Desde aquel momento, transcurrió alrededor de una semana. Ni una sola vez escucho de la boca de Hanji un solo aliento. Pero la cara que ponía cuando el tema podía, remotamente, desviarse hacia el estado de Levi, era... más que deprimente. Era una especie de mudo "Ha muerto…Pero te lo diré cuando tus pulmones no estén en peligro de ser atravesados por tus costillas fracturadas". Profundas ojeras surcaban sus párpados inferiores, e incluso mejillas, dándole un aspecto de muerta que iba desacorde con su rápida recuperación física; no sabía cuántas infusiones habían pasado por su boca, apenas sintiéndoles el sabor. Hanji solo necesito dos tazas para darse cuenta de que el té negro hiciera que unas silentes lágrimas asomaran a los orbes plata de Mikasa. Pasaron las noches, la fémina no llevaba la cuenta, veía a la luna y el sol desaparecer tras la ventana, mientras ella dormía menos de veinte minutos, y despertaba entre sollozos sofocados, víctima de las pesadillas. Nunca la habían soltado.
Pero, con él…
Con él, las pesadillas no desaparecían, pero perdían importancia. Con él, su insomnio era llevadero, y secretamente divertido. Con él, no había arrullo más acogedor que su olor a jabón, a té, a la sensación de poder olfatear el agua fresca de su cabello húmedo. Nunca había vuelto a ver la habitación del soldado, pero este volvía, a medio secar, de sus baños nocturnos, aquellos que intentaban adormilarlo, para que la soledad de la contraria fuera nimia. No sabía cómo, ya que lo que más disfrutaban de su compañía era el silencio, pero le había sacado más información de la que hubiese pensado darle jamás; las pesadillas, sus pesadillas unas que compartían, apenas variables. Como lograba la azabache que el hombre, de palabras escasas, particularmente ácidas, se enfurruñara, y le dedicara amagos de sonrisa.
Y besos.
Esos que le quemaban la piel, aunque solo fueran roces, húmedos, resecos, suaves, frescos, constantes. Roces que se sofocaban solo cuando volvía a su habitación, a regañadientes, mordiéndose la lengua hasta sangrar; para quitarse la sensación de su piel contra la suya, aunque sus papilas gustativas no se hubiesen tenido nada que ver en los asuntos. Las sábanas de su cama estaban húmedas de tanto lagrimear sin darse cuenta, dormida y despierta, a veces sin tomarse la molestia de interrumpir sus quejidos, de un dolor muchísimo mayor al físico, al menos no cuando se encontraba sola.
¿Y cuándo no estaba sola?
Cuando no había otros humanos cerca, entonces.
No había victoria que la animara en aquel momento. Cuando se recuperara, volvería a las misiones, y saldría a explorar el mundo. Con Eren, con Armin, como soñaban de niños. Pero, por los momentos, le parecían aspiraciones huecas. No podía aguantar más. Quería verlo; aunque solo fuese su cuerpo inerte, antes los había sostenido con una respiración casi nula, todavía vivo. Su mente no lograría aceptar la situación si no aceptaba que había dejado el mundo. Hubiese preferido que volvieran a odiarse. Así lo vería luchar, latir, vivir. Todo tras la máscara de calma y odio que solía ostentar al verlo. Hasta que se dio cuenta de que, al ver su espalda, no solo estaba por delante de ella. Porque él era parte imprescindible de las alas de la libertad que ondeaban tras su menuda figura. A veces, solo para torturarse más, en su martirio interminable, albergaba la egoísta queja de que, le había dejado todo el peso a ella. Incluido el de su muerte.
No morirías. Tienes al mocoso de Eren ¿No?
En aquél momento, había jurado ver un halo de tristeza en su voz, y su mirada. Había querido abrazarlo, estrujarlo entre sus brazos, darle el permiso de volver a dejar marcas sobre su delicada piel, clamar que ahora el castaño no era su única unión al mundo. Verde oliva, verde agua. ¿Volvería a disfrutar de los bosques, la sensación de volar, y el olor a espuma, si el ya no existía? Antes sí, pero si había muerto, también esa parte de ella decaería. Con paso tambaleante, protegida de la desnudez tan solo por un pálido camisón blanco que le quedaba increíblemente ancho, cubriendo sus codos y rodillas, exponiendo sus clavículas, junto con el nacimiento de sus senos, disimulado bajo la bufanda que le había regalado su "hermano", se encamino, envuelta en vendas cual momia, por los oscuros pasillos del castillo. No sabía dónde estaba. Quería verlo, pero no sabía cómo encontrarlo; solo había ido a su habitación una vez, con la mente ocupada, así que no recordaba el camino . El poco ejercicio físico, debido a dicho dolor, más simple que el que oprimía su pecho, la hacía caminar muy lentamente, sintiéndose mortalmente cansada a cada paso. Subió escaleras que no recordaba haber pisado, las bajó, encontró torres con más polvo que espacio. Y los pies de la torre sureste; en el segundo piso, concluyendo en la cintura de la garita, había una habitación, imposible de detallar exteriormente, más allá de la puerta de madera y las paredes desgatadas. A riesgo de encontrarse cualquier cosa, probando suerte por enésima vez, la joven empujo la puerta, sorprendida al encontrarla abierta. Alcohol, aquella espantosa crema para las quemaduras, jabón, limones y… té negro. Era una peculiar mezcla de olores. Apenas si había un deje de sangre seca en el aire; era una estancia amplia, dentro de lo que cabía, con una puerta misteriosa a la izquierda de la entrada, una cama bastante amplia, sin dejar de ser individual, un piso impoluto, y una figura inerte sobre el camastro.
Su piel apenas si se diferenciaba del color de las sábanas, y su cabello negro contrastaba contra estas. De la manera más silenciosa que pudo, cerró la puerta, acercándose luego, de puntillas, hasta la posición del mayor. Sintió que algo dejaba de estrangular su garganta al ver la calma respiración de su pecho. Tal y como había dicho Hanji, dormía. Debían tratarlo como muñeca; limpiar sus heridas, darle de comer quien sabía cómo…Quizá despertaba a ratos. Antes de darse cuenta, se encontraba inclinada sobre este, encogida en el suelo, apartando cariñosamente los mechones de cabello en su frente, más caliente de lo que debería. Un par de gotitas fueron repiqueteando en el rostro ajeno, particularmente saladas, que milagrosamente no se habían secado por completo en Mikasa.
-Levi…-Musito, en un sollozo ahogado, mordiéndose los labios, curvados en una sonrisita casi invisible. Sentándose al borde de la cama, apoyó un costado de su cabeza en el pecho del azabache, escuchando los lejanos latidos de su corazón. Se olvidó del dolor que le causaba estar doblada sobre la cama, trazando figuras imaginarias sobre el pecho ajeno. Donde su cabello se esparcía sobre él, es decir, prácticamente hasta su abdomen. Poco a poco, la somnolencia se fue apoderando de su mente, luego de noches sin dormir, cuando una vocecita, muy queda, la hizo espabilar un poco.
-Me aplastas, maldita mocosa-Ah. Era justo lo que la soldado esperaba escuchar; dulce, poético, romántico, tranquilizador, y amable. Convencida a medias de que era su imaginación, se acurruco un poco más sobre el cuerpo ajeno, sintiendo un tirón, que definitivamente NO venía de su imaginación, en su pálido cuello.
-También quítate esta mierda estropeada, al menos mientras estás en mi cama-Le gruño, arrebatándole la bufanda. Con sumo cuidado, la muchacha se incorporó, tomo la bufanda, y con la mano libre, le dio una bofetada al hombre que resonó en la solitaria habitación, dándole un poco de color a su piel.
-Enano desconsiderado-Lo acusó sin preámbulos, tentando la estoicidad del mayor. Con los puños apretados, se levantó de la cama, y se sentó a un metro del suelo, sin dejar de observarlo, al punto de que le ardían los ojos por lo poco que parpadeaba. Estaba vivo. VIVO. Y no se había tomado la molestia de hacer que alguien le avisara. Aunque no se movió ni un ápice luego del golpe, se dedicó a devolverle la mirada, leyendo toda clase de insultos en los plateados orbes.
Enano hijo de cabra…
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Jugué con la posición de su habitación, porque Levi es capricornio (COMO YO, o eso creo… batéenme si me equivoco), y aunque no soy una persona muy atenta al zodiaco, me pareció un detalle bobo, y estúpido, al igual que lo último. Finjan que no dije todo esto [?]
Ahora, cuénteme *O* ¿Disfrutaron el episodio? ¿Creen que este es el final? (YO QUIERO QUE SIGA) Pues no todo se puede en esta vida, mijita e-é ¡Espero sus comentarios, gracias por seguirme, y leer! *Corazoncito*
¡Lamento la espera a la que los someto, pero uso mi tiempo de dormir en estudiar, y en comer…. Asistir a clases, y dibujar una vez a la semana. Tengo unas ojeras peor que las de Mikasa. Pero no a un Levi, así que YO ESTOY PEOR! Se les quiere, consuélenme con sus reviews ¡Nos leemos luego!
Gracias a todas las hermosas personas que siguen este fanfic, si dieran constancia de su existencia (YA SE QUE ESTÁN LEYENDO, A VER SI DAN SU GRANITO DE ARENA) podría agradecerles… en privado *1313* Okno, stop. ¡Hasta luego!
