N/A: Gracias a todos por el apoyo a mi historia...

Al comentario anónimo, ¿me puedes decir quién eres? Es que tengo dos personas con las que hablaba en Wattpad y hace mucho que no sé nada de ellas... Lo más cómodo si no te funciona Wattpad es hablar conmigo por Facebook... Soy Darrinia Overcriss... El correo... Va a ser más dificil. Ya que estamos, si alguien más me quiere agregar a Facebook... Ya sabeis como buscarme XD


CAPÍTULO 2: LA CRUDA REALIDAD

A la mañana siguiente, Blaine se levantó emocionado. Era el día en el que podría comenzar una amistad con Kurt. Tal vez podría convencerlo de que aceptara formar parte de los Warblers y... ¿Quién sabe? Tal vez también era gay, compartían gustos y se hacían algo más que amigos.

Corrió hacia los baños comunes que había en la planta. No sabía si a Hummel le había tocado los mismas que a él pero no quería arriesgarse a que lo viera antes de que estuviera arreglado, lo que hizo que el lugar estuviera totalmente desierto cuando llegó. Dejó sus cosas en su taquilla y se dispuso a ducharse. Se vistió de manera veloz mientras comenzaban a entrar sus primeros compañeros.

Estuvo un rato fingiendo que hacía cosas pero no lo vio, así que decidió volver a su habitación. Cogió sus libros y se fue a desayunar. Allí tampoco vio al castaño, por lo que se dirigió a su primera clase, ilusionado porque era Literatura, lo que hacía que coincidiera con Kurt. Cuando llegó, vio a Wes que pasaba las páginas del libro de la asignatura. Llevaba puestas sus gafas, lo que significaba que estaba muy concentrado. Se sentó junto a él y lo saludó. El asiático elevó la vista y al verlo, no pudo evitar sonreír.

– ¿Algún avance, Romeo? – Preguntó antes siquiera de saludar.

– Todavía no lo he visto... Y por cierto, hola. – Respondió el ojimiel.

– Que estricto te has vuelto... Ni que siempre siguieras las normas. – Se mofó el asiático.

– No... – El más bajo enmudeció al ver entrar a Hummel con el uniforme y se quedó sin habla. Sin embargo él no mostró indicio alguno de haberlo visto y se sentó en la parte trasera del aula. Él se iba a levantar cuando entró el profesor impidiéndole que se pudiera acercar a él.

La clase se le hizo eterna, pero al fin terminó y Anderson metió sus libros rápidamente en su mochila para alcanzar al castaño.

– ¡Kurt! ¡Espera! – Gritó el moreno.

– ¿Nos conocemos? – Preguntó el ojiazul con la ceja alzada.

– E-Esto... A-Ayer yo... yo...

– ¿Eres tartamudo?

– Ayer, en la entrega del material. – El más bajo dijo sintiéndose estúpido.

– Cierto, tú eres el marica que no hacía más que mirarme con deseo... – Comentó Hummel.

– ¿Q-Q-Qué? – El ojimiel palideció, si había una palabra que lo enfermaba, esa era "marica".

– ¿Me harías un favor? Aléjate de mí para no contagiarme. – Dijo el más alto de forma agresiva antes de alejarse.

El incidente dio vueltas en la cabeza de Blaine durante todas las clases. ¿Había hecho algo mal? ¿Había incomodado al castaño? Sus amigos intentaban animarlo y convencerlo de que el problema era de Kurt y no de él.

Después de las clases, se fue a su entrenamiento con el club de boxeo. Después de un rato, sus compañeros se fueron dejándolo solo. Él siguió con su ejercicio, necesitaba liberar toda su frustración. Pensaba que las cosas serían diferentes. No esperaba tener la suerte de Niff de encontrar el amor a la primera... O casi. Pero nunca pensaba sentirse atraído por un chico y que éste lo rechazara de manera tan dolorosa. ¡Le gustaba un homófobo! Por más que quería, no podía olvidarse de él. Sus ojos, sus labios... Su trasero.

Terminó su sesión y se dirigió a los vestuarios. Estaban vacíos, algo que prefería. Siempre pensó que, a pesar de que todos sus compañeros habían aceptado su homosexualidad, no pensaba que todos estuvieran de acuerdo con ducharse con él. Tal vez era un pensamiento estúpido porque todos lo abrazaban y se comportaban con él con total normalidad, pero su pasado le decía que las cosas no son como parecen y que a veces las personas no son sinceras y dicen lo que los demás quieren oír en vez de lo que realmente piensan. Salió de la ducha con la toalla anudada a la cintura, se sentó en un rincón un poco oscuro y comenzó a vestirse. Cuando se había puesto los pantalones, escuchó unos pasos. No les dio importancia porque estaba en Dalton y no había motivos para temer a nada.

– Vaya, vaya. Aquí está el maricón. Que raro que estés solo en las duchas... ¿No habrías preferido estar con un compañero para disfrutar de tu infame perversión? – Dijo Kurt con desdén mientras le dirigía una mirada de odio. Porque así era como realmente lo miraba.

– N-No. Ahora me voy. – Blaine se puso rápidamente la camisa y, sin abrocharse, cogió sus zapatos, su chaqueta y su mochila para salir.

– ¿Dónde te crees que vas? La diversión acaba de comenzar. – El castaño le dirigió una sonrisa malévola antes de darle un empujón. El moreno chocó contra la pared, soltando todas sus pertenencias. – A los maricones como tú hay que curarlos. No te preocupes, yo me encargaré de que vuelvas a ser normal. – Después de eso, golpeó la cara del ojimiel con su puño cerrado, causando una brecha en la ceja del más bajo que comenzó a sangrar. – Si sigues esparciendo tus polvos de hada, me encargaré de que se te quiten las ganas de contagiar a todo Dalton con tus mariconerías.

El ojiazul se fue, dejando a Anderson en los vestuarios. Cuando éste se dio cuenta de que estaba solo, comenzó a llorar.

No siempre había ido a Dalton. Antes de llegar a la academia, estuvo en un instituto público. Cuando sus compañeros se enteraron de que era gay, lo acosaron y maltrataron. Luego sus padres se enteraron y... Bueno, acabó en esa academia que había sido su hogar y su salvación durante los últimos dos años. Siempre pensó que en su último curso sería igual.

Recogió sus cosas y caminó silenciosamente hacia su habitación mientras con la toalla presionaba la herida que le había provocado Hummel y que parecía que nunca pararía de sangrar. Cuando llegó a su habitación, Nick y Jeff estaban tumbados en la cama del moreno besándose. Puso los ojos en blanco y se dirigió al baño. Sacó el botiquín y comenzó a curarse la herida que le había hecho Kurt. No sabía que le dolía más, la frente, el corazón roto o el hecho de no sentirse seguro en Dalton.

Sus amigos entraron y el rubio se asustó al ver la sangre. Ambos le interrogaron sobre lo sucedido.

– Creo que está claro lo que debes hacer. Tienes que contárselo al director. – Dijo Duval muy serio. Confiaba en la política de cero tolerancia al acoso.

Siguiendo el consejo de su amigo, fue al despacho del director Bates y pronto estuvieron Kurt y él reunidos allí. Después de que el moreno contara lo sucedido en los vestuarios, llegó el turno del castaño.

– Yo no he hecho nada. No sé por qué me acusa de eso. Ni siquiera sé donde están los vestuarios. Todavía estoy un poco perdido aquí. – El ojiazul aprovechó su aguda voz para tratar de sonar muy inocente.

– Ya sé lo que pasa aquí. Señor Anderson, estoy muy disgustado con usted. Nunca pensé que sus celos le llevarían a acusar a un compañero sólo porque puede ser una amenaza para su popularidad. El señor Hummel es todo un ejemplo y dudo mucho que sea capaz de agredir a nadie. Mucho menos a usted. – Comentó el director muy serio.

– ¿Y la herida? ¿Cree que me la he hecho yo? – Preguntó indignado el ojimiel.

– No, creo que se la ha hecho en el entrenamiento de boxeo y ha visto la oportunidad para acusar al Señor Hummel por eso. Le impondré un castigo, le prohíbo las actividades extracurriculares durante dos semanas y en su lugar, leerá un libro y realizará un trabajo sobre él. Hable con su profesor de literatura para que elija algo que no haya leído ya y que sea realmente difícil. Y si no lo hace o lo hace sin esforzarse, se le bajará la nota de la asignatura. Además de que este hecho será añadido a su expediente. – Respondió el hombre. Blaine bajó la mirada, había hecho travesuras durante los últimos dos años pero nada que hubiera merecido un castigo así y mucho menos, nada que fuera llevado a su expediente. Su comienzo del curso no era como lo había imaginado y algo le decía que el resto tampoco lo sería. Miró a los otros dos antes de salir de allí para dirigirse al comedor ya que era la hora de la cena.

Una vez se sentó en la mesa con sus amigos, dejó salir el aire que había estado conteniendo. Les contó todo lo sucedido y esperó un sabio consejo de Trent, la indignación de Jeff o un plan por parte de Nick. Pero nada de eso llegó, lo que vio era lo que más le molestaba, miradas de compasión. No las quería, no las necesitaba. Quería una solución, necesitaba una salida para esa situación. Enfadado y desesperado, decidió saltarse la cena, irse a su habitación y meterse en la cama. Una hora después sus dos mejores amigos entraban allí así que fingió estar dormido. No lloraría, Kurt Hummel no merecía ni una lágrima más.