Si hubiese habido césped en aquel lugar, seguramente habría quedado tan destrozado como el primer chupete que se le compra a un niño. Sobre la agitada polvareda, que se resistía a tranquilizarse, en vano, descansaban dos menudas figuras, una más que la otra, extrañamente cerca, en el intento de regular su respiración.
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Al comenzar el enfrentamiento, más tarde de lo que habían esperado, la superficie del suelo yacía calma; aunque las personas se tomaban "enserio" la práctica, eso no quería decir que no estuviesen exhaustos. Sin mucha parsimonia, la pelinegra hizo crujir los huesos de sus nudillos, a dúo con los de la espalda. No estaba precisamente conforme con aquella "oportunidad legal" de golpear a Rivaille, pero, no había mucho que hacer al respecto; su superior estaría en la libertad total de tildarla de cobarde, y no quería que pudiera hacerlo a sus anchas, solo porque quería partirle la cara, en privado. Aunque no quisiese verlo, con o sin público. Además, el azabache tenía pinta de querer exterminar a una especie entera, por retenerlo allí. Y para desgracia de la humanidad, no había titanes lo suficientemente cerca como para que este descargase su molestia. Al principio, tenía en mente lanzarse sobre él, sin previo aviso, no obstante, las posibilidades de que la esquivara, o se tomará su bestialidad para usarla en su contra, no eran nada tentadoras. Se le antojaba luchar tal y como estaba realizando la limpieza anteriormente, pero aquello requería que se sacase más prendas de ropa de las que "debería", y no confiaba demasiado en la actitud que tomaría su público, o su contrincante. Por seguridad, al menos se había quitado la bufanda de Eren, ya que sería perfecta para estrangularla, o jalarla. Se posiciono con los brazos frente al pecho, y las manos, cerradas en puños, al mismo nivel que sus mejillas. Por la falta de movimiento agresivo que había por parte de su pequeño adversario, supuso que tendría que hacer ella el primer movimiento… Pero, no le convencía hacerlo.
Con agilidad, cambio de posición hasta uno de los flancos de Levi, lanzándole un puñetazo a la sien, lo más cerca del oído posible, sin embargo, como esperaba, su puño acarició el aire, y antes de que se diera cuenta, el mayor le había propinado una patada en la pierna izquierda, con la intención de tirarla al suelo; se mantuvo en pie, pero el agudo dolor que se extendió por la extremidad, fue como de miles de agujas hundiéndose sin piedad en su piel. No entendía que poder sobrenatural poseía para sacarla de quicio con tal rapidez; dándose la vuelta, con una tenue torpeza a cuestas, volvió a atacar a Rivaille, el cual logro evitar el golpe por suerte, que volvía a ir a su rostro, no obstante, la distracción por detener el ataque le hizo ganarse una patada directo en la cintura. El impacto de los huesos le dolió a ambos, e incluso a los que no estaban metidos en la batalla, que se habían apartado por "seguridad"; como pudo, el hombre tomo la pierna de la mocosa, que le había ocasionado el daño, y la lanzó lo más fuerte que pudo. Le dolió el cuerpo desde donde la espalda pierde su nombre, hasta el cuello, cuando se puso de pie.
Lograr levantarse fue un infierno, y moverse, más aun, pero no dejaría que aquello terminase así; su superior no la había subestimado, continuaba en guardia, atento a sus ataques. No obstante, mientras más rápido se acabase aquello, mejor. Tomo la iniciativa de atacar a la temblorosa muchacha, que lo evito prácticamente resbalando; a pesar de que los movimientos del soldado eran cerrados, le dio la posibilidad a la fémina de hundir los nudillos, con toda la fuerza que tenía, de un solo golpe, entre los omoplatos, causando una especie de ulúlelos entre los "espectadores", estremeciéndose ante la saña que se había puesto en el ataque, causando incluso una onda de sonido seca, como la de una palma chocar contra la otra, cincuenta veces peor. La sonrisa que marco los labios de Mikasa, fue más que cruel; si allí estaban las alas de libertad, aquellas que el pueblo le había otorgado, como título y carga, no podría utilizarlas en un tiempo. A pesar de haber perdido el aliento, el hombre, dándole la espalda, movió una de sus piernas, empujando las de su contrincante, haciéndole perder el equilibrio unos segundos. Y a pesar de que el cuerpo le dolía a horrores, y fémina tenía los nudillos enrojecidos y sangrantes, este aprovecho su desequilibrio para intentar golpear su rostro, sin embargo, la pelinegra, que no había logrado recuperar la estabilidad, debido a que no sentía todavía en su totalidad una de sus piernas, recibió el impacto, mucho más disminuido, al estar desviado, en la frente, en lugar del tabique nasal.
La lucha continuaba, enardecida, y una que otra vez la azabache, al igual que su contrincante, terminaron saboreándose la rudeza del suelo. A cada minuto, su respiración se agitaba más, y el cansancio se apoderaba de sus organismos; no era lo mismo que luchar con un titán, que podía hacerse a sangre fría. Aquello era una discusión verbal, el bizarro intento de arreglar un asunto sin exponer los motivos, pero, esperando una disculpa no solicitada. Al rato, la llovizna comenzó a caer sobre el claro, y, dado por terminado el entrenamiento los soldados que solo observaron el combate ajeno, dejaron un taburete de madera, lo suficientemente lejos, un cuenco con agua, y pañuelos; sin siquiera verlos de cerca, sabían que debían estar ribeteados de hematomas. La pelea concluyo sin ganador claro, o espectadores; Mikasa había golpeado uno de oídos del capitán, aturdiéndolo, pero este le había hecho precipitarse hacía el húmedo suelo, donde perdió la consciencia. Al no moverse, el hombre se dejó caer junto a ella, renovando el dolor de las primeras heridas, sin embargo, hubiese sido peor hacerlo "delicadamente".
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La lluvia, que había arreciado, hacía arder los cortes, pero, enfriaba los acalorados cuerpos. A pesar de todo, el mayor había ido en busca de los pañuelos, húmedos a pesar de que el agua solo había sido rozada por las gotas de lluvia. Ninguno de los dos tenía intención de moverse; se sentían como si un titán, de menos de 10 metros, claro, los hubiese pisado. La azabache, por su parte, había recuperado su bufanda, para envolverla en torno a su frente, con una protuberancia de color purpureo, un chichón, en pocas palabras; no obstante, se había quitado la camisa, y había preferido estar descalza, sobre el piso que comenzaba a formar charcos a su alrededor. No estaba segura de porqué, pero, se sentía ligeramente culpable, y como resultado, se encontraba limpiando los rasguños repartidos por el torso desnudo de Rivaille, presionando, cada cierto tiempo, uno que otro moretón, por vulgar malicia. No tocaron, ni siquiera mencionaron un ápice del tema que había causado que la muchacha ejerciera tanta bestialidad en la pelea, que era tan solo un entrenamiento; parecía que todo estuviese saldado, o al menos, eso aparentaba. Su conversación no era fluida, pero era porque no querían mover un solo músculo de su lacerada figura.
-Quizá fui demasiado brusca…-Admitió, titubeando, la fémina, y su respuesta fue una mirada de ironía por parte del moreno, que prefería no opinar en aquello. La escasa ropa de la que se habían despojado, estaba en un amorfo montón, goteando agua, recibiendo el triple de lo que escurría. Con un bostezo, la joven tomo los pañuelos y la unió a la pila; sin embargo, cuando intento levantarse, se encontró con la mano extendida de Levi, ofreciéndole ayuda. No hizo absolutamente ningún comentario al respecto, y sus dedos continuaron entrelazados incluso después de que atravesaran el umbral, dejando las goteantes prendas en una cubeta, para no arruinar el trabajo de limpieza de todo el escuadrón, que había absorbido la tarde entera; esto no quería decir que no continuaran destilando agua, pero, no sería tan difícil de secar. Sin brusquedad, y a su pesar, quisiese admitirlo o no, la joven se zafo del agarre de sus manos en el pasillo que daba al baño que utilizaría, aunque, fuera complicado que a esas alturas, eso pudiera detener un resfriado. No dijo absolutamente nada al respecto, ni le dedico ninguna seña de despedida, simplemente, se refugió en la tibieza del agua de la bañera, preparada, al parecer, recientemente; no le extrañaría descubrir que los estuviesen espiando.
Horas después, en ropa para dormir, envuelta en sábanas, la azabache vagaba por los pasillos del castillo, hasta decidirse por una habitación acogedora, con un sofá, y algunas mesitas; su somnoliento estado no le permitía recordar que habitación estaba "profanando", pero, igual se acurruco en el mueble, como un recién nacido acomodándose entre los solícitos brazos de su madre.
-¿Qué hace aquí, Ackerman?-Indago una voz, que la saco de su estado de sopor, pero no por ello la despabilo. No respondió nada, dándose cuenta de que continuaba sentada, pero, su cabeza había resbalado, dejando su cabellera fuera de la manta. No necesitaba estar demasiado consciente para saber a quién pertenecía la voz; y tampoco tenía antojo de retirarse. Bostezo suavemente, entreabriendo los ojos al ver como depositaban una vela en la mesita frente a ella, y poco después, el mueble se hundía bajo el peso de otra figura. A pesar de saber de qué enano irascible se trataba, igualmente apoyo su cabeza en el hombro masculino, durmiéndose al fin… no podría decirse si aquello contaba como "rendirse a los brazos de Morfeo".
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¿Y…? ¿QUÉ TAL? 33 ¡Muchísimas gracias por todo el apoyo de mis lectores, a Loca Biónica, por dejar SIEMPRE un review , a todos lo que han dado follow…De verdad, muchísimas gracias por leer. Espero que hayan disfrutado el cap, quería andar cursi, pero, tendrán que esperar un poco más para eso –Pero si se puso algo cursi al final, admítanlo- ¡Espero que les haya gustado, y también sus comentarios!
