"No sé por qué tenemos que obedecer las órdenes de Uchiha" Kiba repite una y otra vez mientras caminamos entre hierba húmeda y árboles gigantes. Es lógico, respondo, pues ha tenido mayor entrenamiento que el resto de nosotros –yo, por ejemplo, hace dos horas atrás no tenía idea cómo se empuña una daga.

Sakura avanza a mi lado. Somos las únicas chicas del grupo y debemos solidarizar entre nosotras, aunque sé que mi mutismo voluntario la desespera a ratos. Me comenta de la vida en Konoha, su pueblo natal, igual que Shikamaru.

-¿Has visitado Konoha alguna vez? –Dice muy animada.

-La verdad, nunca había abandonado mi ciudad antes de aquí. El frío no me es familiar.

-Debe ser duro, eh… en mi aldea los días son soleados, por lo general, pero el viento es tan helado que podría cortarle las manos a un hombre si no tiene cuidado –sonríe ante mi expresión de horror- la aldea escondida entre las hojas, la llaman…

-¿Habías salido de ella antes?

-Una vez visité Ahyri cuando era pequeña. La ciudad del hierro. Un nombre muy pomposo para industrias metalúrgicas amontonadas en la montaña.

-Me suena a gris… -Susurro sin pensar. Ella me observa sin comprender unos segundos.

-¿Gris?

-Sí. El hierro es gris, por lo que me imagino que la ciudad no tiene colores… como una fotografía de las viejas.

-Es una inferencia interesante, pero no, no es del todo gris… sí es bastante fea y podría deprimir incluso a Naruto –Al escuchar su nombre, él, que va unos pasos más adelante, se voltea y sonríe. Se une a la conversación, y Sakura pregunta de dónde viene él.

-Gamakally. Oro, plata y piedras preciosas –Dice en dirección a mi compañera, quien asiente lentamente, como analizando algo, no sé qué.

-Ciudad de los niños ricos, eh, Uzumaki –Escucho la voz de Kiba aproximarse tras mi espalda. Apoya su brazo en mis hombros y caminamos lado a lado. Naruto sonríe levemente y asiente con la cabeza. Comprendo, entonces, que eso era lo que Sakura tanto pensaba: Él viene de una familia adinerada, por eso la primera clase, por eso la ropa de buena calidad, por eso sus modales de alta cuna. Tonta de mí, que viniendo del mismo estatuto socioeconómico, no lo noté antes.

-Diría que me enorgullece que sea así, pero la verdad es que no… hay más niños de trabajando en las minas de los que hay en casas como la mía. Yo solo tuve suerte de nacer con el apellido adecuado –Su rostro levemente bronceado se torna sombrío, como jamás imaginé que podría serlo- por eso estoy aquí… en honor a ellos, los que no tienen nada más que el sudor de su frente.

Nos quedamos en silencio, todos los que estábamos en la conversación, admirándolo de la forma en que un niño pequeño ve a su superhéroe favorito, o la forma en que un religioso admira a sus patronos. Era increíble que detrás de toda la ostentosidad de primera clase, alguien tuviese un motivo real y honorable por el cual ofrecer su persona en nombre de "quiénsabequienes". Admito que yo también pertenezco a primera clase según mi ingreso familiar, y jamás me detuve a pensar, hasta ese momento, en los que pagan el precio real de la guerra: los niños, los ancianos, las familias, la gente honesta que vive de lo que trabaja. Quizás ese es pecado de todos nosotros los ricos: nos importa solo salvar nuestro propio pellejo y constantemente tenemos miedo de perderlo todo, especialmente las cosas materiales; en cambio a personas como Kiba, no les importa mucho si salen heridos, o si pierden algo, porque realmente no tienen nada que perder. Naruto, entonces, es un pobre vestido en telas de rico; y eso es lo más valioso que he visto en alguien hasta este momento de mi vida.

Escucho a alguien preguntar sobre mi ciudad. Kiba es quien responde.

-Hinata y yo somos oriundos de Kahoma, junto al mar angosto, a tres días de Konoha si viajas en tren –Se acerca más a mí para mantener el calor. Realmente en esta región del país hace demasiado frío- a diferencia de este lugar, los días en Kahoma son secos, largos y huelen a pescado y sal.

-La ciudad de piratas, ladrones y putas a bajo precio-Todo volteamos a ver quién había dicho eso. Sasuke nos miraba a Kiba y a mí con sorna y cierta repugnancia impregnadas en el rostro. Sentí el cuerpo de mi amigo tensarse inmediatamente. Lo sujeté de la camiseta discretamente, en caso de que decidiese abalanzarse sobre Uchiha y molerlo a golpes. Si agredía de esa forma a un líder de grupo, sobre todo de primera clase, el castigo sería horrible.

-Repite eso una vez más y te parto la cara –Naruto también antepuso su brazo a Kiba para detenerlo de cualquier acto imprudente. Sasuke se veía más complacido ante la situación. Sonrió de costado y se acercó a Kiba sin apartar la vista.

-¿Te duele la verdad Inuzuka? ¿A cuál perteneces tú? Apostaría por la tercera –Sentí un jalón en mi mano, tan violento que me arrancó un pedazo de uña, y antes de poder reaccionar, Kiba le había zurrado un puñetazo en la nariz a Sasuke, la cual empezó a sangrar en el acto -No puedo negar que sentí cierto placer culpable, pero esa sensación se desvaneció en cuanto Uchiha respondió con la misma brutalidad, y le alcanzó el ojo izquierdo con el puño. Naruto intervino y tumbó a Sasuke de un golpe en la nuca, y lanzó a Kiba en mi dirección. Shino lo aprisionó con una llave y Sakura acudió a mantener al caído en tumbado en el suelo, con la nariz aún sangrante.

-Suficiente los dos –Bramó Naruto. Kiba forcejeaba aún y escupía palabras que no diré, por respeto a mi propia mente. Shino lo aporreó contra un árbol y cayó sentado. Se quedó quieto producto del dolor, y entrecerró los ojos. Balbuceó un par de palabras, pero su voz era casi inaudible. Sasuke, por otro lado, tenía la cabeza hundida en el césped y le costaba respirar. Cuando escuchó la voz de Kiba plantó sus ojos en él, cargados de cólera y una amenaza latente de "esto no quedará así"

-Soy campesino… He trabajado toda la vida para mantener a mi familia, para darles un techo y algo de comer; y además para mantener felices a pedantes como tú, porque si no les das el fruto de tu esfuerzo, irán con sus policías y sus armas a destruir tu casa y asesinar a tu gente… -Se detuvo a toser, y con mucho esfuerzo, o quizás guiado por la rabia, prosiguió- te crees la gran cosa con tu dinero y tus entrenamiento especial… quizás no sepa manejar una espada igual que tú, pero sé que tengo más honor en una uña del que tú tendrás en toda tu vida.

-Tú no sabes nada de honor Inuzuka… -A sasuke le era difícil hablar por el dolor y la sangre que empezaba a secarse en sus labios- Dices odiar a mi clase, y eres el perro faldero de una Hyuga, la segunda familia más poderosa de este maldito país… ¿Dónde está tu honor entonces? ¿Tan poco es que lo ignoras solo porque quieres su coño?

-Sasuke, si no te cayas yo mismo te romperé ambas piernas –Naruto ejerció presión sobre el cuerpo de Sasuke, que emitió un quejido ronco. Suspiró, derrotado.

-Ya arreglaremos cuentas, campesino.

-No te tengo miedo si eso esperas, Uchiha.

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Acampamos en un pequeño claro del bosque. Estaba junto a un río, y la noche comenzaba a helar. Después de cenar dediqué mi tiempo a sanar el ojo de Kiba, que si bien no era grave, requirió compresas frías para que no se hinchase más. Sakura, agotada por la pelea y porque estaba en medio de su período, me pidió que me encargara de las heridas de Sasuke. Accedí de mala gana.

Sasuke se quedó haciendo guardia mientras los demás se fueron a dormir. Aproveché la luz del fogón para ordenar los medicamentos y tratar su nariz. Era arisco a recibir cualquier tipo de atención, pero él y yo sabíamos que podía infectarse si no era tratada, por lo que no teníamos otra opción.

Pese a que limpié la herida lo más suave que podía, él hacía muecas disimuladas de dolor. Al parecer Kiba le zurró más fuerte de lo que pensé. Sonreí internamente.

-Tu mano sangra.

-Sujeté a Kiba cuando discutieron, y cuando se soltó, mi uña se rompió por accidente. No es grave –Guardé todo el equipo médico, y él me observaba en silencio, otra vez con esa mirada de "quiero partirte el pescuezo y quemarte viva"- No la toques, y hay que limpiarla tres veces al día por cinco días. Estará bien, al menos no quedará torcida.

-¿Cómo estás tan segura, Hyuga? –Su voz era antipática y engreída. Tenía un lindo tono de voz, sin embargo, su personalidad infame opacaba toda belleza en su ser.

-Hice algo productivo con el dinero de mi padre y estudié medicina. No disfruto malgastar mi tiempo y dinero en cosas inútiles.

-Absurdo. Las chicas como tú disfrutan malgastar tiempo, y dinero en especial.

-¿Ah, sí? ¿Cómo lo sabes? –Quería que se callase, quería ir a dormir y olvidar su existencia. Empezaba a irritarme su timbre de voz, su presencia, su todo; pero no le daría el gusto de verme perder los estribos.

-He tenido decenas como tú; y el hecho de venir en tercera no te hace distinta de ellas. Incluso me sorprende lo descarada que eres de creerlo. La falsa humildad no te hace santa, Hyuga. –Respiro hondo, termino de guardar mis cosas en silencio, y aun conservando la calma, pese a que me gustaría romperle la nariz otra vez, modulo lo que se viene a mi mente.

-Usted no me conoce para hablarme de esa manera, pese a que acabo de sanar tus heridas. Si estoy aquí, de la forma en que estoy, no fue por mi elección… Le agradecería que dejase de lado las hostilidades, o si no tendremos que arreglárnoslas de otra manera Uchiha, y eso sería lamentable.

-¿Es una amenaza? –Se levanta y sujeta mi muñeca con fuerza. Por un momento sentí su respiración en mi rostro y su ira contenida deteniendo la circulación de mis arterias.

-Suéltala–Escucho la voz de Kiba tras mi espalda. Sasuke suelta mi brazo de mala gana y mi mejor amigo me señala con la cabeza que me dirija a la tienda- Iré enseguida- Comienzo a caminar en dirección a la carpa, dejando atrás a los dos. Desde la poca distancia, logré escuchar el último diálogo de la noche.

-Que le quede claro a tu zorrita que nadie me amenaza, campesino.

-Que te quede claro que si vuelves a hablarle de esa manera, te las verás conmigo, Uchiha.

-¿Quieres que te deje el otro ojo parejo, acaso?

-No, pero tú sabes que el viaje es largo y peligroso, y los accidentes ocurren… o al menos eso le diremos al coronel, y créeme que será un placer.

Después de eso escuché los pasos de Kiba acercarse a la tienda que compartíamos junto con Sakura, entró y se acomodó. Luego de un rato lo escuché susurrarme al oído una orden simple y clara: "no te acerques a él".

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Lamento la tardanza. Épocas difíciles. Haré lo que pueda, promise. Espero que les guste. Gracias por sus comentarios :)

P.d: Por el momento no sé cuándo continuaré Barbie-A. A penas sepa, lo notificaré.