Aquí les dejo el primer capítulo de esta historia, que es AU de una historia que me cautivo en su momento y quería mostrársela y quiero aclarar, que sé muy bien que "invidente" no es un buen termino para una persona ciega, pero, lo que en realidad me refería era a su visitante, solo que mi celular está en su auto corrector: / y se que suena un poco con Crossover pero, no lo puse porque la aparicion de otros personajes es muy nula.
Espero que lo disfruten, Muchos besos.
SouMako 3
Su llegada
No le habían dicho que él era ciego.
Sousuke Yamazaki miraba por la ventana del salón, observando el coche que acababa de detenerse frente a su casa. El conductor ayudó a un joven a salir y le dio el tradicional bastón blanco.
La ceguera de aquel joven iba a complicar las cosas, pensó. Y todo era ya demasiado complicado.
Mientras se acercaban, Sousuke los estudió. Sabía que el hombre era Aomine Daiki, el comisario que, junto con Kagami Taiga, había preparado aquella operación. Aún no sabía el nombre del joven y, en cualquier caso, nunca conocería su verdadera identidad.
En los ocho años que llevaba siendo capitán de policía en Iwatobi, nunca había tenido que involucrarse en un caso como aquel. Y solo lo había hecho porque Kagami se lo había pedido.
No podía ver bien las facciones del joven, que caminaba torpemente apoyándose en el bastón. Llevaba gafas oscuras y el viento le lanzaba el cabello claro sobre la cara.
Estaría bajo su custodia durante un par de semanas y él sería el responsable de que aquel chico no sufriera daño alguno.
Sousuke se apartó de la ventana cuando oyó el timbre.
—¿Comandante Yamazaki ? —preguntó un hombre de cabello azul y aspecto serio.
—Soy yo.
—Soy el comandante Daiki.
—Entren, por favor.
Mientras Sousuke cerraba la puerta, Aomine ayudó al joven a sentarse en el sofá. Sousuke lo hizo frente a ellos, esperando pacientemente a que Daiki se decidiera a contarle qué se esperaba de él.
—Comandante Yamazaki , el es…
—Shintarou Ryuota —lo interrumpió el chico en voz baja.
Sousuke supo inmediatamente que no era su nombre auténtico. Había sonado raro, como si fuera la primera vez que lo pronunciaba.
—Encantado. Espero que no hayan tenido problemas para encontrar la casa.
—Ninguno —dijo Daiki, sin decirle de dónde venían.
—¿Ha estado en Iwatobi alguna vez, Shintarou?
—No. Nunca pensé en venir aquí.
—Pero aquí estamos —sentenció Daiki.
—¿Quieren tomar algo? —ofreció Sousuke
—No, gracias —contestó Daiki Después de eso, se quedaron en silencio, obviamente incómodos
—.¿Por qué no me
acompaña al coche para sacar las cosas de Shintarou-kun? Tengo un poco de prisa —sugirió—. Shintarou-kun, seguiremos en contacto.
—Muy bien —asintió él.
Apoyado en el respaldo del sofá, parecía pequeño y frágil.
Sousuke siguió a Daiki hasta la puerta.
—Pensábamos que la investigación solo duraría un par de semanas, pero parece que va a durar un poco más —dijo el comandante cuando llegaron al coche—. Durante el último mes ha vivido en diferentes hoteles, pero le está afectando mucho tanto cambio, así que hemos decidido buscar algo permanente —añadió, abriendo el maletero y sacando una maleta y una bolsa de viaje.
—¿Por qué no está en el programa de testigos protegidos? —preguntó Sousuke .
—Porque la gente contra la que tiene que testificar podría tener acceso a información sobre ese programa.
No podemos arriesgarnos. Hemos decidido salirnos del sistema para protegerla.
Sousuke se sentía intrigado.
—¿Y por qué yo? —preguntó. Era una pregunta que llevaba haciéndose desde la llamada de Kagami.
Por primera vez, la sombra de una sonrisa iluminó el rostro de Aomine .
-Iwatobi , no es exactamente una metrópolis.
—Yo no le diría eso a los habitantes de Iwatobi —bromeó Sousuke.
—Hemos elegido este sitio por varias razones. Es un pueblo pequeño, su hoja de servicios es impecable y no tiene familia. Ni esposa, ni novia —explicó el hombre. Sousuke empezó a preguntarse hasta dónde habrían llegado en sus investigaciones sobre él—. Además, Kagami nos dijo que le debía un favor y no podría negarse.
Kagami Taiga había sido su mentor cuando ingresó en la academia de policía. Sin el interés y la paciencia de Taiga, Sousuke no habría conseguido soportar el entrenamiento.
—¿Hay algo que deba saber? —preguntó Sousuke .
—No. Intente no cambiar su rutina diaria y dígale a cualquiera que le pregunte que es su novia y ha venido a visitarlo durante unas semanas. Su trabajo consiste básicamente en que no le ocurra nada —contestó Daiki, abriendo la puerta del coche—. Solo tres personas saben dónde está, pero debe recordar que es testigo en una investigación y que su vida podría estar en peligro. No confíe en nadie y asegúrese de que él tampoco lo haga —añadió, cerrando la puerta del maletero y entrando en el coche—. Estoy seguro de que todo va a salir bien.
—¿Cómo podría ponerme en contacto con usted si hiciera falta?
—No tendrá que hacerlo —contestó Daiki antes de arrancar.
Sousuke se quedó mirando el coche hasta que desapareció en una curva. Durante las siguientes semanas, tendría que compartir su casa con una testigo ciega cuya vida estaba en peligro. ¿Cómo podía un joven ciego ser testigo de nada?, se preguntaba.
Pero sabía que no encontraría respuestas. Daiki le había dicho lo que necesitaba saber, nada más y nada menos.
Cuando entró en casa, Cecilia estaba en la misma posición en que la había dejado. ¿Desde cuándo sería ciego? ¿Lo era de nacimiento, o habría perdido la vista en algún accidente?
—¿Comandante Yamazaki? —llamó el. Había una nota de pánico en su voz.
—Sí, aquí estoy —contestó él, dejando la maleta en el suelo—. Pero será mejor que me llame Sousuke . Según Daiki, se supone que debo decirle a todo el mundo que es usted mi...mmh novio.
—Qué suerte tiene —murmuró Shintarou amargamente. Sousuke no sabía qué decir.
—¿Quiere beber algo? ¿Tiene hambre?
—No, estoy bien —contestó el—. Si voy a interpretar el papel de su novio, imagino que tendremos que inventar cómo nos conocimos.
Sousuke volvió a sentarse en el sillón, frente a él. Nunca hasta entonces se había dado cuenta de lo importante que era ver los ojos de una persona. Las gafas de sol eran desconcertantes.
—Como nunca ha estado en Iwatobi , se supone que nos conocimos en otra parte —murmuró él, pensativo—. Hace unos meses estuve de vacaciones en un camping. Podemos contarle a la gente que nos conocimos allí.
—¿Y quién iba a creer que yo estaba de vacaciones en un camping, montando una tienda?
Tenía razón, pensó Sousuke.
—Podríamos habernos conocido en un café, cuando yo volvía a casa.
—¿Y quién era yo?, ¿la camarero?
Sousuke empezaba a sentirse irritado.
—Oiga, tiene que ayudarme.
El se quitó las gafas de sol, mostrando unos preciosos ojos verdes enmarcados por pestañas oscuras.
—Lo siento. Estoy cansado —murmuró. Sin las gafas de sol, Sousuke podía ver que tenía ojeras. Seguramente, llevaba mucho tiempo sin descansar—. ¿Le importa si voy a echarme un rato? Podemos discutir los detalles más tarde.
—Por supuesto. Voy a llevarle la maleta a su habitación y después volveré por usted.
—Se lo agradezco.
Por primera vez desde que compró la casa, Sousuke se alegró de que la habitación de invitados no tuviera muchos muebles. Solo la cama, una mesilla y una cómoda. Al menos, no sería muy incómoda para una persona ciega.
Cuando volvió al salón, el estaba de pie, con el bastón en la mano y las gafas de sol sobre la cabeza.
—Vamos —dijo, incómodo, tomándola por el codo—. Hay un pasillo. Su habitación es la segunda puerta a la izquierda. El cuarto de baño es la primera puerta a la derecha —explicó. El permanecía tenso, como si no estuviera acostumbrado a que lo tocasen. Y era lógico que estuviera tenso. Aun en las mejores circunstancias, sería difícil ser ciego. En su caso, además, estaba en peligro y acababan de dejarlo en casa de un desconocido—. La cama está de frente, la cómoda a la izquierda y la mesilla, al lado de la cama —siguió explicando—. He dejado su equipaje en el armario, la puerta que hay al lado de la cómoda. ¿Quiere que lo ayude a sacar sus cosas?
—No, gracias. Puedo hacerlo yo solo —contestó el con sequedad, como si la pregunta lo hubiera irritado.
—Entonces, lo dejo para que descanse. ¿Quiere la puerta abierta o cerrada?
—Cerrada.
Sousuke volvió al salón y se acercó a la ventana, pensando en su invitado.
Shintarou era ciego, guapo y… pinchaba como un cactus. Pero sin saber qué le había pasado ni cómo se había visto involucrado en aquel caso era difícil criticarlo.
Sousuke se pasó las manos por las bolsas del pantalón; estaban sudorosas de la tensión. Tenía que cuidar de un joven ciego. ¿Aquello era una venganza? ¿La reparación del trauma de su vida?
De nuevo, el recuerdo lo asaltó. Por un segundo, recordó lo que había ocurrido una noche, mucho tiempo atrás. Los faros de su coche, la carretera oscura, el vehículo fuera de control, el árbol que se acercaba cada vez más hasta que…
Sousuke sacudió la cabeza, intentando apartar de sí aquellos pensamientos.
