¡Primero que nada, ya que, en la entera sinceridad, si nadie leyera este fanfic, estaría relegado al olvido, oculto, o quizá peor, en un texto de Word! Así que, ustedes van primero. Me emocione muchísimo al ver que, con tan poco tiempo de vida, y a pesar de que pensé que me iba a ir del asco escribiendo sobre ellos dos, aparte de que lo hice primero a cuaderno (cosa que no hacía hace años) y luego transcribiendo; en fin, con tan poco tiempo de vida, tanta gente ojeara y le gustará el fanfic. Muchas gracias, de todo corazón 3
#DanishCheese: ¡Ver tu comentario me hizo saltar de la alegría! Para empezar, porque pensé que había metido terriblemente la pata teniendo la determinación de publicar algo sobre estos dos (Es que, los emparejo hasta en sueños, please) [?] ¡Muchísimas gracias por leer, por comentar! Intentaré que disfrutes cada línea del fic hasta que sea concluido~
# Loca Biónica: Sonará raro, pero, tu nombre me recordó a eso de: "Poderes de los gemelos fantásticos ¡actívense!" Soy algo idiota, si xD. ¡Me hace supáh feliz que te haya divertido! La verdad, me han inspirado a publicar el segundo cap, gracias.
¡También, muchísimas gracias a las personas que, sin comentar, dieron su apoyo a través de un "click"! ¡Y quien lo hizo y comento, sabe que tiene mi amor! TIERNA ORFELINA, arrios18, Uzuki Yu-Chan~
¡Sin más preámbulo, disfruten! –Y azótenme, si les parece un asco- [?]
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Haciendo crujir los huesos de su cuerpo, en el vago intento de desperezarse, o quizá evadirse de su "regaño no tan matutino". La habitación estaba vacía, ya que era la única que se había pegado como idiota al colchón, y probablemente todos estaban entrenando, o esperando el almuerzo. A cada minuto que pasaba, se sentía más estúpida. Quien sabe, tal vez si tardaba un poco más, el pelinegro volviera por ella, y la llevara jalada del cabello a recibir su sermón…Aunque no fuera superior de muchas palabras. Aquello sería, realmente, humillante, y prefería ahorrárselo. Con paso ligero, pero, no por ello apresurado, se encamino
-Tarde-Comunico el hombre, helándole la sangre a la azabache, que apenas si había empujado la puerta. ¿Cómo sabía que era ella? ¿Y si no resultaba serlo? ¿Acaso…? , se sentía como si se estuviese acercando a la entrada del infierno, con la frente en alto, al menos. Al entrar, deslizándose por el estrecho espacio que había dejado entre la puerta de madera, y el marco, ya que el solo hecho de abrir la puerta de par en par sería más que suficiente para que el contrario no le quitase la vista de encima. Como si fuese goma de mascar, una vez que cerró la puerta a sus espaldas, dejo que estas, prácticamente, se fusionaran con el objeto, en el vago intento de no tener que acercarse demasiado al menudo pelinegro; aquello la tentaría, demasiado, a golpearlo.
-¿Y bien?-Inquirió la muchacha, demostrando más voluntad sus palabras que su cuerpo, que se mantenía inmóvil, en su posición. Solo había un problema; de aquella forma, no podría huir y dejar al capitán hablando solo, y aunque fuese tentador, no era lo mejor.
-¿Por qué ignoro mis órdenes, soldado?-Comenzó, moviéndose apenas de su posición, acercándose con lentitud al lugar donde se encontraba la morena. El ambiente, tenso, por no decir que casi aterrador, sofocaba lentamente a la fémina; hubiese sido más simple que le soltara el "regaño" en el campo de batalla, y no en un lugar tan…cerrado-No eran necesarias-Aclaro, sin dudar un segundo, ni moverse de su posición.
Uy.
Si las cosas no podían ponerse peor, había metido la pata quince metros por debajo del inframundo. Su "acompañante" no era hombre, ni de palabras, ni de paciencia-¿No?-Continuo, plantándose a menos de un metro de la fémina, la cual, casi podía sentir las chispitas de ira de parte del pequeño duend…quería decir, soldado.
-En caso de que de verdad hubiese habido más peligro del normal, al menos hubiese puesto más seriedad en detenerme ¿No?-Para darle determinación a sus palabras, se alejó de la puerta, acortando la distancia entre ambos, teniendo cierta satisfacción en poder llevarle un par de centímetros-Como la última vez…-Esto último, fue dicho como un pensamiento en voz alta, apenas si había pasado de ser un murmullo, pero, para su pesar, tenía claro que su superior le había escuchado-¿O no tenía suficiente habilidad para hacerlo?-La muchacha sentía como una especie de lodo eterno la hundiese. Pero, no podía dar marchas atrás, aunque estuviese cuestionando al hombre; intentaría, sea como fuese, que el mismo admitiese que había intentado detenerla sin razones clara.
-¿Pone en duda mis mandatos por no ir a "salvarla"? ¿Es acaso un reto, Ackerman?-Pronuncio su apellido de manera ácida, enarcando una ceja, extendiendo uno de sus brazos para jalar la muñeca de la menor, sin muchas dificultades, ya que, aunque lo había hecho "con suavidad", no dejaba de ser firme. Por su parte, a la joven le sorprendió el tacto, que había estado evitando, al igual que su deseo de plantarle un puñetazo en su carita de niño arrogante; la sacaba de quicio. Por el tirón, notó que su espalda impactaba, de una manera apenas dolorosa, contra la pared que se encontraba a la izquierda de la puerta; eso no quitaba que el golpe, y lo desubicado de la situación, la aturdiese. Su existencia ardió, y se congelo, al mismo tiempo, al sentir la cercanía del cuerpo del contrario, más de la que hubiese esperado en toda su vida. Se creyó encoger, intentando escapar por cualquier agujero que le fuese posible, pero, no hallaba ninguno entre los brazos de Rivaille, o la apretada situación en la que la había metido. Sintiéndose separada del suelo, se odio a si misma por tener que aferrarse al cuello masculino para no precipitarse; aquello no estaba pasando, para empezar, porque no recordaba que el capitán tuviera el más mínimo interés en ella, a no ser que se tratara de su estilo para luchar.
Apenas si respiraba, ya que la situación le era de lo más vergonzosa. Considerado que, había enroscado sus piernas en torno a la cintura de su opresor, como un koala negándose a liberar el más preciado eucalipto. Debido a que dejaba de respirar a ratos, había terminado hiperventilado; lo cual, resulto un desastre cuando sus húmedos labios, abiertos en busca de aire, se vieron bloqueados por otro par, que sabía perfectamente a quien pertenecía. En un principio, se imaginó la manera perfecta de golpearlo para que quedase inconsciente, pero sus manos, estaban "ocupadas", aferrándose al cuello del mayor ¿Acaso estaba correspondiendo el beso? Probablemente, porque, a pesar de estar necesitada de aire, estaba dejando que el hombre se deleitara en jugar con sus labios, y aunque le asfixiara el orgullo admitirlo, también ella disfrutaba. Pero, no podía dejar aquel abuso en vano, y dedico su fuerza a hacer que sus uñas se hundieran en la piel del masculino cuello, sintiendo la calidez de la sangre humedecerle los dedos. Escuchó claramente como el hombre chasqueaba la lengua, dejando de besarla, dedicándole una mirada que podía catalogarse de enfurruñada, pero, la muchacha estaba ocupada intentando no dirigirle la mirada, insistiendo en sus inútiles intentos de apartarlo, o al menos, que no notase que sentía las mejillas arder.
Una de las manos del azabache soltar los primeros botones de la camisa que llevaba la fémina, ya que, este no ponía gran esfuerzo en sujetarla; quisiese o no admitirlo, entre ella, y la pared, hacían prácticamente todo el trabajo, pero eso no quería decir que dejara de llevar su peso a cuestas. Y luego, una pequeña mordida en el cuello, que, quisiese o no, la hizo estremecer, ahogando un gemido en el fondo de su garganta, sonando como un ronroneo para el mayor. Su pálida piel se marcaba por donde quiera que presionaran los dientes del hombre, hasta que este se aventuró al nacimiento de sus senos; y había dos cosas que se debatían en su interior, dejarlo seguir, o mandarlo al infierno, de la manera más cruenta posible. Lamentablemente, no se iría solo; y el sonido de la puerta al abrir, se lo comunico.
-Señor, el comandante Smith le pide que…-Para ser nada menos que una paloma mensajera, la quijada del castaño descendió hasta el infinito. Y es que Jean nunca esperó ver a Mikasa en tales condiciones, y mucho menos con el capitán; para empezar, porque lo creía asexual, o algo, y por otra parte, porque, para su desgracia, la muchacha únicamente mostraba interés en Eren-¡Lamento interrumpir!-Exploto, jalando la puerta con una fuerza que hubiese derribado el castillo entero, huyendo del lugar como si hubiese visto al mismísimo infierno. La joven se sentía abochornada, no obstante, la palabra se quedaba corta; aprovechando la distracción del contrario, se zafó de su agarre, cayendo al suelo. Por alguna razón, no intento detenerla, y esta se alejó todo lo que pudo, con la bufanda de Eren en la mano, hasta que pudo refugiarse en su habitación. Mientras se arreglaba la ropa, deslizo los dedos por encima de las pequeñas marcas que había dejado sobre ella el mayor; no dolían, pero, el solo recordar cómo habían terminado allí, la enardecía, en lo que ella consideraba simple ira.
"Mamá ¿Cómo vienen los bebés al mundo?"
Ante ese solo recuerdo, su rostro se encendió, apresurándose a cubrir las marcas en su cuello con la bufanda que le había obsequiado su hermano Lo mataría, apenas volviera a cruzarse con él, se aseguraría que fuera su último aliento.
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¿Y…? ¿He ido muy deprisa? ¿Ha quedado muy largo? ¿Me salí demasiado del contexto de los personajes? ¡Lo siento si es lo primero, o lo último! Pero, tenía fijo en la mente algo que hiciera que Mikasa aumentará los conceptos negativos que tiene la jovencita sobre Rivaille, y pues~ ¡Espero que lo hayan disfrutado! Y si no, pueden golpearme u_ú
