Conociéndonos

Bella POV

Entré en mi habitación después de haber estado hablando mucho tiempo con Victoria, la verdad es que nunca hubiera pensado que me iba a tocar una chica que me gustara.

- Se me ha hecho eterno –dijo Edward. No lo había visto, estaba en mi silla favorita junto a la ventana. Como siempre.

- Sí, es que nos hemos enrollado hablando.

- ¿Qué opinas de ella? ¿Te gusta? –preguntó curioso por saber lo que pensaba.

- Tú y tus preguntas. Sí, claro, es muy maja, de hecho hacía bastante que no hablaba tanto tiempo con una chica, creo que seremos grandes amigas. ¿Por qué? ¿Es qué no le gusto?

- Pues claro que le gustas Bella, a pocas personas no les gustas y esas son demasiado tontas como para ver tu belleza

- Pufff –bufé- ¿y a ti te gusta? –pregunté a sabiendas que no solo había estado cotilleando nuestra conversación sino que seguramente también la había "leído" la mente.

- Sí la he leído la mente y no está mal, es una de las mentes más claras que he visto en un humano.

-¿Qué?

-No lo entenderías tú no las lees pero es algo así como una de las mentes más... sinceras que he visto –sonrió- te he echado de menos.

Me besó, lo que hizo que me olvidara de todo y que solo pensara en devolvérselo.

Lucía POV

Vimos cómo se marchaba el coche de Bella y entramos en la casa que era de una sola planta. Al entrar, se encontraban la cocina y el salón y luego cuatro habitaciones: la de Jake, la de su padre, Billy; la mía y la de sus hermanas que según me dijo casi nunca venían.

Desde que vi a Jacob en el aeropuerto fue como si no hubiera otro hombre en el mundo, era guapo sí y tenía unos ojos marrones preciosos pero aun así ¿por qué pensaba tanto en él? Apenas me enteré de lo que hablaron Bella y mi hermana durante el viaje ya que no podía dejar de pensar en otra cosa y de mirarle de vez en cuando. Había una especie de conexión rara entre nosotros. Bueno, quizá todo me lo estaba imaginando y es que estaba demasiado cansada del viaje. Me puse a ordenar toda mi ropa en la cómoda y los armarios para evitar pensar en ello. Finalmente, coloqué el portátil y salí de la habitación.

Jacob estaba… ¿Dónde estaba? No lo encontré por ningún lado así que salí fuera de la casa a ver si le veía. Cuando iba a bajar por las escaleras del porche le vi salir del bosque con uno simples pantalones cortos y sin camiseta. Estaba buenísimo, tenía unos abdominales increíbles como si se pasase horas en el gimnasio. Aparté mis ojos de su abdomen musculoso antes de que se me callera la baba y le sonreí, eso sierre funcionaba para que los demás empezaran a hablar.

- Siento haberte dejado sola es que tenía que contarle una cosa a un amigo.

- ¿En el bosque? –pregunté extrañada.

- Pues… sí, es que hace atletismo y suele correr por ahí todos los días, ¿entramos? – se veía que quería cambiar de tema pero no insistí más.

Jacob me contó que su padre iba a cenar fuera en casa de Sue Clearwater, una señora de la Push así que íbamos a estar solos. Él calentó unas pizzas en el horno y cuando digo unas me refiero a que fueron como cinco. ¿Se pensaría que comía mucho? ¿O sería para que pudiera elegir una de ellas? Aunque si era así, me lo podría haber dicho primero.

- ¿Cuál es la que más te gusta? –claro la segunda opción pensé mientras escudriñaba los ingredientes de la pizza.

- La de jamón y queso.

- ¡Genial!

Mientras comíamos Jacob me habló de sus amigos del pueblo y del instituto en general aunque de vez en cuando me soltaba preguntas personales entremetiéndolas entre las conversaciones del tipo si me llevaba bien con mi hermana, si alguno de los chicos con los que venía era mis amigos, si tenía novio… a lo que yo aprovechaba para preguntarle a él también.

Las cinco pizzas no sobraron como yo me había imaginado ya que él se comió cuatro y media más luego un trozo de tarta, no me lo podía creer era el hombre que más comía que jamás hubiera visto.

- ¿Qué? ¿Tienes hambre? –le solté cuando se terminó su último trozo de tarta. Me sonrió.

- Es que soy muy alto y hago mucho ejercicio –se carcajeó- tengo que mantenerme fuerte.

-Ya, ya te veo –me ruboricé. ¡Mierda! ¿Había dicho eso en voz alta? Quizá no tendría que haber dicho eso en voz alta pero él me sonrió aún más y me dijo:

-Este cuerpo no se mantiene solo – ruborizándose él también.

Ambos nos empezamos a reír y a partir de entonces todo fue mucho más fácil sin interrogatorios y sin nada, simplemente hablando pero por supuesto manteniendo las distancias. No quería que sucediera nada de lo que me pudiera arrepentir al día siguiente.

Su padre llegó tarde y se sorprendió al vernos levantados todavía, le riñó por haberme mantenido levantada tanto tiempo cuando debería estar ya durmiendo y nos mandó a la cama a los dos. Billy me caía bien y sobre todo cuando reñía a Jacob, me encantaba la cara que ponía éste.


Bueno aquí está el tercer capítulo, subiré todos los capis muy rápido porque ya tengo escritos un montón. Solo me falta darles alguno retoques.

Os prometo que la historia se volverá cada vez más interesante. Los primeros capítulos son más bien introductorios.

Un saludo y gracias por leerme ;)