No podían pasarse toda la noche observándose. A ciencia cierta, aquella escasa distancia que los separaba comenzaba a ahorcarlos, más aún, considerando la personalidad de Levi, Mikasa prefería molestarlo haciendo amago de ostentar una actitud orgullosa que no era propia de ella; pero las palabras pugnaban por salir de sus labios, así como el deseo de destrozarle la cara, y dormir escuchando la respiración ajena.

-¿Por qué?-Musito, por toda pregunta, al fin, al tiempo que se levantaba, con extrema lentitud, ya que su cuerpo continuaba adolorido, y más que lastimado, considerando que había sido un milagro que ambos, si, ambos sobrevivieran.

-No quería que la imbécil de Hanji mintiera respecto a mi estado-Repuso el mayor, desviando la mirada, mientras dejaba los ojos en blanco. Claro, eso había sido todo; bonita forma había escogido la científica para cumplir los mandatos, no pedidos, no, del sargento, sin mentirle o darle ánimos a la pelinegra.

-Pero, estás vivo…-Susurro la ojiplata, mordiéndose los labios, esperando que la oscuridad ocultara las lágrimas que afloraban en sus ojos, hasta bañar sus mejillas. Tenía la mirada empañada, pero, podía ver al soldado más fuerte de la humanidad incorporarse en la cama, casi con delicadeza, sin quitarle la vista de encima, sentándose al borde del camastro, dejando sus pies, descalzos, en la frialdad del suelo, como si quisiese levantarse. Muchas veces había presenciado su llanto, era parte de la confianza que compartían, pero ¿Por él? Jamás. Con disimulo, dubitativo todavía, ya que podía ser un completo asco expresando sus emociones, especialmente cuando se trataba de la contraria, ya que aquello de no meter un improperio por cada sílaba se le hacía raro, extendió los brazos hacia la fémina.

Y la frialdad concluyo. Para el dolor de sus heridas, y el lamento de sus huesos, se arrojó a sus brazos, escuchando un gruñido muy bajo de parte del hombre. Al demonio con todo; la incomodidad que sentía debido a su malogrado estado no le llegaba ni a los tobillos a la felicidad que sentía. Pero ahora, el cabello de amos caída fuera de la cama, desaprovechando abismalmente el espacio.

-Y también hecho un estropicio- La secundo, en plan pesimista, dedicándole la sombra de una sonrisa, mientras secaba los húmedos rastros de llanto en su rostro con las yemas de los dedos. La pelinegra estaba un tanto…Preocupada. Continuaba sintiendo la temperatura del cuerpo ajeno demasiado alta; sin embargo, el no expresaba ni la más nimia queja, ocupado acariciando cada contorno de su cara. La jaló suavemente, atrayéndola hacia sí, por la, según sus propias palabras, porquería que llevaba de bufanda, aquella basura que llevaba hasta la peste encima, probablemente. Al menos en aura. Ladeó apenas el rostro, y unió sus labios a los de la fémina, aplastándolo todavía; la añoraba, la deseaba. La resequedad del dúo labial, debido a la enfermiza fiebre, se vio desplazada cuando sus lenguas se encontraron, olvidando por completo esa teoría de mantener la boca cerrada, evitar jadear, acordarse de respirar, y cuanta tontería aconsejaran. Los dedos de la soldado se hundían en la cabellera de su pareja, acariciándola, a veces jalándola, o atrayéndola, mientras su hermana descendía cada cierto tiempo, acariciando lo que podía del cuello y la espalda del contrario. Pero, para ese momento, no había centímetro del cuerpo de Mikasa que no hubiese sido al menos rozado por el sargento; sentía cosquillear cada poro de su piel, que ardía, como si anhelara el tacto, y luego este lo erizara. Las manos de hombre se encontraban en su espalda, desnuda bajo la fina prenda que usaba como pijama, acompañada por un par de pálidas bragas, ya que la bufanda le había sido arrebatada, mandándola a quien sabe dónde. La luz de la luna apenas si les dejaba distinguir sus rostros, pero el tacto era más certero.

Por sobre todo ¿Qué demonios estaban haciendo?

Debían detenerse. Al demonio con eso, clamaban las hormonas, en su propio estallido personal, que parecían reaccionar de forma más vívida a medida que los ardientes besos los ahogaban, pero no le daban cabida al oxígeno en aquella lujuriosa danza. El rubor inundaba las mejillas de la mujer, a pesar de que sus manos recorrían, temblorosas, cada milímetro de piel que iba descubriendo en el abdomen y la espalda del soldado, a medida que lo despojaba de la camisa, sin botones, de mangas largas. Pero tampoco era la primera vez que veía su torso desnudo. Girando entre la curiosidad, la malicia y la venganza, hundió los dientes debajo de las masculinas clavículas, percibiendo su sabor, separándolo de la esencia de las cremas que utilizaban para cicatrizar sus quemaduras. Percibió un sonidito gutural, proveniente de la garganta del hombre, parecido a un ronroneo; si en algún momento se hubiesen topado con un zorro ronroneando, hubiesen relacionado los sonidos inmediatamente.

Porque, efectivamente, había ahogado un gemido.

Mientras este se incorporaba, a medias, se encontró sentada sobre él. Debido a la diferencia de altura, resaltada ahora que lo usaba de asiento, tuvo que doblar ligeramente en cuello para poder morderle la nariz, con extrema delicadeza, y también ternura. Le vio enarcar una ceja, antes de volver a besarla.

-Quizá no sea el mejor momento-Susurro, apenas separándose de los carnosos, y húmedos labios de la azabache, estando a punto de musitar una sarta de incoherencias. Sentía que las palabras sobraban, como casi todo el tiempo, pero, la última que había estado tan corporalmente cerca, no había sido planeado, ni inicialmente consentido, así como cierto imbécil castaño los había interrumpido; continuaba deseándola, pero en mayor medida. No era solo la pesada atracción carnal que los atraía el uno al otro, química sexual, como quisieran llamarle. Pero, aunque probablemente nunca supiera decirlo en voz alta, no encontraba la manera de decirle que no imaginaba perderla, o continuar su existencia lejos de ella; si hubiese encontrado la forma, el universo entero ya lo supiese. Quizá estaba enamorado. Pero los dos eran dos témpanos de hielo, los dos eran fuertes, decididos; pero ¿Lo suficientemente valientes para explicar qué, de alguna forma, se habían derretido mutuamente? Porque, el tacto de los glaciales, según el libro geográfico de Armin, había un océano helado, que quemaba igual que el fuego.

-Nunca es momento para esto.-Opino, sin estar segura si había sonado muy ácida, o muy enfurruñada. Tenía razón; no entendía aquel ardor. Pero, al final, había entendido que no poseía sentimientos tan intensos hacia su hermano adoptivo; lo amaba, si, y daría su vida por él. Pero, no en aquel sentido, no era lo mismo, y él no tenía ojos para ella. Era su molesta hermana adoptiva, sobreprotectora, reemplazo de madre…Pero nada romántico. Y ella era un ser humano; había cosas que necesitaba, y deseaba. En esa lista no está Levi, porque él no era una cosa, a pesar de que albergaba ambos sentimientos hacia él, también había muchísimos más; por ello, no quería acabar con esa ebriedad sin alcohol-Pero, no importa-Concluyó, decidida, escuchando una risita ronca de parte del hombre, que no solo erizo la piel, sino que la desubico un poco, hasta que se sintió como sus dedos esquivaban su ropa, y ascendían por su vientre hasta sus firmes y redondeados senos, acariciándolos con particular suavidad, causándole un hormigueo que hacía que la ojiplata se mordiera los labios. Sin dejar de manosearla, porque no había otra palabra para eso, hundió los dientes en su cuello, lamiéndola sin recato alguno. Y ella tampoco tuvo reparos en aceptar que no podía mantener los suspiros atrapados para siempre.

Sin darse cuenta, había comenzado a hundir las uñas en la espalda descubierta del hombre, pero a este no parecía molestarlo en lo más mínimo; por el contrario, parecía disfrutarlo.

Bastardo Sadomasoquista.

Finalmente, el camisón que cubría la pálida figura de la muchacha tuvo sus cinco segundos de vuelo, y todo ruido que pudiese haber causado quedó ahogado por el gemido que escapo de sus labios entreabiertos; el frío de la noche, sumado al camino húmedo que el pelinegro había trazado de su cuello hasta uno de los sonrosados botones que coronaban su pecho, había terminado de hacer que los nervios de su piel estallaran. Pasó de estar sentada sobre él, a estar debajo de él, en una posición que aprovechaba mejor el espacio de la cama. Si es que era posible, su rostro ardió en escarlata, logrando que desviara la mirada apenas unos segundos, antes de cerrar los ojos de golpe. Pero, no quería dejar de mirarlo; no quería desviar la mirada de sus brillantes ojos, de una tonalidad verdosa, oliva, para ser más precisos, brillantes, de vida, de excitación, expectantes; de los labios entrecerrados, del masculino cuello, el definido y musculoso pecho. No había vuelta atrás porque no planeaba retroceder un paso; eso era lo que ella quería, lo que él quería, lo que ambos querían. Y, por los momentos, nada más importaba. Dejó que sus manos se aferraran a su nuca, alzándose para besarlo, antes de que sus piernas las imitaran, rodeando las caderas ajenas.

Pero, por desgracia, de esa forma, ninguno de los podía deshacerse de la escasas prendas de ropa que todavía cubrían su cuerpo. Dejando las piernas de la muchacha más arriba, el mayor pudo libremente del pantalón, que encontró su nuevo descanso en el ya no tan inmaculado suelo. Ahora, lo único que restaba era la ropa interior. Volvió a juntar sus labios con los de la fémina, antes de liberarse, momentáneamente, del agarre koalaquezco de sus piernas, llevando una de sus manos hasta el vientre de la misma, comenzando a jalar sus bragas, dejando que se deslizaran por sus esbeltas piernas, notando el respingo que daba ante su inminente desnudez, incluso como mordía con saña su labio inferior, intentando abandonar toda timidez. ¿Realmente iban a…? ¿A…? No podía controlar ni su respiración ni su sonrojo al pensar en aquello. Podría haberle pedido que se detuviera, si hubiera querido. Se mordisqueo los labios, una vez que estuvieron libres, sintiendo los ajenos deslizarse de los suyos hasta su ombligo, y luego mucho, mucho más abajo. Más allá de su vientre, en su humedad intimidad. Araño inconscientemente las sábanas, al sentir como la nariz del soldado rozaba el punto más sensible de aquel lugar específico, sin tener claro si quería fundirse con la cama y desaparecer, o alzar las caderas, así que se quedó quieta, soltando y apretando a cada segundo las mantas, hasta que, con suma lentitud, dejo sus manos en la nuca del hombre, dejando ir todo ápice de timidez, gimiendo cada vez que se tentaba. Una corriente eléctrica le hizo arquear su espalda, antes de dejar caer nuevamente la cabeza sobre la almohada, como desmayada, pero excitada. Cuando el hombre ascendió, volviendo a buscar sus labios, le respondió con ardor, sintiendo un curioso sabor en la lengua; era tenuemente ácido, por no decir que pegajoso y un tanto espeso; sin embargo no era, ni de lejos, desagradable.

Sin dejar de besarlo, llevó sus manos hasta la ropa interior masculina, imitando lo que su compañero había hecho hacía algunos minutos, pero si atreverse a mirar, ubicando la prenda por el tacto, con los ojos fuertemente cerrados. Escucho un "tranquila" susurrado en su oído, y se dio cuenta de que, definitivamente, temblaba. Se aferró a la espalda ajena, mientras este alzaba su cuerpo, sujetándolo desde la espalda baja, con increíble facilidad, ya que las piernas de la muchacha volvieron a rodearle con soltura. La pelinegra ahogó un grito cuando sintió al mayor "irrumpir" en su interior, lentamente. No era brutalmente doloroso, no, era una incomodidad dolorosa, o una dolorosa incomodidad. La delgada lámina de piel que representaba la "virginidad" humana femenina se rompió, y poco después de ello, el avance concluyó. El hombre se quedó quieto, y a pesar de la falta de movimiento, los jadeos se escuchaban claramente. Por su parte, la fémina no supo cuánto tiempo pasó para acostumbrarse a aquella extraña incomodidad, hasta moverse lentamente, rasgando la espalda del mayor, a pesar de sus uñas ya estaban húmedas de la sangre ajena, debido a los arañazos que le había dedicado hasta entonces. Gimió suavemente, mientras el soldado imitaba el calmado movimiento, sofocando su propia excitación, procurando restarle en todo posible lo desagradable al acto. No quería que sufriera, aunque le costaba un tercio del mundo prolongar aquel tortuoso vaivén.

A medida que pasaba el tiempo, la azabache le indicaba, corporalmente, que podía aumentar el ritmo. Ya para ese momento, el placer ahogaba el creciente ardor de la espalda del ojiverde, así como los resquicios de incomodidad de la muchacha. El sonido de los suspiros, gemidos y jadeos hacían eco en la habitación, así como el sonido de su húmeda piel frotarse. Vieron en cielo, el infierno, el universo, las galaxias y existencias que opacaban todo eso cada vez que sus cuerpos se rendían ante cada orgasmo, porque fue más de uno, más de dos, de tres, y probablemente cuatro. Y pudieron seguir, de no ser porque no hubo tiempo de mediar palabra, antes de que ambos cayeran rendidos sobre las mantas, quizá demasiado sucias para un obsesivo de la limpieza como Levi, pero el sueño lo venció; además, no era como si las manchas de sangre, el resultado de las repetidas culminaciones del placer de ambos, y el sudor, fueran una cosa tan horrible. Durmieron abrazados, aferrados el uno al otro, gritándole al mundo que, a partir de aquel momento, no dejarían que nada, ni siquiera los desgraciados titanes, los separaran.

A la mañana siguiente, con el sol filtrándose por la ventana entrecerrada, Mikasa no pudo evitar entrar en pánico, sin atreverse a abrir los ojos. ¿Y si había sido un sueño? ¿Y si estaba sola? ¿Y si el, definitivamente, estaba muerto?...Su preocupación no duro más de 30 segundos, cuando sintió el cálido aliento del soldado más fuerte de la humanidad; dejó que la pereza se apoderada de ella, por una vez en toda su vida, y volvió a dormirse, sonriendo, más feliz de lo que había sido nunca en su vida. Hasta ahora.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

A pesar de que el capítulo está súper del asco, me la he pasado fangirleando como una estúpida ¡Lamento la tardanza! Pero, bueno, como he explicado, no solo entre en temporada de exámenes, sino que mi router si quemó. Literal, empezó a echar humo. Maldit* porquerí* repugnante e_é ¡Pero, aquí estoy, 8 años después! ¡Lo siento muchísimo!

¡Espero que les haya gustado, intentaré escribir el otro cap pronto! (Aunque creo que estos son los cap finales. Ya saben, tocaría epilogo, o algo~)

P.D: Quiero reviews, a pesar de mi irresponsabilidad [?]

¡Cuídense mucho, nos vemos pronto! (Y nos leemos) *Corazoncito* ¡Pilla lo de los horribles 30 segundos, mai laife! [?]

Lamento si los he asqueado demasiado, pero escribir lemon no es lo mío, así que, probablemente me quedo pal culo, y ser DEMASIADO específica tampoco es lo mío. Sin embargo, esta parejita me parece particularmente ardiente [?] Me gustaría que me hicieran saber, en los reviews, cuantos cubos de vómito llenaron leyendo mis…rarezas .-. ¡He hiperventilado como loca! ¡Me da una vergüenza terrible que lean eso! ¡Así que, como no me dejen reviews, los cuelgo, ingratos! [?]