Un día llego un visitante a la oficina de Iruka.

-¿Puedo servirle en algo?- inquirió el castaño al tiempo que levantaba la mirada de los documentos que revisaba en ese momento.

-No lo sé- replico el hombre-. Tal vez sea yo el que pueda ayudarlo a usted.

Iruka notó que era alto, con una espesa mata de cabello gris, peinado de una extraña forma; usaba un viejo suéter color café y pantalones vaqueros desteñidos.

-¿Podría preguntarle por el caso de Naruto Uzumaki?

El castaño le miro impaciente.

-¿Qué pasa con él? No me corresponde discutir ese caso con extraños.

Él peli gris sonrió.

-No soy un extraño. Al menos, no para Naruto.

Fue hasta ese momento que capturo la atención de Iruka, que lo miro entre ingenuo e interrogante, una mirada que sin lugar a dudas exigía que explicara a lo que se refería.

-No creo estar equivocado- dijo-. Pusieron su fotografía en el periódico local. Y él firmaba sus dibujos como "Naruto". ¿Es muy rubio, con ojos azul como el cielo y una sonrisa absolutamente encantadora?

-Sí- respondió Iruka también con una sonrisa-, ése es Naruto.

-Bueno- el hombre lo miraba de una manera seria y amistosa-. Supongo que nunca habló de mí. Soy el hombre-que-pinta.

-Naruto nunca habla mucho de nada.

-¿Nunca le mostró sus dibujos? ¿Los que están hechos al carbón?

-Sí, lo hizo- asintió, comenzando a sentir una extraña sensación con el desconocido que estaba frente a él, tal vez a primera vista el verlo con esas fachas y parte del rostro cubierto habían despertado todas sus defensas, pero al escucharlo, todo eso se había olvidado, ahora sentía una extraña sensación difícil de describir.

Él peli gris le relató pacientemente todo lo que sabía de Naruto.

-Solía ir cada lunes. Debí haberme preguntado qué sucedía con la escuela, pero estaba tan feliz dibujando…- se detuvo-. A propósito, mi apellido es Hatake, me llamo Hatake Kakashi. Soy pintor. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarlo? El muchacho de verdad tiene aptitudes para dibujar, debería recibir la preparación adecuada.

-¿Se dio usted cuenta de que era sordo?

-¿Sordo? ¿Era eso? Sabía que le ocurría algo- luego pareció sorprendido-.Seguramente no es de nacimiento, ¿Verdad?

-¡Oh, no!- dudó- probablemente fue provocado por un golpe… o, más exactamente, por muchos.

-¿Pueden hacer algo los médicos?

-Todavía no lo saben. Lo supimos por accidente.

-¿Poraccidente? ¿Quiere decir que no lo descubrieron en el hospital?

-No. Le tomaron radiografías de la cabeza en busca de fracturas y lo trataron de verdugones provocados por un cinturón de cuero con hebilla de metal, quemaduras en los pies y conmoción. Gracias a dios el pequeño Sasuke me lo dijo. – Le conto sobre Sasuke.

-¿Suceden este tipo de cosas con frecuencia?

Iruka suspiró.

-Muy a menudo, y ni siquiera tocamos la punta del iceberg.

Kakashi le miró.

-Dígame qué es lo que puedo hacer.

-Podría hablar con los doctores- le respondió-. Y podría respaldarme cuando el comité tome la decisión de enviar a Naruto de vuelta a casa.

-¿Otra vez a su casa? ¿A eso? Nopuedenhacerlo.

-Dirán que la madre tiene derecho de cuidar de sus propios hijos. Cuando ella solicite que se los devuelvan, lo harán.

-¡Eso es algo atroz!

-Sí, pero a veces funciona mandarlos a casa. No podemos hacer caso omiso de la responsabilidad. Aunque, en este caso, conozco a Kushina Uzumaki… y también al Oso.

-¿No puede convencer al comité?

-No puedo hacer nada sin su consentimiento, a menos que actúe como individuo privado y eche a perder mi futura carrera.

-¿Y lo haría? ¿Por Naruto?

La expresión en la boca de Iruka mostro firmeza, mientras sus ojos una ligera sorpresa por las palabras del peli gris, aunque rápidamente mostraron una seguridad inquebrantable.

-Sí, por cualquier niño en peligro- dijo-. Si es necesario… ¡Y al demonio con los comités!

Pero pese a eso, cuando el comité discutió el caso de Naruto Uzumaki, Iruka no pudo hacer nada para evitar que tomaran la decisión errónea.

-La madre a pedido que se lo devuelvan- dijo el consejero local-. Debemos respetar el papel de la madre de familia.

-¿Incluso aunque ella sea totalmente incompetente?- pregunto Iruka

-Creo que a tomado cursos de economía domestica, ¿No es así?

-Pero ¿Puede proteger a Naruto del Oso?- Inquirió, tratando de hacerles ver el peligro que era para el pequeño el volver a esa casa.

-El hombre recibió una sentencia suspendida y una multa. Eso deberá persuadirlo de ejercer más violencia.

-Lo dudo- la voz de Iruka era seca-. Él simplemente e enfurece, no piensa en las consecuencias. ¿No podemos recomendar que los niños permanezcan con nosotros un poco más?- suplicó- Naruto puede quedarse con las monjas en Bournemouth.

-No por tiempo indefinido, además ¿no van a hacerle los médicos pruebas en los oídos?

-- convino Iruka, al ver un rayo de esperanza-. Entonces, ¿Podría regresar al hospital?

-Tenemos mucha escasez de camas- comenzó el consejero.

-¡No es cierto!- lo contradijo una voz que provenía del otro lado de la mesa. Era Tsunade, la doctora que atendió a Naruto por primera vez, cuando Iruka lo encontró-. En este momento el pabellón de niños no está lleno. Puede quedarse ahí mientras los especialistas lo examinan.

-Suena mejor- dijo Iruka, transmitiendo cierto alivio en el tono de voz.

-Entonces, dejemos que los otros niños regresen con la madre. ¿Es ésa la opinión mayoritaria?- preguntó el consejero, mirando retadoramente a Iruka.

-Supongo que sí- susurró Iruka, sabiendo que sería inútil seguir discutiendo.

-Sera mejor que los visite con frecuencia- comento su única aliada en la reunión, la doctora Tsunade, que debido a sus grandes logros en el mundo de la medicina, tenía bastante poder e influencia.

-Así lo haré- estuvo de acuerdo Iruka-. ¡No se preocupe!

-Entonces queda decidido- dijo el presidente del comité-. Le haremos la recomendación a la Corte. ¿Y qué hay del niño Uchiha Sasuke?

Al tío se le había advertido dos veces, fue encarcelado una vez y puesto a prueba. Esta vez no le devolverían al niño.

A Iruka le parecía totalmente injusto que el comité considerara siquiera enviar a Naruto de vuelta con el Oso, mientras asignaban alegremente a Sasuke a la casa hogar para niños maltratados por el resto de su niñez. Pero supuso que sería un desacato decirlo.

Una vez en la calle, Iruka se restregó los ojos con la mano cansada, sintió como alguien lo tomaba del brazo; luego una voz amistosa y amable dijo:

-Se ve derrotado. Venga, le conseguiré un café.

Iruka miró el rostro preocupado de Hatake Kakashi.

-No sé qué es lo que hace aquí, pero gracias. Sí, en verdad necesito tomar un café- luego dijo en un tono más triste- Fallé, Kakashi.

-Tonterías- respondió con firmeza-. Tuvo un retraso temporal- guiándolo hasta un café cercano y lo hizo acomodarse en una mesa-. Ahora- dijo sonriendo- ya puede llorar en mi hombro.

Iruka sonrió, sonrojándose ligeramente.

-¡Tal vez lo haga!

Se sentaron juntos tranquilamente, sin hablar mucho, pero pronto Kakashi saco un pequeño libro de su bolsillo y le dijo con suavidad:

-Al final ganarás, ¿Sabes?

Sin embargo, Iruka no se sintió tan seguro al pensar en Sasuke y Naruto.