N/A: Muchas gracias a todos por leer y por los maravillosos comentarios. Tengo un nuevo fic Blam y Coopbastian, por si os quereis pasar a leerlo. Espero que os guste.


CAPÍTULO 12: NO ME LO MERECÍA (PARTE 1)

Al día siguiente, Finn llamó a Blaine. Kurt saldría con sus amigos de Dalton y pensó que sería una oportunidad para hablar de lo sucedido. El más alto necesitaba saber con más detalle lo que había pasado, necesitaba entender, no podía juzgar a su hermanastro tan a la ligera. El ojimiel aceptó la invitación sin mucho ánimo, no quería exponerse a encontrarse con Hummel otra vez.

Anderson iba caminando en dirección a la casa de su amigo cuando escuchó unos gritos. Corrió hacia el lugar y vio a dos hombres corpulentos y musculosos pegándole a un chico tumbado en el suelo, en posición fetal que se protegía la cabeza con los brazos.

– Marica de mierda. Las mierdas como tú deben morir. – Exclamó uno de los dos agresores.

– Los que deberían desaparecer de la tierra son los cabernícolas como tú. – Interrumpió el moreno.

– ¿Quién eres tú? ¿Conoces a esta mierda? – El desconocido levantó la cabeza del joven que estaba en el suelo. A Blaine se le encogió el corazón. Era Kurt, con el labio partido y un círculo rojo en el ojo que sabía que pronto se pondría morado.

– Sí lo conozco y os exijo que lo dejéis. – Gritó el ojimiel intentando parecer calmado.

– ¿Eres un marica como él? – Preguntó el otro.

Ni siquiera le dieron tiempo a responder, uno de ellos intentó golpearle pero él consiguió evitar el golpe. Sin embargo, el otro lo sujetó con fuerza para que esa vez el puño sí impactara en su cara. Recibió varios golpes más antes de ser empujado contra Hummel, que seguía sin moverse de allí. El ojiazul lo rodeó con sus brazos, en un intento de protegerlo. Se asustó al ver que estaba inconsciente, pero se tranquilizó un poco al notar su pulso. Los agresores se escaparon de allí al escuchar las sirenas de un coche de policía.

Una vecina jubilada había llamado a la comisaría al ver que agredían al castaño. Era mayor y no podía intervenir, pero sí podía avisar a alguien para que fuera a ayudarlos. Los agentes se acercaron a Kurt y Blaine y llamaron a una ambulancia.


Burt llegó al hospital para buscar a su hijo. Le habían avisado que no tenía nada grave y que sólo debía firmar su alta y llevarlo a casa, por lo que decidió no avisar a Finn o Carole. Cuando entró en la habitación donde estaba el menor, se apresuró a abrazarlo.

– Estoy bien, papá. Blaine llegó y evitó que me hicieran más daño. – El castaño estaba nervioso, pero tenía que consolar a su padre. – Sólo tengo algunos moratones y una herida en el labio.

– ¿Blaine? ¿El amigo de Finn? – Preguntó el mayor.

– Sí, apareció cuando me estaban pegando y se enfrentó a ellos. ¿Puedes ir a ver como está? No me han dicho nada y estaba inconsciente cuando vino la ambulancia. – Se sentía angustiado al no haber sido informado del estado de su amigo.


Burt se acercó a la recepción y preguntó en el centro de información por Blaine Anderson. La chica que estaba al otro lado del mostrador se quedó mirándolo.

– ¿Eres familiar? – Quiso saber la mujer.

– No. Es amigo de uno de mis hijos y mi otro hijo estaba siendo agredido cuando intervino él. Quería saber si está bien. – Aclaró el señor Hummel.

– Avisaré al doctor. – La joven realizó una llamada y luego le indicó que esperara en una silla.

Poco después, un médico se acercó a la recepción y la chica señaló a Burt.

– Disculpe. ¿Conoce usted a Blaine Anderson? – Quiso saber el doctor.

– Sí, es amigo de mi hijo. ¿Cómo está? – Preguntó Hummel.

– Está bien, está consciente. Tiene moratones aunque lo que nos preocupa es el golpe en la cabeza, no creemos que sea grave pero nos tememos que una vez le demos el alta no reciba los cuidados que necesita.

– ¿A qué se refiere?

– Hemos avisado a sus padres y no van a venir. Dijeron algo así como que sería mejor que no lo tratáramos para que hubiera un gay menos en el mundo. Intentamos razonar con ellos, pero dijeron que llevaban dos años sin verlo y que no querían saber nada de él. No se lo hemos dicho a él porque no queremos que le afecte. ¿Sabe dónde vive o quién se encarga de cuidarlo?

– No lo sé, pero nosotros podemos llevarlo a mi casa y cuidarlo hasta que se recupere. – El mecánico ofreció, apenado al escuchar que los padres del chico lo rechazaban por ser gay.


– Hola chico. Tengo buenas noticias. Blaine está bien y le van a dar el alta, vendrá a casa con nosotros. – Informó Burt a su hijo cuando entró de nuevo a la habitación.

– ¿Y eso? ¿No vienen sus padres a buscarlo? – Preguntó Kurt incómodo.

– No, al parecer son unos asquerosos homófobos que no quieren saber nada de él. Kurt, sé que no te lo tengo que pedir, pero espero que seas comprensivo con Blaine. No debe de ser fácil para él y necesita apoyo y cariño. Sé que no hace falta que lo diga, sé que vas a hacer lo correcto.

El castaño estuvo a punto de llorar. Su padre lo interpretó como una reacción a la triste historia de Blaine pero realmente era porque se sentía culpable.

Mi vida dista mucho de ser perfecta y, si no fuera por Jeff y Nick, te aseguro que te cambiaría mi vida por la tuya sin lugar a dudas.

Esas palabras del más bajo regresaron a su memoria en ese momento. Kurt entendió que él tenía a su padre, a su hermanastro y a Carole a su lado, apoyándolo incondicionalmente. Pero el ojimiel no tenía a nadie.

Lo peor de todo para el menor fue que sentía como su padre confiaba en él, en que siempre haría lo correcto y él sabía que no era así. Temía que su padre se enterara de su historia con Anderson porque no querría ver la decepción que eso le causaría. Pero si el moreno iba a su casa, seguro que algo malo pasaría ya que no lo había perdonado y no quería verlo.

Una enfermera entró arrastrando a Blaine en una silla de ruedas. El moreno miró tímida y disimuladamente a Kurt. Le habían explicado que el padre de un amigo se había ofrecido a cuidarlo y por su mente sólo pasó el que el señor Duval se hubiera enterado de una u otra manera de su ingreso. En ese momento, no podía imaginar que el padre de su mayor pesadilla fuera esa persona que lo cuidaría.

– Bueno, chicos. Vamos a casa.


Burt, Blaine y Kurt llegaron a casa de la familia Hummel-Hudson. Finn salió a ayudar a su amigo a caminar mientras el mayor hacía lo mismo con su hijo. A pesar de que no estaban graves, los golpes les impedían moverse con libertad. Los tres adolescentes se quedaron en la habitación del ojiazul a solas. Decidieron poner una película después de que el moreno hablara con Nick. Eligieron una de acción, por lo que el estudiante de Dalton protestó. Sin embargo, estuvieron tranquilos hasta la hora de la cena.

Durante la cena, todos evitaron el tema de lo ocurrido con los padres de Anderson.

– Podéis preguntarme, no me afecta. Al menos, no como antes. – Exclamó el ojimiel.

– ¿Tus padres te rechazaron sólo por ser gay? – Quiso saber Carole. Su tono de voz era dulce.

– Ojalá todo hubiera sido un "no te aceptamos, vete de nuestra casa"...

El más bajo relató todo lo ocurrido en el último día que estuvo en el Carmel. La señora Hudson gritó varias veces, Kurt estaba al borde de las lágrimas, Finn apretaba con fuerza los puños, intentando controlar su furia y Burt... Simplemente había perdido el color de su cara, se había quedado realmente impresionado.

– A la mañana siguiente el director les dijo a mis padres que lo más seguro era llevarme a Dalton. Para ellos fue lo mejor, estaba allí interno, no salía los fines de semana y las vacaciones me iba con mi hermano a Los Angeles.

– Lo siento. Nadie debería pasar por algo tan triste. – La mujer acarició la mano del menor. – Aquí nos tienes si nos necesitas para lo que sea.

– Es curioso. Alguien hace poco me dijo que mi vida era perfecta y es que en Dalton así lo creían. Cuando llegué estaba asustado y me costaba relacionarme con los demás, pero los Warblers fueron mi refugio. Acabé siendo el más popular de la academia, realmente fue un cambio difícil pero sólo mis amigos sabían como soy realmente. Los rumores sobre mi vida circulaban sin cesar. Desde que tenía varios novios hasta que había conseguido un contrato para ir en una gira de un cantante famoso tras graduarme. Cualquier cosa para hacerme ver como el hombre perfecto con la vida perfecta.

– Pero estabas solo, como Kurt lo estaba en el McKinley. – Dijo Burt.

– No realmente, siempre he tenido a Jeff y Nick, mis mejores amigos. – Aclaró el ojimiel. – Vivo con ellos.

– ¿Por qué te fuiste de Dalton? – Carole se interesó.

– Necesitaba alejarme de allí, tuve varios problemas con la dirección. – Las palabras del más bajo no eran mentira. Parte de su problema era que el director no lo había creído. – Pensó que era un mentiroso y me castigó dos veces sin motivo, haciendo que ambos problemas estuvieran en mi expediente.