"Vinieron los sarracenos
y nos molieron a palos;
que Dios está con los malos
cuando son más que los buenos"
XX
Al día siguiente, cerca del mediodía, nos acercábamos a un pueblo pequeño asentado en un valle. Ahí nos recibiría el representante legal de la milicia y podríamos recuperar fuerzas y provisiones, y con algo de suerte, podríamos ducharnos con agua tibia. El problema fue que llovía a cántaros, por lo que el sendero era un lodazal empinado imposible de atravesar sin tropezar, y ninguno de nosotros estaba bien preparado para un temporal de tal magnitud.
-¿¡QUÉ HACEMOS, SASUKE?! –Gritó Naruto sobre la ventisca que nos azotaba y arrastraba. Sasuke intentaba sujetarse a la maleza junto al camino para no caer, pero se detuvo a pensar cómo subir la montaña sin matarnos.
-¡HYUGA, DAME UNA CUERDA! –Me apresuré a descolgar la soga del seguro de la mochila y se la di. Acto seguido, me tomó de la cintura y amarró la cuerda en ella; hizo lo mismo con la suya y ordenó al resto hacer lo mismo- ¡INUZUKA, CAMINA!
Kiba iba primero en la fila y nosotros avanzábamos tras él, haciendo peso para que no se fuese de espalda. Caminamos un buen rato, hasta que llegamos a una agrupación de rocas lo suficientemente grandes como para proporcionarnos protección del viento. Kiba se aproximó a mí y examinó mi rostro detenidamente con las manos.
-¿Todo bien, colega? -Asentí e imitó mi gesto.
-¿Tú?
-He visto peores.
Shino se aproximó al borde del risco para observar el valle antes de iniciar la bajada.
-Uchiha –llamó, y Sasuke se acercó a la linde del sendero a observar lo que Shino le indicaba. Su cuerpo se tensó y por la expresión en su rostro estaba claramente anonadado. Preocupados, Naruto y Sakura también se acercaron, y ella soltó un pequeño grito de espanto.
-¿Qué? ¿Qué pasó? –Kiba y yo observamos la escena por encima del hombro de Naruto.
Lo quemaron todo hasta los cimientos…
-¿Quién sería capaz de hacer algo así? –La voz de Naruto temblaba y las mejillas de Kiba enrojecieron de rabia pura. Sasuke y Shino seguían en silencio, como analizando la situación. Me acerqué a Sakura, y la tomé de los hombros para tranquilizarla. Se sentó en una roca, con las manos en ambos lados de la cabeza, presa del pánico.
-Alguien que sabía que vendríamos hacia acá –dice, de pronto, Shino. Sasuke asiente de inmediato y observa fijamente el paraje desolado debajo de nosotros.
-Hay que bajar –dice.
-¿Qué? –Naruto sale del su trance y observa a Sasuke con veneno en la mirada. Si las miradas mataran…- ¿Eres ciego o simplemente eres estúpido?
-Ni una ni la otra, Uzumaki. Hay que revisar si quedan sobrevivientes y enviar un informe al cuartel del norte. Es el más cercano –dirige la mirada al grupo y con voz autoritaria dice:-apenas lleguemos abajo irán a buscar sobrevivientes –desvía la mirada en mi dirección- tú vienes conmigo.
-¡Eh! ¿Por qué tiene que ir contigo? –Kiba se coloca frente a mí, a lo que Sasuke sólo arquea una ceja y suspira. ¿Será algo realmente necesario…?
-Es la única que conoce las claves. Necesito que envíe el mensaje codificado para evitar que un tercero lo descifre. Deja de joder, campesino –jala levemente de la cuerda que nos une por la cintura y reanudamos la marcha.
Media hora después llegamos a la entrada del pueblo. Son las tres con siete de la tarde y ha dejado de llover, pero el cielo sigue nublado. Al fondo se escucha una radio que aún funciona y toca una canción de los años 20. El aire sigue cargado de humo, por lo que arden los ojos y cuesta respirar. Entre los escombros se ven partes de perros y personas carbonizadas.
Tengo ganas de llorar…
Siento las manos de Sasuke desanudar la amarra de mi cintura y sujetar mi brazo con fuerza, para luego guiarme-arrastrarme entre rumas de desechos. Veo a los demás comenzar la búsqueda de sobrevivientes, tan desesperanzados como yo de encontrar vivo a alguien.
-¿Crees que haya alguien aún?
-No –su voz cortante termina con todo halo de esperanza que pudiese haber tenido hasta ese momento- fueron bombas.
-¿Cómo lo sabes? –Tragué en seco, horrorizada.
-Hay dos agujeros en la tierra. No se ven desde abajo, pero desde el risco se veían claramente.
Seguimos caminando hasta encontrar una choza alejada del resto, que si bien aún se mantenía en pie, estaba destruida por el efecto del fuego. Adentro había una pajarera con pichones de paloma en su interior. Las avecillas estaban aterrorizadas y muchas se movían de un lado a otro, incluso azotándose con los fierros de la jaula.
-Palomas mensajeras –aclaró él. Sacó de su bolsillo un trozo de papel arrugado y un bolígrafo roto por la mitad- escribe.
Tomé los dos adminículos y me apoyé en la pared.
-"Coronel Kurama: Informo que Valle de la luna ha sido quemado por acción enemiga. Utilización de bombas. Se desconoce si hay sobrevivientes, de haberlos serán trasladados al pueblo más cercano. Fin del comunicado. C-4 Uchiha."
-Ya… –doblé el papel en cuatro y se lo di. Al rozar mi mano me miró fijamente, como furioso y confundido. Se sienta en una banca de paja junto a lo que queda de la chimenea y observa la nota detenidamente. Al cabo de pocos minutos se levanta, amarra la nota a la pata de un pichón y sale al exterior de la casa. Vuelve a entrar a los pocos segundos y se sienta nuevamente, esta vez mirando los trozos quemados de leña repartidos por el suelo de piedra.
-¿Cómo saben a dónde ir?
-Están entrenadas para volver al lugar donde fueron criadas –contesta sin mirarme, perdido en su mundo.
-¿No pueden enviarlas a cualquier otro lado? –Sasuke posa sus ojos negros sobre mí esta vez, y yo siento la sangre acumularse en mis mejillas.
-No.
-Ah.
En ese momento entra Sakura con la mala noticia que ya esperábamos: no queda nadie vivo. Se produce un silencio fúnebre en la pequeña choza, y al poco rato llega el resto del equipo. Comenzaba a llover otra vez, por lo que se decidió pasar la noche ahí y partir en la mañana.
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Sakura y Naruto discutían por algo, mientras Shino dormía y Sasuke escribía más cartas. Kiba miraba fijamente al exterior desde la puerta.
-Hinata –susurra Kiba y me indica que le acompañe afuera. Salgo y él cierra la puerta tras de sí. Camina lenta y silenciosamente entre los escombros con la mirada fija en algún lugar- maté a un bebé –dice de pronto.
-… ¿Qué? –Él me mira y podría jurar que nada era más claro que la culpa en su expresión.
-Su madre desfigurada estaba a su lado, él respiraba muy poco y tenía la cara quemada… Hina pude haberlo salvado… si tan solo, oh dios mío, si tan solo… -como nunca antes, comienza a sollozar de una forma que desgarra el alma y cae sobre sus rodillas junto a una pila de escombros –le habría salvado la vida si hubiese sabido cómo hacerlo… ni siquiera lloraba, sólo respiraba y se retorcía en el suelo… ¡Puta madre, le atravesé el cuchillo en el pecho! ¡Era sólo un bebé! –su voz se eleva con cada palabra que dice- ¿Y sabes lo peor? –Prosigue entre respiraciones ahogadas- se parecía mucho a mi hermano menor cuando nació –cubre su rostro con ambas manos y se retuerce con cada exhalación, me acuclillo a su lado y lo abrazo con la poca fuerza que me queda. Sin haberlo notado antes, yo también estoy llorando.
-Hyuga, –llama una voz a nuestras espaldas- adentro. Yo me encargo.
Kiba levanta la mirada e inmediatamente su rostro se crispa en una mueca de odio profundo. Deshace mi abrazo y se levanta.
-Vete a cagar, Uchiha.
Sasuke se acerca a Kiba lentamente, con el desafío y el odio latente en la mirada. Vuelve a decirme que entre, pero apenas puedo entender lo que dice.
-¿En tu granja no te enseñaron que este mundo es un nido de ratas, campesino? Pues haz que te crezcan un par de pelotas y acostúmbrate, porque no es el último que verás –se voltea hacia mí- lo mismo para ti, Hyuga. No deseo arriesgar la vida por cobardes.
Nuestro líder se aleja e ingresa a la choza nuevamente. Kiba suspira y hace sonar los huesos de sus manos.
-¿Por qué no le dijiste nada? –hablo casi sin pensar y sintiendo la impotencia hervir en mis venas.
-Porque tiene razón, Hinata… -contesta como si fuese lo más obvio del mundo- el error fue mío por creer que podría salir de esto con las manos limpias, pero no se puede.
-Por favor, dime que no estás haciendo esto, Kiba… -Las lágrimas corren nuevamente por mi rostro pese a mis esfuerzos por contenerlas.
-¡Seré un asesino, al igual que tú! –Grita furioso- Harías bien en acostumbrarte a la idea. Mejor ahora a cuando te estén clavando una bala en el cuello.
-Kiba…
-Déjalo así.
Su cara pálida y alegre se torna lúgubre y desesperada; entonces comprendo que Kiba ya no es el mismo que ingresó conmigo. Ahora es un ser herido y peligrosamente vulnerable.
No me gusta cómo va pintando el futuro…
El dolor acumulado en mi pecho comienza a sacar más lágrimas, las cuales no pretendo retener por más tiempo; y me quedo sola tirada en medio de los escombros y con la noche cayendo a mis espaldas.
Si es que nos queda futuro…
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La libertad de información y la libertad de expresión son pilares fundamentales en la construcción de una democracia. Intentar limitarlas e intervenirlas es atar de pies y manos a una nación; por lo que no podemos avanzar como sociedad.
El Staff de Charlie Hebdo, desgraciadamente, pagó el precio que conlleva hacer valer dicho derecho. Sintieron el costo de tener la valentía de tocar temas "delicados" dentro de nuestro globo social, de la forma en que lo hace la sátira; y siendo aún más radical: fallecieron bajo ese principio, y quedó claro que aún hoy no somos totalmente libres de decir lo que pensamos.
Marttins.-
