Empiezan las clases
El sol lentamente salía por el horizonte, derramando luz sobre los terrenos del colegio. Poco a poco el día empezaba, el primer día oficial de ese año de estudios. Ya se podía escuchar en la lejanía a las lechuzas volando hacia el Gran Comedor mientras los estudiantes despertaban en sus respectivas salas comunes. Cerca de una hora luego del amanecer todos estaban desayunando y recibiendo el correo de ese día. Pocos estudiantes recibieron algo ese día y entre ellos estaba Harry. Su lechuza dejo una carta anónima frente a él, una carta que contenía una sencilla frase.
"Prepárate"
Esa mañana el desayunaba solo ya así que decidió guardar esa extraña carta hasta más tarde y conversarlo con Ron y Hermione. Termino rápido su desayuno y reviso su horario, clase de encantamientos. Había escuchado que tendrían un profesor nuevo los primeros dos meses de clases aunque no estaba seguro de quien se trataba. No quería averiguar si estaba a favor o en contra de los retrasos por lo que tomo sus cosas y se apresuró al aula antes de que empezara la clase. Llego a tiempo, por suerte, y tomo asiento en medio del salón, junto a un estudiante que no había visto antes. Tenía un aire extraño pero no tuvo mucho tiempo de analizarlo ya que la puerta del aula se cerró. Unos pasos lentos se escuchaban en el fondo del salón mientras el nuevo profesor caminaba sin prisas hacia el frente de la clase. Era un hombre alto, de espaldas anchas y hombros amplios. Tenía el cabello negro veteado con varias canas grises. Lo llevaba cortado más sin peinar, dando la ilusión de ser más largo. Al llegar al escritorio dejo su maletín y giro observando a la clase. Tenía un rostro curtido por el sol, joven pero con unas pocas arrugas, sobre todo en la frente. Sus ojos eran de un color verde opaco. Los observaba a todos con seriedad más podía percibirse una tranquilidad que emanaba de su presencia. Estuvo en silencio cerca de un minuto antes de aclarar su garganta, reposando ambas manos sobre su escritorio antes de hablar.
-Mi nombre es Colin y seré su profesor suplente de hechizos. Estaré con ustedes cerca de dos meses y luego su profesor se reincorporara a las clases, sin embargo si luego de ese tiempo alguno de ustedes quiere seguir teniéndome como maestro, podrá unirse a mi clase de encantamientos avanzados –el hombre se detuvo al ver una mano levantada. Suspiro cerrando los ojos mientras le daba permiso al chico para que hablara.
-¿Qué paso con el profesor Flitwick?
-El junto con otros maestros, se encuentran fuera del país momentáneamente. No soy el único profesor suplente que tendrán, de echo la mayoría de sus clases serán dictadas por nuevos maestros los primeros meses, quienes luego como yo, empezaran cursos avanzados para quienes se encuentren interesados en ellos –la voz del profesor al terminar fue seca, ignorando otras manos que se levantaron.
Mientras esperaba que se tranquilizara el aula, Colin saco algunas cosas de su maletín, entre ellas una caja de metal con hechizos grabados sobre la superficie. Dejo los libros sobre el escritorio y como el ruido continuaba, tomo su varita y lanzo chispas rojas que provocaron una detonación ligeramente fuerte.
-Si continúan perdiendo el tiempo, tendrán que compensar durante el fin de semana –el aula de inmediato cayó en un silencio absoluto –mucho mejor. Ahora, no estoy muy seguro hasta donde han cubierto en esta clase pero vamos a dedicarnos estos dos meses a practicar encantamientos de combate y defensa. Hoy por ejemplo, veremos el encantamiento dilapsus –índico a la clase que se levantara solo con sus varitas mientras hacía desaparecer los pupitres. –Formen grupos de tres y esperen a mis instrucciones.
Mientras los grupos se formaban, Colin hizo aparecer diferentes objetos de acero en el aula. Cadenas, muros, estatuas eh incluso armas. Cuando los grupos estuvieron listos, fue colocando a cada uno primero frente a los muros de acero.
-Muchos de ustedes deben conocer el encantamiento bombarda, el cual sirve para realizar explosiones más, es demasiado ruidoso si quieren tener una salida discreta. El encantamiento dilapsus sirve para disolver cualquier sustancia inorgánica por lo que si fallan al realizarlo aquí no deben preocuparse ya que ninguno tendrá la cara derretida –la forma en que lo dijo fue algo aterradora pero Colin se rio de su propio chiste.- Ahora, deben realizar un movimiento como una ola con su brazo mientras recitan el encantamiento –lentamente movió su brazo, manteniendo su varita dirigida hacia una parte del muro.- Dilapsus –un resplandor purpura broto de la punta de su varita, causando un agujero lo bastante amplio para un hombre adulto más este no iba hasta el otro lado de la superficie.- Como muchos otros, existen variantes más poderosas del encantamiento que pueden perforar incluso objetos más gruesos pero por ahora, practiquen con el hechizo básico.
Alrededor de la clase se escuchaban gritos de júbilo cuando el encantamiento funcionaba. Frustración cuando no lo lograban y también se escuchó el grito de unas chicas cuando el encantamiento fallo el blanco y termino derritiendo parte del uniforme de la joven. Cuando la clase término, habían muchos agujeros en el piso de madera del aula pero aun con esos errores, la gran mayoría de los estudiantes habían podido dominar sin mayor problema el encantamiento.
-Bueno eso es todo por ahora. No olviden practicar pero nada de usarlo para espiar en las duchas o algo así. No quiero que el director me regañe en mi primer día –sonriendo mando a los jóvenes mientras reparaba los daños en los pisos y hacia reaparecer los pupitres.
Durante toda la clase Harry no había podido dejar de ver a ese estudiante nuevo. Había algo extraño en ese chico de cabellos purpúreos, algo que le daba un mal presentimiento. Decidió lidiar con eso después ya que su siguiente clase era con la profesora McGonagall o al menos eso esperaba. Mientras caminaba por los pasillos pensaba en lo que había dicho el profesor Colin. Si los profesores se encontraban fuera seguro algo había pasado pero no había escuchado nada por parte de los miembros de la orden. Realmente esperaba que nada malo estuviera sucediendo ya que sería una pésima manera de empezar aquel nuevo año.
Llegando a la puerta del aula se encontró con Hermione. Se veía agitada, otra mala señal, en especial porque Ron no estaba con ella. Preocupado Harry se acercó a ella, abriéndose paso entre la pequeña multitud que se había formado en la entrada. La puerta del salón estaba abierta. Una profesora nueva estaba en el aula en vez de la jefa de la casa de Griffindor pero en realidad no era esa la parte importante. Dos estudiantes yacían en el suelo con heridas sobre sus cuerpos que la maestra estaba tratando en esos momentos.
-¿Qué paso aquí? –La voz de Harry estaba alterada mientras llegaba hasta su amiga y tomaba su mano.- Hermione ¿estás bien? ¿Dónde está Ron?
-No…no lo sé Harry…-la voz de su amiga estaba trabada con lágrimas que caían cada tanto por sus mejillas.- Caminábamos por los terrenos…y algo nos atacó…
-¿Qué algo los ataco? Eso no es posible, no hay nada aquí que nos pueda atacar –la voz de Harry cada vez se alteraba más y su tono subía.
-No sé qué fue…pero Ron desapareció junto con otros que caminaban hacia el colegio…-suspiro escondiéndose entre los brazos de su amigo.- Y cuando llegamos al aula buscando ayuda…nos encontramos a esta profesora tratando de ayudar a varios estudiantes heridos por alguna cosa…
Antes de que pudieran seguir hablando, apareció la señora Pomfrey junto con otros estudiantes de último año, trasladando entre todos a los heridos hacia la enfermería. La profesora, una mujer bastante joven por su aspecto, salió del aula y se colocó frente a la multitud. Paso una mano por su cabello rubio mientras soltaba un suspiro.
-No esperaba conocerlos de esta manera. Mi nombre es Aneth y voy a reemplazar a la profesora McGonagall durante dos meses –aun a pesar de lo que había pasado hace solo instantes, la mujer mantenía un tono de voz bastante tranquilo.
-¿Qué fue lo que sucedió aquí? ¿Por qué estaban esas personas heridas? ¿Dónde están los profesores?
Esas tres preguntas se repetían en la multitud mientras los estudiantes se mostraban claramente enfadados pero también asustados. El ruido se mantuvo por casi 20 minutos cuando la retumbante voz del director resonó en el pasillo. Acompañado del profesor Snape, de Hagrid y tres más que ninguno allí conocía, Dumbledore se acercó hasta la multitud.
-Realmente esperábamos que nada de esto se diera a conocer durante los primeros días de clases. Queríamos que tuvieran tiempo de asimilarlo pero han hecho su movimiento más pronto de lo que habíamos anticipado –adelantándose a los estudiantes, Dumbledore levanto su mano para mantener el silencio en la multitud.- Una nueva amenaza se cierne no solo sobre el colegio pero también sobre todos los magos del mundo. Estos nuevos profesores les enseñaran formas de defenderse si llegan a encontrarse con los que están atacando al colegio –nuevamente levanto su mano, callando las voces de todos.- No les pido que ignoren lo que sucede pero deben aplicarse y prepararse. La batalla es inminente y necesitaremos de todos ustedes si queremos salvar a quienes ya fueron secuestrados.
Harry escuchaba distraído las palabras del profesor. Desde la mañana había tenido un mal presentimiento, con todos esos cambios sorpresivos en el colegio. Profesores nuevos, una guerra contra quien sabe qué y también, esa carta que había recibido en la mañana. Quien fuese tenía razón, debía prepararse.
ese tenía razón, debía prepararse.
