Capítulo 30

Uno de los elfos Noldor que iba conmigo llevaba mi estandarte, el cual me había confeccionado mi querida sobrina Arwen.

Ya era media mañana y la compañía cruzó el rio y marchó valle arriba.

Llevábamos también el estandarte verde del Rey Elfo y el azul del Lago

Avanzamos hasta que estuvimos justo delante del parapeto de la Puerta.

Paramos un segundo, mirando y sin decir ni una palabra, hasta que Thorin habló en voz alta.

-¿Quiénes sois que llegáis armados para la guerra a las puertas de Thorin hijo de Thrain, Rey bajo la Montaña? —Esta vez le respondimos.

Parecía no reconocerme, lo cual me sentó fatal. Siempre fue gruñón y desconfiado, pero su nuevo título y tesoro parecía habérsele subido a la cabeza.

Estaba preparada para lanzar mis flechas hacia quien fuera, con tal de terminar este encuentro, estaba segura que no iba a terminar bien.

Bard habló.

— ¡Salud, Thorin! ¿Por qué te encierras como un ladrón en la guarida? Nosotros no somos enemigos y nos alegramos de que estés con vida, más allá de nuestra esperanza. Vinimos suponiendo que no habría aquí nadie vivo, pero ahora que nos hemos encontrado hay razones para hablar y parlamentar.

Lo dijo lo más amablemente posible, a él le caía tan mal como a mí, el asunto y la decadencia de los enanos.

-¿Quién eres tú y de qué quieres hablar?

Rodee los ojos levemente.

-Soy Bard y por mi mano murió el dragón y fue liberado el tesoro. ¿No te importa? Más aún, soy, por derecho de descendencia, el heredero de Girion de Valle, y en tu botín está mezclada mucha de la riqueza de los salones y villas de Valle, que el viejo Smaug robó. ¿No es asunto del que podamos hablar? Además, en su última batalla Smaug destruyó las moradas de los Hombres, y pregunto si no has considerado la tristeza y la miseria de ese pueblo. Te ayudaron en tus penas, y en recompensa no has traído más que ruina; aunque sin duda involuntaria.

Sus palabras eran verdaderas y bonitas, aunque Bard tenía la expresión ceñuda por la desconfianza que tenían los enanos y dijo todo orgullosamente, porque a decir verdad, él podía serlo hoy, había matado a un dragón, con mi ayuda, pero al final él era el que se llevaba el crédito.

Pensé que los enanos reconocerían la justicia en las palabras de Bard.

Todos teníamos la ilusión de que lo haría.

Rápidamente sentí los pensamientos de alguno de ellos, el hobbit ¿tal vez?

Imágenes de Thorin en la sala del tesoro, la avaricia y el poder que sentía en sus compañeros enanos, su sufrimiento, sus dudas. Ella ya sentía como esto iba a terminar y sintió pena y resignación.

El rey enano siguió.

Dando por validos mis pensamientos anteriores.

-Has puesto la peor de tus razones en el lugar último y más importante — respondió Thorin—. Al tesoro de mi pueblo, ningún hombre tiene derecho, pues Smaug nos arrebató junto con él la vida o el hogar. El tesoro no era suyo, y los actos malvados de Smaug no han de ser reparados con una parte. El precio por las mercancías y la ayuda recibida de los Hombres del Lago la pagaremos con largueza... cuando llegue el momento. Pero no daremos nada, ni siquiera lo que vale una hogaza de pan, bajo amenaza o por la fuerza. Mientras una hueste armada esté acosándonos, os consideraremos enemigos y ladrones.

Quede estupefacta, nadie estaba amenazándolos, por lo menos por ahora y no podía creer que nos consideraran enemigos, esto iba muy muy mal.

La voz de Thorin interrumpió mis pensamientos.

-Y te preguntaría además qué parte de nuestra herencia habrías dado a los enanos si hubieras encontrado el tesoro sin vigilancia y a nosotros muertos.

Sus ojos parecían vacíos, llenos de avaricia y poder, su mente estaba en desorden, lo que podía leer de ella eran solo pensamientos oscuros y temor de perder su tesoro.

-Una pregunta justa —respondió Bardo— Pero vosotros no estáis muertos y nosotros no somos ladrones. Por otra parte, los ricos podrían compadecerse, y aun en exceso, de los menesterosos que les ofrecieron ayuda cuando ellos pasaban necesidad. Y aún no has respondido a mis otras demandas.

-No parlamentaré, como ya he dicho, con hombres armados a mi puerta. Y de ningún modo con la gente del Rey Elfo, a quien recuerdo con poca simpatía. En esta discusión, él no tiene parte. ¡Aléjate ahora, antes de que nuestras flechas vuelen! Y si has de volver a hablar conmigo, primero manda la hueste élfica a los bosques a que pertenecen, y regresa entonces, deponiendo las armas antes de acercarte al umbral.

Menciono flechas y yo me puse nuevamente en guardia, llevé mi mano a mi espalda, hacia el carcaj, pero Bard que estaba al lado mío, me tomó la mano fuertemente. Negó levemente mirándome a los ojos. 'No necesitamos más problemas' decían sus ojos suplicantes.

Yo detuve mi mano y volví a mirar hacia el parapeto de la puerta.

Había solo una cosa con la que estaba de acuerdo con Thorin, yo también recordaba con poca simpatía al rey elfo, me reí por dentro.

-El Rey Elfo es mi amigo, y ha socorrido a la gente del Lago cuando era necesario, sólo obligado por la amistad -respondió Bard- Te daremos tiempo para arrepentirte de tus palabras. ¡Recobra tu sabiduría antes que volvamos! –

Tenía mucha razón, esto es tiempo perdido, pensé para mí misma. Yo estaba preocupada por lo que me dijo Mithrandir, si eso era cierto, esto sería solo un juego de niñas.

Luego partimos todos juntos con gran pesar al campamento.

Me sentía decaída y triste, deje de hacer cosas tan inmaduras.

Tenía que ayudar en lo que pudiera, yo estaba aquí por el dragón, pero ahora que ya ese tema estaba cerrado, me sentía con obligación de ayudar a Bard y a su pueblo. No tenían hogar y estaban siendo ayudados por Thranduil, era una buena cosa hecha por el, y ahora con las palabras de Bard me había dado cuenta que el rey elfo, había sido amable.

O al menos no sabía ni podía entender que beneficio sacaba de ayudar a miles de personas, habilitar la bienvenida a su ciudad y darles comida y casa, todo gratis.

Llegamos rápidamente al campamento.

Fuimos directo a la carpa de Thranduil.

Adentro estaba el rey, Mithrandir, Legolas y elfos silvanos de la guardia que no conocía.

Bard les conto lo que había pasado y todos se sintieron desolados, tanto o peor que yo.

Gandalf parecía muy tiste, y decepcionado.

Nadie veía una salida si Thorin no negociaba positivamente con nosotros.

Thranduil hablaba de una guerra abierta, Bard parecía no ver otra salida, pero buscaba una desesperadamente, lo veía en sus ojos.

Legolas hablo esta vez.

-Podríamos no levantar armas, en si ellos no tienen recursos para sobrevivir allí muchas semanas, si no tienen nuestra ayuda, se morirán allí con el tesoro.

Yo me levanté de la silla donde estaba sentada y asentí con decisión.

-Secundo la idea, no veo que pueda ser positivo entrar en una guerra ahora…-Me detuve allí, mire al mago, el cual me miraba asintiendo, sabia cuáles eran mis pensamientos. Sauron era el verdadero enemigo.

Quedamos de acuerdo esta vez.

Unas horas después hombres del lago y elfos del bosque y por ultimo yo con Haldir, partimos otra vez hacia la montaña.

Volvimos con estandartes de cada reino y el ruido de las trompetas me hizo sobresaltar.

Uno de los hombres de Thranduil hablo primero:

-En nombre de Esgaroth y el Bosque —gritó uno—, hablamos a Thorin hijo deThrain, Escudo de Roble, que se dice Rey bajo la Montana, y le pedimos que reconsidere las reclamaciones que han sido presentadas o será declarado nuestro enemigo. Entregará, por lo menos, la doceava parte del tesoro a Bard, por haber matado a Smaug y como heredero de Girion. Con esa parte, Bardo ayudará a Esgaroth; pero si Thorin quiere tener la amistad y el respeto de las tierras de alrededor, como los tuvieron sus antecesores, también él dará algo para alivio de los Hombres del Lago.

Antes de que pudiera hacer algo con mis flechas o mi espada, porque fue totalmente inesperado, Thorin, tomo un arco y disparó una única flecha al que hablaba.

Golpeó con fuerza el escudo y allí se quedó clavada, temblando.

Yo estaba muy enojada, con él y conmigo misma, por no esperar algo así y no poder proteger a los que venían conmigo.

Thorin tenía una mirada muy oscura, odio, temor, estaba fuera de sí.

La enfermedad estaba en su fase más dura, había sido difícil parlamentar con él, negociar era ya impensable.

Hable yo esta vez y le dije lo que ya habíamos decidido en el concilio hacia unas horas, por las dudas si esto pasaba.

- Ya que ésta es tu respuesta, declaro la Montana sitiada. No saldréis de ella hasta que nos llaméis para acordar una tregua y parlamentar. No alzaremos armas contra vosotros, pero os abandonamos a vuestras riquezas. ¡Podéis comeros el oro, si queréis!

Mi voz fue dura, no me importaba si se enojaban más, ya estaba hecho.

Fili y Kili me miraron con una mirada de disculpa, parecían de verdad muy apenados por cómo había actuado su tío, me sentí mal por ellos.

Luego de eso partimos de vuelta al campamento