Capítulo 28

Volví a respirar en unos segundos luego de eso.

Suspiré pesadamente y me sacudí fuertemente.

Necesitaba algo para calmar el fuego, los nervios y mis pensamientos.

Y qué mejor que eso que un buen vino elfico.

Deje de mirar hacia la espalda del elfo, que tantos problemas me había causado y agarré la primera copa con contenido que vi en la mesa. Estaba llena hasta la mitad de un líquido rojizo.

Me la tome de un trago, rápidamente una sensación perfecta fue por mi cuerpo y me sentí mejor.

Me serví otras copas, no conté cuantas, pero en algún momento me di cuenta que no era suficiente.

Precisaba usar la fuerza física para algo urgentemente.

¿Dónde estaba la horda de orcos cuando una los necesitaba?

Me miré hacia abajo, mi visión estaba un poco borrosa, pero me di cuenta que llevaba el mismo tonto vestido y me incomodaba, así que me fui de la fiesta.

Sentí varias miradas en mi espalda, pero no me importo.

Estaba enojada.

Él era el que se había ido, dejándome sola, herida y triste.

Mi familia ya era cada vez más pequeña, tenía pocos amigos, y era solo gracias a ellos que tenía mi corazón completo.

Él se había ido, y se había casado con otra elfa, si una elfa Silvana, de su misma posición social, debía de ser rubia y perfecta.

Fría como el hielo. De seguro un poco de mis llamas la hubieran derretido en unos segundos.

Oh Dios, ¿yo sintiendo celos de una simple elfa Silvana? Estaba cayendo bajo, a mi hermano le hubiera disgustado horriblemente.

Seguí caminando hacia mi campamento, se sentían los ruidos de la fiesta.

Música, voces hermosas, arpas élficas.

La mayoría de mis hombres estaba bailando, bebiendo y disfrutando.

Pocas veces se tenía esta oportunidad, y ellos no sabían lo que se venía, me alegre por el ambiente, pero hubiera sido mejor sin cierto elfo.

Negué con la cabeza.

¿Qué había pensado en mí en todos estos miles de años?

¿Creía que me lo iba a creer?

¿Era verdad?

Si, mientras se acostaba con otra, eso seguro… elfo insufrible.

Entré a mi carpa y me saqué el vestido a los manotazos.

Saque una sudadera simple de lino y unas calzas cómodas.

Por encima me puse mi capa negra.

Me saque la tiara, me puse una goma en el pelo.

Tome mis armas. Mi espada, arco y flechas y mis dagas.

Salté para afuera.

Había un aire fresco, se acercaba rápidamente el invierno.

Me tape con mis capas, aunque para un humano haría un frio infernal, para los elfos era solo un poco de frio.

Caminé bastante y cuando quise acordar estaba en los límites del bosque.

Solo necesitaba desahogarme un poco.

Saqué mi espada de la funda y empecé a pelear con el vacío.

Mi oponente quedó claramente vencido, mi furia era imponente y me movía rápidamente, incluso más rápido para un elfo.

Luego de más arremetidas mire al bosque, era de verdad el bosque más oscuro y enfermo que había visto.

Antes había sido un bosque verde, saludable y hermoso.

Aunque Thranduil había hecho un buen trabajo manteniendo la vida de sus gobernados, el bosque era otra cosa.

Las ramas estaban como muertas, las hojas estaban decaídas y en los troncos había humedades de varios colores pasteles, no de los mejores.

Nada nacía o sobrevivía mucho tiempo allí. Al menos nada bueno.

Estaba realmente muy enfermo.

Sentí las pequeñas voces de los árboles, había sufrimiento y dolor en aquellas voces y me dio pena por el mundo.

Después de todo lo que los elfos habían hecho por el bien del mundo, el mal siempre acechaba y corrompía todo a su paso.

Me senté en una raíz sobresaliente del bosque y me acosté, estaba en el borde del bosque y miré hacia las estrellas.

Necesitaba a mi mejor amiga, Celebrian, quería a alguien para escuchar mis problemas, alguien que me diera consejos sin juzgar.

Me dormí allí, en el suelo del bosque.

La mañana llegó y yo seguía durmiendo.

Soñé con un gran número de enanos a paso rápido por las montañas, era muy extraño, los enanos eran mejores en caminos cortos, estos parecían haber comenzado a caminar hace mucho y parecían abatidos.

Pero el sueño desapareció cuando sentí que alguien me sacudía delicadamente.

Salte rápidamente con una de mis dagas en mi mano y apunte a la garganta al que fuera.

Era un elfo de unos doscientos años, un elfling.

Me miraba con los ojos muy abiertos y había miedo en ellos.

-Mi princesa…- Dijo con las manos hacia arriba en postura conciliadora.

Deje de apuntarle y me alejé. Puse mi daga en mi espalda, antes dándole unas vueltas en el aire con mi mano.

Me estiré en toda mi altura.

Había estado durmiendo en el suelo del bosque.

Debía ser una imagen extraña.

De seguro mi pelo tenía barro y alguna que otra hoja o pasto y la ropa era otra historia, estaba vestida con ropa común, de caza.

No muy apropiado, pero me dio igual.

El elfo se contuvo de comentarlo.

Me disculpé por mi exabrupto y él dijo que no era nada, pero parecía temerme un poco.

No se acercó mucho a mí. No lo culpé.

Sentía que tenía un humor de los peores.

No me dolía la cabeza, pero me sentía mareada y eso era lo peor.

Mis sentidos parecían nublados, aunque fueron aclarando con el paso de los minutos.

A los elfos no nos gusta sentirnos sin seguridad y sin acuerdo con nuestro cuerpo.

-¿Cuál es el problema? Le dije fríamente al elfling, mientras recogía mi capa del suelo y me la ponía por encima.

Era muy temprano, eso pude deducir de la altura del sol, recién hacia unos minutos habría amanecido.

El elfo me miró y hablo cortadamente.

Les hacía esto a los elfos, humanos e otras criaturas.

Los impacientaba y los ponía nerviosos. Ni siquiera mi atuendo podría hacer menos a mí belleza y grandeza. Solo parecería más salvaje y por lo tanto más hermosa.

-Hay concilio en el campamento Silvano, mi señora. Ya están por empezar.

Sentí un pensamiento extraño en la mente del elfo. Era fácil leer sus mentes.

-¿Qué más sucedió mientras yo dormía?

Empecé a caminar hacia mi campamento.

-La estaban buscando mi señora- Empezaba a no gustarme el 'mi señora'

- Y llego una persona extraña.

Lo miré con extrañeza.

-Un extraño dices. Bueno, informa que ya me encontraste y que voy a ir a arreglarme un poco e iré directamente a la carpa de su excelencia

Dije en tono de broma, el muchacho asintió y se fue.

Llegué a mi carpa y me puse otro conjunto para cazar, una capa negra limpia, me limpié la cara. Me miré al espejo. Mi pelo estaba despeinado.

No me puse tiara. Hoy me importaba poco ir salvajemente.

Partí hacia la carpa donde me citaban.

Los elfos estaban desayunando y me dio hambre cuando los vi.

Encontré una manzana en una mesa y me la llevé para comer. Mientras comía, los elfos que estaban a los costados me lanzaban miradas incrédulas.

Me miraban de pies a cabeza, yo los ignoré como siempre y llegue hasta la puerta de la carpa.

Estaba Bard esperando fuera en un una banca de madera, cuando me vió, se levantó rápidamente y cuando me acercaba, me miro con extrañeza.

Mi mal humor empeoró. Rodé los ojos.

-¿Qué sucede?

Formo una media sonrisa lenta en su cara y volvió a lo normal. Suspiré tranquilamente.

-Nada, solo que es extraño ver una elfa con ropa de caza, te ves… bien.

Y con una sonrisa agregó mirándome de reojo.

- ¿Te acordaste de peinarte esta mañana?

No estaba para bromas o tomaduras de pelo, fui al grano.

-Me informaron que fui citada el día de hoy por sus excelencias- le dije con tono de broma.

Asintió débilmente y su cara se convirtió en una mueca de preocupación, yo me puse en guardia.

-Algo ha pasado cuando no estabas. Alguien ha llegado, y dice conocerte.

Estallé.

-¿Qué? ¿Quién es?

Antes de que me pudiera decir algo, yo entre en la carpa sin avisar, agarrando a todo el mundo desprevenido.

Cuando vi la imagen adelante mío, me quede parada en el lugar.

Bard me rodeó y caminó hasta su asiento al lado del Rey elfo y se sentó, me miró con una sonrisa y negó con la cabeza.

El asunto era bastante importante.

En el centro seguía estando la mesa de juntas circular.

Solo había una silla vacía, al lado del Rey Elfo, por el momento decidí quedarme en donde estaba.

Todas las personas dentro del salón me miraban, estaban todos sentados en sus lugares.

Un elfo que no conocía, una figura encapuchada, Glorfindel, Haldir, El rey y Bard, todos me miraban.

Otra vez no los podía culpar.

Estaba desarreglada y sin vestido, ni nada elegante.

Empecé a comer mi manzana de un mordisco.

Mi atención rápidamente fue a la figura encapuchada de gris, la cual estaba muy encorvada, rodé los ojos he hice como que no sabía quién era.

Claro que lo conocía.

Luego mire hacia el otro elfo, era en si una elfa, era pelirroja. Era hermosa, y parecía querer ocultar una risa, porque me miraba con ojos risueños. Era Tauriel si no me equivocaba, la elfa que había curado al enano en la casa de Bard.

Glorfindel al ver que no me movía, exclamó.

-¡Por los valar, Princesa!, ¿te has cruzado con un paquete de orcos?

Estaba con los ojos abiertos y parecía muy extrañado por mi aspecto.

A mí me gustaba, yo me sentía cómoda y odiaba los vestidos.

Negué y puse una sonrisa. Mi humor no mejoraba, necesitaba algo de tomar, inmediatamente.

Miré por la carpa, ignorando a los demás y en mi vista se cruzó una mesa en un costado apoyada en la pared.

Tenía varios tarros llenos de vino, de diferentes colores.

Había copas. Me decidí a tomar un poco.

Los mire a todos y me fui deslizando tranquilamente, como si fuera normal, hacia aquella mesita.

-¡Por favor, no se detengan por mí, ignórenme! Necesito un trago.

Thranduil abrió la boca, mucho. Haldir quedo blanco como un papel, Glorfindel entendió la broma y negó con la cabeza, la elfa Tauriel rio abiertamente.

Yo riéndome por lo bajo, llegué hasta la mesita.

Empecé a hablar conmigo misma. Eran obviamente el conjunto de vinos del rey elfo, me decidí a ser infantil y tomarle un poco el pelo.

-Ummm ¿cuál será el vino más caro y sabroso?

-Supongo que el que tiene menos cantidad…ummm –agarre una copa que parecía usada

-Si esta copa está bien…- mire hacia la mesa, mientras tomaba un sorbo de mi copa, todos me seguían mirando extrañados.

La figura encapuchada seguía encapuchada y yo sonreí, para asombro de todos, me acerqué a mi lugar, con la copa en una mano y la manzana en otra.

Me senté rápidamente, ignorando a cierto elfo.

Mire directamente hacia el otro lado, donde estaba la figura del viejo.

Era una sorpresa y una felicidad enorme que estuviera ya aquí, había pensado que su vida estaba en serio problema. Pero no lo parecía tanto, estando ya fuera de Dol Guldur.

Me decidí a ser directa, todo era más fácil y mucho más divertido de esa manera.

Tome toda la copa de un trago fuerte, parpadee.

-Es bueno. Muy bueno. Dije mirando la copa vacía.

Miré a Thranduil, él tenía una mirada de desaprobación. Tenía unos documentos en las manos, y los dejó en la mesa, cuando vio que iba a seguir hablando.

Puse los ojos.

-Vamos al grano, querido concilio.

Mi mirada fue otra vez hacia el encapuchado.

-Supongo que te fue fácil salir de Dol Guldur, me temía que no fuera así, dejando un objeto tan preciado atrás… Mithrandir.