Naruto y sus personajes son obra de Masashi Kishimoto. Lo único que me pertenece es la idea y la historia, las cuales hago sin ánimo de lucro, con el fin de entretenerme y entretener a quien quiera leerla.
¡Hola! Como sé que la mayoría de mis seguidores son ShikaTema... Lo cual adoro porque bueno, ya sabéis que nuestra OTP es simplemente perfecta; he decidido subir dos capítulos seguidos dado que el segundo era puro ShikaTema.
Así que, espero que os guste mucho y me dejéis vuestros comentarios de apoyo y críticas de todo tipo. Me ayudan mucho a seguir escribiendo. :D
No quiero dejaros leer aún sin antes agradeceros enormemente por leerme. ¡Muchísimas gracias a todos!
Sin más que decir;
disfrutad de mis locuras.
Sala de usos múltiples
Capítulo II
Coleccionista
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POV General.
La tensión era evidente; las dudas asaltaban las mentes de ambos Uzumakis pensando que quizás habían hecho demasiado ruido; quizás deberían haber puesto el seguro de la puerta... O quizás deberían haberse reservado las ganas para hacerlo en casa.
Pero el morbo de ser descubiertos o el simple acto de hacerlo en la mesa del Hokage; les pudo.
—He venido porque pensé que necesitarías ayuda.- Respondiendo a la pregunta anterior, el hombre de cabello castaño y ojos rasgados entró por la puerta y, guardando sus manos en los bolsillos, miró a Hinata. —Pero ya veo que estabas ocupado.- Con una sonrisa pícara, volvió a mirar a Naruto.
La Uzumaki miró hacia el suelo con los ojos abiertos; teniendo que parpadear varias veces de lo secos que se le estaban quedando. Carraspeó y, con las mejillas coloreadas con un rojo brillante, salió de la sala despidiéndose de Naruto con un suave beso en la mejilla.
—Adiós, Shikamaru.- Sin mirarle a la cara, Hinata abandonó la oficina.
Shikamaru comenzó a reír a carcajadas y Naruto dio un largo suspiro.
—Con lo vago que eres, y tienes que venir a trabajar dos días antes.- Naruto puso su típica cara de molestia e infló los mofletes.
—Nunca cambiarás esa actitud infantil.- Comentó el castaño sentándose en la silla donde antes estuvo Hinata.
Miró la mesa y se percató de que todos los papeles estaban desperdigados, había algunos bolígrafos en el suelo y bastantes informes estaban arrugados.
—Esos los tendrás que repetir tú.- Sentenció el Nara con una mirada de acusación hacia el rubio.
Éste rió nervioso rascándose la nuca y asintió sin objetar nada; tenía razón. Después de todo era su culpa.
Algunas horas pasaron y la luz del día dio paso al satélite nocturno que iluminaba Konoha con una luz blanca y pura. Las calles yacían tranquilas y silenciosas, los comercios habían cerrado y los habitantes de la aldea descansaban en sus casas; algunos viendo la televisión, otros navegando por Internet y otros preparando la cena.
Sin embargo, en la oficina del Hokage, dos hombres rellenaban documentos, asignaban misiones y hacían papeleo.
Septiembre era un mes agotador.
Naruto sentía cómo el hambre hacía estragos en sus tripas, las cuales comenzaban a sonar de forma estrepitosa.
—No seas tan escandaloso.- Rió Shikamaru al escuchar los sonidos que emitía el vacío estómago de su compañero.
El rubio desplomó la mitad de su cuerpo encima de la mesa y miró al Nara como si fueran sus últimos minutos de vida.
—Siempre fuiste un buen... amigo.- Y haciendo como si se desmayara, cerró los ojos.
Shikamaru rodó los ojos y paró de rellenar el informe.
—Vete a casa Naruto, sé que hoy es un día especial para ti.- Para sorpresa del rubio, Shikamaru le ofreció ir a casa y estar con su mujer.
El castaño era un hombre inteligente, pero que Naruto estuviera hablando de este día desde hacía una semana, ayudó a que se acordara de que justo hoy hace quince años, le pidió matrimonio a la actual Señora Uzumaki, la primera dama de Konoha.
—¡Gracias!- Como si le hubiera de vuelto la vida, -y en cierta manera lo hizo- Naruto respondió ante las palabras de su amigo con una gran sonrisa. —Pero... ¿Tienes algo para cenar tú?- Preguntó preocupado.
—Me he traído las sobras de la comida.- Afirmó el castaño con un leve rubor en las mejillas.
—¿No está Temari en casa?- Preguntó riendo mientras se levantaba de la silla apilando en un montón algunos papeles y guardaba su bolígrafo.
—No... Está visitando a sus hermanos en Suna, viene mañana.- Comentó el Nara levantándose de su asiento para acompañar a Naruto a la puerta.
Ambos se quedaron parados durante un segundo, mirándose.
Y para sorpresa de Shikamaru, Naruto le dio un abrazo confidente; el cual correspondió con gusto pensando que era en agradecimiento por dejarle ir.
—Te comprendo Shikamaru, yo también muero de hambre cuando Hinata se va.- Con una lágrima asomando por su azulado ojo, el rubio dio leves palmaditas en la espalda del Nara. —¡Un día aprenderemos a cocinar!- Con entusiasmo, le tomó de los hombros mirándole a los ojos.
Shikamaru rió confuso y observó cómo el Hokage se alejaba.
Cerró la puerta acto seguido y se dirigió a la mesa para proseguir con sus papeles, no estaría mucho rato más; pero contra más hiciera ahora, más pronto se podría ir a casa cuando Temari estuviera de nuevo.
Paró un rato para leer las noticias en su móvil y cenar la sobras de la comida. Su hijo ya le había dicho sin tapujos lo mal que sabía el estofado, y que no se le ocurriera volver a hacer algún otro.
Suspiró y, al acabar de cenar volvió a su papeleo, pero en lugar de sentarse en la silla donde estaba, se tomó la libertad de ocupar la silla de Naruto; la del Hokage.
—Ni punto de comparación.- Se sintió cómodo en la silla de terciopelo rojo, acomodó su espalda y adoptó una agradable postura para escribir.
Ahora entendía porqué Naruto se quedaba durmiendo de vez en cuando.
No mucho tiempo pasó, cuando dos suaves golpes se escucharon en la puerta.
—¿Sí?- Preguntó el Nara algo confuso, pues era cuanto menos extraño recibir visitas a esas horas de la noche.
—¿Está Shikamaru?- La inconfundible voz de la señora Nara recorrió todo el sentido auditivo del castaño.
—¡Pasa!- Con alegría de que su mujer hubiera vuelto antes de lo esperado, Shikamaru se levantó de su asiento para recibirla.
Ella, cautelosa, abrió la puerta y entró a la oficina. Su expresión denotó confusión al ver que su marido ocupaba la silla del Hokage.
—Hola Shika... ¿Qué haces ahí?- Preguntó mientras se acercaba a la mesa, posando una de sus manos encima, ojeando lo que su marido estaba haciendo.
—Naruto no está, le he dicho que se fuera.- Comentó Shikamaru acercándose a su mujer.
Ella sonrió al ver cómo el Nara rodeaba su cintura con ambos brazos y la pegaba a ella.
—¿Por qué?- Preguntó curiosa la Nara, rozando su nariz con el pecho de su marido, inspirando ese olor embriagador a césped y frutas.
—Hoy era el día que le pidió matrimonio a Hinata.- Respondió posando acto seguido sus labios sobre los dorados cabellos de su esposa. —¿Y tú qué haces aquí?- Preguntó confuso, le dijo que iba a llegar al día siguiente.
Temari abrazó ahora a Shikamaru por los hombros y hundió su cabeza entre su cuello.
—Te echaba de menos, a ti y a Shikadai.- Confesó la rubia besando la mejilla de su marido.
Shikamaru sonrió y ladeó su cabeza para poder mirarla a los ojos.
—Necesitas a tus dos bebés quejicas ¿Verdad?- Rió el Nara besando a su mujer con delicadeza.
Ella asintió mientras correspondía, con gusto, el beso.
Shikamaru pudo notar cómo un olor a vainilla y coco inundaba sus fosas nasales y llegaba a su cerebro para producirle el placer de imaginar que su mujer había parado en casa antes de venir a verle a la oficina.
—¿Te has bañado antes de venir?- Preguntó Shikamaru deshaciendo el beso y el abrazo, volviendo a la silla del Hokage.
Temari también tomó asiento en una de las sillas y, posando las manos encima de la mesa, habló.
—Shikadai me dijo que estarías aquí y como no estabas en casa, tenía la oportunidad de bañarme antes de verte.- Rió la Nara mientras observaba a su marido sonreír rellenando papeleo.
Apoyó su mejilla en una de sus manos mientras miraba a su marido fijamente; Shikamaru la miró de reojo.
—¿Qué ocurre?- Preguntó volviendo a sus papeles.
—Nada.- Mordió su labio inferior y se cruzó de piernas. —Me gusta verte trabajar...- Sonrió con dulzura, ladeando la cabeza.
—Si quieres esperarme, termino éste informe y nos vamos.- Y acabando de escribir, firmó el papel apilándolo en un montón.
Temari continuaba mirándole balanceando sus piernas por debajo de la mesa; hasta que se topó con algo. Confusa, se agachó para ver qué era y su rostro adquirió un ardiente color rojo, el cual no supo diferenciar si era de vergüenza o... rabia.
—Eh, Shikamaru...- El nombrado, terminando de ordenar el escritorio, lo rodeó parándose detrás de ella.
—¿Qué haces ahí agachada?- Preguntó riendo.
—¿Me explicas qué es esto?- Levantándose, Temari alzó en su mano lo que había debajo del escritorio.
—¿Un sujetador?- Comentó confuso el Nara.
—¡Eso ya lo sé! ¿Qué hace aquí?- Sin querer aparentar celos o algo por el estilo, Temari apartó la mirada con un sonrojo en las mejillas que a su marido le pareció adorable.
Shikamaru soltó una sonora carcajada.
—No puedo creérmelo...- Negó con la cabeza con sus dedos masajeando las sienes y miró a Temari. —Es de Hinata, estoy seguro de que se le olvidó aquí cuando...- Sin poder acabar de hablar, la rubia se lo tiró a la cara.
—¡Idiota!- Exclamó apartando la mirada.
—¡E-eh! ¡A mí no me des esto!- Lo dejó encima de la mesa y, con una expresión de asombro, se giró de nuevo a su mujer. —¿Y qué he hecho para que me llames idiota?- Preguntó cruzándose de brazos.
Temari, con los mofletes inflados, dio un golpe de cabeza hacia un lado en señal de enfado.
—Yo en Suna y tú guardando ropa interior de chicas...- La rubia no pretendía enfadarse; al contrario, quería reírse en silencio de cómo su marido se ponía nervioso al hablar de esos temas.
—¿¡Cómo!? Te he dicho que es de Hinata, ella y Naruto han estado aquí...- Comenzando a sudar frío, el Nara trató de acercarse a su mujer; la cual, aún con el falso enfado, se apartó dándole la espalda. —¿Cómo iba a hacerte eso, Temari?- El Nara tomó el sujetador de la mesa y se giró hacia la puerta para colgarlo en el pomo.
Cuando viera a Naruto de nuevo, le iba a cantar las cuarenta.
Al girarse, vio cómo Temari le lanzaba algo directamente a la cara. Cerró los ojos por inercia para notar el impacto, pero al contrario de como se esperaba; era algo suave.
Al abrirlos, su sonrojo se hizo más que evidente.
—¿Qué haces?- Preguntó casi sin aliento tomando las braguitas que su mujer le había lanzado.
—¿No te gusta coleccionar ropa interior?- Inquirió juguetona mordiéndose el dedo índice.
Shikamaru rió y observó cómo su mujer se sentaba encima de la mesa, subiendo una de sus piernas en ésta para dejar a la vista su delicada intimidad.
—¿Por qué no nos vamos a casa?- Preguntó el castaño acercándose cauteloso a su mujer, guardándose sus braguitas en el bolsillo del pantalón.
—Oh vamos... Señor consejero, le he traído un paquete especial.- Y mordiéndose el labio inferior, subió la otra pierna encima de la mesa dejando ahora la absoluta visión de su zona íntima.
Shikamaru notaba cómo el pantalón empezaba apretarle y, rindiéndose ante ella, siguió el juego que había comenzado.
—Muy bien...- Con media sonrisa dibujada en sus labios, se acercó a su rubia pasando una mano por la zona íntima, metiendo dos dedos sin delicadeza alguna; haciéndola estremecer y gemir por sorpresa.
Sin embargo, para asombro de Temari, Shikamaru sacó sus dedos de ella con la misma rapidez que los metió y, dando la vuelta a la mesa, se sentó en el sillón del Hokage. Se desabrochó el pantalón y lo bajó junto con la ropa interior lo suficiente para que su erección pudiera salir a la luz.
Temari encogió las piernas y giró sobre su trasero encima de la mesa para quedar enfrente de Shikamaru; éste comenzó a masajear su miembro mientras la miraba. Ella, sonrió victoriosa por conseguir lo que quería.
—Yo también tengo un regalo para ti.- Y mordiéndose la lengua con una sonrisa ladeada; Shikamaru le hizo un gesto para que se agachara delante de él.
Temari rió.
Vacilando unos segundos, al final se arrodilló delante de su marido y, tomando la erección con una de sus manos, comenzó a masajearla de abajo hacia arriba con movimientos suaves y sensuales. Apoyó su cabeza en una de las piernas de él mientras miraba cómo la piel del miembro subía y bajaba.
Emitiendo leves jadeos, Shikamaru recostó la cabeza en el sillón y los brazos sobre los soportes.
Temari, sin avisar y pillando desprevenido al Nara, recorrió con su lengua la totalidad de la erección, notando cómo su marido apretaba sus manos en puños y ella, emitiendo una graciosa risita, subió hasta el glande para abarcarlo con los labios y bajar lentamente.
Irresistible.
El castaño no pudo resistirse a pasar una mano por la cabeza de su mujer, masajeándola; haciéndole ver lo bien que lo estaba haciendo.
—¿Te gusta el regalo?- Preguntó con una voz ronca y sensual mientras seguía acariciando sus cabellos.
Ella notó cómo su intimidad se mojaba y su cerebro empezaba a desconectarse. Ambos sabían que Shikamaru podía hacer que la rubia acabara sin ni si quiera haberla tocado.
Emitió un sonoro gemido con la intimidad aún dentro de su boca y, sin dejar su labor con la erección de su marido, asintió con énfasis.
No le gustaba el regalo; le encantaba.
—Bien...- Susurró el castaño cerrando los ojos, notando la humedad de su boca; la suavidad de sus labios y las vibraciones de su voz en su erección cada vez que gemía; mientras él, continuaba acariciando sus cabellos de manera dulce y delicada.
Los labios de la rubia subían por la erección hasta llegar a la punta; succionándola con fuerza, haciendo que Shikamaru soltara un sonoro gruñido de placer, pues acto seguido, Temari relamió el líquido pre-seminal que comenzaba a emanar, inundando su boca con ese delicioso sabor que, sin querer, la volvía loca.
Pero cuando la Nara quiso volver a devorar su erección; Shikamaru no la dejó.
Tomó sus brazos para levantarla y, captando la indirecta; mordiéndose el labio, Temari pasó una pierna a cada lado de las caderas de su marido, apoyando las rodillas en el hueco que quedaba en la silla; la cual por suerte era bastante grande para no estar incómodos.
—A-ah... Siéntate, Temari.- Ansioso por poder notar la húmeda intimidad de su mujer; el Nara trató de hacer que la rubia bajara por su miembro.
Pero ella quería resistirse.
La rubia apoyó una de sus manos en el respaldo de la silla y la otra tomó la erección más que dura de su marido; pasándola entre sus labios, torturando al impaciente Shikamaru quien emitía ruidosos jadeos, suplicando con sus ojos el que se sentara de una vez.
—Me vas a volver loco...- Rió dándose cuenta de lo que pretendía su mujer.
Poco a poco, no queriendo que su marido acabara sin ella haber disfrutado; Temari se deslizó con suavidad y lentitud sobre la erección de su marido haciendo una clara expresión de placer conforme iba bajando.
Shikamaru notó por fin la codiciada humedad de la intimidad de su mujer que, desde hacía rato, deseaba y Temari, por su parte, con la boca entreabierta emitiendo gemidos incomprensibles; trató de no perder la cabeza cuando, por fin, la plenitud del miembro estaba dentro de ella.
Los movimientos serpenteantes de la rubia no se hicieron de rogar. Shikamaru agarró con fuerza las caderas de su mujer, levantando su vestido morado para poder observar mejor cómo sus cuerpos se unían y formaban un sensual baile entre ambos. Temari apoyó sus manos sobre el pecho de su marido totalmente cubierto por la camiseta negra; agarrándola con fuerza para tener un punto de soporte y poder moverse mejor.
Mirándose a los ojos, un apasionado, ansioso e impaciente beso no se hizo esperar. Con rudeza y sin tacto, sus bocas se movían mientras sus lenguas se entrelazaban entre ellas e intercambiaban saliva.
Llevándolos a la locura.
El Nara, aún besando a su rubia y notando cómo ésta se movía con sensualidad encima de él; recorrió su cuerpo desde la cadera hasta sus pechos, abriendo el kimono por el escote, dejando a la vista los hermosos senos tapados desgraciadamente por el sujetador. Pero, no siendo éste un impedimento demasiado basto; Shikamaru se separó de su mujer para poder sacarlos por encima del sostén.
—¿Tanto quieres verlos?- Preguntó la rubia mordiéndose el labio inferior.
—Sabes que sí...- Inquirió con una voz ronca.
Y, notando Temari las vibraciones de su voz en su escote, no tardó en sentir la lengua de su marido juguetear con su pezón izquierdo mientras una de sus manos atendía el derecho y la otra agarraba con fuerza su cadera, incitándola a que no parara.
Y ella, obediente, pasó sus manos por la nuca de su marido, entrelazando sus dedos entre los cabellos desaliñados de él mientras, con ritmo firme y fuerte, movía sus caderas ahora de arriba hacia abajo, flexionando sus rodillas para que la penetración fuera más profunda.
Shikamaru saboreó el olor a vainilla y coco que su piel emanaba.
Olía tan bien.
Pero, dejando de saborear los pechos de su mujer; el Nara volvió a devorar con ansia y lujuria la boca de Temari y, queriendo más intensidad que la que ella podía darle; agarró con fuerza su cintura, haciendo que se levantara ligeramente para ahora él poder mover sus caderas; penetrándola con fuerza.
La Nara abrió los ojos y arqueó su espalda agarrando con fuerza la camiseta de su marido, tratando de no perder el equilibrio mientras, de su boca, salía un fino hilo de saliva por el más puro placer que él hacía que sintiera.
—Así mejor ¿No?- Preguntó victorioso el Nara; sabía perfectamente que a Temari le encantaba estar encima, pero también sabía que cuando él empezaba con sus fuertes embestidas debajo de ella; no duraba demasiado.
Y, como Shikamaru predijo, la intimidad de Temari comenzaba a estar más que mojada haciendo que su erección resbalara con deliciosa facilidad dentro de ella, permitiendo a sus caderas que las embestidas fueran aún más duras
secas
fuertes.
Los gemidos de la rubia inundaban la habitación sin hacer si quiera un amago de acallarlos. Y no es que Shikamaru se quejara de ello, al contrario; adoraba cuando su mujer se dejaba llevar por la pasión y gemía su nombre repetidas veces.
Dejando claro que él, y solo él, era el dueño de sus suspiros; sus gemidos y su éxtasis.
Sin embargo, aunque el Nara quería aguantar hasta ver a su rubia llegar y penetrarla aún más después de haberse corrido; era misión imposible, pues Temari comenzó a mover sus caderas a la vez que Shikamaru movía las suyas, notando como ambas intimidades se compenetraban bailando un mismo baile, a un mismo son.
Por lo que; sin esperar mucho más, ambos cerraron los ojos fundiéndose en un beso seco, sin entrelazar sus lenguas, pues estaban demasiado ocupados dejándose ir en la intimidad del otro.
El castaño derramó toda su esencia con unas duras embestidas más mientras Temari apretaba sus manos en la camiseta de su marido, arrugándola por completo; incluso haciendo estragos en su piel, pero a Shikamaru poco le importaba eso ahora.
Se quedaron unos segundos mirándose a los ojos, notando cómo la esencia del Nara goteaba en el suelo al Temari levantarse.
Las respiraciones agitadas de ambos dieron paso a unas más pausadas al pasar de los minutos.
La Nara estaba apoyada en el pecho de su marido aún con media erección ya algo más relajada dentro de ella; y Shikamaru acariciaba la espalda de su mujer con una mano, mientras la otra paseaba por sus dorados cabellos.
Temari terminó de sacar la erección de su interior y, con una sonrisa besó la comisura de los labios de su marido para dirigirse al cuarto de baño dentro de la oficina; seguida de él.
Cuando ya estuvieron aseados y con sus peinados bien hechos; salieron a la oficina y Temari quiso hablar, pero cierto rubio irrumpió en la sala sin avisar.
—¡Shikamaru me he dejado una cosa aquí!- Abrió la puerta de golpe y se quedó parado con un leve sonrojo en las mejillas.
—Ya...- El Nara, se acercó a la puerta y recogió del pomo el sostén de su mujer.
Temari rió tapándose la boca para disimular; Shikamaru negó con la cabeza ofreciendo una sonrisa cómplice y el Uzumaki se rascó la nuca en señal de nerviosismo, guardándose dicho sostén en el bolsillo de la chaqueta.
—Hinata no va a poder mirarte a la cara nunca más.- Rió el rubio con ganas.
—Bueno, yo me iré a casa...- Comentó Temari. —Shikamaru, dame eso que te di antes...- Refiriéndose a las braguitas que el Nara aún guardaba en su bolsillo, Temari se acercó a su marido para que se las diera sin que el Uzumaki les viera.
—¿El qué?- Preguntó con una sonrisa pícara.
—¿Cómo que el qué? E-eso...- Señaló su bolsillo con una clara expresión de molestia.
—Mh... No, me lo quedaré.- Se acercó a su oído y, tomándola de la cintura, le susurró. —Me gusta coleccionar tu ropa interior.- Haciendo énfasis en el tu, el Nara lamió su lóbulo alejándose de ella con una sonrisa victoriosa. —Me quedaré con Naruto un rato más, ve a casa Temari.- Y dicho eso, se dirigió de nuevo a la mesa donde Naruto ojeaba algunos informes.
Temari, perpleja y sonrojada intentaba hacerse a la idea de que tendría que ir desde la Torre del Hokage hasta su casa...
Sin braguitas.
¡Pobre Temari! Shikamaru eres un marido cruel... ¿Cómo le haces eso a la pobre? No me imagino cómo se deberá sentir la pobre ¡Jajajaja! ¿Y Hinata? ¿Qué habrá sido de ella? Jamás volverá a mirar a Shikamaru a la cara y menos aún después de haberse dejado el sostén en la oficina... ¿Qué pasará también con Shikamaru y Naruto?
Si quieres las respuestas a todas estas preguntas, no dudes en pasarte por el siguiente capítulo ¿Vale? :D
¡Muchísimas gracias por leerme!
¡Besitos de chocolate con leche para todos!
