Capítulo 13
Haruka entraba a su piso en silencio; quiso mirar hacia atrás, ver si sus pasos eran imitados por aquel que antes posaba desnudo ante sus ojos, pero en el fondo sabía que no era así, que nada más que la penumbra de la madrugada y el silencio del pasillo estaban tras él.
Camino lentamente con pensamientos incógnitos en su cabeza, adentrándose aquel lugar que era adornado de una soledad inmersa. Continuo sus pasos con los mismos pensamientos, pensamientos que le indicaban que en su vida algo andaba mal. Tomo en sus manos aquel instrumento que le permitía la entrada al lugar que llamaba hogar, cerrándolo tras él, dejando aquel vacío que le regalaba su piso. Camino paso a paso cruzando la estancia, Pudo sentir como un pequeño golpe le marcaba los límites de sus pasos, aquel cristal que indicaba la entrada al balcón, a una vista perpetua que le permitía alejarse del mundo actual y concentrarse únicamente en sus pensamientos.
Todo el lugar estaba a oscuras, al igual que sus pensamientos todo era tristes, sentía dolor, rabia, se sentía herido. Coloco sus manos en aquel barandal metálico, con un toque frio, indicándole a su cuerpo la lejanía de aquel calor que sintió horas atrás. Tenía la miraba al frente sin expresar aquel sentimiento que le ahogaba, pensaba en Makoto, pero no en aquel hombre que dejo semidesnudo, pensaba en el peliverde que años atrás era su mano derecha, su amigo, su otra mitad — ¿Qué te paso Makoto? — era lo único que se podía preguntar, estaba molesto, pero no solo por las acciones de su amigo del pasado, estaba molesto por lo débil que era, por dejar que una persona lo convirtiera en alguien sin corazón — ¿Makoto, siempre fuiste tan débil?, te dejaste caer por alguien que no lo vale, ¿quién es ese bastardo?, ¿quién transformo al dulce Makoto Tachibana en el monstruo que vive en el 624?
Makoto se mantuvo parado en el mismo lugar desde la partida del pelinegro, se quedó inmóvil mirando la puerta que había conducido a Haru lejos de él, no habían pasado cinco minutos y ya extrañaba su calor, su cuerpo, su fragancia, aquel aroma fresco que a pesar de los años se mantenía igual, se colocó un suéter y coloco un short para cubrir si masculinidad, avanzo hacia el balcón pretendiendo que el viento se llevasen consigo todo pensamiento que tenga que ver con el pelinegro.
Se mantuvo de pie, mirando a su norte, pensaba en las rojas mejillas del pelinegro mientras le tocaba, como su piel suave y delicada era lo suficientemente dulce para empalagarlo y al mismo tiempo amargo para desear pedir más — demonios Haru, ¿qué me hiciste? — su pensamiento libidinoso se interrumpió al recordar más allá de la pasión, recordar que Haru estaba nervioso, que no estaba acostumbrado aquello, a ser tocado, parecía como si… — Fuese su primera vez— movió la cabeza repetidamente — no, Kisumi confirmo su relación ambos durmieron juntos.
Estaba confundido, sumergido en su propio mundo, pensando muchas cosas; pasaba una y otra vez sus manos por la cabellera, buscando un punto de control en sus emociones.
Pensó brevemente en las palabras de Haruka —"Tienes razón Makoto, salir contigo seria humillante considerando que te pudiste haber acostado con quien sabe quién". ¿Realmente que deseo conseguir?, esa es la imagen que él tiene de mí, ¿de gigoló que se revuelca con cualquiera?, acaso esa es la imagen que le he dado — se cuestionaba mientras trataba de analizar su situación — ¿por qué no puedo olvidar el pasado y continuar mi vida?, ¿qué me ata a continuar así? , acaso el darme una oportunidad están difícil para mí mismo, ¿soy tan débil?
Cuando sus pensamientos empezaban a confundirlo más, su mirada se plasmó en el balcón de abajo, su visión no era muy clara, pero podría reconocer aquella silueta en el balcón, donde reposaba un joven pelinegro de aspecto imperturbable, de mirada fría y pensamientos lejanos. Se lanzó rápidamente hacia atrás para no ser visto — ¿sabría el que estaban tan cerca? — su expresión trajo consecuencias en Makoto. verlo así, sumergido en sí mismo, tranquilo, inmóvil, aparentemente en paz; No pudo evitar sentir envida, si envidia de la fuerza de aquel hombre, de su amor propio, amor que Makoto no sentía por sí mismo desde hace tiempo; pero, ¿por qué no intentarlo?, ¿por qué no tratar de olvidar lo pasado y quererse así mismo?, aceptar esa relación que Haru le había mencionado, ¿Por qué no puedo hacer a un lado aquellas palabras y dar flujo a los sentimientos?.
Aunque tenía algo claro, después de lo sucedido debía hablar con el pelinegro y pedir perdón por lo que sucedió, por sus palabras hirientes y su actitud, Sentimientos y Palabras falsas que le dijo en aquel momento y debía corregirlo. Una cosa más llego a su juicio, si quería conquistar a Haru, tenía que empezar desde cero, pero esta vez, no habría trucos ni mentiras, esta vez se entregaría, esta vez lo haría de verdad.
En el 524 un joven ojiazul mantenía tanto su mente como pensamientos en el horizonte, no había nada en aquel lugar que interrumpiera aquella sumisa paz reflexiva que tenía el moreno, había considerado cada detalle de lo ocurrido, a tal punto de considerar que fue lo mejor, se cuestionó muchas cosas, entre ellas el ¿Dónde estaba Nanase Haruka?, aquel hombre fuerte que no se deja doblegar por nadie, aquel magnate que había nacido para los negocios, que veía a las personas como útiles o inútiles, aquel ser que obtuvo éxito, gracias a su frialdad y excelencia laboral.
Había entendido que lo que lo llevo a la situación anterior era el hecho de que se confió, si, extrañaba a Makoto, aquel amigo de infancia que durante años fue su mano derecha y su conforte, confundió todo aquello que sentía al volver a verle y lo llamo amor, pero no, aquello no era amor, era una evidente atracción que surgió por los elementos mesclados, el hecho de que lo extrañaba en demasía, y el hecho de que siempre fue alguien especial.
Agarro con fuerza aquel barandal mientras miraba continuamente al mismo lugar, sabía que aquellos pensamientos eran solo una mentira que se decía así mismo para poder llevar aquella carga que algunos le llamaban dolor, sabía que en fondo solo creaba un hueco que con el tiempo necesitara ser llenado por algún sentimiento, y solo esperaba que cuando aquello ocurra todo su ser no se derrumbe.
Tomo una bocanada extensa de aire, mientras algunas lágrimas caían por su rostro, estaba convencido que lo necesitaba, necesitaba descargar aquel sentimiento que sentía por primera vez y por ultima. Un nuevo día estaba asomando en Tokyo, y de la misma manera, una nueva vida está asomando para él, pondrá aquellos sentimientos heridos, aquel dolor físico, y aquel recuerdo innecesario aun lado, todo en una caja pequeña en su corazón, la cual estaría cerrada para siempre y procuraría que nadie abriese.
Tras recibir los primeros rayos del sol, Haruka cerró sus ojos, sintió como aquel calor quitaba el frio que sentía en su cuerpo, hubiera deseado que igual hubiera quitado el frio de su corazón en aquel momento, pero había algo que puntualizarse — Ninguna persona doblega a Nanase Haruka y Makoto no será la excepción — rompió su postura y se dirigió a la estancia, indicándole a su cuerpo la dirección de la ducha, allí pasaría una largas horas, antes de iniciar su nuevo excelente día.
Eran ya las seis de la mañana y Makoto estaba tendido en el suelo de su balcón, había pasado toda la madrugado vigilando los pensamientos del pelinegro — ¿Qué estaría pensando? — era lo único que podía pensar, estaba seguro que aquel le odiaba, por lo que no estaba muy lejos de imaginar algunos pensamientos, pero más intrigado le tenía era ¿por qué no se movió de allí, porque no dijo nada?, solo estuvo parado lejos de darse cuenta que estaba siendo asechado como una presa. El peliverde reacciono al verlo entrar a su hogar — ¿acaso iría a descansar? — su propio cansancio lo delataba, su apariencia era desordenada, su pelo estaba en varias direcciones, y su cuerpo dolía por la mala noche, agradecía en exceso que aquel día era sábado, no tener que ser visto en aquel estado tan vergonzoso.
Se levantó lentamente, llevando su cuerpo al dormitorio, tendiendo su cuerpo en las suaves sabanas, aquellas que aun mantenían el olor fresco del pelinegro, aquel aroma por el que lucharía mantener en sus sabanas, aquel aroma por el que lucharía para que sea suyo y de nadie más.
Eran aproximadamente la seis de la tarde y ambos jóvenes despertaban en sus respectivas habitaciones, el mayor y más bajo, fue despertado por un sonido conocido, el cual pudo identificar como el sonido de la puerta, un poco soñoliento y con pesar en sus ojos, se dirigió al llamado de aquello. Estaba vestido apenas con una toalla alrededor de su cintura, lo cual no había notado, por enlace con el mundo de los sueños.
Se acercó a la rejilla para identificar quien era aquel o aquella que interrumpía su descanso, y tras ella pudo identificar al peculiar personaje que se encontraba tras aquella puerta
— ¿Kisumi? — Abrió sus ojos un poco más y con un bostezo y si abrir la puerta cuestiono su presencia — ¿Qué haces aquí Idiota, no que te quedarías con una amiga?
— Vamos Haruka — Saco una bandera de paz miniatura de uno de sus bolsillos — perdóname, además solo te tengo a ti, aquella amiga solo tenía miedo es estar sola, y yo como buen y solidario hombre le acompañe — paso su mano por su cabello, con pose de adonis
— ¿Dormiste en un hotel verdad? — Haru conocía muy bien a Kisumi, y una de esas cosas que conocía es que el joven jamás pasa la noche con alguien, no tolera dormir con el roce de alguien más.
— Sí, pero vamos ya ábreme la puerta y cuéntame de ¿cómo tú fue?
— Haruka abrió la puerta dándole paso a su amigo a la estancia, el más alto, lanzo su cuerpo en uno de los muebles del lugar y se preparó para escuchar lo que su amigo tenía que decir — la verdad no hay nada que contar y es todo lo que diré — sus palabras no mostraron nada, lo que dio indicios al pelis melón, que algo no andaba bien, pero conociendo a Haru no diría nada al respecto, por lo que prefirió no insistir. — Kisumi, ¿Qué harás esta noche?
— ¿Qué hare? — La pregunta saco un poco de tono al más alto, quiso entender que tal vez el pelinegro necesitaba compañía — pensaba ir a una fiesta con unos amigos que llegaron hoy a Tokyo y partirán el próximo viernes, ¿Por qué?, ¿quieres que me quede?, Haru ¿paso algo?
— No, no saques conclusiones, al contrario, quiero ir contigo a esa fiesta. No recuerdo la última vez que fui a una y la verdad hoy me apetece ir
— Kisumi estaba en Shock, puede que Haru no recordara su última fiesta porque jamás que él sepa ha ido a una, siempre estaba muy ocupado, o prefería estar sumergido en sus recuerdos de infancia, pero tampoco quiso entrar en los "porqués "de Haru, por lo que solo asintió — por mi está bien, llamare unas nenas que estarás fascinado.
— Haz lo que quieras, yo solo quiero salir de aquí.
— Kisumi tomo su móvil y empezó a contactar a sus amigo, entrando a los dominios de su cuarto indicándole al pelinegro que debía estar listo a las 8.
