Capítulo 29
Todos se sorprendieron de mi lectura acertada. Mis sentidos siempre eran de lo mejor.
Había un aura diferente en el Maiar, y yo la conocía de sobra.
El anciano se quitó la capucha y me miró sonriente.
-Sabía que no me desilusionarías querida Glawareth.
Sus enormes cejas se juntaron. Luego que me lanzó de verdad una mirada, sus ojos se ampliaron de par en par y se sacudió por una risa enorme.
-Mi querida, no te había visto así desde que tus sobrinos te tiraron desde ese acantilado y estabas tan enojada que quemaste dos leguas de bosques sin querer…mal asunto aquel-
Miré para abajo, eso no era algo de lo que me enorgullecía.
Sentí la mirada de Thranduil en mi cara. Si creía que iba a explicar esa cuestión, estaba muy equivocado. Seguí seriamente.
-Bueno si, digamos que no tuve muy buena noche y me duele todo un costado de la espalda. Pero ahora ya estoy mejor- dije poniendo una sonrisa amistosa y sincera – Ahora tengo a mi mejor amigo a mi lado.
Lo mire de costado en broma.
-Ahora dime amigo, ¿A que debo tan grata sorpresa?
Todos alrededor miraban con incredulidad la escena. No sabían quién era el anciano, no sabían cómo yo lo conocía, nadie les había informado nada desde que entré y estaba el hecho de que los ignorábamos totalmente.
-No estoy aquí por ti, querida princesa. Estoy aquí para ayudar a mis amigos enanos.
Le señale con la mano, y con la otra puse la copa encima de la mesa.
-Sucio asunto aquel, temo que tendremos problemas. Esta noche tuve noticias muy tristes.
Todos en la mesa me miraron con atención.
-¿Que pasó? ¿Que viste? Dijo Haldir, su cara estaba llena de preocupación. Era obvio para el que yo había tenido visiones, los otros parecían extrañados.
-Antes que nada, este es Mithrandir, un antiguo mago. Es de confianza.
Los miré a todos, ellos asentían al mago y por ultimo mire a Gandalf.
-Tuve oscuras visiones esta noche, temo que los enanos de las montañas grises estén en camino, y no de manera amistosa.
Sentí que al decir esto, Thrandui se ponía rígido. Le lance una mirada tranquilizadora.
-Todavía están en camino y faltan días para su llegada, es preciso mantener cuidado con los enanos en Erebor. Necesitamos en serio hacer las paces con ellos.
Thranduil asintió y empezó a hablar.
-Hoy tenemos que juntar una compañía e ir directo hacia la puerta principal, la cual tiene defensa.
Todos asentimos y el preguntó
-¿Vamos armados o no?
Bard contesto.
-Yo diría de ir armados, no sabemos de lo que son capaces, y más el rey, parece totalmente sacado de si por defender su tesoro.
Gandalf pareció apenado. Ahora que lo veía, porque el alcohol ya no tenía efecto en mi sistema, parecía más demacrado, nuevas arrugas lo surcaban y tenía heridas por la cara y el cuello.
Me preocupé severamente por él, me juré hablar con el seriamente y preguntarle sobre el asunto más tarde.
-Me temo que mis amigos enanos cayeron en la enfermedad del viejo tesoro. Va a ser muy difícil razonar con ellos, pero sugiero que sean amables.
-Hablando de ser razonable- dije yo, sacándome cierto anillo de uno de los dedos de mi mano derecha.- Esto es tuyo.
Le pasé el anillo por encima de la mesa, todas las miradas fueron a él. No entendían que era ese anillo. Gandalf asintió y se lo volvió a poner en su mano.
Pero Thranduil me miro y sus ojos brillaban de una forma extraña.
Después de unos puntos más, se decidió que iríamos elfos y hombres del lago en la compañía.
Yo me invite a mí misma, y conmigo fueron: Legolas, la elfa Tauriel, Bard y otros hombres.
Gandalf nos deseó suerte. Thranduil se levantó de su asiento sobresaltándome un poco y salió por la puerta sin decir una palabra. Y por último nos fuimos a preparar.
Todavía era temprano cuando nos fuimos.
Mithranduir me siguió hasta mi carpa y entro detrás de mí.
Yo me empecé a vestir adecuadamente, luego de bañarme, mientras él se sentaba en una silla y se ponía cómodo.
Tenía su cetro de madera de mago en una mano.
El anillo, ahora en su mano parecía brillar menos, yo estaba por mi parte, de mejor humor.
Me puse un vestido y le empecé a preguntar cómo había ido todo.
Era obvio que ocultaba muchas cosas y yo quería saberlas.
-Me temo que es peor de lo que temía, querida amiga.
Yo me asusté un poco y ya vestida con un vestido y una capa de color azul me acerqué a él. Le tomé la cara con las manos y miré sus heridas. Estaban casi sanadas. Con magia elfica le cerré algunas que seguían abiertas y el hizo algunas muecas.
-¿Qué es lo que viste allí?
-Huestes y huestes de criaturas fétidas y macabras, Glawareth.
Asentí. Me contó como lo habían atacado los orcos y hablo del orco pálido llamado Azog, me decidí a acabar con el inmediatamente al decirme que lo había lastimado con una maza en las costillas.
-Eso me temo no fue lo peor.
Me dijo cuando yo estaba tomando mi espada de la cama y poniéndomela en el cinto.
Lo mire de reojo, él estaba muy muy serio. Parecía aterrado al recordar cierto encuentro.
-¿Qué puede ser peor Gandalf?
-Vi el Ojo.
Después de esa información no recuerdo mucho. Quede como una estatua por unos minutos, hasta que me di cuenta que había pasado mucho tiempo y se me hacía tarde.
Salí de la carpa mirando por última vez a Mithrandir, el cual me dio una mirada triste.
Mi corazón sangraba otra vez por recuerdos antiguos, estaba muy triste y enojada. 'No podía seguir existiendo', 'tenía que ser mentira', me decía una y otra vez.
