CAPÍTULO 8: ¿TRABAJAR JUNTOS?

Jeff y Blaine estaban en la sala de estudio de la residencia. El resto de alumnos estaba en las salas comunes de Dalton pero ellos querían estar tranquilos porque el rubio iba a ayudar a su mejor amigo con el siguiente examen, que era de química. Vieron al director y a su profesor de matemáticas pasar frente a donde ellos se encontraban. No le habrían dado importancia si no hubiesen escuchado que decían "Anderson". Los amigos se miraron y se levantaron hacia la puerta. Desde allí escuchaban la conversación.
– No entiendo cual es el problema. – Decía el jefe.
– Blaine está distante, distraído, triste, solitario... Estoy preocupado. Ya sabes que sus padres lo trajeron a Dalton y no se han preocupado de él. Tal vez necesite un adulto que le ayude. Yo lo he intentado pero no me deja. Si descubro lo que es, tal vez pueda ayudarlo.
– Somos profesores. Nuestra labor no es esa. No somos sus padres.
– ¿Es que no tienes corazón? Blaine está sólo y necesita ayuda.
– El problema que tiene es que con la llegada de Kurt ha perdido su puesto de líder. Son sólo celos.
– No creo que sea eso. Está teniendo problemas con sus notas, en los Warblers, en el equipo de boxeo. He hablado con otros profesores y todos hemos notado lo mismo.
– Está bien. Intentaré descubrir que le ocurre y avisaré a los demás para que estén atentos. Te avisaré si descubrimos algo.
Los dos adultos se marcharon y Jeff y Blaine volvieron a sus asientos. Los profesores eran buenos con todos los alumnos, pero ellos dos acaparaban la atención porque todos sabían que sus padres no se hacían cargo de ellos. Los adultos de Dalton habían tomado la labor de vigilarlos para que no cometieran locuras y por si necesitaban algo. Los dos adolescentes recordaron la charla sobre sexo gay que les dio el director. Fue un momento muy embarazoso para los tres, pero los jóvenes agradecían mucho el gesto. Aunque el moreno no había experimentado nada de eso todavía, el rubio había aprovechado bastante información obtenida ese día.
– Creo que deberías hablar con un adulto de todo esto. Con el que más confianza tengas. – Sterling miró a su mejor amigo.
– Se lo conté a Cooper... ¿Eso cuenta? – El más bajo susurró.
– ¿Qué te ha dicho? – Quiso saber Jeff.
– Que se lo cuente al director, que hable con él tranquilamente, sin alterarme y sin ocultar nada. Él me respaldará en eso.
– ¿Por qué no pruebas?
– Las otras dos veces me gané castigos que me han empeorado la vida. Hace tiempo que Kurt no me agrede y no puedo demostrar nada. – Anderson estaba enojado.
– No me grites, no es mi culpa. – Dijo su amigo de manera fría.
– Será mejor que estudie por mi cuenta.
Blaine recogió sus cosas y se levantó de allí. El rubio se golpeó la frente con la palma de la mano, reprochándose haber sido tan seco al final de la conversación. Su amigo está muy susceptible y necesita apoyo. Mandó un mensaje a Nick para que lo buscara y se encargara él de ayudarlo con el estudio.

Wes había hablado con Sterling sobre su plan y éste lo veía con aprobación. De echo, lo apoyaba al cien por cien. Tenían que proteger a Anderson aunque les doliese. Lo que le hacía dudar era la segunda parte del plan. Una vez que el ojimiel estuviera "a salvo", los demás querían hacerle algo a Kurt, aunque no sabían todavía qué. La venganza no es buena y temía que empezara una guerra. Sea como sea, al final él estaría al lado de su mejor amigo, literalmente. Si el plan se llevaba a cabo, él acompañaría a Blaine, sin importar lo que perdería en el camino.

Todos estaban en clase de geografía. La profesora quería que hicieran un trabajo y les acababa de explicar qué debía contener. Era algo largo, por lo que lo harían en parejas.
– No sé ustedes, pero yo estoy cansada de que siempre hagan los mismos equipos para trabajar. ¿No se aburren de trabajar siempre con el mismo compañero? – Preguntó la mujer.
– ¡Por fin alguien nos va a librar de ver a Jeff y Nick todo el día pegados con pegamento! – Exclamó David, a lo que todos rieron. Sabían que esa profesora no era muy estricta y se relajaban en la clase. Aunque era exigente en cuanto al rendimiento en la materia, permitía bromas y diversión en la clase siempre que no se insultara, no hicieran comentarios racistas, homófobos o machistas y si no impedían que ella explicara la asignatura.
– ¡Cállate! Lo que te pasa es que tienes celos porque aquí no puedes besuquearte con la rubia del otro día. – Duval dijo maliciosamente.
– ¡Calma chicos! – Pidió la mujer. – A pesar de que me encantan los cotilleos sobre vuestra vida, no es el lugar. Eso es para después en la cafetería. – Los Warblers asintieron mientras susurraban un "perdón". – Mi idea es que sea el azar el que forme las parejas de trabajo. Necesito dos voluntarios.
La mirada de la adulta se dirigió hacia Blaine. Normalmente él era el primero en ofrecerse para este tipo de cosas. Después, alguno de sus amigos se decidía a acompañarlo. Sin embargo, nadie levantó la mano para ser su ayudante. – Bueno, en ese caso, elegiré yo a los voluntarios. Anderson, a la pizarra, apuntará las parejas para que todos sepan con quién les ha tocado. Sterling, usted será la mano inocente. – Dijo la profesora.
– De inocente no tiene nada. – Thad interrumpió haciendo reír a todos sus compañeros mientras el rubio le sacaba la lengua.
La mujer le entregó a Jeff una bolsa que contenía papeles con los nombres de todos los alumnos de la clase. Él sacaba sin mirar uno y leía el nombre.
– Duval. – Sterling guiñó el ojo a su novio. – Con Smith. – Hizo una pausa para que Blaine escribiera los nombres. – Thomson con Sterling. – El chico sonrió a su amigo, serían un gran equipo. – Montgomery con Garcia...
Así siguió nombrando a sus compañeros mientras el moreno apuntaba las parejas en la pizarra.
– Anderson... – El rubio paró para ver a su amigo escribir su nombre. – Con... No, me he equivocado. – Jeff intentó devolver el papel junto a los otros pero la profesora se lo impidió. Blaine se quedó congelado en el sitio mirando la pizarra. Sólo había un compañero con el que su mejor amigo no querría emparejarlo. El rubio intentaba pensar en algo para cambiar esa pareja. – Por favor, señorita Roberts. Déjeme cambiar de nombre. No me ha importado que a Nick le haya tocado con el chico más guapo de todo Dalton. – El aludido se sonrojó ante ese piropo mientras sus compañeros se reían y silbaban. – Ni tengo problema con que me haya tocado con el insoportable de David.
– ¿Qué te he hecho yo? – Protestó el afroamericano.
– Es un sorteo limpio, no acepto manipulaciones salvo que haya una causa. ¿Por qué Anderson no puede hacer el trabajo con esa persona? – La mujer fue tajante.
El rubio miró a su mejor amigo con pesar. Sin decir nada, el moreno apuntó en la pizarra, justo al lado de su nombre y separados por un guión, su pareja de equipo.

Hummel

Todos miraron a Kurt, que bajó la mirada avergonzado. Eso hizo que nadie se enterara del momento en el que Blaine abandonó el aula.

La profesora buscaba al menor para hablar con él. Lo encontró en un aseo cercano a la clase, vomitando en uno de los retretes.
– ¿Te encuentras bien? – Preguntó la mujer, aunque se sintió estúpida por la pregunta.
– Sí, debí comer algo que me sentó mal. – Mintió el menor incorporándose y tirando de la cadena. Se acercó al lavabo y se enjuagó la boca, se limpió la cara y humedeció su nuca para refrescarse un poco.
– ¿Me cuentas la verdad o fingimos que te creo? – Roberts no creía lo que su alumno había dicho.
– Mejor finjamos.
– Blaine. – El joven levantó la mirada, era muy raro que un profesor llamara a un alumno por su nombre en vez de su apellido. – ¿Qué pasa entre Hummel y tú?
– Larga historia. Nada importante.
– Si te tiene así, es importante. Me gusta más cuando estás alegre y participativo. Quiero a ese Blaine líder, feliz y luchador de vuelta. ¿Hay algo que pueda hacer para que vuelva?
– No, nada.
El menor salió y ella lo siguió. Ambos volvieron al aula y terminaron con la clase. La mujer miraba disimuladamente al ojimiel durante el resto de la hora. Sus compañeros de trabajo tenían razón, algo pasaba. Ya sabían algo, tenía que ver con Hummel pero... ¿Qué era exactamente? Al terminar, vio como los amigos de Anderson lo acompañaban y le demostraban su apoyo y su cariño. Al menos, no estaba solo.