- ¡¿Qué Ben estuvo a punto de besarte?! –exclamó muy alto Evie con los ojos muy abiertos.

- Gracias, Evie. Creo que toda Auradon ya lo sabrá y saldrá en el periódico local mañana –refunfuñó Mal de mala gana.

Ambas estaban en el cuarto, preparándose para salir. Hoy había mercado, o mas bien, un modesto mercado que organizaban una vez al mes con productos caseros de todas las clases: joyas, bisutería, comida, ropa, etc. Evie había insistido mucho mucho en ir, dada su debilidad para ese tipo de cosas. No por algo era diseñadora y cualquier artilugio serviría para inspirarla a nuevas ideas. Mal había accedido a regañadientes. Quizás le serviría para despejarse y no pensar en otras cosas. Después de mucho debatirse consigo misma, había querido confesarle a su amiga su quebradero de cabeza.

- Lo siento pero es que es tan emocionante –se disculpó a medias sin darle mucha importancia- pero ¿qué pasó?

- Simplemente no ocurrió –murmuró, mintiendo descaradamente. Desvió la mirada.

- ¿Cuánto tiempo llevas ya con Ben? –quiso saber, curiosa.

- Creo que el mes que viene haremos medio año –respondió, no muy segura.

- ¿Medio año y aun no os habéis besado? ¿En serio? –la observó incrédula y poniendo su expresión mas dramática.

- Evie, por dios, no es para tanto

- ¿Estás loca? Lo que daría yo por besar a un príncipe

- Rey –la corrigió cortante- y mejor no digas eso delante de Doug.

Evie enrojeció hasta el último de sus rizos e infló sus mofletes por su comentario.

- Eso no es justo. No estamos hablando de lo mismo

- Es exactamente lo mismo. Es peor, ni siquiera has formalizado tu relación con él.

- Oye, oye, estamos hablando de ti, no de mi. Además, ¿desde cuando te importa mi relación con Doug? Siempre tan independiente

- Porque eres mi amiga, tonta –respondió con sencillez. Tenia el ceño fruncido y se le notaba irritada. No le gustaba por donde iba el rumbo de aquella conversación- y me preocupo por ti aunque no lo demuestre como debiera.

La peliazul supo que era sincera. No era delicada ni suave cuando decía las cosas, mas bien lo contrario, pero detrás de su coraza de hierro, los sentimientos de Mal eran reales. Su amiga era así. Reservada y con carácter, ambas cosas al mismo tiempo.

- Anda, vamos. Seguiremos hablando en el mercado, ¿vale? Nos vendrá bien pasear juntas y hacer cosas de chicas –la animó, mirándola con ternura.

El cuerpo de la chica de cabello violeta se relajó notablemente y asintió conforme.

El mercado de Auradon era uno de los eventos mas concurridos del reino. A pesar de su limitado tamaño, muchas personas se reunían allí para disfrutar de un día diferente. Numerosos puestos se distribuían a lo largo de una plaza, no muy lejos de los jardines del castillo. Se respiraba mucha actividad. Algunos vendedores exclamaban para llamar la atención y captar clientes. A veces se creaba un pequeño escenario para los mas pequeños con títeres que contaban historias de fantasía y aventuras.

Evie no tardó en dejarse llevar por aquel encantador ambiente y se volvió loca con las telas y los accesorios mas brillantes. Mal la seguía de cerca y miraba a su alrededor con desinterés. Tanta multitud la agobiaba.

- ¡Qué maravilla! ¿No es genial? Me encanta ir al mercado, hay cosas tan bonitas –decía una y otra vez su amiga, ilusionada como una niña en una fiesta de cumpleaños.

- Si, es todo tan… pintoresco* –murmuró con falso entusiasmo.

- Oh, vamos, relájate, a lo mejor hay algo que te gusta

- Lo dudo mucho –afirmó con seguridad.

- Bueno, bueno, cuéntame.

- ¿Qué quieres que te cuente? –dijo sin saber a que se refería.

- Me refiero a Ben y a ti, querida. ¿Qué ocurrió? –le aclaró, deteniéndose en un puesto de pulseras. Habían de bolas, de piedras preciosas, de caracolas, etc.

- La pregunta mas acertada no seria, ¿qué no ocurrió?

- Mal, no te vayas por las ramas.

- No es tan complicado, Evie. Ya es bastante duro contarte esto –replicó mordaz.

Su amiga se volvió ligeramente para mirarla y por la expresión de Mal, no estaba hablando en broma. Abrirse de ese modo le estaba costando, incluso a ella, su mejor amiga. Se olvidó por un momento de las pulseras y tiró de ella, apartándose ligeramente de la muchedumbre.

- A ver… empecemos desde el principio. Estabais dando un paseo, ¿no? Y Ben se puso romántico y quiso besarte, ¿es así?

- Si –murmuró, rememorando la escena del paseo en su mente.

- Y ¿qué paso? –la miró atentamente.

Mal recordó esa sensación de vulnerabilidad al sentirse tan cerca de Ben y ese deseo de que la besara por primera vez. Dos emociones muy distintas que habían provocado que se separara de el. Su rostro se tensó y se cruzó de brazos, sin articular palabra y Evie se dio cuenta.

- Te separaste, ¿cierto? Tuviste miedo –respondió por ella, leyendo su expresión.

- ¿Qué estás diciendo? –saltó como si la hubieran pinchado- yo no tengo miedo a nada.

- No tienes que hacerte la dura conmigo. Además es muy normal, no eres del planeta marte –intentó tranquilizarla.

- No seas ridícula, Evie. Simplemente me pilló desprevenida y… -enmudeció sabiendo que estaba haciendo el ridículo al ocultar lo evidente.

Evie sonrió con ternura. Era tan testaruda y a pesar de que sus verdaderas emociones no se reflejaban, ella la conocía bien. La sujetó por los codos con afecto.

- Mal… sé que esto no es fácil para ti. Pero escúchame… yo tampoco sé lo que es besar a alguien. Solo sé que es una de las demostraciones físicas de amor mas grande y especial que hay –le dijo con suavidad, con tacto para que se sintiera segura- toda mi vida he soñado con besar a mi príncipe azul, alguien que me quiera y me haga sentir especial. No sé si Doug es esa persona, pero en tu caso, tienes a Ben y está loco por ti.

Mal la escuchaba atentamente con seriedad. Su mente no dejaba de pensar en Ben y en lo mucho que significaba para ella. Quizás no lo expresara como una chica súper enamorada que dijera a los cuatro vientos que quería a su chico pero sus sentimientos hacia él eran reales, aunque admitía que no sabia hasta qué punto. Era un punto de inseguridad en su mundo y no le gustaba. Desde siempre, había sido criada con una personalidad dura, independiente y que inspirara miedo y respeto, siempre había sido así… hasta que Ben entró en su vida. Y descubrió y seguía descubriendo que detrás de su coraza impenetrable, tenia un corazón sensible que necesitaba amor, un amor que Ben le ofrecía sin medidas.

- No sé que hacer… -admitió en un murmullo, aflojando sus brazos.

- Escucha a tu corazón –le aconsejó Evie, tomando sus manos- y cuando estés preparada, sabrás lo que tienes que hacer. Sabes que tienes mi apoyo incondicional.

No era un mal consejo, solo esperaba no meter la pata. Esbozó una media sonrisa.

- Gracias, Evie. Me siento un poco mejor

- Anda. Vamos a disfrutar de este día –le dedicó su sonrisa mas amplia y arrastró a Mal con ella de nuevo al núcleo del mercado.

Durante el transcurso mercantil, Evie se compró varias telas y muchísimos accesorios (pulseras, collares, pendientes) para combinar con sus vestidos. Quiso comprarle algo a Mal pero ésta se negó rotundamente, alegando que era demasiado femenino para ella. Nada de lo que veía le interesaba hasta que algo captó su atención. Se acercó a un puesto decorado con símbolos extraños que le recordaron al latín y telas de color azul, marrón y gris. Sus productos tenían un toque especial, no sabia como describirlo pero era como si emitieran una energía poderosa que la atraía. Su mirada vagó sin rumbo hasta que lo encontró. Era un collar plateado con un árbol ensartado en un circulo, sus raíces se enganchaban a su redondez y una esfera azul se enredaba en ellas. La dependienta, una mujer joven de unos treinta años, de piel mulata y pelo plateado con mechas castañas**, se percató de su interés.

- ¿Puedo ayudarte, jovencita? –le preguntó con amabilidad.

Mal se sobresaltó. Se había quedado hipnotizada por un momento. Parpadeó varias veces y miró a la mujer con desconcierto.

- Esto… yo… -murmuró con timidez.

- Veo que te ha gustado este collar –comentó con una sonrisa divertida. Extendió la mano y sostuvo la joya en su palma para que ella pudiera verlo mejor.

- Eh, Mal –la llamó Evie que se había entretenido en otro puesto. Llegó a su altura y se dio cuenta de la situación- ¡vaya qué collar tan bonito!

- Solo estaba mirando –se apresuró a decir, avergonzada.

- Se llama árbol de la vida –informó la vendedora con voz cálida- ofrece protección y sabiduría a quien lo lleva.

- Oye, Mal, ¿por qué no se lo compras a Ben? –sugirió su amiga con una gran sonrisa- estoy segura de que le encantará.

La bruja dudó. Tenia que admitir que el collar era precioso y encima saber que ese amuleto tenia significado, le gustaba mas aun. Había atraído su atención por algo, ¿no? ¿seria una señal? ¿debía comprarlo? ¿le gustaría a Ben?

- No sé…

- Vamos. Seria un detalle muy bonito. ¿Su cumpleaños no era dentro de poco? –la miró con ojitos brillantes, mordiéndose el labio- es el regalo perfecto.

- Aggg, está bien –se rindió ante las insistencias de Evie. Cuando quería, era muy persuasiva.

- Entonces ¿se lo empaqueto para regalo? –quiso saber la mujer.

- Si, por favor –accedió Mal echando chispas por los ojos a su amiga que aplaudía de la emoción.

Sin embargo, a pesar de sus protestas, una sonrisa cruzó los labios de la joven cuando recibió su compra. Quizás y todo no había sido tan mala idea. Era la primera vez que hacia algo semejante. Solo deseaba que le gustase a Ben, ver su encantadora sonrisa y sus ojos verdes resplandecientes.

NOTA:

* Hace referencia a la misma frase que dijo Maléfica (de Angelina Jolie) cuando se presentó en el palacio para ver a Aurora, aun no siendo invitada.

** La mujer es pariente de Kida, la mujer atlante.