Capítulo V: ¿Sueño o Pesadilla?

Luego de continuar caminando por unos 10 o 15 minutos, ambas finalmente llegaron al lugar acordado, durante ese lapso ninguna soltó la mano de la otra pues eso las reconfortaba. Después de esperar por casi una hora, finalmente Rin reconoció a la mujer que venía por ellas.

—Vaya, creí que te arrepentirías rubiecita ¡oh! Y lograste convencer a tu amiguita, prefecto—sonrió maliciosamente.

—Si… le dije que esta seria nuestra gran oportunidad—respondió Rin algo nerviosa.

—Y así será, te lo prometí ¿o no? —dirigió su mirada a Miku. —Y en cuanto a ti, bueno… estoy dudando de cuan buena serás… pero no importa, de seguro es solo por tu horrible apariencia, tal vez me esté equivocando en juzgar antes de tiempo—.

Miku volteó a ver a Rin, no estaba del todo segura de porque el comentario de la mujer (considerando que ambas estaban en las mismas condiciones), su amiga que pareció leerle el pensamiento solo levantó los hombros como respuesta de que tampoco entendía.

—D-disculpe, ¿usted es la que nos dará el trabajo? —preguntó Miku nerviosamente.

— ¿Qué no es obvio? —contestó de forma cortante —anden, vengan rápido, que la estación de trenes no esta tan cerca.

— ¿Estación? —preguntaron las dos al unísono.

—Si, a la estación de Trenes de Miyagi, ¿qué no la conocían?, por dios, si que han vivido aisladas de mundo— dijo sin importarle si ambas jóvenes se ofendían por el comentario.

Las tomó de las manos y sin esperar palabra alguna se las llevó directo a la estación, caminaba tan rápido que parecía llevarlas casi arrastrando; justo cuando llegaron Gumi se volteó a verlas.

—Escúchenme bien, si enserio aprecian sus miserables existencias, entonces me harán caso en todo lo que diga y espero no escuchar a ninguna queja de alguna de ustedes, ¿entendido? — ambas asintieron y ella prosiguió —perfecto, me gusta cuando las niñas son calladitas y obedientes, al final nadie quiere a las quejumbrosas ¿verdad? — sonrió mientras sacaba un par de billetes de una bolsita que tenía en su obi —en fin, tengo que ir por los boletos, quédense quietecitas yo vuelvo en un momento— dicho esto se dirigió a la taquilla.

Apenas se alejó Rin aprovechó para poder hablar con Miku. — ¿Y bien? ¿Qué opinas? —preguntó intentando romper la tensión que percibía de su amiga.

— ¿Ella? ¿o el hecho de que sigo sin saber a dónde nos llevan? — respondió con la vista fija en el suelo —porque en ese caso no tengo mucho que decir… solo que no me agrada esa mujer—.

—Vamos Miku, no estés así, se ve que después de un tiempo puede llegar a ser agradable— dijo como excusa —además, esto lo hacemos para tener un futuro mejor— sonrió intentando hacer sentir mejor a Miku.

—Está bien… solo espero que cuando lleguemos a donde sea que debamos llegar, ya no la tengamos que ver, enserio no la soporto— respondió sin mostrar expresión alguna en su rostro.

Antes de que Rin pudiese decir algo vio acercarse a Gumi, por lo cual la posibilidad de continuar con la conversación era imposible, solo pudo bajar la vista y soltar un suspiro de frustración pero no sabía si era por no poder seguir hablando o por la distante actitud de su amiga.

—Bien, aquí están— dijo mientras le entregaba su boleto a cada una. —El tren sale en cinco minutos, así que no se queden ahí paradas ¡vámonos ya! —. Las tres se dirigieron para subirse al tren y durante todo el camino hubo un gran silencio; Miku mantenía su vista fija en la ventana viendo pasar los paisajes, pero Rin se alternaba entre ver a su amiga o a Gumi quien de rato en rato prendía un cigarrillo y por lo visto, agradecía el silencio que reinaba. El camino empezaba a parecer eterno, pero para alivio de Rin, el tren finalmente se detuvo, Gumi se levantó rápidamente y sin necesidad de decir algo, ambas hicieron lo mismo y la siguieron.

— ¿Ya llegamos? —preguntó Rin.

—Claro que no, esta fue la primera de las dos paradas que se hacen para llegar a Kioto— le respondió Gumi quien iba a comprar otros boletos.

—Entonces ¿dónde estamos? —preguntó Miku confundida.

—En este momento estamos en Niigata, debemos tomar el próximo tren que nos llevará a Kioto, y ahí será su nuevo hogar—sonrió burlonamente mientras esperaban la llegada del tren.

— ¿Tan lejos estábamos de Kioto? — preguntó Rin en esta ocasión.

Gumi la vio a los ojos y no puedo evitar soltar un par de risas. —Niña, no sé ni para que preguntas, es obvio que si, pero como dudo mucho que en tu vida hayas visto un mapa no creo que entiendas algo de lo que te explicara—respondió mientras las hacia subir al tren que finalmente había llegado. —Además, ¿para qué demonios quieres saber eso?, a partir de hoy tu nuevo hogar es Kioto y punto, y aunque quisiera, no te diré más información, no me puedo arriesgar a que te escapes—.

Ambas se sorprendieron al escuchar eso último, ¿a qué se refería? ¿en qué diablos se habían metido?, fuera lo que fuera solo les quedaba suplicar que no les pasara nada malo. Después de unas horas el tren finalmente llegó a la estación y hasta ese instante se dieron cuenta de que había anochecido, pero en lugar de la emoción que se pudo haber tenido horas atrás, ahora ambas jóvenes compartían la incertidumbre de no saber que les esperaba.

Apenas salieron de la estación vieron un rickshaw* esperándolas, por lo visto el hombre que lo manejaba conocía muy bien a Gumi pues se habían saludado como si fueran viejos amigos, luego de intercambiar unas cuantas palabras con el hombre les indicó que subieran junto con ella.

—Vamos ¿qué esperan? ¡no tengo todo el día! — les gritó al ver la lentitud con la que caminaban.

Luego de subirse el hombre emprendió rápidamente el camino, las dos se sentían tan extrañas en el vehículo, incluso sentían que se caerían en cualquier momento, pero como no querían ser objeto de burlas tanto de Gumi como del hombre prefirieron mantenerse en silencio. Finalmente el rickshaw se detuvo y Gumi les indicó que se bajaran.

—Vengan, el resto del camino será a pie—.

—Por dios, hay mucha gente aquí— dijo Rin asombrada.

—Espero no perderme— completó la frase Miku.

—Si, si... es hermoso y todo eso— contestó Gumi con poco interés mientras las tomaba de las muñecas —estas pueblerinas se impresionan tan fácil…—.

Luego de unos momentos Gumi se detuvo en un lugar donde casi no había gente y que parecía abandonado a excepción de unas cuantas construcciones; el impulso de salir corriendo empezó a invadir a Miku y Rin pero como si Gumi hubiese leído sus mentes las sujetó más fuerte y continuo caminando y se adentró al barrio. Conforme caminaban se daban cuenta de que en la entrada de cada casa habían colgados letreros con kanjis que no podían leer, también se fijaron que en las afueras de las casas habían mujeres paradas y les llamó la atención ver que todas tenían amarrados los obis por delante y al igual que Gumi, todas tenían una excesiva cantidad de maquillaje. Finalmente Gumi se detuvo en una de las tantas casas, ambas alzaron la mirada hacia el letreo que había colgado e intentaban descifrar lo que significaban esos kanjis, pero casi de inmediato otra voz femenina captó su atención.

— ¡Hey Gumi! ¿Dónde diablos estabas? — le preguntó una joven de cabello rosa que al parecer hacia guardia en la entrada.

— ¿Qué no es obvio? — respondió mientras señalaba a Miku y a Rin. —Traigo mercancía nueva, ¿qué te parecen Luka? — le preguntó.

—Podrían estar peor, pero sabes que no soy quien decide si se quedan o no—.

—Lo sé, pero al verte aquí en lugar de la jefa…—

—Cállate, es solo temporal además eso demuestra que confía en mi— sonrió.

—Si ajá, como digas ¿dónde está ella? tiene que verlas—.

—Está en su oficina, más te vale que ya se le haya pasado el coraje que le hiciste pasar—.

—No puede estar enojada por siempre, además en cuanto vea a estas dos se le olvidará todo— sonrió mientras tomaba a la chicas y se adentraba al lugar. —Bien, ustedes dos acérquense—les ordenó cuando se detuvo frente a una de las tantas puertas corredizas —más les vale comportarse y no hacer nada estúpido o que me haga ver mal, porque si no tengan por seguro que hare sus vidas miserables ¿quedó claro? —sin esperar respuesta, deslizó la puerta y las jaló de los brazos para que entraran con ella.

—Hola señora, regresé con lo que prometí—dijo mientras se hacía de lado para que viera a Miku y Rin. Enfrente de ellas estaba una mujer de cabello café que las miraba sin expresión alguna.

— ¿Ellas? me has traído mejores Gumi-san—respondió mientras las seguía observando.

—No se crea, tras toda esa suciedad supongo que se ven mejor, nada que agua y jabón no arregle— contestó muy segura.

—Si, quizás tengas razón— se levantó y se puso enfrente de las dos jovencitas. —Haber ustedes dos, díganme como se llaman— les preguntó.

—Y-yo me llamo Rin—.

—Y yo Miku—.

—Gumi, ¿de qué maldito lugar las sacaste? ese acento no es de Kioto— volteó a ver con disgusto a Gumi —sabes que eso me molesta—.

—Son de una de las prefecturas de Tohoku, ya sabe que prefiero sacarlas de otros lugares, así tenemos más variedad—.

—En eso te doy la razón, pero habrá que corregirles ese acento, porque yo no pienso tolerar ese acento pueblerino—finalizó mientras regresaba a su lugar. —Gumi ya vete, necesito hablar solo con ellas— Gumi asintió y se fue de inmediato. —Bien, ahora me dirigiré exclusivamente a ustedes: a partir de ahora ustedes trabajaran solo para mi ¿entendido? Harán todo lo que yo les diga y espero no escuchar queja alguna porque si no les daré tantos azotes que no se podrán mover en semanas y mucho menos piensen en escapar, la que hace eso se puede considerar muerta y créanme cuando les digo que el infierno les parecerá un sueño a comparación del castigo que yo les impondré. Así como las puedo ayudar igualmente las puedo arruinar, así que procuren ser obedientes ¿entendido? Oh, y algo más, se dirigirán a mí como Madame Meiko ¿quedó claro muchachitas? —.

—Si Madame Meiko— respondieron ambas con la cabeza agachada.

—Y claro, también cambiar ese acento porque enserio no lo tolero—finalizó mientras les indicaba que se fueran.

Apenas salieron Miku se paró enfrente de Rin y se le quedó viendo como si espera alguna palabra de ella.

—Miku… por favor no te enojes conmigo, hay que pensar…—.

— ¡¿Pensar que?! no necesito más para saber que nos acabamos de enredar en algo muy malo— le interrumpió Miku con desesperación.

—Por favor, no te exaltes, y-yo no pensé que esto pasaría—intentó de tranquilizarle Rin.

Antes de que Miku pudiese responder algo fue silenciada por una extraña voz que provenía de una de las habitaciones de hasta el final del pasillo, ellas intentaron acercarse pues notaban que aquella extraña persona era una jovencita de edad similar a la de ellas y por lo visto trataba de decirles algo, sin embargo, antes de poder alcanzarla fueron interceptadas por Gumi.

— ¿Y bien? ¿Qué les dijo? —preguntó.

—Que podíamos quedarnos— respondió Rin mientras bajaba la mirada —y que fuéramos con Luka-san—.

—Perfecto— sonrió mientras se asomaba por la puerta para hablarle a alguien.

— ¡Luka! ¡ven para acá! — le gritaba a la peli rosada.

— ¡¿Qué demonios quieres?! —preguntaba molesta mientras entraba al lugar.

—Arréglalas, si la aceptó, pero hay que hacerlas ver mas decentes— le respondió mientras las empujaba hacia ella. —Y no te preocupes, yo hare la guardia por ti—finalizó mientras salía.

Luka no pudo decir mas y con resignación regreso la mirada a Miku y Rin para luego cambiar su expresión por una de asco —maldita… parece que lo hace solo para molestarme ¡¿y ustedes que miran?! — les gritó. —Primero las llevaré para que se bañen y luego tendre que hacer milagros para hacerlas ver bien— refunfuñó mientras las llevaba a un pequeño lugar. —Como ven aquí es donde se limpiaran, eviten tardar mucho porque no tengo todo su maldito tiempo— dijo mientras les indicaba que entraran —¡entren!... yo vuelvo en unos momentos—.

Después de unos minutos ambas salieron y se cubrieron con lo que parecían ser toallas pues vieron que sus viejas ropas habían desaparecido, pero antes de poder preguntar sobre ello fueron tomadas por Luka que las dirigió a otra habitación en el piso de arriba.

—En esta habitación hay un kimono para cada una, pónganselos rápido en lo que yo voy por otras cosas— dijo Luka mientras las empujaba al interior de la habitación.

Apenas deslizó la puerta para cerrarla, Rin se sintió con libertad de hablar. —Cada una es mas gruñona que la anterior, ¿no te parece Miku? — dijo intentando calmar el ambiente.

—Por lo visto es requisito que todas sean unas brujas gruñonas…—respondió Miku molesta.

—Tienes razón… pero hay que evitar provocarlas y así estaremos en paz—dijo Rin mientras extendía su nuevo kimono. —Miku… ¿estas enojada conmigo verdad? —preguntó nerviosamente.

—Aunque quisiera no podría… eres mi amiga y simplemente no puedo estar en contra tuya, me molesta la manera en cómo nos tratan esas arpías—respondió —además, debemos estar juntas pase lo que pase y eso vale mucho más que un enojo infantil— le sonrió.

—Me alegro de escuchar eso, por eso es que te quiero tanto—dijo Rin con una gran sonrisa.

Minutos después ambas tenían puestos los nuevos kimonos, el de Miku era azul con un par de flores bordadas en tonos chillones y el de Rin era amarillo con bordados también en colores chillones, justo cuando estaban por atarse los obis vieron entrar a Luka que las detuvo de inmediato.

—No sean tontas, asi no van—dijo mientras tomaba el obi amarillo de Rin y se lo amarraba por delante.

—Pero asi no lo usamos…—intentó excusarse Miku.

—Ni que fueras princesa—respondió Luka burlonamente mientras la tomaba y le amarraba el obi de igual manera. —En este trabajo hay que ser rápidas, al cliente le aburre esperar—.

— ¿Pues qué clase de trabajo es? —preguntaron al unísono.

—Dejen de estar de preguntonas, eso me molesta, yo solo vengo a arreglarlas— dicho esto saco una caja de madera con varios tipos de maquillaje en su interior y con varios tipos de brochas les pintó el rostro. —Listo, ya no se ven como sacadas de un basurero, solo falta una cosa— las peinó lo más rápido que pudo y les colocó varias peinetas y adornos a cada una. —Ahora si he terminado mi trabajo, iré por la jefa, ni se les ocurra moverse de aquí— les advirtió mientras salía de la habitación.

Luego de que se fue ambas voltearon a verse a un espejo y su expresión al ver como estaban superaba por mucho a la de sorpresa. — ¡Por todos los cielos! ¡¿Qué nos hizo esa bruja?! —gritó Miku al ver el exceso de maquillaje en su rostro.

—No tengo ni la más mínima idea… pero en cuanto pueda meteré la cabeza en un balde de agua, ni siquiera me puedo reconocer—dijo Rin intentando no perder la compostura. —Pero al menos tengo una cosa que si vale la pena—sonrió y tomó la horquilla que Miku le habia regalado —asi algo de mí viejo yo permanecerá intacto—.

Miku volteó al ver que Rin trataba de ponerse la tan apreciada horquilla y al ver que no podía con tanta cosa puesta en su cabello decidió ayudarla. —Espera Rin, primero hay que quitar uno de esos y así tendrás donde colocarla— tomó una de las peinetas desgastadas para luego lanzarla al piso y reemplazarla por la bella horquilla naranja —listo, ahora sí podré reconocerte—rió mientras se sentaba más cerca de Rin.

—Gracias, por eso te quiero—le sonrió de vuelta. —Oye, ¿qué crees que nos pase? —preguntó al recordar en donde estaban.

—Ni idea, pero sea lo sea permaneceremos juntas— le respondió intentando no pensar tanto en el asunto.

—Claro que así será— dijo Rin mientras se acercaba a darle un abrazo, pero este no duro demasiado pues se vieron interrumpidas por Luka.

—Tal como ordenó señora— dijo Luka mientras señalaba a Miku y Rin.

Meiko se acercó y sin decir palabra solo se les quedó viendo. —Bien hecho Luka, pero no bastan caras bonitas, tengo que ver si son buenas—.

—Por eso sabe que no hay problema, hoy no tendré tanto tiempo para todos mis clientes, ¿le parece si les doy unos? —.

— ¿Qué mosquito te pico, eh? tu nunca compartes a tus clientes— le cuestionó.

—Tiene razón, pero ya que estas inútiles me hicieron perder bastante tiempo no me quedará de otra—respondió mientras las miraba con enojo.

—Está bien, pero siento que tu "caridad" viene con trampa, ¿a quienes les vas a dar? —preguntó Meiko.

—Sabía que me lo iba a preguntar—respondió burlonamente —pues serian Rei y Mikuo-sama, ya sabe que ellos no son de mi agrado—.

— ¿Estas segura?, luego las nuevas no soportan tanto—.

—Y eso que importa, como sea tendrán que entender los gajes de este oficio ¿no lo cree? —.

Meiko se quedó pensando unos segundos. —Tienes razón, ve a preparar sus habitaciones y luego de eso te vas con tus clientes porque no pienso devolver dinero— finalizó mientras se retiraba.

—Por supuesto—dijo complacida. —Y en lo que respecta a ustedes dos, eviten gritar cuando estén con ellos, a nadie de aquí nos gustan las niñitas lloronas—les dijo mientras les dirigía una sonrisa perversa para luego irse.


Finalmente, despues de casi dos semanas al fin actualizo QwQ es que este cap si estaba largo y me tomo mas tiempo transcribirlo D: (incluso tuve que quitar partes que se me hicieron de sobra owo) pero al menos ya lo termine :'D bueno no tengo mas que decir XD oh cierto, las palabras que lleguen a tener asterisco(*) es porque al final dejaré la definición por si alguien no sabe que significan :3

Rickshaw: es un vehículo ligero de dos ruedas que se desplaza por tracción humana, ya sea a pie o a pedales.