Cap 17

Entrar en aquel cuarto cubierto de cortinas blancas era escalofriante, por un tiempo Makoto estuvo ahí, rodeado de un olor quirúrgico, látex y desinfectante excesivo. Era doloroso. Sus recuerdos de aquel entonces vagaban por su mente mientras entraba a sala de emergencias, donde en una de las camillas se encontraba un joven pelinegro a causa de una intoxicación por alcohol.

Se dirigió a la enfermera que atendía en el turno, cuestionándole sobre donde habían colocado a su amigo mientras el llenaba la documentación correspondiente al ingreso, la joven, que con una sonrisa cálida y afectuosa, le explico que el Sr. Nanase había sido enviado a una habitación por solicitud de su padre quien había llamado antes al hospital. También le explico que estaba recibiendo atenciones y como todo estaba marchando no había nada de qué preocuparse.

Un respiro profundo salió del peliverde quien dando las gracias se encamino al cuarto donde le había indicado que se encontraba el pelinegro.

Haruka estaba en una de las habitaciones privadas del lugar, en la puerta con un semblante de preocupación estaba Kisumi, quien daba vueltas de un lugar a otro en el silencioso pasillo. Makoto le miro con frialdad. La situación actual era en parte su culpa y por su cara el estaba consciente de ello. Pero aun así aquel no era el momento para discutir por ello.

El pelirosa se acerco a Makoto por información sobre su amigo

— ¿Como esta?, llevo rato aquí y nadie dice nada — Explico

—Está bien, ¿tú llamaste al director? — cuestiono, tenia intriga de cómo los padres de Haru se habían enterado del hecho.

—Sí, están fuera de la ciudad pero ya se comunicaron al hospital, al parecer el dueño es amigo suyo — La voz de Kisumi se sentía rota, lo que causo que Makoto apretara los puños para no golpearlo.

—Vete —dijo— yo me quedare con él, tú apestas a alcohol y no creo que te dejan quedar.

—Pero, quiero estar con él… — Makoto se acerco al pelirosa con furia tomándolo por la camisa contra la pared.

Escúchame bien, Estoy muy seguro que todo esto es culpa tuya, así que mejor no vengas con tonterías y lárgate de aquí, el único que se quedara con el soy yo, y no es un tema a discusión — Makoto estaba enojado. El hecho de que Kisumi deseara estar al lado de Haru le molestaba, no lo quería cerca, mas si este tipo d eventos serian el resultado. Kisumi miraba fijamente a Makoto, en su rostro una leve sonrisa traviesa se formo.

— ¿Mi culpa?, ¿estás seguro de eso? —Makoto aflojo el agarre pero no lo soltó, prestaba atención a las palabras del mas bajo — No sé qué paso entre ustedes, pero lo que si se, es que Haru vino a mi por algo que tú le hiciste, no lo dijo pero sé que fue así, el me pidió que le ayudara a olvidar y yo lo complací, puede que las cosas se hayan salido de control, pero aquí el único culpable eres tu Tachibana nadie más.

Makoto soltó el agarre, ambos se miraban fijamente, como en una batalla en la cual ninguno quería perder.

— ¿Que sientes por él, Shigino?, dime — el peliverde mantenía la vista alejada del orbes púrpuras y este de igual manera solo miraba el techo de aquel oscuro pasillo.

— ¿Lo que siento por Haru?. Eh!, digamos que es algo complicado, y no pienso explicártelo, pero si hay algo que te dejare claro. No me preocupa que puedas quitarme a Haru. Y en su momento te diré el porqué. Por ahora te daré la razón y me iré. Antes quiero que me respondas la misma pregunta Tachibana, ¿Qué sientes por Haru?

—Lo Amo —dijo sin dudar

Kisumi dio vuelta en dirección al ascensor del piso. Salió por el oscuro pasillo, sus pasos se escuchaban con un eco simple e incomodo, entrando al transporte que lo enviaría fuera del hospital. Mientras la puerta del ascensor se cerraba, miraba fijamente a aquel alto joven de pelo verde, de mirada perdida y preocupación constante — Eso era lo que quería escuchar, Tachibana— dijo para sí, mientras sonreía, al momento que el ascensor se cerraba en su totalidad.

Makoto estaba recibiendo información del médico que atendió al pelinegro, al parecer su caso no fue una simple intoxicación. En su cuerpo había una especia de toxina que alteraba las hormonas, algo así como una droga que aumentaba el apetito sexual. Por lo que la mezcla con el alcohol causo que se desmayara. Al parecer la joven que platicaba con Haruka había mezclado la bebida con la droga mencionada, con el fin de obtener una manera simple de robarle al pelinegro o simplemente llevárselo a la cama.

Makoto estaba furioso ante ambas posibilidades.

También explico que como habían desintoxicado el cuerpo, las toxinas se habían reducido, mas no desaparecido, lo que hacía más probable que al despertar los deseos sexuales de Haru estén activos, por lo que recomiendan vigilancia por toda la noche, y que de ser necesario Haruka tendría que autosatisfacerse hasta que la toxina desaparezca en su totalidad. Por lo que si debían de dar gracias, que al ser atendido rápidamente, los componentes no afectaran su corazón. Fuera de ello, cómo evolucione durante las últimas horas, podrá ir a casa en la mañana.

El cuarto estaba en silencio, eran alrededor de la 1 de la madrugada y el pelinegro seguía dormido, a su lado el peliverde descansaba en uno de los muebles del cuarto. Había enviado algunos mensajes a Rin informándole que no podría regresar y que hablarían en la mañana, pero por alguna razón no recibió respuesta del pelirrojo. Unos quejidos del más bajo, atrajeron la atención del peliverde, quien interrumpió su descanso.

— ¿Haru, estas bien? — Se acerco con rapidez

El peliverde no recibió ninguna respuesta del moreno, lo que le incomodo un poco. El cuerpo de Haru estaba sudado, su respiración empezaba a tornarse brusca y su cuerpo empezaba a moverse extraño, y fue ahí cuando Makoto noto aquel bulto que sobresalía debajo de las sabanas del ojiazul.

El peliverde entendió la situación, el moreno estaba teniendo sueños eróticos causados por la droga que aun permanecía en su cuerpo. Makoto vio como el falo de amigo crecía más y más según sus movimientos. En un acto de buena fe, trato de despertar al pelinegro sin ningún resultado. Notando que en su rostro había una leve mueca de dolor, por lo que no dudo en tomar una decisión.

Se dirigió a la puerta asegurándose que nadie pueda entrar, que nadie interrumpiera lo que estaba pensando hacer.

No pudo evitar que sus pensamientos provocaran su propio ser, se acerco a la camilla quitándole las estrujadas, blancas y sudorosas sabanas del cuerpo excitado de Haru.

Además, desconecto la maquina que monitoreara el pulso del azabache, no quería que las enfermeras se alarmaran y los interrumpieran.

Levanto la bata clínica que impedía la vista a aquel monumento que pedía atención. Makoto no pudo evitar sentirse aun mas excitado, no pudo evitar gemir al ver lo duro y grande del miembro de su amado. Haruka quien aun estaba sumergido en su sueño humedeció sus labios con su lengua, como si estuviera invitando a Makoto a devorar sus firmes labios. Makoto siguió el movimiento de esa rosada y carnosa lengua, y le pareció que era mágico, ver como la saliva humedecía sus firmes y sonrosados morros de manera apetitosa, era como un llamado que el peliverde se apresuro a atender.

El orbe esmeralda se lanzo sobre los labios del pelinegro, quien aun en la inconsciencia, correspondió al beso. Sus labios se ensartaron en una batalla por devorar la boca ajena, se mordían, intercambiaron néctares, era todo. La cálida saliva de ambos se mezclaba en uno solo, como un rico batido de chocolate, no podría haber algo mejor.

Sin interrumpir el beso, Makoto tomo entre sus manos el gran falo que le exigía atención — Que grande, esta muy duro— pensó. Estaba erecto, engrosado, firme, gotas de deseo salían por la rosada punta roma, dándole a entender a Makoto que era lo que deseaba, que era lo que necesitaba.

El orbes esmeralda inicio un vaivén entre su puño. Movía de arriba abajo, iniciando en lo más bajo y subiendo hasta cubrir la punta del placer, cada movimiento era seguido de un gemir del pelinegro, y tras cada gemir los latidos del miembro de Makoto crecían aun mas.

Apenas había iniciado el acto y ya el miembro de Haru estaba húmedo, su cuerpo reacciono de inmediato, empezaba a moverse al compás de aquella danza que le ofrecía el menor. Sus caderas adoptaban movimientos como olas, de arriba abajo, era hermoso, como una fantasía vivida. Parecía un delfín nadando en aguas frescas. Ese era Haru, un delfín con movimientos eróticos que provocaría dioses.

Makoto miraba el rostro de Haru, cómo el menor inconsciente gozaba de sus carias, como se estremecía con el tocar de sus dedos. Con su mano libre acariciaba los labios húmedos de Haru, quien de inmediato empezó a lamerlos, devoraba sus dedos de la misma manera que antes devoraba su boca, la excitación de Makoto empezó a doler.

Aun inconsciente, Haru era capaz de hacerle explotar. De provocar que de su punta salieran muestras de deseo y placer, aun sin tocarlo.

Makoto no aguanto más, tomo el falo de Haru con sus manos llevándolo a la boca, era delicioso aquel placer que sentía, la humedad que brindaba al miembro de Haru era celestial, se podía notar al sentir como las piernas de Haru temblaban, como ampliaba el espacio entre sus piernas y acariciaba con sus manos la cabellera verde de Makoto mientras este succionaba sin control, rozaba con su lengua cada vena de aquel miembro, parecía como disfrutar una paleta en pleno y caluroso verano, lo degustaba como un mendigo probando alimentos por primera vez en años.

Se podía sentir como la respiración del pelinegro aumentaba a velocidad extrema, como estaba a punto de llegar al clímax, por lo que decidió ser rápido y disfrutar de su paleta, su dulce paleta de sabor a Haru.

Un grito de excitación salió de los labios del orbes azules, no podía mas y Makoto lo entendía, Posicionó su mano para recibir todo el ser de Haru, quería saber de qué color era, quería ver a Haru corriéndose en sus manos, probarlo y saber cuál era el sabor único que solo él debía tener. Exactamente eso, quería saber, ¿cuál era el sabor de Haru?

No sabía si todo era por la toxina o definitivamente el destino deseaba provocarlo, pero luego de que Haruka se corriera en sus manos su miembro permaneció duro, y por la expresión del pelinegro causaba dolor. Makoto no tuvo otra opción que continuar su labor por el bien del pelinegro.

Tomo la cremoso y blanca sustancia que tenía en sus manos, empezó a acariciar la entrada del pelinegro, con lentitud introdujo uno de sus dedos dentro del más bajo, provocando una ola de gemidos, acto que le indicaba a Makoto que era bien recibido por el pelinegro, movió su dedo buscando el interruptor que llevaba a Haru al placer infinito, lugar que antes había descubierto con éxito y de pronto ¡vuala!, ahí estaba, Haruka gruño y chisto de tanto placer, sus manos se movían al compás de su cuerpo, llegando al punto de morder sus dedos una y otra vez —Eres hermoso — pensó Makoto para sí, quien en el momento introducía un segundo dedo dentro de su amante, mientras empezaba a succionar los carnosos pezones que se habían descubierto ante los movimientos desesperados del pelinegro.

Ahh ahhh — dijo por fin el Pelinegro quien se había mantenido entre gemidos y excitaciones — Más… más… — pedía el pelinegro — n-no… te detengas — decía en ahogadas suplicas.

Makoto estaba confundido — ¿Estaba Haru consciente de lo que pasaba? — la verdad en aquel momento no le importo, Haru pedía más y el estaba ahí para complacerlo.

Makoto coloco la cama a un nivel cómodo, se despojo de sus ropas, para luego retirar sus estrechos y seductores bóxers de su cuerpo, posicionándose sobre la camilla con las piernas colgadas en ambos lados de la cama. Haru quien se mantenía erecto y babeado por su propio semen, respiraba agitado y en voz temblé y baja susurraba — Mas, por favor no pares, no puedo esperar más — el peliverde tomo el cuerpo delgado pero fuerte de Haru, colocándolo como una llave sobre el suyo, tomo su miembro con firmeza y mientras bajaba lentamente el cuerpo del pelinegro para adentrarse en él, le sujeto por la cintura para aumentar la sensación de mutuo placer.

—Grummm… si ….si que…esta..es..trecho — Recordó, la voz de Makoto expresaba todo lo que se estaba conteniendo desde que inicio aquello, miro con lujuria a su amante. Sus ojos aun estaban cerrados, pero su cara estaba adornada de un color rojo que le decía a Makoto que todo estaba bien. Makoto comenzó a embestir ese estrecho lugar, sintiendo como su miembro era oprimido por las estrechas paredes que de nuevo lo estaba llevando al placer.

—Más… mas… no pares — gritaba con fuerza el pelinegro. Al cual Makoto tuvo que cubrir su boca con sus manos, para no ser descubiertos.

—Shiiii, Tranquilo amor, alguien nos puede escuchar — Trato Makoto de Calmar la lujuria de su amado.

Era excitante, la pasión, la lujuria, el miedo a ser descubierto, todo en conjunto era una aventura maravillosa que Makoto estaba disfrutando junto a Haru, y solo esperaba que el pelinegro si algo de él estaba consiente lo disfrutara igual.

Gemidos, gruñido, había de todo mientras bombeaba con fuerza en el interior de Haruka. Makoto sintió como ese anillo lo apretaba más, y supo que Haruka estaba cerca una vez más.

—…Ppor Faavor aun no… — Jadeaba el ojiverde mientras con sus manos sujeto firmemente las duras nalgas de su amante. Haruka grito por el contacto, y comenzó a estremecerse.

—Ya no puedo...Por…favor….no aguanto…mas…ahhahha aahhhh —suplicaba Haruka totalmente preso del placer.

— Solo un momento más por favor, quiero que lleguemos juntos — pero la suplica de Haruka fue tan excitante que Makoto no pudo evitar ceder ante su ruego, ambos se corrieron cual equipo, Makoto dejando su ser en la última punzada, y el pelinegro rociando el cuerpo desnudo del peliverde.

Después de un rato, Makoto había limpiado todo lo que dejara evidencia de su aventura, Haru tras correrse sobre el cuerpo de Makoto volvió a quedar dormido, y no había vuelto a despertar hasta el momento. Su necesidad sexual estaba aparentemente en control, pues no había muestras de que el pelinegro se siguiera sintiendo excitado, o tal vez estaba tan agotado que sus sueños húmedos habían terminado.

Se aproximo a la puerta para quitar la seguridad que había colocado antes, sorprendiéndose al encontrarse con una enfermera en sus propias narices

—Oh, disculpe señor — expreso la joven enfermera refiriéndose a Makoto — Solo vine a revisar al Sr. Nanase, tomare unos datos y me retirare, ¿iba usted a algún lado?

Makoto estaba sorprendido, había olvidado las revisiones de cambio de turno de las enfermeras por lo que dio gracias a dios que el cambio no hubiera entrado unos minutos antes

— No, solo caminaba en el cuarto y por curiosidad iba a abrir la puerta — Mintió— pero descuide haga lo que tiene que hacer — regalo una dulce y nerviosa sonrisa a la señorita enfrente.

La enfermera reviso a Haru con cuidado de no despertarlo, tomaba notas de las lecturas de las maquinas y en cierto punto coloco una cara un poco extrañada.

— ¿Pasa algo? — cuestiono Makoto

—ah no, bien vera, por lo que dice aquí habían posibilidades de que el paciente sintiera momentos de excitación por las toxinas en su cuerpo, pero no veo ningún reporte de alguna, lo que es extraño, a esta hora el paciente debió haber despertado, pero quien sabe, tal vez las toxinas no eran tan fuertes como se predijo — la bella enfermera dio una hermosa sonrisa al peliverde, quien se mostró aun mas nervioso, dejo todo como estaba y se retiro del lugar.

En el sofá. Makoto pensaba lo sucedido con el pelinegro, en las sensaciones y como explotaron tantas chispas entre ellos. Pero como en todo lo bueno algo malo aparece. Algo vago por la cabeza del peliverde

— ¿Haru estaba consciente de que era yo quien le daba placer? — el nunca dijo su nombre y estaba claro que actuaba en base a sus sueños eróticos en el momento, ¿Cómo sabría Makoto la respuesta a su pregunta?, no fue necesario esperar mucho pues entre sueños Haruka contesto por sí solo.

—Mmakoto…