Las disculpas están al final, junto con el derecho a mutilarme ;A;

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Fue uno de los despertares más extraños de toda su vida. Para empezar, porque despertaba en un lugar diferente a donde había perdido la consciencia, sobre un sofá, encima de… Se apodero de ella una especie de crisis nerviosa, y pronto se encontró revolviendo la prenda que usaba como pijama con frenesí, hasta dejar visible su cuello, impoluto, en la infructuosa búsqueda de una prueba que reavivara su idea de que tenía derecho a decapitar a cierto enano cascarrabias. Pero no había encontrado nada, incluso después de remover su cuello como si exprimiese un pañuelo, a su parecer, marcando su delicada piel ante la presión que ejercían sus dedos sobre esta. Entonces, el rubor, hasta los momentos latente, se apodero del rostro de la fémina. La había movido, como si fuese una muñeca, desde el asiento hasta su cama, en su habitación, sin hacerle daño, o despertarla; incluso la bufanda permanecía en su posición original, resguardando la garganta de la morena; se sentía un tanto estúpida, por desesperarse tanto por una intuición…Quizá no totalmente fundada, pero, la paranoia era poderosa.

Ya desperezada, debido a los bruscos movimientos anteriores, la azabache se levantó del camastro, sabiéndose en hora temprana, ya que algunas de sus "compañeras habitacionales" continuaban dormidas. Con una exhalación, anduvo camino al baño, donde, con un pañuelo húmedo, emparejado a un recipiente con agua, no solo examino su reflejo, zafando los últimos residuos de la broma que le había jugado sus nervios, sino que también se liberó de las "marcas" del sueño, escasas, ya que, llevaba varias noches sin tener un sueño profundo, sereno. Desenredo su cabello antes de continuar con su camino, hacia donde, según sus expectativas, debería haber alimentos, o, llanamente, desayuno. El olor fue prácticamente una bendición para los sentidos de Mikasa. Mantequilla, pan que, o fingía estarlo, o se encontraba recién horneado, llenando el ambiente de una sensación familiar de calidez, queso y leche; esos eran los olores que inundaban la habitación que fungía de comedor. Le gruñía el estómago de solo imaginar la contradictoriamente crujiente suavidad del pan, la cremosidad de los lácteos, y por sobre todo, el placer de romper con su ayuno, y dejar de fantasear con los alimentos sobre la mesa.

-Buenos días…-Murmuro la muchacha, de manera desganada, pero no por ello poco amable, a los presentes, siendo víctima del enfurruñamiento que se adueña de los sentidos cuando al interrumpir el descanso. Con disimulo, pero ya por costumbre, al tomar asiento, busco con la mirada a cierto azabache usualmente malhumorado, desubicándose en tiempo y espacio al darse cuenta de que este le había devuelto la mirada, de manera fugaz, pero, innegablemente, tenía su atención sobre ella; ¿Acaso tendría el descaro de sacarle en cara su descuido?... La joven se recrimino a sí misma, de manera contradictoria, que siempre, antes de nada, tuviera un mal presentimiento respecto a las futuras acciones del mayor; a veces erraba, pero, debía admitir, que otras veces se le erizaba la piel de los escalofríos cuando su manía estaba bien "fundada".

La pequeña reunión termino como siempre, entre bromas hacia los rezagados, aquellos que se retiraban, a la monotemática acción de preparar la salida, o a colocarse el equipo tridimensional, a sabiendas de que aquella, podría ser la última vez que vieran las paredes que conformaban la estructura que los protegía al dormir, jugándose la vida como si fuese otro gaje del oficio. Porque, realmente, lo era. Mikasa, como la mayoría de los humanos, conservaba el miedo a morir, a perder a los escasos seres queridos que le quedaban…Y no estaba segura de quererle, o algo por el estilo, ya que la sacaba de sus casillas con la misma facilidad que el perro al gato, pero, también temía la muerte de Rivaille; cosa que jamás admitiría, ya le pesaba bastante negarse a la idea en su fuero interno.

En la batalla, cada movimiento rebozaba, de determinación, esperanza…y temor. Aquello no faltaba en ningún segundo; la sensación de que cada titán sería lo último que verían sus ojos, la presencia de los anormales, decididos a mermar lo poco que quedaba de su tranquilidad, de sus compañeros. Pero tenían una meta, y los humanos eran arrogantes; no se dejarían aplastar por el temor, esquivarían cualquier obstáculo que evitará que sus puños se cerraban en torno a su objetivo, demostrando tal determinación al sujetar con la misma fuerza las espadas que los acompañaban en su carnicería justificada. En ese sentido, los titanes no eran tan persistentes; solo querían tragar, no necesitaban de valor, carecían de conciencia, y rebosaban en número; por ende, a pesar de la osadía de la humanidad, esto dejaba claro que pasarían años antes de que pudiesen liberarse del yugo de aquellos monstruos. Sin embargo, a pesar del peso que sabía que pesaba sobre sus hombros, el soldado más fuerte de la humanidad parecía desear su muerte en cada movimiento en el campo de batalla; su osadía era recriminable, pero también admirable, al mismo tiempo. Solo había una persona, cierta fémina de carácter dudoso, que lograba ponerse a su altura en habilidad; y teniéndola a su lado, sabiendo que cuidaba, disimuladamente sus espaldas, no actuaba con mayor cautela, se desenvolvía con mayor libertad. Y aquel lazo, el saber que compartían la carga de llevar toda la esperanza de la humanidad, era mucho más difícil de romper, tuviesen o no un trato directo, aunque dejaran de hablarse, como niños de guardería.

…-…-…

Había pasado una escasa cantidad de tiempo desde que Mikasa había tomado la "decisión" de volver a mantener trato con su superior. Este nunca menciono el incidente de la noche en la cual se habían "reconciliado", así como ella no sacaba a colación el hecho de que conservaba cierta desconfianza hacia él, por haberse aprovechado de ella, y lo admitiese o no, molesta con ella misma, por dejarlo hacerlo, de modo que su victimización era escasa; mucho menos ahora que la secuencia de hechos seguía el mismo curso, solo que ahora, la joven, en su orgullo, iba por su propio pie hasta el lecho que rechazaba hasta altas horas de la noche, al menos cuando el sueño no vencía por encima de su honor. Sus conversaciones mantenían una malévola relación con su insomnio; en vez de adormecerlos, los mantenía interesados en continuar con los ojos abiertos, escudriñando en el pasado del otro, aunque, al menos en ese objetivo, la morena llevaba las de perder; a pesar de su increíble habilidad para hacer a Levi una persona prácticamente conversadora, no tenía suficiente intrepidez como para hurgar en un tema que este no quisiera tocar, y su pasado encabezaba la lista. Prácticamente nada impedía el desahogo de compartir sus ideas con un igual, y se entendían el uno al otro casi a la imperfección; a pesar de su mutismo, el sargento leía las palabras que se disponía a expresar la soldado antes de que sus labios las articularan. También se ha de acotar, que el contacto físico entre ellos era considerablemente…nulo, y la evolución de tal asunto parecía acercarse a las vías de extinción.

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La preocupación latía en cada vena del cuerpo de Mikasa. Solo había una persona, aparte de ella, que conocía el estado del soldado más fuerte de la humanidad; esa era la renombrada lunática aficionada a los titanes, Zoe, y se encontraba ocupada atendiendo a los soldados heridos. Al parecer, la única manera de que Levi resultara herido, era que arriesgase su vida por otro, cosa que ocurría constantemente, pero a veces la suerte no corría a su encuentro. Cuando finalmente halló la habitación de Rivaille, la cual jamás había visto, no se había imaginado ver, su corazón dio un vuelco, antes de comenzar a latir con mayor calma. Estaba bien, dentro de lo que cabía, pero su humor era harina de otro costal, ya que no parecía dispuesto a dejar que nadie se encargara de él. Con cautela, como si se acercarse a un león herido, la fémina se acercó a este, descubriendo que el hombre había detenido la hemorragia de su brazo izquierdo con improvisados jirones de pálida tela, proveniente de la sábana de su cama, que se había manchado con rapidez de sangre.

-No necesito ayuda, Ackerman-Gruño, intentando de rechazar, de la manera menos brusca posible, los intentos de la azabache de examinar su herida, en vano. De una u otra forma, había terminado cediendo, y sentados sobre el piso, manchado por una que otra mancha de sangre, para disgusto del moreno, la muchacha se dedicaba, con solicitud, a remover las improvisadas vendas de la herida, escuchando los gruñidos por parte del contrario, la única muestra que daba del dolor que sentía. Llevaba consigo un botiquín que le había proporcionado Hanji, cuando esta le pidió que revisase a Rivaille, intentando no dejar ver su inquietud en su petición; no había salido muy bien, ya que la había mandado "totalmente equipada" a ser "La enfermera de su pequeño sargento", como le había indicado Zoe, acompañando su comentario de un malicioso guiño de ojo, intentando avergonzar a la fémina, y, para el deleite de su vivaz imaginación, lo había logrado. En pocas palabras, Mikasa era una pésima actriz, y por ello intentaba no ver el rostro del mayor mientras limpiaba y vendaba con mayor precisión la sanguinolenta herida de su "paciente". Esta, había sido ocasionada, predeciblemente, por las mandíbulas de un titán; de golpe, al liberar a un soldado de las fauces del monstruo, estas se había cerrado, en torno a su brazo, antes de retirarlo por completo, causando un extendido "rasguño" en el brazo del hombre.

-Supongo que…está listo-Anuncio, dudosa, preparándose para salir del campo de visión del azabache, nerviosa al sentirse observaba por este, por estar en la misma habitación, solos, a plena luz del día, considerablemente cerca. Sin embargo, la joven sintió como la mano del brazo salvo de su acompañante se cerraba en torno a su muñeca, deteniéndola; fue entonces cuando se le cayó el mundo a los pies. Cerró los ojos de golpe, esperando lo peor, sin embargo, cuando tuvo el valor de abrirlos, tras unos instantes, sintiendo la nueva calidez que le confería la renovada cercanía del contrario, que la observaba, con una ceja enarcada.

-¿Acaso me tienes miedo, Mikasa?-Se burló, tomándose la libertad de tutearla, viendo como el efecto de sus palabras enfurruñaba a la fémina, que parecía debatirse entre gritarle cuanto improperio o acusación rondase por su mente, o morderse la lengua. Y decidió que sería el quien hiciese esto último, si la jovencita no decidía arrancarle un brazo; con suavidad y delicadeza, descripciones que le habían faltado a su último encuentro físico en esos ámbitos, poso sus labios sobre los ajenos, impidiéndole hablar, antes de separarse apenas unos milímetros, analizando su reacción. Su tez presentaba una tonalidad más brillante que la de cualquier rubí, y se mantenía estática, sorprendida. Con insistencia, pero lentitud, como si no llevase prisa alguna en que aquel acto avanzase, como si pudiese ser "casto" hasta el final de los tiempos, repitió la acción anterior, y, para su sorpresa, sintió como la muchacha le correspondía, zafándose del ligero agarre sobre su brazo, deslizando sus dedos hasta el cuello de la camisa del hombre, jalándolo con suavidad, olvidándose de la compostura, al menos por unos minutos. Quisiese admitirlo o no, aquella acción, diferente a la última, ocurrida hacía ya meses, había sido como la primera bocanada de aire luego de estar al punto de ahogarse, una inexplicable sensación de ardor, que resultaba agradable, en la piel, especialmente la que entraba en contacto con la suya, en conjunto con un cosquilleo que removía cada ápice de su ser. Entreabrió los labios para hundir, con suavidad, pero malicia, los dientes en el labio inferior ajeno, siendo el acto correspondido y devuelto hasta que la lengua del mayor se aventuró en la boca de la muchacha, encontrándose con la ajena, que, al principio, le devolvió el tacto con cautela, palpable inexperiencia, antes de que, guiadas por el instinto, estas entrelazaran en un batalla sin heridos ni ganador, robándole todavía más aire a los pulmones de la pareja, la cual parecía ignorar el hecho.

-No deberías…No deberíamos estar haciendo esto-Se corrigió Mikasa, cuando tuvo tiempo de volver a disfrutar del milagro de la inspiración, sintiendo su irregular inspiración agitar arrítmicamente su pecho, que, con el resto de su cuerpo, permanecía especialmente cerca del contrario, aferrados el uno a otro, atados por el capricho de no querer separarse-Y ¿piensas que no volveremos a hacerlo?-Se mofó el moreno, y por toda respuesta a su pretencioso comentario, la fémina chasqueo la lengua, y olvidándose nuevamente de respirar, decidió continuar con el vibrante acto. La lista de cosas que jamás pensó que pasarían en su vida, era prácticamente infinita; por su mente, rondaban dos. Nunca pensó que dejaría que nadie que no fuese Eren fuese el responsable de su primer beso; mucho menos que Rivaille se le adelantaría. Y por sobre todo, que ella le correspondería.

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¡Merezco la hoguera! ¡Lamento haberme tardado TANTO! Pero, tuve que salir de viaje, y pues volví hace poco… El capítulo me quedo sosísimo, lo sé, no mientan ;A; Seguro se olvidaran –o se habrán olvidado ya Q_Q- de este fic, o me odien…pero, espero que sepan que seré muy feliz de saber que algunos estaban interesados en saber si había actualizado, y me sacaría una sonrisita verlo reflejado en sus reviews, si todavía me dedican tiempo y paciencia *Corazoncito3* ¡Espero que hayas disfrutado mi sosedad, los espero en el próximo cap, donde espero dejar el funeral y la acción! …Okno xD

P.D: Lamento si los aburrí con mis largas y aburridas líneas, pero, me inspiré en mis propias tonterías ;A;