Unos cuantos días después de la reunión del comité, Iruka fue a Bournemouth a visitar a los niños. Le compró a Naruto una caja de lápices de colores y algunos pinceles, mientras que a Sasuke, le llevo un dinosaurio de peluche y algunos juegos de destreza.
-No te dejaran regresar a casa- le informó a Sasuke con aflicción.
-Aja- respondió el azabache-. Estaré bien- Miró a Naruto que estaba absorto en su pintura-. ¿Y qué va a pasar con el dobe?
-Él sí regresará- le dijo Iruka, sintiendo algo parecido a la desesperanza.
Sasuke se veía consternado.
-¿Con el Oso? Deben estar locos.
-Lo multaron y le suspendieron la sentencia. Si vuelve a pegarle, irá a prisión.
-Volverá a hacerlo. Usted lo sabe- luego preguntó súbitamente-. ¿Cuánto tiempo nos queda?
-Otra semana- Iruka lo miró con tristeza-. Fue todo lo que pude hacer.
Después del primer intento por levantarse de la cama e ir a ver a sus hermanos, cuando se encontraba en el hospital, Naruto no había vuelto a verlos y se sentía tan débil que ni siquiera había preguntado como estaban. Cuando Iruka le explicó que los pequeños regresarían a casa mientras que él permanecería un tiempo más en el hospital, el rubio no quiso aceptarlo.
-No- replicó-. No hay que dejarlos solos.
-Tu madre estará con ellos…
-¡No!-movió la cabeza negativamente- No tebayo.
Iruka se quedó perplejo, desesperado acudió a Sasuke, pero el azabache se puso de lado de Naruto.
-Mire, no funcionaría. El dobe hacía muchas cosas por sus hermanos, les daba de cenar y todo eso. También lavaba la ropa, su mamá jamás lo hace.
-¿Cómo lo sabes?
Sasuke sonrió de medio lado, con prepotencia.
-A veces hasta Naru habla-después de un momento suspiro-.Está bien, conversaré con él, pero no servirá de nada.
El azabache tomo con firmeza a Naruto por los hombros y lo hizo mirarlo de frente, asegurándose de que mirara con atención sus ojos y sus labios.
-Dobe-le dijo-, los doctores pueden hacer que tus oídos realmente mejoren. ¿No quieres escucharlo todo? ¿No quieres escucharme mejor?
El rubio le miro con atención, sonrió como solo lo hacía con el azabache y asintió.
-Bueno. Entonces-prosiguió Sasuke- , ¿Por qué no te quedas en el hospital?
Naruto lucho por decirlo claramente, sin que el ruido en sus oídos le lastimara.
-Toda… la noche… no tebayo- las palabras hicieron eco en su cabeza; la voz sonó ronca y extraña. Pero sabía lo que significaba: Nagato y Hiraki luchando para que les dieran de cenar; el bebé lloraría sin que nadie lo cambiara; El Oso llegaría gritando y solo estaría el pequeño Nagato para hacerle frente. Un escalofrió corrió por su columna, temblando ligeramente, siendo notado únicamente por el azabache.
-No– le dijo a Sasuke con una nueva determinación brillando en sus hermosos ojos azules-. ¡Toda… la noche… no!
Sasuke se inclinó y le dio unos golpecitos en el brazo
-Está bien, se lo diré, no te preocupes –Le sonrió- Vamos fuera.
Lo llevo a la playa y jugaron carreras, donde Sasuke le daba algunas ventajas y en ocasiones le permitía ganar. Sin embargo, más tarde se lo informo a Iruka y le repitió la negativa de Naruto a permanecer toda la noche en el hospital.
Por lo general los niños se iban a la cama poco después de cenar, pero la hermana Midori decidió hacer una fiesta la última noche que Naruto y Sasuke pasarían juntos.
Hubo más comida, globos, sombreros de papel y alguien consiguió unas luces de bengala. Los niños jugaron a corretearse por el oscuro jardín mirando cómo las chispas iluminaban las hojas y rieron… rieron…
Sasuke despertó más tarde esa noche y observó sobre su cama un delgado y brillante rayo de luz de luna, se levantó y se acercó a la ventana. La clara luz se derramaba en el jardín y más allá resplandecía sobre el mar.
"Naruto debe ver esto", pensó. Se enfundó en sus pantalones vaqueros, se puso un suéter ligero y se acerco a la cama que ocupaba el rubio. La cama de Naruto se encontraba cerca de la puerta, supo antes de tocarlo que él estaba despierto.
-Ven-susurró-. Quiero que veas algo…
Sin dudarlo, el rubio se levantó, se vistió y lo siguió. Se deslizaron escaleras abajo y atravesaron el recibidor hasta la puerta del jardín, giraron la llave y la puerta se abrió.
Naruto se quedó sin aliento y contempló el paisaje. Más allá del jardín vio la luz de la luna sobre el mar.
-Plata- dijo como si soñara.
-Vamos- Sasuke lo tomó de la mano y luego tiró de él-. Está bien, no hay problema.
Lo hizo bajar de prisa las escaleras hasta la playa.
Sin pensarlo arrojaron su ropa en la arena y se encaminaron silenciosos, tomados de la mano, hacia el mar bañado por la luz de la luna. Era como nadar en plata liquida. Cuando levantaban los brazos las gotas de agua caían como si fueran centellas de plata, calladamente Naruto se puso a nadar siguiendo el sendero de plata fundida.
-Oye-advirtió Sasuke-. Regresa, te vas a hogar dobe.
Tiró de él y luego lo dejó holgazanear y soñar y también permitió contemplar cómo las centellas plateadas se deslizaban mientras el mar se movía a su alrededor. Finalmente, Sasuke sacó a Naruto del agua, lo tomo de la mano y lo hizo correr de un lado a otro en la arena para que se secara, disfrutando las risas divertidas del rubio.
Luego volvieron a vestirse y Sasuke dio vuelta a Naruto hacia él para que lo mirara de frente.
-Escúchame-ordenó-. Nadie puede quitártelo. ¿Me oyes? Es tuyo. Todo esto… para siempre –movió la mano señalando el plateado mar y repitió con suavidad-. Todo tuyo. ¿Entiendes?
Naruto lo miró a la cara con atención, levantó una pequeña piedra blanca y la puso en la mano del azabache.
-Mío-dijo- y tuyo.
Cuando Naruto llegó a casa a la mañana siguiente, descubrió que los otros niños habían llegado antes que él, se veían limpios y bien alimentados.
-Hola-dijo Nagato-, ¿Te sientes mejor?
Naruto asintió. Su madre apareció cargando al bebé, traía el cabello peinado y tenía puesto un vestido nuevo; la mujer apoyó la mano sobre el hombro de Naruto y lo abrazó.
-¿Estás mejor? Te vez como un muchacho distinto.
"Un muchacho distinto. Sí",pensó el rubio "Sí, lo soy". Después de quince días en paz y tranquilidad, sin tensiones, las campanas que sonaban en su cabeza se habían reducido a un mero zumbido ocasional.
-Prepararé la comida-dijo su madre alegremente mientras colocaba al pequeñuelo en su sillita de bebé-. Siéntate, Naruto. ¿Te parece bien un rico plato de ramen?
Por un momento Naruto cerró los ojos. Se le hizo un nudo en la garganta. ¿Cómo decirle que aún veía la cacerola caliente llena de fideos cayéndosele de las manos… que aún recordaba la expresión en el rostro del Oso cuando se le echó encima?
Se sentó y le sonrió.
-Ramen está bien.
Mientras tanto, el Oso tenía más motivos para guardar rencor. En el juzgado lo seguían molestando cada semana con la multa que tenía que pagar a plazos, el sargento de la policía lo molestaba por lo de la sentencia suspendida y estaba pendiente de que no le pusiera otro dedo encima al joven Naruto, la gente del servicio social lo molestaba por su mala conducta hacia su esposa.
No era justo.
No iba a tolerarlo, pero según el sargento de la policía, si no lograba soportarlo iba a tener que pagar un montón de dinero.
