CAPÍTULO 19: EL FUTURO LLEGA AL MCKINLEY

El mes de febrero pasó sin ningún avance. La cena en Breadstix que habían ganado Kurt y Blaine fue una semi-cita entre dos amigos-enamorados pero no llevó al moreno a aceptar la propuesta de ser novios. Sin embargo, los adolescentes paseaban de la mano y se daban tiernos besos en la mejilla o los labios de vez en cuando.

El mes de marzo llegó y las primeras cartas de las universidades traían noticias a todos los estudiantes de último curso. El primer miembro de New Directions en recibir la suya fue Nick. La señora Duval se acercó al instituto para entregársela a su hijo, que buscó a Jeff para abrirla los tres juntos. El moreno leyó en voz alta.

"La Universidad de Columbia tiene el placer de informarle que ha sido admitido en nuestro programa de educación..."

Nick se abrazó a su novio y a su madre. No podía ser más feliz. Iba a estudiar derecho en una de las mejores universidades del país, sus sueños se cumplían y todo era perfecto.

El siguiente en recibir las noticias fue Jeff. Estaban en clase de historia cuando la señora Duval interrumpió para entregarle la carta. El rubio agradeció el gesto pero él sólo tenía una persona con la que quería abrirla. La pareja se fue al auditorio tras la clase y allí Nick abrió la carta y la leyó para su novio, que se sentía incapaz de hacerlo él mismo.

" La NYU le da la bienvenida a su comunidad dado que es un candidato totalmente adecuado..."

Sterling besó a su novio. No podía creer que su vida fuera tan perfecta. Los dos vivirían en Nueva York, juntos. Sentían que sus sueños se iban haciendo realidad.

Kurt y Rachel también recibieron sus cartas. Los dos las abrieron juntos.

"NYADA se complace de informar que ha sido seleccionado para la realización del casting..."

Poco a poco los demás recibían sus cartas. Uno de los últimos en recibirla fue Blaine. Como había hecho con los otros dos jóvenes, la señora Duval se acercó al McKinley. Estaban en la hora del Glee Club, por lo que la mujer llamó antes de entrar.

– Disculpe Mr Schue... ¿Puede venir Blaine un momento? Llegó su carta y... No sé si querrá que alguien más lo acompañe.

Todos guardaron silencio y miraron al ojimiel. El chico se levantó y se dirigió a la puerta.

– Blaine... – Jeff susurró, indicándole que él podía acompañarlo.

– Estas noticias son para recibirlas con padres o parejas. No te preocupes, puedo hacerlo solo.

Anderson salió de allí y cogió el sobre.

– ¿Quieres que te acompañe? – Ofreció la mujer.

– Es algo que tengo que hacer solo.

Blaine fue a los baños y entró en uno de los cubículos, sentándose en la tapa del váter. Abrió la carta y leyó su contenido. Lentamente las lágrimas cayeron por sus mejillas. Su destino, su futuro había sido elegido.


Todos los miembros de New Directions esperaron a que Anderson volviera. El silencio se había apoderado de la sala del coro. La señora Duval esperaba en la puerta, no quería marcharse sin saber si el último de sus pequeños había conseguido sus sueños, porque ella amaba al novio y al mejor amigo de su hijo como si hubieran nacido de su vientre.

El timbre que indicaba el cambio de clases sonó y Blaine seguía sin aparecer. Jeff apretó con fuerza la mano de Nick, había llegado el momento de buscar al moreno y ejercer de mejores amigos. Que no hubiera ido a celebrarlo con todos sólo podía significar una cosa. Kurt se acercó a ellos buscando una explicación y la sonrisa forzada y amarga del rubio le indicó lo que podían esperar.

Lo buscaron durante un rato hasta que Finn y Puck lo encontraron llorando en el baño.

– Blaine... – Hudson suspiró antes de abrazar al más bajo.

– Esa mierda de escuela se lo pierde. – Noah dijo enfadado. – No es lo suficientemente buena para tener a alguien con tu talento.

– No es algo que no esperara. Simplemente ha dolido saberlo.


Todos se enteraron de la mala noticia e intentaron ayudar a Blaine, pero el chico empezó a distanciarse. Un par de días después el moreno estaba sentado en las escaleras del patio del McKinley.

– ¿Sabes? Puedes venir a Nueva York a pesar de todo. – Jeff se sentó al lado de su amigo.

– ¿A vender perritos calientes en Central Park? – El ojimiel protestó.

– Vales mucho y algo saldrá.

– No lo entiendes. Tú vas a ser escritor, Nick abogado y yo... Yo el fracasado, ese desperdicio humano del que mis padres se avergüenzan...

– ¡No! – El rubio agarró la cara de su amigo con las dos manos, obligándolo a que lo mirara. – Vales mucho. No te puedes rendir por un fracaso. Hay otras opciones, otras universidades o puedes intentar componer y preparar una maqueta.

– Sólo quería que algo me saliera bien. – Anderson sollozó.

– Encontraremos una solución, todos estamos contigo, apoyándote y queriéndote porque eres maravilloso.

Blaine se abrazó a su mejor amigo y se puso a llorar. Sterling acarició la espalda del otro con paciencia y amor. Sabía que sería difícil encontrar la solución para el nuevo problema, pero no se rendirían.


Kurt llegó a casa de la familia Duval, necesitaba hablar con Blaine y no conocía otra manera para que no lo evitara. Un hombre que no conocía le abrió la puerta.

– Hola... Estoy buscando a Blaine. Soy un amigo de Jeff, Nick y de él.

– Pasa, está en su habitación... ¿Sabes cuál es?

El castaño negó con la cabeza, era la primera vez que estaba allí. El mayor lo acompañó por las escaleras y le señaló la segunda puerta a la derecha del pasillo de la planta de arriba.

El ojiazul llamó y esperó a que el moreno le autorizara el paso. Vio a su amigo tumbado en la cama, de lado con las piernas flexionadas y sujetándolas con sus brazos.

– ¿Cómo estás? – Preguntó el más alto cuando entró.

– ¿Cómo estarías tú si NYADA te hubiera rechazado?

Hummel se acercó y se tumbó justo detrás del ojimiel y lo abrazó por la espalda.

– No te rindas, Blaine, lo conseguirás.

Después de un rato en el que el más bajo se desahogó, ambos se sentaron para hablar.

– Me entristece mucho lo que estás pasando, pero no quiero que te alejes de mí. Estábamos muy bien y de repente te has alejado. Sé que estás mal pero... Tal vez sea el momento de que te acerques a mí y dejes que te apoye. – Kurt intentó comenzar la conversación.

– Tú y yo no podemos seguir, no podemos... ¿Eres consciente de lo que pasa? Me gustas, joder. Me encanta estar contigo y si seguimos así... Lo voy a pasar mal cuando nos separemos porque tú te vayas a Nueva York y yo... Además... No puedo evitar pensar que si tú no...

El castaño sintió como si le hubieran clavado una daga en el corazón. No necesitaba que Blaine terminara la frase. Sabía a lo que se refería. Decidió que lo mejor sería irse de allí y darle a su amigo el espacio que necesitaba.


Rachel y Mercedes miraban a Kurt, llevaba dos días triste y empezaba a preocuparse. Decidieron invitarlo al Lima Bean para que se desahogara con ellas. Acabó contándoles lo ocurrido con Blaine.

– Dale tiempo para que supere lo ocurrido. No es una ruptura real, puedes recuperarlo cuando encuentre qué hacer en Nueva York. – Propuso Jones.

– O intenta arreglar lo ocurrido. – Animó Berry.

– ¿Cómo? – Quiso saber Hummel.

– Tengo una idea...

Mercedes y Kurt miraron a Rachel asustados. Realmente temían cuando la más baja tenía sus ideas...