CAPÍTULO 24: ADIÓS
– Primero vamos a entregar el premio al mejor intérprete de la competición... – Los tres coros estaban en el escenario. La presentadora era una mujer de unos cincuenta años vestida con colores sobrios, joyas de perlas e iba maquillada en exceso. Abrió el sobre mientras sonaba un redoble de tambores – ¡Blaine Anderson de New Directions!
Todos los estudiantes del McKinley lo celebraron como si hubieran ganado el premio ellos. Era muy importante que su amigo lo consiguiese porque era un punto más a su favor. Después de recibir las felicitaciones de todos, se acercó a la mujer y recibió el premio. Se volvió hacia el público y localizó a los Warblers y a Cooper. Levantó el trofeo hacia ellos y les guiñó un ojo para que entendieran que parte de ese premio también era suyo porque sin su apoyo jamás lo habrían conseguido.
– Seguimos... El tercer lugar de la Competición Nacional de Coros es para... Quinta Sinfonía.
Los estudiantes de una academia privada de Houston, Texas, se adelantaron para recibir su trofeo.
– Y ahora, el momento que todos estábamos esperando, los campeones de la Competición Nacional de Coros son... New Directions
Kurt aun no había asimilado la gran noticia cuando unos labios se presionaron contra los suyos y unos fuertes brazos lo rodeaban. Cerró los ojos y sonrió, dejando que Blaine le mostrara su amor sin importar que su relación podría ser de sólo tres semanas, sin importar que podía sufrir. En ese momento sólo era felicidad.
Todos los miembros de New Directions estaban en el backstage celebrando su victoria. Los Warblers y Cooper también estaban con ellos. Estaban abrazándose y felicitándose cuando madame Tibideux y Mayer entraron.
– Blaine Anderson. – La mujer llamó la atención. Todos la miraron y Rachel y Kurt esbozaron una gran sonrisa.
– Soy yo. – El moreno se adelantó.
– Señor Anderson, no sé el motivo por el que sus amigos me pidieron estar aquí. No voy a saltarme las normas por nadie. Si usted no solicitó plaza en NYADA no puedo aceptarlo. Si quiere puede intentar solicitar plaza en diciembre. – Carmen explicó.
– Madame Tibideux, nosotros no... No queríamos que se saltara las normas. – Hummel explicó un poco nervioso. – Queríamos que estuviera aquí para que le dijera a Blaine si tenía talento para ser aceptado en NYADA.
– Creo que es obvio que tiene talento. – La mujer dijo antes de salir.
– En mi caso sí queríais que lo aceptara. ¿Me equivoco? – Mayer preguntó. Rachel y Kurt se pusieron muy nerviosos.
– Tiene mucho talento y no entiendo por qué lo rechazasteis. Ha tenido unos problemas pero se ha comportado de una manera madura y los ha solucionado... – Berry explicó pero fue interrumpida.
– Yo tampoco puedo saltarme las normas. Hay unos alumnos aceptados en Juilliart y otros que están en lista de espera. El señor Anderson está en el segundo grupo. Si hay suficientes rechazos a las plazas como para que él pueda estudiar en mi universidad será por cómo realizó su solicitud, no por lo que ha hecho esta noche. No voy a saltarme las normas por el señor Anderson ni por nadie. ¿Queda claro?
Kurt asintió mientras sentía que su corazón se rompía en mil pedazos. Todos sus esfuerzos no habían servido para nada.
– Comete un gran error. – Santana intervino, la enana y porcelana habían hecho su esfuerzo y ella no permitiría que fueran los únicos. – Blaine triunfará con o sin su universidad pero sería una gran publicidad para usted que lo haga con el apoyo de Juilliart...
– No necesitamos publicidad. Rechazamos unos tres mil alumnos en el programa de música cada año. Teniendo en cuenta que sólo ofrecemos cien plazas, no tenemos problemas para conseguir alumnos.
El hombre se fue y Kurt se puso a llorar abrazando a su novio con fuerza. Había fracasado en su intento de ayudarlo y eso supondría su separación, tal vez definitiva.
Blaine y Kurt estaban en el salón de la casa del castaño. Estaban viendo la televisión acompañados por Burt y Carole. Los adultos miraban a los adolescentes con tristeza. Sabían lo que sentían y sabían que no podrían ser una pareja por culpa de la distancia.
– He estado pensando en lo que os puedo regalar por vuestra graduación. Me ha costado mucho encontrar el regalo perfecto pero creo que lo he conseguido. – El mayor comentó.
– ¿Qué es? – Su hijo lo miró intrigado. El padre se volvió hacia su esposa, indicándole que era ella la que debía hablar. Él no podía, no tenía fuerza para explicarlo.
– Sabemos que vais a terminar vuestra relación por culpa de la distancia pero queríamos que tuvierais unos últimos momentos juntos, algo que pudierais guardar en vuestro corazón. Hemos buscado un hotel discreto y elegante para que paséis vuestro último fin de semana juntos. El vuelo de Blaine sale el lunes después de la graduación y tendréis hasta el domingo por la mañana para estar a solas. Luego comeremos todos aquí, con los Duval y Jeff, para despedirnos todos. – La mujer dejó caer una lágrima.
Kurt se levantó y se abrazó a su padre y Carole. Les agradecía muchísimo todo lo que habían hecho para darle ese momento de intimidad para despedirse, no iban a desaprovecharlo.
La graduación fue un día agridulce para todos. La felicidad de seguir con su futuro y sus sueños se mezclaba con la tristeza de todo lo que dejaban atrás. Kurt no pudo evitar llorar, se suponía que ese día sería feliz porque significaba que iría a Nueva York, sobre todo después de que él y Rachel recibieran su carta de aceptación en NYADA. Sin embargo, ese día se había convertido en uno muy triste. Dirigía discretas miradas a Blaine, que parecía estar debatiéndose entre los mismos sentimientos que él.
– ¡Enhorabuena Squirrel! Me siento muy orgulloso de ti. Has conseguido llegar hasta aquí por ti mismo. Maduraste muy pronto por culpa de las circunstancias pero te garantizo que no existe en el mundo ningún hermano mejor que tú. – Cooper abrazó con fuerza al otro, estaba emocionado al ver todo lo que el menor había cambiado.
– Vas a emocionarme. – Protestó el ojimiel secándose una lágrima. – Gracias por todo lo que has hecho y lo que vas a hacer por mí.
– Te dije hace años que te ayudaría en lo que pudiera. Mandarte dinero para que puedas estudiar en la universidad es lo mínimo que puedo hacer.
– Gracias Coop, no sé qué habría sido de mí sin tu ayuda.
Los hermanos volvieron a abrazarse, llenos de emoción y de orgullo.
Dos horas después, la fiesta de graduación había acabado. Todos se habían despedido y habían prometido mantenerse en contacto. Sólo el tiempo diría qué promesas se romperían y cuales no. Kurt y Blaine entraron a la sencilla pero elegante suite de uno de los hoteles de Lima. Ambos se sonrieron tímidos, algo que parecía increíble. No era la primera vez que estaban solos, no era la primera vez que intimaban así, pero todo se sentía como si fuera la primera vez. Juntaron sus labios dulcemente, como si tuvieran todo el mundo para amarse.
Ese fin de semana, Anderson compuso muchas melodías. No las apuntó en ningún sitio pero esperaba poder recordarlas para cuando se acabaran sus horas en Lima.
Kurt no paraba de llorar, estaban en el aeropuerto. Blaine llevaba una maleta grande en la mano mientras Cooper llevaba otra. Nick y Jeff llevaban dos más pequeñas. Eran todas las cosas del ojimiel, todas las pertenencias que se llevaba a San Francisco. El mayor de los Anderson volaba con él para ayudarlo a instalarse antes de volver a Los Angeles. El menor no tenía palabras para agradecer todo lo que había hecho por él. Se dirigieron al mostrador y facturaron las maletas grandes, las pequeñas serían su equipaje de mano. Los hermanos no dejaron que la pareja cargara con las maletas más y fueron ellos los que las cogieron.
Caminaron hasta el control policial y se sentaron allí cerca. Aun faltaba algo de tiempo y preferían estar todos juntos. Hummel apoyó su cabeza en el hombro del otro y entrelazó sus dedos. El moreno se apoyó en la cabeza de su novio, en un gesto íntimo.
El primer aviso para el vuelo a San Francisco sonó y todos sintieron que había llegado el momento. El primero en abrazar a Blaine fue Jeff. No quería separarse de su mejor amigo. Ninguno pudo reprimir las lágrimas, conscientes de que no se verían en mucho tiempo. Lo mal que lo pasaban los veranos, cuando estaban dos meses sin verse, no sería nada comparado con los, al menos, cuatro años que tenían por delante.
Después fue Nick el que lo abrazó. Nunca perdió la esperanza de que fuera a Nueva York pero en ese momento se dio cuenta de que todo había acabado. Ya no podrían estar a su lado en los malos momentos ni disfrutar de los buenos.
Blaine abrazó a los señores Duval, las dos personas que habían sido lo más parecido a unos padres para él, al menos durante esos últimos años. Abrazó a Rachel, Finn, Sam y Tina, tal vez no había pasado tantas cosas con ellos pero eran muy buenos amigos.
Por último abrazó a Kurt. Ese era su último momento, aunque no sabía si sería por los próximos cuatro años o para siempre. Se dedicó a memorizar su olor y lo suave que era su piel y su pelo. Se apartó un poco para poder grabar en su mente el azul de esos ojos que tanto le encantaban.
– Te amo. – Anderson dijo, con la esperanza de que el otro también se lo dijera y así poder recordar por siempre su voz.
– Yo también te amo. – Hummel hizo un gran esfuerzo por hablar.
Se besaron con cariño y Blaine introdujo la lengua en la boca del otro buscando memorizar su sabor. Así sus cinco sentidos se llevarían un recuerdo de su primer amor.
Terminaron el beso y el moreno comenzó a caminar. Su hermano pasó su brazo por los hombros del menor, esperando consolarlo. Sin embargo, el llanto que había estado conteniendo salió cuando dejó de ver a Kurt. Ese había sido su último momento, tal vez para siempre.
