CAPÍTULO 14: EL REGRESO
Kurt volvía al McKinley después de su etapa en Dalton. Como era de esperar, Karofsky y Azimio lo recibieron con un empujón contra los casilleros. No se lo podía creer pero las cosas no habían cambiado tanto como le gustaría. El día fue tranquilo, sin muchos más sobresaltos, pero llegó el momento que temía. Tenía que ir a buscar a su hermano a los vestuarios. Cuando entró se dio cuenta de que el equipo comenzaba a entrar, así que decidió esperar en un lugar donde no podía ver a los jugadores pero que podía escuchar la conversación.
– Lo siento, me retrasé. En dos minutos me voy. – Blaine comentó mientras se ponía la camiseta interior.
– Tranquilo, no hay problema. El vestuario es tan tuyo como nuestro. – Azimio dijo.
– ¿No os importa? Entendería que os incomode... – El ojimiel comenzó a hablar pero fue interrumpido.
– Eres uno de los nuestros. – Puckerman se acercó a su amigo y se quitó la camiseta. – Además, no tengo problema con que me mires. Sé que soy irresistible.
– No eres mi tipo. – Anderson respondió sin pensar.
– ¿Y quién es tu tipo? – Preguntó Karofsky.
– ¡Eso! ¿Quién te gusta? – Finn se sentó al lado de Blaine.
– Taylor Lautner es un actor muy sexy. – Respondió el moreno.
– ¡Hablamos del equipo de fútbol! – Mike se sentó al otro lado.
– No me vais a hacer decir cuál es el chico que más me gusta del equipo, ¿verdad?
– Sí. – Todos respondieron al unísono.
– No me pidáis eso. – Anderson escondió su cara tras sus manos.
– Nadie se sentirá ofendido, al contrario, yo me sentiría alagado. – Azimio informó.
– Ok... El que más me atrae es Sam... – El ojimiel estaba rojo como un tomate. Todos rieron.
– Ya sabía yo que soy irresistible. – El rubio dijo mientras se levantaba la camiseta.
Los jugadores se fueron a las duchas mientras Blaine terminaba de vestirse. Recogió sus cosas y salió de los vestuarios. Allí se cruzó con Kurt que había escuchado todo y lo miraba con odio. El moreno seguía sintiéndose mal cuando veía esa expresión, por lo que aceleró el paso, para alejarse de él.
Finn salió un rato después y se encontró con su hermanastro.
– ¿Vamos a casa? – Preguntó el más alto.
– ¿Por qué todos os lleváis tan bien con Blaine? – El ojiazul no pudo evitar hacer la pregunta.
– Tiene los gustos muy parecidos a los nuestros. Es cierto que le interesa la moda y los musicales de Broadway, pero también le gustan los coches, el deporte, el cine de acción... Ya sabes, cosas de chicos. – Hudson explicó.
– Yo soy un chico y no me gustan esas cosas. – Hummel empezaba a enfadarse.
– Por eso estás más a gusto en compañía de las chicas.
Sin embargo, esas palabras no lo convencieron. Seguía sin entender que para Blaine todo fuera más fácil.
La reunión del miércoles del Glee Club estuvo llena de sorpresas para Kurt. La primera fue saber que Blaine, Nick y Jeff cantarían una canción en los Regionales. El dúo sería de Rachel y Artie y luego todos cantarían una canción grupal. La segunda fue ver como varios de sus amigos parecían adorar al moreno. Sam y Mike se divertían y bromeaban con los chicos de Dalton. Brittany y Anderson fueron los coros de Santana en la canción que cantaba ese día, además de que tocó la guitarra para la canción.
No le gustaba porque sentía que Blaine le había robado su sitio. Como siempre, el ojimiel era el exitoso y él era el fracasado.
Sin embargo, su ánimo mejoró cuando acabó la clase.
– Antes de que salgáis quería decir algo. – Puck se puso delante de todos. – Kurt ha vuelto al McKinley y creo que deberíamos celebrarlo con una fiesta.
Todos aceptaron y comenzaron a planear lo que harían ese viernes.
– ¿Vais a ir? – Sam les preguntó a Nick, Jeff y Blaine antes de que ninguno de sus compañeros saliera. Todos observaron la situación.
– Tengo cosas que hacer, no voy a ir. – El moreno se inventó una excusa.
– Yo tengo que ayudarlo. – El rubio rápidamente añadió.
– No os vais a librar. – Noah se acercó a ellos. – Es obligatorio para todos.
La fiesta llegó y todos los miembros de New Directions acudieron a ella. La música sonaba fuerte y había bebidas alcohólicas por todos los sitios. Los chicos bailaban como si no hubiera un mañana.
Uno de los que más había bebido era Blaine. No había podido librarse de acudir a la fiesta así que intentaba que el alcohol nublara su cerebro. Nick estaba incómodo ya que tenía a sus dos mejores amigos totalmente borrachos.
– Deberíamos jugar a la botella. – Puck propuso.
– ¡Sí! – Rachel gritó apenas manteniéndose en pie.
Los chicos se sentaron en el suelo en círculo. Quinn giró la botella y le tocó besar a Santana. Puck hizo algunos sonidos un tanto obscenos por lo que se ganó un mal gesto de la latina antes de juntar sus labios a los de su amiga. Después, Sam y Rachel se dieron un rápido pico para no incomodar a sus parejas. A Nick le tocó besar a Brittany sin embargo, el primer momento raro se produjo cuando la botella girada por Jeff señaló a Puck. Todos los chicos se rieron y esperaron el beso de los dos. Noah se separó en cuanto sus labios se rozaron.
El siguiente en hacer rodar la botella fue Blaine. Al principio estaba animado pero cuando se detuvo, el color de sus mejillas desapareció. Santana rápidamente movió la botella para que apuntara a Mercedes, que estaba sentada al lado de Kurt.
– No se puede mover. – Declaró Puckerman. Ni en sus mejores planes había imaginado que conseguiría un beso de sus dos amigos. Quería acercarlos y no podría salirle mejor.
– Pero como lo he hecho, Blaine vuelve a girar la botella. – La latina anunció.
– Todos sabemos que le ha tocado Kurt así que debe besarlo. – El judío insistió.
Sin saber como, una discusión empezó entre varios de los chicos. Santana, Brittany, Nick y Jeff eran los que defendían que Anderson tirara otra vez. Rachel, Mercedes, Puck y Quinn querían que los dos ex alumnos de Dalton se besaran.
El castaño estaba asombrado. Entendía que para Blaine fuera difícil besarlo pero no era más que un juego. Buscó con su mirada los ojos color ámbar y vio como tenían algo de miedo. Hummel se acercó al moreno gateando y se quedó frente a él.
– No te voy a hacer daño y es sólo un estúpido juego.
– Yo... – El moreno apartó la mirada y fue cuando se dio cuenta de que todos lo estaban mirando. – Ok...
Los labios de Anderson se juntaron a los de Kurt por primera vez. El castaño sintió que el mundo desaparecía a su alrededor y sólo quedaban ellos dos. Sus manos temblaban y sentía como si por fin hubiera encontrado su lugar en el mundo. Su corazón se había acelerado y su cuerpo se había vuelto gelatina. Por su parte, Blaine se sentía extraño. Jamás pensó que le gustara un beso del ojiazul. Pero ahí estaba, sintiendo algo en su interior, algo que no había sentido antes pero que se oponía a pensar que fuera amor. Intentó justificarlo aunque no pudo. Él había besado a Jeff antes de que éste saliera con Nick pero lo que sentía en esos momentos no se parecía en nada a lo que sintió entonces.
Todos a su alrededor los miraban sorprendidos. El beso estaba durando más de lo normal en esos casos pero nadie se atrevía a moverse para no interrumpir el momento. Los dos jóvenes se separaron por la falta de aire y se miraron a los ojos. Tardaron unos segundos en darse cuenta de que no estaban solos. Las mejillas del más bajo estaban rojas y dedicó una mirada fugaz a Jeff y Nick que lo miraban con cariño. Ambos recordaban que su amigo se había sentido atraído por el ojiazul.
– Algo me dice que esto va a acabar muy mal. – Susurró Sterling al oído de su novio.
– O muy bien.
Duval se fijó en las reacciones de Kurt al beso y algo le decía que no le había desagradado.
El teléfono móvil de Blaine sonó el día después de la fiesta mientras el joven estaba durmiendo. Gruño por la interrupción de su sueño y por el dolor de cabeza. Se movió despacio hasta alcanzar el aparato.
– ¿Diga?
– Blaine, soy Cooper. He hablado con el director del McKinley y he llegado a un acuerdo con él. Vendrás a Los Angeles el lunes por la tarde para pasar las vacaciones de navidad.
– Pero aun falta una semana de clase.
– Por eso tuve que pedirle permiso. No habrá problema, todo está solucionado con tus profesores y todo. Y es todo lo que he podido adelantarlo. Al parecer tienes un examen el lunes a primera hora. Si no fuera por eso ya estarías de camino. Tengo muchas ganas de verte Squirrel.
El moreno sonrió, le encantaba que su hermano se preocupara por él.
– Yo también tengo ganas de verte.
