CAPÍTULO 16: QUE SEAIS MUY FELICES

– ¿Podemos hablar? – Blaine le preguntó a Kurt nada más llegar al McKinley tras las vacaciones de Navidad. El castaño se extrañó pero no protestaría, simplemente asintió y dejaron a Rachel y Mercedes solas observándolos sorprendidas y complacidas pensando que tal vez se cumpliría el plan Klaine. Caminaron uno al lado del otro hasta estar a cierta distancia de cualquier grupo de estudiantes que hacían ruido a su alrededor esperando el momento para entrar en clase. – Quería... Quiero... Yo...

– Respira. No tienes que estar nervioso. – El ojiazul sonrió.

– Quiero que seamos amigos. – El moreno bajó la mirada y fingió interés por una papelera cercana.

– Me encantaría. Me alegra que me perdones. Podríamos ir a tomar algo esta tarde al Lima Bean. – Propuso el más alto.

– Yo... No...

– Blaine, tranquilo. – Hummel agarró la mano del otro y la acarició. El gesto se sintió tan familiar, tan apropiado, tan adecuado.

– Tengo miedo. – Las palabras salieron solas de la boca del más bajo.

– ¿A qué? – Kurt no sabía por qué pero su corazón se había acelerado con esas palabras.

– A ti. – Esa fue la primera vez que los ojos de ambos se encontraron en toda la conversación. El ámbar del iris de Anderson brillaba con intensidad.

– Pero...

– Lo sé, es idiota pero... Una parte de mi piensa que todo esto puede ser una trampa y que me acabarás haciendo daño.

– Está bien... ¿Podemos trabajar en ello? No sé, tal vez encontremos la manera de que dejes de temer estar conmigo. – El castaño propuso.

– Eso suena bien aunque... ¿Cómo lo hacemos?

– Esta tarde, a las seis, Lima Bean. Lleva a Nick y Jeff, yo convenceré a Rachel y Mercedes para que me acompañen.

– Buena idea, no sé por qué no se me había ocurrido. – El moreno estuvo de acuerdo.


Seis amigos reían y conversaban animadamente en el Lima Bean. Blaine se había sentado al lado de Kurt y parece que están bien juntos. El moreno estaba preocupado, no podía sentirse así, no debía. Todo era muy complicado. No podía enamorarse a seis meses de alejarse de Ohio para siempre y mucho menos de alguien al que temía en cierta manera. El castaño intentaba acercarse poco a poco al otro, le encantaba su compañía.

– ¿Qué vais a hacer cuando acabéis el instituto? – Rachel preguntó.

– Quiero estudiar derecho en Columbia. Sueño con defender los derechos de los homosexuales. – Duval anunció.

– ¡Genial! Kurt y yo también iremos a Nueva York, a NYADA... ¡Broadway es nuestro destino! – La castaña dijo dramáticamente.

– Yo iré a la NYU, quiero ser escritor. – El rubio comentó.

– Blaine, dime que tú no irás a Nueva York. ¿Soy la única que irá a Los Angeles? – Jones protestó.

– Sam te seguiría hasta el fin del mundo y lo sabes. – La consoló el ojiazul.

– No sé a donde iré todavía. – El más bajo anunció.

– ¿Qué? – Sterling miró sorprendido a su mejor amigo. – ¿Qué pasó con Juilliart?

– Tengo que empezar a ser realista. No voy a ser aceptado.

– Te ayudaremos con la solicitud. – Lo animó Hummel.


Blaine salía del McKinley esa misma semana cuando se dio cuenta de que se había dejado la toalla en los vestuarios. Pidió a sus amigos que lo esperaran y se dirigió hacia allí. Cuando estaba a punto de entrar escuchó unos ruidos que le llamaron la atención. Más que unos ruidos, eran unos gemidos. Su cabeza quería que se diera la vuelta pero sus pies no obedecieron y siguieron el camino hasta entrar a los vestuarios. Lo que vio lo dejó asombrado, eran dos alumnos, dos chicos teniendo sexo. Kurt estaba a cuatro patas en el suelo, totalmente desnudo mientras Karofsky lo embestía con fuerza.

Anderson no podía moverse, sentía algo extraño. Era una mezcla de ira, enfado, dolor, decepción, desilusión y otra cosa que era incapaz de identificar... Porque no podían ser celos. Sus ojos comenzaron a picar por las lágrimas que luchaban por salir. Decidió darle a la pareja un poco de intimidad y se alejó de allí.

Cuando Nick y Jeff vieron a su amigo, se dieron cuenta de que algo había pasado, pero prefirieron no preguntar. Cuando estuviera listo sería él mismo quién les contaría.


El fin de semana pasó sin que Blaine mejorara su humor. Sus amigos no querían presionarlo pero empezaban a preocuparse. Estaban llegando a sus taquillas cuando fueron interrumpidos.

– ¡Hola! – Kurt se acercó a ellos alegre. Todos lo saludaron aunque notaron algo distante al moreno, nadie dijo nada. – Quería saber si tenéis algo que hacer esta tarde. Había pensado que tal vez podíamos ir a...

– ¡No! – El moreno ni siquiera le dejó explicar sus planes. Se alejó de ellos furioso.


– ¡Karofsky! Quiero hablar contigo. – Kurt pidió al jugador de fútbol. Ambos entraron a un aula vacía y cerraron la puerta.

– ¿Quieres repetir lo del otro día? – El más corpulento se acercó al otro e intentó besarlo pero el ojiazul se apartó de él.

– No, lo del otro día no puede volver a repetirse. Me gusta alguien y creo que tengo una oportunidad con él. No quiero arruinar nada. Siento si te di a entender que quería algo contigo. Pero necesito que guardes el secreto de lo que pasó.

– ¿Y se supone que yo tengo que estar de acuerdo con eso? Si no sigues conmigo yo... yo... ¡Se lo diré a todo el McKinley!

– ¿Y que descubran que eres gay? ¿Estás preparado para salir del armario? – Preguntó Hummel.

– Bueno, siempre me queda decírselo a Blaine.

– ¿Por qué a él? – El castaño lo miró extrañado.

– Porque es el que te gusta.


– ¿Te pasa algo conmigo? – Kurt no aguantó más. Estaban en el comedor todos los miembros de New Directions pero el castaño no podía soportar más la indiferencia de Blaine. Sus amigos los observaban en silencio, sin interrumpir.

– No es el momento ni el lugar para hablar de eso. – El moreno susurró.

– Pero a solas tampoco podemos estar porque me tienes miedo... ¿Qué solución propones? – El ojiazul estaba claramente enfadado.

– Tranquilízate.

– ¡Dime que te pasa y me tranquilizaré! – Hummel gritó.

– ¡Te vi! – El ojimiel dijo en voz aun más alta que el otro.

– ¿Me viste? ¿Cuándo?

– El viernes, en los vestuarios.

Kurt se puso aun más pálido. De todas las opciones posibles, esa era la que menos le gustaba. Aunque pensándolo bien, si Anderson estaba dolido era por...

– ¿Estás enfadado por eso? ¿Estás celoso?

– No estoy celoso.


– ¿Se puede saber de qué hablabais Blaine y tú? – Mercedes preguntó en cuanto tuvo la oportunidad de que ellos dos y Rachel hablaran a solas.

– Me acosté con Karofsky y Blaine se enteró. – Las dos chicas se quedaron boquiabiertas ante la confesión.

– No lo entiendo... ¿Por qué le molesta? – Berry susurró. – Es tu vida y eres libre de hacer lo que quieras...

– Pero si a él le gusta Kurt es normal que le moleste. – Jones aclaró.

– ¡Oh Dios Mío! ¡Le gustas! – La más baja gritó.

– Esto no puede estar pasándome. – El chico se sujetó el pecho para intentar aliviar el dolor de su corazón.

– Y a ti te gusta él.

Hummel asintió y dejó que sus amigas lo consolaran. No entendía como todo se había complicado así.

– Creo que deberías luchar por él. – La morena intentó animarlo.


Jeff entró en la habitación de Blaine. Lo había escuchado llorar mientras iba a la cocina a por un vaso de agua. Sabía que necesitaba apoyo y él siempre estaría a su lado. El moreno estaba tumbado de lado y el rubio lo abrazó por la espalda.

– Se acostó con Karofsky.

Sterling abrió los ojos sorprendido por la confesión. Sabía que su amigo no había superado del todo lo que sentía por Kurt y sabía que intentaba resistirse a esos sentimientos. Verlo tan derrotado por Hummel reabría viejas heridas.

– Tal vez deberías olvidarte de él.

– No puedo. Lo he intentado y no puedo. – Las lágrimas aumentaron.

– En ese caso, tal vez sea el momento de luchar por él.