Durante tres días fue a ver a Naruto al hospital después de la escuela. Se sentaba junto a la cama del rubio mientras él dibujaba y un lazo de comprensión fluía tranquilamente entre ellos. Cuando estaban juntos todo parecía desaparecer, no existía dolor ni problemas, eran solo ellos dos en un momento íntimo, el cual era respetado por todos los doctores y enfermeras en el hospital.

El tercer día le llevó un regalo. Era una bola de cristal con una tormenta de nieve y un pequeño hombrecillo vestido con un brillante traje espacial plateado en el interior. Naruto se sentía realmente encantado, sus ojos brillaron al ver el presente, mientras el azabache se perdía en los ojos del rubio, sintiéndose satisfecho de la reacción que le había provocado, pero el pequeño obsequio tenía un propósito más importante.

-Armadura, Naru – dijo el azabache. Pero señalaba el cristal de la bola y no al brillante traje plateado. Naruto le miro confundido, con la pregunta escrita en sus ojos azules que solo brillaban de forma especial cuando estaba con el azabache.

-Armadura -repitió con insistencia-. Él está seguro ahí… detrás del cristal- Luego le puso el lápiz en la mano y señaló el bloc de dibujo-. Ésta es tu armadura- le dijo con seriedad, mirándolo a los ojos con un extraño sentimiento escondido detrás de esas orbes oscuras, era fundamental que el rubio lo entendiera.

Naruto le miro escrutadoramente por un momento, luego dibujó una burbuja de cristal llena de luces, y en el interior dos pequeñas figuras (una con pelo rubio y la de color azabache) tomados de la mano. Afuera dibujó nubes de tormenta y rayos, pero los niños en el interior estaban sonrientes.

Él rubio lo entendía a la perfección, ambos compartían un lazo único que solo les pertenecía a ellos y nada más a ellos.

Al día siguiente Sasuke no fue a verlo, ni tampoco el día después. Para el tercer día Naruto se veía más débil y las enfermeras comenzaron a preocuparse.

Iruka tampoco había podido visitarlo, pero ese día tenía buenas noticas que darle.

-¿Cómo está el niño? – Le pregunto a la enfermera al final del pabellón.

La enfermera hizo un gesto de preocupación.

-Un poco decaído. Creo que extraña a su amiguito.

Iruka le miro atentamente, con un extraño presentimiento.

-¿Se refiere a Sasuke? ¿No ha venido a verlo?

La enfermera negó con la cabeza, en sus ojos se veía la preocupación que tenía, porque a pesar del poco tiempo que llevaba ahí ese pequeño rubio había logrado conseguir el afecto de todos en el hospital, logrando hechizarlos con esa sonrisa y ojos que poseía.

-No en los últimos tres o cuatro días.

A Iruka se le heló la sangre de las venas. Decidió confirmarlo en la escuela. Sí, Sasuke había faltado sin ninguna explicación los últimos días, pero dado a que tenía buenas notas, a ningún maestro se le había ocurrido preguntar o informar para saber qué era lo que pasaba.

Alarmado, Iruka fue a la casa de Sasuke. El tío lo dejo pasar, se portó muy amable con el castaño explicándole que el azabache no se sentía muy bien y que no, de verdad no era necesario que lo viera. Pero a pesar de todos sus argumentos Iruka insistió en verlo, notando en los ojos de aquel hombre un sentimiento que no supo explicar.

La puerta en el piso superior estaba cerrada con llave por fuera, esto provoco que con voz glacial, Iruka ordenara que abriera la puerta y le permitiera entrar; cuando el tío abrió la puerta, un Sasuke furioso, despeinado, lo miro desde la cama.

-Tuve que encerrarlo porque sigue llegando tarde; se va a ver algún muchacho.

-Pero- protestó Iruka- si se trata de Naruto, un niño que está enfermo.

El tío miro a Sasuke con expresión acusadora, con un toque de soberbia.

-Persiguiendo a los muchachos a su edad. Igual que su madre.

-¿Dónde está su ropa?- pregunto Iruka, porque Sasuke casi no tenía nada puesto debajo de la sabana y el cuarto estaba mortalmente helado.

-Me la lleve- contestó el tío tranquilamente.

Iruka se dirigió a Sasuke

-¿Cuándo fue la última vez que comiste, Sasuke?

El azabache movió la cabeza, desafiante, mirándoles con odio.

-No tengo hambre.

-¿Cuándo, Sasuke?

Pero el azabache sólo irguió con desdén la cabeza; Iruka se volvió hacia el tío, reprimiendo las ganas que tenia de golpearlo ahí mismo.

-¿Cuándo?

-A los niños rebeldes hay que domarlos- dijo, mientras le miraba desafiante.

Sasuke comenzó a toser. Era un sonido siniestro.

"Han pasado cinco días desde la última vez que fue a ver a Naruto", pensó Iruka. Arropó al azabache, lo metió en su auto y lo llevó directamente al hospital. Ahí los doctores le diagnosticaron un caso leve de bronquitis y desnutrición, y lo retuvieron esa noche. Furioso y enfermo, Iruka regresó a su oficina para apelar a la ley y a todas las autoridades una vez más.

Así todo había cambiado al menos para Sasuke. Ahora permanecería en una casa hogar para niños maltratados, nunca más regresaría con su tío. Aun así, Iruka deseaba poder hacer algo más por Naruto y por Sasuke.

-Naruto- le dijo cuándo fue a visitarlo al hospital al día siguiente-, vas a ir a Bournemouth, a la playa. Y Sasuke irá contigo- hizo un dibujo y escribió abajo: "El mar", y después se le ocurrió otra cosa, delineó algunas nubes y escribió: "cielo".

La sonrisa de Naruto fue radiante y por un momento Iruka casi pudo jurar que el cuarto se ilumino por su sonrisa.

-¿Cielo? – dijo y miró por las ventanas del hospital.

Naruto y Sasuke pudieron caminar juntos por la playa y fueron felices. Ninguno de los dos había visto nunca el mar y se sentían conquistados por su increíble inmensidad y magnificencia. Un tumulto de nuevos colores, diferentes formas y gran cantidad de aromas deslumbró a Naruto. Durante unos momentos Sasuke se quedó maravillado con el paisaje natural, respirando la tranquilidad y paz que había en el lugar, pero al voltear y ver el rostro de Naruto, no pudo evitar una pequeña sonrisa, en ese momento se juró a si mismo ser más fuerte, él lo protegería de todos, con tal de que esa sonrisa no desapareciera nunca.

La casa para convalecientes donde se hospedaron la dirigía un amistoso grupo de monjas y ayudantes que estaban acostumbrados a recibir a todo tipo de niños víctimas del maltrato y asustados que llegaban para recuperarse. El personal a cargo hacía lo que podía por curar los cuerpecitos; sin embargo, las mentes golpeadas y llenas de cicatrices tomaban más tiempo en sanar. Sólo podían rodearlos de afecto y amabilidad, y esperar.

Una vez, mucho antes de que sus oídos se dañaran, Naruto había podido escuchar la música con claridad, ahora recordaba aquello como un maravilloso dolor que le producía deseos de reír y llorar al mismo tiempo. Al rubio le parecía que las olas eran parte de esa misma música; tenían ritmo. Las miraba estrellarse en cascadas incesantes de azul, verde y plata. Con elevadas crestas blancas y onduladas. Su música penetraba en la cabeza de Naruto curando las heridas internas.

Sasuke también estaba encantado, hizo una pequeña pirueta en la arena y saltó en torno de Naruto para verle sonreír por y para él. Algunas veces Sasuke hablaba con él solo para divertirse, sin preocuparse por hacerse entender. Ahora sabía que a su rubio (porque sí, Naruto era su rubio) le gustaba la sensación de compañía que da la conversación, y que podía seguirla sin mucha dificultad; a veces, incluso, lo sorprendía al emplear vocablos poco comunes. El azabache pensaba que era porque el rubio leía muchos libros y que sus palabras eran como los libros que lo habían rescatado varias veces de la soledad cuando estaba en la escuela: largas y serias.

Sasuke tenía la vista fija en una roca.

-Mira dobe, hay una gaviota en esa roca… No, no es. Es negra, con el cuello largo, creo que es…

-Cormorán- dijo Naruto claramente.

El azabache se detuvo y volteo a verlo

-¿Cómo lo supiste?

Pero Naruto sólo sonrió con su sonrisa seráfica y siguió contemplando el mar.

Cuando el clima se tornó más cálido, una de las monjas, la hermana Midori, les dijo que podían nadar, así que se pusieron todavía más felices.

Naruto, de pie con la turbulenta agua verde azulada hasta la cintura, miraba hacia abajo, al arenoso lecho marino. No chapoteó como los otros niños, que reían y gritaban al pasar entre las olas. En vez de eso vadeó cada vez más lejos y dejo que su cuerpo se hundiera lentamente, hasta que solo la cabeza asomaba en la superficie. Era un milagro aquel mundo nuevo, silencioso y de movimientos lentos bajo el agua; se preguntó qué sucedería si se sumergía por completo en aquel mundo hermoso y sin problemas.

Se hundió en el agua y miró hacia abajo.

-¡Oye!- Exclamo Sasuke-. ¿Qué estas tratando de hacer dobe? ¿Ahogarte?- Lo sacó de un tirón por los cabellos y lo sostuvo farfullando y sin aliento. – No eres un pez, ¿Sabes? – Pero observó tal desolación en el rostro de su rubio que dejo de regañarlo-. ¿Qué sucede dobe?

-Puro- susurro el rubio-. Sin… maldad.

Sasuke lo comprendió. Él también vivía en un mundo feo y sórdido. Así que le pidió a la hermana Midori que le consiguiera un visor con tubo de respiración. Entonces el mundo acuático de Naruto floreció, se movía entre las rocas y los flotantes hilos de algas, y en muy poco tiempo aprendió a nadar. El problema surgió cuando ya no quería salir del mar, provocando que el azabache tuviera que arrastrarlo de regreso a la playa entre regaños y reproches, que eran interrumpidos cuando el rubio lo miraba con sus hermosos ojos azules que poco a poco comenzaban a recuperar su brillo.

Por las tardes Naruto pasaba mucho tiempo dibujando, mientras Sasuke charlaba. Pero cuando en verdad quería hablar con él simplemente hacía que él lo mirara de frente para que pudiera ver su boca; un día Sasuke decidió preguntarle cosas de su familia.

-¿Recuerdas a tu papá?

Naruto se quedó en silencio por unos momentos, pensando.

-Tostado por el sol- dijo el rubio lentamente, su propia voz le resonaba lenta y áspera para sus oídos-. Alto, rubio y siempre se estaba riendo.

Buscó con torpeza en los bolsillos de sus pantalones vaqueros y sacó una estrujada fotografía que mostraba a tres hombres con cascos de seguridad y los brazos de unos sobre los hombros de los otros. Los brillantes ojos azules del hombre situado en el centro miraban directamente a la cámara. Con los pies separados, se encontraba a horcadas sobre cierto tipo de estructura de metal unida a un largo oleoducto semejante a una serpiente. Todos los hombres llevaban parkas, gruesas chaquetas forradas de lana y piel, con capuchas y cascos rojos. En el reverso de la fotografía estaba escrito con trazo claro y vigoroso:

Yo y mis compañeros Choza y Shikaku. Con todo mi amor, Minato

Sasuke observo la foto con cuidado, el hombre del centro, debía ser el padre de Naruto, se parecían bastante, y según la inscripción se llamaba Minato.

-¿Es ahí donde trabajaba?

Naruto asintió. Los dos escrutaron la estructura de metal. ¿Se trataba de un barco? ¿O de algún muelle?

-¿Qué es?- Pregunto Sasuke- ¿Una grúa?

Naruto pensó con cuidado la pregunta, esforzándose por recordar.

-No- respondió un tanto dudoso. Luego saco un lápiz y papel, y delineó una alta estructura de soportes anchos y firmes. Después dibujo en la parte de arriba un chorro de un líquido negro que se elevaba por los aires.

-Petróleo- dijo Sasuke, con una sonrisa de medio lado, ocultando la emoción que sentía en ese momento-. Una plataforma petrolera. ¿Dónde está, dobe?

Naruto se concentró nuevamente. Recordaba al hombre alto y rubio que llegaba a casa y lo subía a los hombros. Llevaba puesta una abrigadora chaqueta como las de las fotografía. La capucha de piel le hacía cosquillas en las piernas cuando iba montado sobre la espalda de su padre.

-La parka…- señaló otra vez la fotografía-. ¿Por el frio?

-Entonces no es Irak- dijo Sasuke, mientras miraba con atención la fotografía- Debe ser el petróleo del Mar del Norte- le dibujó un mapa de Inglaterra y Escocia y puso una cruz en el Mar del Norte.

-Ahí es donde está. Cuando seas mayor podrás ir a buscarlo. – Luego agrego en un susurro- Y yo iré contigo.

Nunca estaba muy seguro de qué palabras escuchaba Naruto y cuáles no. "Cuando seas mayor podrás ir a buscarlo"… Aquellas palabras de Sasuke las había escuchado con total claridad, perdiéndose en su significado, sin escuchar el susurro que le continúo.