N/A: Gracias a todos por leer esta historia y por los comentarios... Hay dos que tengo que responder por aquí...
Claudia... Gracias cariño por leer y comentar. Faltan algunos capítulos para saber por qué Kurt es así... Mis cálculos me dicen que será sobre el capítulo 10... Pero eso no es seguro, todo puede cambiar... Besos
Guest... La proxima vez me gustaría que me pusieras al menos un nombre o apodo para dirigirme a ti... Anyway, gracias por comentar... Kurt tiene un motivo que no justifica lo que hace pero que al menos lo explica... Pero es cierto que está destruyendo a Blaine y eso lo va a pagar... Y mucho... Ante todo soy fan de Blaine y no voy a dejar que Kurt juege con él impunemente de esta manera... Besos
MI PESADILLA 6: DESPUES DE LA TORMENTA LLEGA LA CALMA
Los días pasaron sin ningún sobresalto. Kurt insultaba y amenazaba a Blaine cada vez que se encontraban a solas pero no había vuelto a agredirlo. Los amigos del moreno lo protegían todo lo que podían. Ahora eran Trent y Nick quienes cambiaban de habitación. Duval esperaba a su amigo al final de cada entrenamiento de boxeo ya que Hummel asistía a todos y observaba detenidamente cada movimiento del más bajo. Jeff estaba intentando descubrir el instituto del que provenía el nuevo estudiante de Dalton pero no tenía éxito. Seguía pensando que su actitud era extraña y decidió que lo mejor sería ponerlo a prueba. Para eso, convenció a Wes para que distrajera a Nick y Blaine mientras él intentaba quedarse a solas con el castaño. Sabía que ni su novio ni su mejor amigo aprobarían su plan.
Lo encontró sólo en la sala de estudio que quedaba cerca de su dormitorio. El rubio se sentó y sacó un libro fingiendo que estudiaba. La puerta estaba cerrada y nadie los vería, si Hummel quería hacer algo, debía ser en ese momento. Sin embargo, una hora pasó sin que nada ocurriera. Entonces, el castaño se levantó y salió de allí sin siquiera dedicarle una mirada de odio.
– Kurt no es homófobo. – Dijo feliz Jeff al sentarse junto a sus amigos en el comedor.
– ¿No? – Preguntó Blaine con la ceja alzada.
– Hemos estado los dos solos en una sala de estudio y no me ha hecho nada. Ni me ha mirado con odio, ni me ha insultado... Nada. Ha sido como si no existiese. – Comentó el rubio.
– Te dije que tuvieras cuidado. ¿Esa es tu manera de protegerte? – Nick miró enfadado a su novio.
– No ha pasado nada... – Sterling comenzó pero fue interrumpido por Anderson.
– Pero podría haber pasado. No importa si me agrede porque es homófobo, porque le caigo mal o porque me tiene envidia. Eso no cambia el hecho de que mi vida en Dalton es una mierda y que tiemblo cada vez que me cruzo con él. Lo único que podía pasar era que te hiciera daño y eso me hubiera hecho sentirme peor.
– Lo siento Blaine. Sólo quiero ayudarte. – Jeff susurró.
– En ese caso, haz que sólo me tenga que preocupar de que no me dañe a mí.
El rubio sonrió enternecido y abrazó a su mejor amigo. A pesar de todo se preocupaba por él. Pero eso no iba a cambiar nada. Él quería ayudarlo.
Nada pasó en los siguientes días y, sin que se dieran cuenta, octubre llegó. Nick invitó a su mejor amigo a que pasara el fin de semana con él por lo que Blaine salió de Dalton. Los señores Duval estaban encantados de acoger a Jeff todos los fines de semana y, para ser sinceros, no les importaba acoger a Anderson también. Sabían lo que ambos chicos habían tenido que pasar y ellos los habían acogido casi como a unos hijos. Sin embargo, el ojimiel era reacio a pasar tiempo con ellos. Prefería quedarse en la academia o irse con su hermano a Los Angeles si era un periodo de descanso más largo porque creía que era una molestia. Por eso llegaron a un pacto y era que al menos una vez al mes pasaría un fin de semana en casa de los Duval.
La familia de Nick vivía en Lima, Ohio, a unas dos horas en coche de Dalton. Los tres chicos llegaron el viernes por la tarde y decidieron ir a un parque cercano a disfrutar de su libertad. Sin embargo, llegaron a una zona que ninguno conocía bien y se perdieron. Se acercaron a dos chicas para preguntar. Una era extremadamente baja, castaña y con una nariz prominente. La otra, de piel morena y con algo de sobrepeso. Blaine tomó la iniciativa y se puso en frente con una sonrisa encantadora y su amabilidad.
– Disculpad. ¿Podéis indicarnos...? – El ojimiel se quedó mirando atónito al chico que acababa de llegar junto a las jóvenes. Era Kurt Hummel. ¿Era en serio? ¿Hasta fuera de Dalton se lo iba a encontrar? Jeff y Nick reaccionaron antes que el más bajo y se despidieron de las chicas antes de huir del lugar. Duval se volvía de vez en cuando, comprobando que no los seguían.
– ¡Qué chicos más raros! – Exclamó Rachel mirando a sus amigos.
– Eran guapos. – Comentó Mercedes.
– Llevaban un cartel luminoso en la frente que gritaba ¡Gay! – Añadió la castaña.
– ¡Rachel! – Gritó Hummel.
– ¿Qué? Es verdad... – Se excusó la más baja.
– En ese caso... ¿Yo también lo llevo? – Preguntó enojado el chico.
– Claro que sí... ¿Por qué crees que es malo? Kurt, es lo que eres. – Berry dijo tranquilamente.
– Me gustaría ser o al menos parecer más hetero... – Susurró el ojiazul.
– Nosotras te amamos así y si los demás no ven lo buena persona que eres, es su problema. Ellos se lo pierden. – Lo consoló Jones pasando su brazo por la espalda de su amigo mientras la judía asentía. – Y es una pena que esos chicos se hayan ido. Uno de ellos se ha perdido la oportunidad de ligar con Kurt Hummel... O al menos de conocer a estas tres fabulosas Divas.
– ¿Quién necesita hombres? – Dijo el más alto provocando la risa de las dos.
Blaine entró en casa de los Duval a toda velocidad y subió directamente las escaleras. No estaba preparado para lo que había pasado. En Dalton se mentalizaba para encontrárselo todos los días, en cualquier rincón, pero en Lima... Tenía que romper el trato con Nick de visitarlo una vez al mes... No si existía riesgo de que se encontrara con Kurt. Se encerró en la habitación de invitados y se tumbó en la cama. Alguien golpeó la puerta.
– Blaine, sé que es duro pero debes salir. Estamos contigo. No te hará nada. – Jeff habló al otro lado de la puerta.
– No puedo... Me recuerda a eso... No puedo...
Flashback
Blaine estudiaba en El Carmel y caminaba por los pasillos del lugar. Estaba constantemente irritado y estresado por tener que ocultar que se sentía atraído por los chicos y que le gustaban del modo en el que se suponía que le deberían gustar las mujeres. Ni sus padres ni sus amigos aceptarían a un gay cerca de ellos. No tenía valor para enfrentarlos e incluso tenía una novia para disimular. Apenas hacían nada porque tan sólo tenían catorce años pero el moreno sabía que no sentía nada.
Llegó a su taquilla y la abrió. Todas sus cosas estaban llenas de pintura, tierra, harina, huevos rotos y algo pringoso de color verde. En la puerta había una cartulina con la palabra "Marica" escrita en ella... ¿Cómo lo habían descubierto?
Escuchó pasos de varias personas acercándose y tuvo miedo. Se dio la vuelta para ver a todo el equipo de fútbol americano y a varios chicos populares con cuerdas y cinta de embalar. Además de que llevaban todos los "ingredientes" con los que habían "adornado" su taquilla. Arrojaron todo sobre el ojimiel, manchándolo entero, dejándolo pringoso.
Lo agarraron y lo arrastraron hasta un baño y lo pusieron de rodillas frente al inodoro. Le metieron la cara allí hasta que tocó el agua. Era algo asqueroso y le dieron ganas de vomitar. Los demás vitoreaban el acto al grito de "matar al marica".
Después lo llevaron al campo de fútbol y lo ataron a un poste. Todos se marcharon quedando allí Jeremiah, su mejor amigo, alguien en quien confiaba, la única persona de la que le importaba su opinión.
– Desátame... ¡Por favor! – Lloró Blaine.
– Eres un puto maricón de mierda. Tienes que pudrirte ahí. La gente como tú debería desaparecer.
El moreno se quedó allí llorando. Tres horas después aparecieron sus padres. Habían ido a buscarlo porque les parecía raro que tardara tanto en volver.
– ¿Qué ha pasado cariño? – Dijo la madre dulcemente mientras los dos adultos comenzaron a desatar al menor.
– Han descubierto que soy... Yo... Soy... Gay... – Respondió Blaine. En ese momento, los otros dos dejaron de desatarlo.
– Tal vez sea mejor que te quedes aquí un poco más para que recapacites lo que acabas de decir. – Exclamó el padre, agarrando a su esposa y alejándose de allí.
– ¿Qué? ¡No! ¡Por favor! Haré lo que sea... Por favor... Llevarme a casa... ¡No os vayáis!... ¡Mamá!... ¡Papá!
Fin del Flashback
Después de aquello, llegó a Dalton por sugerencia del director del Carmel. La academia se convirtió en su lugar seguro, su verdadero hogar, y los Warblers fueron su familia y quienes lo amaban incondicionalmente. Su apoyo en todo el problema con Hummel no era casualidad. Todos lo querían y respetaban y, en el fondo, Blaine sabía que siempre los tendría a su lado. Esperaba que eso fuera suficiente...
