió que el campamento de elfos Noldor se movería al lado del de los Silvanos. Al fin de ayudar al rey de Mirkwood.
Estaban al norte y se movieron al sur.
Antes de salir de la carpa real, Glawareth hablo y dio una idea.
El tema es que El rey elfo y Bard, ya daban a los enanos por muertos y que el tesoro no tendría ningún dueño. Estaban tan equivocados, pero dijera a quien se lo dijera, nadie la creía. Formulo un plan y dijo a los otros dos.
-Para estar seguros, podríamos hacer llegar una pequeña compañía a la puerta de la montaña y ver si quedo alguien con vida. Solo para estar seguros.
La elfa levanto una ceja, severamente los miro. Bard asintió en acuerdo y Thranduil parecía dudar, pero al final dio la aceptación.
Quedo arreglado que a la mañana siguiente irían Glawareth, y Bard y su primero en las defensas de Esgaroth.
Thranduil miró a la elfa y le pregunto fríamente.
-¿No quieres que te de una escolta?
Glawareth lo pensó un momento, Thranduil parecía preocupado por ella, aunque aparentaba estar frio, sus pensamientos eran muy diferentes.
La elfa asintió.
-Tal vez Legolas, podría servirme de escolta.
Ese pedido a Thranduil le pareció muy extraño, al igual que a Legolas. Se llevaban bien, pero no eran muy cercanos.
-Y voy a llevar a mi amigo Haldir.
Un brillo raro se reflejó en los ojos del rey elfo, algo en la voz de la elfa lo hizo sentir celos, pero ella lo miraba extrañada. Él no era su dueño. Ella podía estar con quien quisiera, no es que fuera el caso. Pero él no tenía ningún derecho sobre ella.
Asintió brevemente otra vez frio como el hielo.
Legolas y Bard quedaron intrigados luego del despliegue entre los dos elfos.
Aquí termino este capítulo.
¿Legolas tendrá tanta curiosidad para preguntarle a Thranduil sobre Glawareth?
Es obvio para Bard lo que pasa, a pesar de ser un mortal, el nota el cambio en los ojos del Rey Elfo, ¿le dirá a Glawareth?
¿Encontraran a algún enano vivo en la montaña solitaria? ;)
