Woah~ hace mucho que no actualizo mis historias, muy posiblemente actualizare más seguido en estos días, no sin antes pedirles disculpas por los errores, y agradecerles que me hagan hecho notarlos. En primer lugar los que mueren en la historia son Rei y Nagisa y los que forman parte del pasado de Sousuke son Rin y Haru, para que lo quiera saber :3 pero enserio gracias por decirme en que tengo errores y si en los próximos capítulos tengo díganme por favor :D

Capitulo 5

Mientras paseaba por el salón, nervioso, pensaba en el. Ceguera histérica, le había dicho. Nunca había oído hablar de aquello, pero sabía que la mente era capaz de cualquier truco.
Sousuke se quedó quieto cuando oyó que ella abría la puerta del dormitorio.
— ¿Sousuke?
—Estoy aquí —contestó él.
Shintarou entró en el salón y, en silencio, se sentó en el sofá.
—Creo que te debo una disculpa.
—No, soy yo el que te la debe —dijo Sousuke, sentándose frente a él—. Tenías razón. No tengo derecho a juzgarte. Lo que tengo que hacer es mantenerte a salvo.
—Tienes razón. Me debes una disculpa —dijo el entonces. Por primera vez desde que había llegado, una sonrisa iluminó su rostro—. Y la acepto, pero solo si tú aceptas la mía.
—Hecho —sonrió él.
Shintarou era muy guapo cuando estaba serio, pero cuando sonreía era más que guapo.
Sousuke sintió un escalofrío de placer al observar aquella sonrisa.
—Cuéntame qué hacen los buenos ciudadanos de Iwatobi para pasar el rato.
Sousuke se encogió de hombros y entonces recordó que él no podía verlo.
—No tenemos cine, ni bolera ni grandes almacenes, así que las diversiones son muy limitadas.
Sousuke se dio cuenta de que, mientras él hablaba, estaba estudiando sus facciones. No era de buena educación mirar fijamente a alguien, pero, en aquel caso, no había necesidad de apartar la mirada, ya que el no iba a sentirse incómodo.
Las horas que había dormido antes de su pesadilla habían sido suficientes para borrarle las ojeras. Sus pestañas eran extraordinariamente largas y sus labios muy carnosos.
— ¿Sousuke?
El se dio cuenta de que había dejado de hablar y se preguntó si Shintarou se daría cuenta de que estaba mirándolo.
—Estaba pensando. La mayoría de los adultos de Iwatobi se dedica a sentarse en el porche de su casa y charlar con los vecinos. Por la noche, mucha gente sale a cenar y… a chismorrear.
—Una vida muy diferente de la que yo vivía en… de la mía —se corrigió él a tiempo. Obviamente, Shintarou aún no confiaba en él y tenía miedo de decirle de dónde venía y qué era lo que la había llevado a Iwatobi, pensó Sousuke—. Sin cines ni grandes almacenes, ¿qué hacen los jóvenes aquí?
—Su sitio favorito es el mar, es muy hermoso ver el atardecer ahí. Cerca de ahí hay un árbol al que llaman «el árbol de los besos» y la leyenda dice que si besas a alguien debajo de ese árbol, su corazón será tuyo para siempre.
Makoto sonrió.
— ¿Has besado a alguna chica bajo las ramas de ese árbol?
—No. Estuve a punto cuando era joven, pero la idea de eternidad siempre me pareció demasiado profunda como para ir unida a un simple beso —contestó él—. Y, en este momento, el árbol y el perímetro que lo rodea están restringidos para todo el mundo.
— ¿Por qué?
Sousuke se levantó, incómodo al recordar el caso que había sacudido al pueblo entero.
—Hace dos semanas, un joven fue secuestrado en mitad de la noche —contestó, parándose frente a la ventana—. Lo ataron y le pusieron una venda en los ojos. Después, lo llevaron al árbol y lo dejaron allí. Lo encontraron unos jóvenes por la mañana.
—Qué horror. ¿Le hicieron daño? —preguntó Makoto, mirando alrededor, sin saber bien dónde estaba Sousuke.
—Físicamente, no. Pero quedó traumatizado —contestó Sousuke, sentándose de nuevo en el sofá cuando se dio cuenta de que a Shintarou le resultaba más fácil tenerlo cerca—. Al principio pensamos que podría ser una broma, una cosa de chicos. Pero la semana pasada volvió a ocurrirle a otro joven.
— ¿Sigues pensando que es una broma?
—Si los jóvenes fueran chicas, podría pensarlo, pero no lo son. Son chicos que dicen haber sido besados por un hombre.
—Vaya, parece que lo último que necesitas ahora mismo es tener que cuidar de un chico ciego —dijo Makoto. Pero en ese momento no había auto compasión en su voz.
—No te habría dicho esto, pero como vas a estar aquí algún tiempo, seguro que alguien te lo contará —murmuró Sousuke, pasándose la mano por el estómago, donde estaba seguro empezaba a tener una úlcera—. La intrépida reportera de Iwatobi ha decidido descubrir ella misma el misterio del caso Casanova.
Le dolía el estómago al pensar en Yukiko Shimazaki, que normalmente era una pesada pero que, últimamente, se había convertido en una piedra al cuello. Durante la última semana la había sorprendido husmeando cerca del árbol para encontrar pistas sobre el «sádico que tenía a Iwatobi aterrorizado». La última vez, la había amenazado con arrestarla si volvía a encontrarla allí.
—Casanova… ¿así se llama el caso?
—Así es como nuestra reportera lo ha llamado.
Makoto suspiró, acariciando su cabello entre los dedos. Sousuke se dio cuenta de que le temblaban las manos ligeramente.
—La verdad es que no hay ningún sitio en el mundo que sea seguro. Uno piensa que está a salvo en su propia casa, pero no hay garantías —murmuró, clavando sus ojos verdes en Sousuke, como si pudiera verlo. Y, sin embargo, en ellos solo había sombras de la pesadilla que había tenido que sufrir—. Dime que estoy a salvo aquí, Sousuke. Necesito saber que, durante un tiempo, puedo olvidarme del miedo.
Cuando Sousuke miró aquellos luminosos ojos verdes sintió la tragedia y el miedo que emanaba de ellos y deseó poder asegurarle que no iba a pasarle nada, pero él no era hombre de falsas promesas.
No sabía nada sobre la situación de aquel testigo, ni sobre los peligros que lo acechaban. No le mentiría: no podía darle garantías.
Algo, una expresión de necesidad en sus ojos, lo perturbaba, y eso no le gustó. No le gustó nada. No quería sentirse atrapado en aquel drama, no quería saber la historia de su vida o qué era lo que la había cambiado drásticamente.
Shintarou Ryuota era una cuestión de trabajo, nada más y nada menos. En dos semanas, el trabajo habría terminado y Shintarou desaparecería de su vida.
—Mi trabajo es mantenerte a salvo y eso es lo que pienso hacer —le dijo.
Su trabajo no consistía en ayudarlo a recuperar la vista, ni a recuperarse de la tragedia que el destino había puesto en su camino.
Pero, a pesar de estar seguro de cuáles eran sus responsabilidades con respecto al joven de ojos verdes, no podía apartar de sí la sensación de que si no tenía cuidado, podía llegar a involucrarse demasiado con aquel chico.

Y asi se termina este capítulo :3 ¿Reviews?