CAPÍTULO 11: CADA COSA EN SU LUGAR
Blaine y Finn estaban esperando que la reunión del Glee Club comenzara para presentar su canción. Sin embargo, todos los planes del más bajo se destruyeron cuando vio a Kurt entrar al salón. Todos sus amigos se levantaron para abrazarlo y saludarlo. La felicidad parecía envolver a todos, incluso a Mr Schue cuando entró. Anderson notó las manos de Jeff y Nick en su espalda, indicándole que no estaba solo, que no se tenía que enfrentar por su cuenta a sus temores.
– No estoy aquí para una visita de cortesía, estoy aquí para pedir perdón. – Dijo el castaño.
– No tienes que pedirnos perdón, sabemos que tenías que dejar el McKinley. – Aclaró Rachel con dulzura.
– Las disculpas no son para ti, son para Blaine. – Comentó el ojiazul. Todos miraban al moreno sorprendidos. No entendían de qué hablaba.
– No quiero tus disculpas. Me vale con que estés lejos de mí. – La voz del moreno sonó fría y distante, muy diferente a su tono habitual.
– Lo entiendo, pero antes de irme de tu vida, déjame que te explique. – Hummel suplicó.
– ¿Me diste la oportunidad de dialogar cuando me sacaste de Dalton? Perdona, pero no me interesa nada de ti. Sigue tu vida, yo lo haré con la mía.
– ¿Qué? ¿Ibais a Dalton? – Finn se levantó. Estaba confundido.
– Sí, estudiábamos allí. – Jeff intervino.
– Pero... No lo entiendo. Os fuisteis porque había un homófobo que le hacía daño a Blaine. Kurt, debes volver al McKinley, no puedes estar allí. Nosotros no podemos protegerte en Dalton. – El más alto de New Directions empezó a hablar deprisa.
– No es necesario. – Nick se adelantó a todos y siguió con un tono de odio en su voz. – Kurt es el motivo por el que nosotros estamos aquí. ¿Verdad, Kurt?
El castaño sintió la mirada de todos los allí presentes. Le dolía pero tenía que reconocerlo.
– Así es, yo agredí a Blaine y lo insulté hasta que tuvo que irse de Dalton.
Lo que más le dolió a Hummel después de su confesión fue la mirada triste y decepcionada de sus amigos. Todos empezaron a gritarle. ¿Por qué había hecho eso? ¿En qué pensaba?
Blaine salió de allí y se dirigió a las gradas del campo de fútbol. Se sentó allí sin saber por qué, pero era algo habitual en él. Cuando se sentía agobiado, observaba uno de los palos del campo, recordando sus peores momentos para repetirse a sí mismo que había avanzado, que tenía una vida mejor. Estaba tan concentrado que no sintió que Kurt se sentaba justo detrás de él.
– Lo siento. – Repitió el castaño. Poco a poco, el resto de New Directions e incluso Mr Schue se acercaron a ellos lo suficiente para escuchar la conversación, aunque les dejaron su espacio.
– Ni quiero ni necesito tus disculpas o tus excusas. – El moreno no sonó tan firme como habría deseado. Seguía dándole la espalda, no quería verlo.
– Sé que piensas que no tengo justificación y que no soy buena persona. Sólo te pido cinco minutos de tu tiempo para cerrar esa herida. – El ojiazul ignoró todo lo dicho.
– Tienes cinco minutos antes de desaparecer de mi vida para siempre.
– Cuando llegué a Dalton tenía miedo de que me pasara como aquí, de que me agredieran, de convertirme en el blanco de las burlas. Conocí a Hunter y Bates y fueron muy amables conmigo, pero pronto noté la homofobia de Clarington. – El más alto suspiró.
– Lo sé, nunca lo ha disimulado muy bien. – El ojimiel notó que sus manos temblaban, levantó la vista hasta localizar a Jeff a unos metros de él, que le dedicó una sonrisa cálida.
– Antes del discurso de bienvenida, él ya me había hablado de ti. Me contó que eras el dueño de Dalton, gay y con todo lo que cualquiera pudiera desear. Eso me dolió mucho. Estuve tres años en el McKinley con todos sabiendo que soy gay y nunca tuve nada. Me costó mucho encontrar personas que me aceptaban tal cual soy. – Hummel siguió con su explicación.
– Pero lo hiciste. Durante las dos semanas que he estado aquí, no he parado de escuchar cosas de ti. Te he conocido mucho mejor estas dos semanas que en los casi tres meses que estuve en Dalton contigo. – El más bajo comentó, haciendo que el otro se emocionara.
– No lo entiendes. Se suponía que tenía que acostumbrarme a enfrentarme a determinadas cosas yo solo. Que tenía que aguantar los insultos, agresiones y amenazas de Azimio y Karofsky. Mi liberación sería Nueva York. De repente, vi que tú no habías tenido que hacer nada solo y nadie te había dañado. Tenías a Nick y Jeff que compartían tus problemas. Te entendían de una manera que ninguno de mis amigos podía hacerlo.
– Así que decidiste que lo mejor era hacerme daño para que supiera lo que es sentirse miserable. – Anderson soltó con todo el veneno que pudo.
– Tu vida era perfecta. Y cuando empezaste a coquetear conmigo me sentí mal. No podías conseguir todo lo que querías, algo tenía que salirte mal. Tal vez era un pensamiento erróneo, pero sentía que debía mostrarte lo que es el dolor. – Kurt bajó la mirada. – Además, Hunter me había dicho que planeaba destruirte para ser el más popular. Pensé que ser amigo suyo supondría una garantía para mí. Sería popular aunque fuera por un tiempo. No tendría que aguantar la mierda de nadie.
– ¡Eres imbécil! – Jeff gritó. Nick tuvo que sujetarlo con fuerza porque quería agredir al castaño. – ¿Tú que sabes de la vida de Blaine? Decidiste que su vida era perfecta ¿en base a qué?, a unos rumores estúpidos de Dalton. Ojalá nunca tengas que sufrir lo que él tuvo que afrontar porque eso no te lo deseo ni a ti. Porque algunos, a pesar del odio, tenemos corazón.
El rubio se tranquilizó cuando miró los ojos del moreno que le indicaban que había sido suficiente, que él necesitaba terminar esa conversación.
– ¿Querías ser popular y pasar seguro tu último año? Estuve coqueteando contigo, me gustabas mucho. Esa tarde, mis amigos te habrían aceptado en el grupo, habrías sido un Warbler sin ninguna duda. Habría estado intentando conquistarte durante un tiempo, toda la academia lo habría notado y, al final, habrías sido "el novio de Blaine Anderson" o "el chico que rechazó a Blaine Anderson a pesar de ser gay", dos títulos que habrían asegurado tu futuro en Dalton.
– No lo sabía... No lo pensé... – Algo en el corazón del ojiazul se rompió al escuchar esas palabras. ¿Novio de Blaine Anderson? ¿Por qué le sonaba tan bien?
– ¿Puedo pedirte algo? – Preguntó el ojimiel, todos lo observaron.
– Claro. Lo que sea.
– No juzgues a nadie por los rumores que escuches o por su apariencia. Hay mucho más detrás de las personas. Yo no soy un pretencioso y arrogante niño rico que va a una academia cara y es el dueño de todo. Mi vida dista mucho de ser perfecta y, si no fuera por Jeff y Nick, te aseguro que te cambiaría mi vida por la tuya sin lugar a dudas.
Anderson se levantó y fue directamente a los brazos de Sterling y Duval. Los tres amigos se alejaron de las gradas. Tina, Santana, Brittany, Puck, Mike y Sam estaban en su camino y acariciaron la espalda de Blaine, en una muestra de apoyo e intentando hacerle llegar el mensaje de que ellos lo apoyaban también. Hummel sintió las miradas de sus amigos sobre él mientras dejaba caer las lágrimas que había contenido.
– No lo entiendo Kurt. Le has hecho a Blaine lo que Karofsky y Azimio hicieron contigo. ¿Eres consciente de que eres como ellos? – Preguntó Finn.
– Me acabo de dar cuenta. – Susurró el castaño.
– Genial Porcelana. Pensé que eras una buena persona, un ejemplo, alguien fuerte y respetuoso. Acabo de darme cuenta de que nos has engañado durante tres años. – Santana sonó tajante. – No sé si estoy preparada para estar contigo. Tal vez te moleste porque soy lesbiana y no quiero aguantar mierda de nadie. Y no te acerques a Brittany, no te permitiré que la dañes.
La morena agarró la mano de su novia y se alejaron de allí. El resto de New Directions las siguieron, todos excepto Puck.
– La has cagado. – Noah se sentó junto a su amigo y pasó su brazo alrededor de los hombros del otro.
– Lo sé... ¿Por qué no estás enfadado? – Preguntó el ojiazul.
– Digamos que pienso que mereces una segunda oportunidad, del mismo modo que yo la tuve. Además, creo que tienes suficiente castigo con lo tuyo.
– ¿A qué te refieres? – Quiso saber el más bajo.
– A que te gusta Anderson y que te sientes como una mierda por todo lo que le has hecho.
No hicieron falta más palabras. Hummel lloró en los brazos de su amigo, que lo abrazó sin miedo. No le importaba si los miembros del equipo lo encontraban así. Un amigo lo necesitaba y si de algo se enorgullecía Puckerman en su vida, era en que intentaba ser fiel a sus amigos, al menos desde que casi pierde a Finn por un estúpido error. Su mente empezó a pensar en maneras de ayudar a Kurt y a Blaine. Necesitaban encontrar la paz. Puede que ni siquiera llegaran a ser amigos, pero el castaño necesitaba perdonarse a sí mismo y el moreno necesitaba superar ese episodio de su vida e intentar que lo fortaleciera, en vez de destruirlo. La pregunta era... ¿Cómo?
