CAPÍTULO 17: VOLVER A LO QUE EMPEZAMOS
Blaine llegó al McKinley al día siguiente de muy mal humor. Apenas había dormido y todavía le dolía lo ocurrido con Kurt. Jeff y Nick lo acompañaban pero no intentaban entablar conversación con él puesto que sabían que no conseguirían que les escuchase. El ojimiel abrió la taquilla para sacar uno de sus libros y se quedó mirando el interior.
– ¿Va todo bien? – Quiso saber el rubio.
No obtuvo respuesta pero vio como Anderson sacaba un pequeño oso de peluche del interior de su taquilla y se lo mostraba a sus amigos mientras leía la nota que lo acompañaba.
"Sé que cometí un error pero te voy a demostrar que eres importante para mí. Kurt"
Al lado del nombre había un corazón. Blaine no podía creerlo. Hummel no tenía que pedirle perdón por nada. No eran novios, no había promesas entre ellos... ¡Ni siquiera podían llamarse amigos! Sin embargo, comprobar que al otro le importaba lo suficiente como para disculparse era algo increíble para él.
– Me parece muy dulce por su parte. – Sterling comentó y el más bajo se sorprendió porque no sabía en qué momento sus amigos se habían puesto tras él para leer la nota.
– No tenía que disculparse. – Susurró el ojimiel.
– Pero ha querido hacerlo porque te considera importante. – Duval comentó.
– ¿Yo? ¿Importante? ¿Para él? – Anderson parecía confuso.
– Tómate las cosas con calma pero... Parece que le gustas. ¡Ha puesto un corazón! – El otro moreno dijo tranquilamente.
Los tres amigos se quedaron bromeando y riendo. Ese simple gesto parecía que había devuelto el buen humor del más bajo y eso les alegraba.
Kurt había visto la reacción de Blaine por su regalo gracias a que Rachel había grabado el momento con su teléfono móvil. Le encantaba haberlo sorprendido y ver como parecía feliz. No quería dañarlo y pensó que ese era un gesto que serviría para que le perdonase.
– ¿Puedo hablar contigo? – El moreno se acercó a él por detrás y el castaño rápidamente le devolvió el teléfono a su mejor amiga para que no lo descubriera.
– Sí, claro. – El ojiazul sonrió y caminó junto al otro hasta un aula vacía, a la que entraron. – ¿Qué es ésto? – El más bajo sacó de su bolsillo la nota que le había escrito el otro.
– Mi manera de pedir perdón. – Hummel se encogió de hombros.
– No tienes que pedirme perdón. Yo no debí enfadarme, es tu vida y yo no tenía ningún derecho a reclamarte nada.
Kurt se acercó a Blaine hasta quedar a pocos centímetros de él. Notaba el temblor del otro y recordó que le tenía miedo.
– No voy a hacerte daño. – Susurró el castaño.
El moreno no lo pudo evitar y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Ésto desilusionó al ojiazul porque pensaba que las cosas mejorarían. El ojimiel notó la decepción del otro y decidió tranquilizarlo.
– Estamos solos en un aula. Es normal que tenga miedo pero estoy aquí y yo he querido que vengamos solos. Es un avance, no pienses en lo que me queda por recorrer, piensa en lo que he avanzado. – El más bajo acabó acariciándole la cara al otro de manera dulce. Hummel acabó sonriendo ante ese gesto. Poco a poco, paso a paso iban acercándose más.
– ¿Qué vais a hacer por San Valentín? – Rachel llegó al comedor y les preguntó a sus amigos. Había pasado un mes desde la "discusión" de Kurt y Blaine y todo había estado calmado entre ellos. Todavía no habían avanzado y no podían estar a solas sin que el moreno temblara pero eso estaba bien para ellos.
– Yo tengo una sorpresa para Jeff, espero que no te ofendas si no te lo cuento delante de él. – Nick anunció.
– Tú no hagas planes, tengo algo preparado para los dos. – Finn le pidió a lo que la chica sonrió.
– Mike y yo iremos a cenar a solas. – Comentó Tina.
– Britt y yo estaremos en mi casa, mis padres se van de viaje romántico. – Dijo Santana.
– Yo le prepararé algo a Sam. – Mercedes le guiñó un ojo a su novio que sonrió complacido.
– Deberíamos hacer una fiesta de solteros. – Propuso Kurt.
– Me parece una idea genial. – Artie estuvo de acuerdo.
– ¿Quiénes vamos a estar? La parejita gay, Puck, Artie y yo. – Quinn comentó.
– Conmigo no contéis. – Noah añadió. – Voy a una fiesta para intentar ligar con alguna soltera deprimida.
– ¿Y si invito a los Warblers? – Propuso Blaine.
– ¿Yo sola con un montón de chicos que no conozco? No voy. – Fabray se cruzó de brazos.
– ¿Irías a una fiesta con Klaine y conmigo? ¿Te apetece que hagamos algo los cuatro? – Preguntó Artie.
– ¡No!
– En ese caso, una fiesta con los Warblers suena genial. – Abrams estuvo de acuerdo.
– ¡Noche de chicos! Iremos a cenar a un sitio de comida rápida, algo nada romántico... Será nuestra fiesta de Corazones Solitarios. – Anderson estaba emocionado.
Blaine entraba a Dalton por primera vez desde que se fue al McKinley. Estaba emocionado porque vería a sus amigos. Las llamadas por Skype y los mensajes instantáneos con el móvil no eran suficientes para él. – ¡Blaine Devon Anderson! – Gritó alguien a su espalda.
Cuando se volvió vio a Wes que caminaba hacia él con los brazos abiertos. No pudo evitarlo y se abrazó a él con fuerza.
– ¿Qué tal en Dalton? – Preguntó el más bajo.
– Os extrañamos mucho, a los tres. ¿Qué tal el McKinley?
Anderson le contó a su amigo todo lo ocurrido. El asiático lo escuchó con tranquilidad y sin juzgarlo. Siempre había sido el más racional de los amigos y el ojimiel confiaba en su criterio.
– La situación es difícil pero estoy con tu hermano. Él se arrepiente, ha cometido un error y está intentando solucionar el daño hecho. Os queréis y lo único que podéis hacer es intentar confiar el uno en el otro para entregaros vuestros corazones. – Montgomery comentó.
– Creo que daré un paso en nuestra relación en la fiesta de San Valentín. Tal vez un beso sin alcohol por medio o sin temblar... Al menos eso espero. – El ojimiel sonrió avergonzado.
– Blaine, algún día entenderás que eres capaz de hacer lo que te propongas.
– Ese día dejaré de ser yo... ¡Por cierto! Casi me olvido, vamos a hacer una fiesta de Corazones Solitarios. De momento somos Artie, Kurt y yo. Pensé que tal vez os gustaría venir.
– Claro, no querría que Artie fuera el tercero en vuestra cita. Creo que dos no serán tan Corazones Solitarios esa noche. – Wes añadió.
– ¡No te metas conmigo!
– No me meto contigo, yo sólo te digo las cosas como son. Seguro que Kurt estará feliz con lo que le des y nosotros somos felices si tú eres feliz. Aunque te advierto que cuando empieces con él tendrás que traerlo con nosotros porque tendremos que amenazarlo.
– ¡¿Qué?! – Blaine gritó extrañado.
– No vamos a consentir que ningún novio tuyo te dañe. Cooper está en Los Angeles y tus padres no harán nada por lo que nos toca a nosotros protegerte. Solamente le haremos saber que se quedará sin opción a tener hijos si se le ocurre hacerte daño.
– Wes, por favor...
– No, hace tres años juré que sería tu familia y eso es lo que la familia hace...
Flashback
Blaine acababa de contarles a David y Wes lo ocurrido con su familia. Los dos amigos se miraban con pesar, sabían que el ojimiel había recuperado la relación con su hermano pero sabían que eso no era suficiente.
– ¡Que tus padres se vayan a la mierda! No se merecen tenerte de hijo, eres demasiado bueno para ellos. – El chico de piel morena habló.
– Aun así son mis padres y... Yo los quiero, son mi familia. – Anderson susurró.
– No, no son tu familia. Nosotros somos tu familia, ellos sólo son dos desconocidos que te cuidaron durante los primeros años de tu vida pero jamás serán unos padres. Hasta Cooper ha perdido el contacto con ellos.
– ¿Sois mi familia? – El más bajo los miró esperanzado, haciendo que los otros dos se sintieran especiales. Eran ellos los que tenían el privilegio de estar al lado de su amigo en un momento tan difícil.
– Claro. Te prometo que pase lo que pase seremos tu familia y jamás te dejaremos solo. – Montgomery pronunció de manera solemne.
– Por supuesto, yo también lo juro. – David terminó la conversación.
Los tres se abrazaron y dejaron que Blaine dejara salir las lágrimas que había contenido. Eran una familia aunque no les unieran lazos de sangre.
Fin del Flashback
