Agradeciendo a Karo aoi Chan por su acostumbrada ayuda
Capítulo 35
En el aeropuerto de Narita, Haruka estaba listo para abordar un avión, al regresar a la sala de espera, sus compañeros de vuelo esperaban la hora de partida.
— Aii, ¿hablabas con alguien? — pregunto el desanimado pelinegro mientras tomaba asiento al lado del más bajo, se había cambiado de ropa vistiendo un atuendo deportivo acorde para el viaje
— No, solo revisaba mis mensajes de voz, ¿estas mejor? , tus ojos están muy hinchado, sería bueno que duermas durante el vuelo.
— Descuida estoy bien, esto es algo que quiero hacer, más bien algo que debí haber hecho hace mucho tiempo. — Sus manos estaban temblando al pensar en sus futuras acciones.
— Vamos Haruka, no te pongas nervioso estoy aquí para apoyarte. — Las palabras de aliento por parte del peliplata, causaban tranquilidad al azabache.
— Mikoshiba San — Haruka volteo en atención a su otro acompañante — Lamento arrastrarte en esta situación.
— Descuida, Aii jamás te dejaría ir solo en esta situación, y además nos servirá como viaje de luna de miel, hace mucho que no tomamos unas vacaciones, por lo que soy yo quien debe de pedir disculpas por dejar que pagues todos.
— No es nada comparado con lo que hacen por mí, No saben cómo les agradezco que estén aquí — Tras tomar sus manos, el sonido del anuncio de abordaje del vuelo a Iwatobi les trajo de vuelta a la realidad, tomaron sus cosas e iniciaron la marcha a su destino.
Eran ya las once de la mañana, de alguna manera todos los nadadores y ex nadadores habían quedado para ir a Iwatobi, Makoto realmente no se dio cuenta pero cuando pudo reaccionar cada uno de ellos tenían sus planes hechos para ir con él a su hogar natal.
En un principio, Makoto había planeado salir hacia Iwatobi esa misma noche, pero le fue imposible, sus amigos insistían que debía descansar y recuperar energías para poder solucionar las cosas con el pelinegro, con su cuerpo adormecido por el cansancio era una señal clara que realmente merecía un descanso, pero para vigilarlo y cerciorarse que lo hiciera a idea de Rin y Sousuke el peliverde se quedó a dormir en su apartamento para ir al suyo día siguiente a recoger sus cosas para luego viajar a su tierra de infancia por Haruka.
Ya en el aeropuerto los jóvenes están dispuestos para partir, Makoto estaba aún más listo con todas sus esperanzas puestas en aquel viaje.
Tras la llegada a Iwatobi, Makoto no dudo en partir directo a la mansión Nanase, allí donde comenzó todo, aquel lugar que Makoto en su adolescencia visito en secreto cientos de veces con la esperanza de lograr ver a su amigo de infancia una vez más, cavando un agujero profundo y llenándolo de dolor.
Tomo un taxi, no sin antes indicarle a sus amigos que podían quedarse en su casa durante su estancia, claro, a excepción de Rin y Sousuke quienes ya habían acordado con familiares quedarse con ellos, y de igual manera Rei y Nagisa habían que habían hecho lo propio, por lo que su invitación era para Shigino y Takuya quienes no conocían el lugar.
— Lamento rechazar tu ofrecimiento Tachibana — Respondió Kisumi con arrogancia — pero mi familia tiene una casa en la playa a unas cuantas calles de los Nanase, nosotros iremos allí, cuando nos establezcamos iremos a la casa de Nanase para ver cómo van las cosas.
— Nosotros también pasaremos por nuestras casas e iremos enseguida a casa de Haruka Senpai — tras las palabras de Rei, los demás solo asintieron
— Bien, nos vemos allá, chicos… — la voz de Makoto se tornó ligera y nostálgica — Gracias — se acercó a todos provocando un abrazo grupal, del cual ninguno pudo o tal vez quiso evitar.
— Suerte — Gritaron todos al tiempo.
Los taxista son los conductores más agiles si de transporte se trata, pero para la suerte de Makoto al parecer el que le toco era un sustituto porque su lentitud y paciencia lo estaban por volverlo loco, al menos así lo sentía, porque al visualizar el velocímetro la velocidad del conductor era la adecuada para la ruta a la cual se dirigía.
Del aeropuerto a casa de Haruka, Makoto tardo aproximadamente 20 minutos, los cuales los sintió como si fueran horas, al llegar, entrego el pago por su servicio al piloto, para ir corriendo en dirección a la enorme casa. Conocía muy bien el camino pues durante sus años de adolescencia convivio con el pelinegro grandes recuerdos en aquel lugar.
Toco la puerta con insistencia, estaba nervioso, asustado, emocionado, repetía en su cabeza un discurso mental que había recitado varias veces durante su camino a la casa, uno bien marcado donde le explica al pelinegro lo importante que es el ahora y no el pasado, uno que sabía perfectamente que al ver a Haruka olvidaría, y terminaría lanzándose sobre los brazos de su amado sin decir palabra.
La puerta se abrió, pero en lugar de unos ojos azules como el océano, encontró a un joven peliplata con un rostro amistoso y sin una pizca de sorpresa, detrás de el al que parecía ser su pareja, hecho que noto por los similares de los anillos de pareja.
— Oh!, Tachibana–san ¿Verdad?, me alegra verlo — Extendió sus brazos en señal de que entrara — Me alegro que haya entendido mi mensaje.
— Gracias a Usted Nitori San, pero siendo honestos no creo que este en el momento oportuno para una presentación, y le prometo que lo hare más tarde, ahora me disculpo pero necesito hablar con Haruka, por lo que le ruego me permita subir a hablar con él.
— Sé que aunque no te lo permita aun así subirías tras el — Pronuncio seguro, mientras se acercaba a su esposo quien se mantenía en silencio. — Pero, Nanase no está, dijo que tenía algo importante que hacer, y que debía hacerlo solo.
— Por favor — suplico el peliverde — Dime ¿dónde está? — se mantenía sereno, pero desesperado. — te lo rueg… — Nitori interrumpió sus palabras
— No tiene que suplicarme, Tachibana san, le diré exactamente donde esta Nanase, sé que lo que está pasando es una situación dura para ambos, y de igual manera creo que aunque el viaje es necesario, no tenía que hacerlo solo, creo que usted es tan culpable como Haruka. Fue débil cuando debió mostrar fortaleza, no digo que no lo entiendo pues al igual que usted para mí fue difícil salir del closet y en algún momento también me rechazaron, pero sus acciones no midieron el daño que la hacían a los demás, fue lo que Haruka vio al enterarse de la verdad, por lo que entiendo que esto deben hacerlo juntos.
Por un momento Makoto se quedó pensativo
— Haruka esta con quienes más sufrieron esta situación — y fue en ese momento que Makoto entendió
— Haru está en casa de mis padres… ¿verdad?
— Si — Concluyo
Makoto corrió con todas sus fuerzas a casa de sus padres, imaginarse el tipo de conversación que debían tener sus padres y Haru en aquel momento le era tormentoso, sabía que sus padres eran comprensivos, pero también que desconocía su opinión sobre Haru tras lo sucedido, durante su enfermedad jamás comentaron nada y solo se enfocaron en hacerlo sentir tranquilo.
Llego tras varias zancadas, agradecía enormemente que las casas no estuvieran tan lejos la una a la otra, abrió la puerta a toda prisa, encontrando nuevamente una sala libre presencia de Haru, únicamente encontrando a sus padres llorando y abrazados entre ellos.
— Madre, Padre — Dijo con espasmos mientras se acercaba a ellos
— Hijo — Pronuncio la Sra. Tachibana algo sorprendida — llegaste más pronto de lo que pensé — dijo entre sollozos
— Y-yo… — apretó sus puños con fuerzas — Lo lo siento — agacho la cabeza lentamente, quería preguntar por Haru, pero sabía que no podía, le debía esto a sus padres, le debía una disculpa por su inmadurez, por hacerlos llorar en secreto por tanto tiempo, por pensar únicamente en sus problemas ignorando lo que le causaba a quienes le rodeaban.
— Makoto — dijo la madre entre lágrimas, lanzando su pequeño cuerpo sobre el de su hijo, el cual la apretó como si la protegiera del peor de los enemigos.
— Hijo — se acercó su padre mientras tomaba de regreso a su esposa — ya hablaremos luego, él está en la playa, si te das prisa podrás alcanzarlo y aclarar las cosas.
— Papa, Gracias — Miro Makoto agradecido a su progenitor
— Descuida, ahora ve — y salió corriendo en dirección a la playa para continuar su búsqueda de Haruka.
Un hermoso atardecer caía, era víctima del tiempo y la lejanía de la estrella más brillante, las olas sonaban como instrumento de una ensayada orquesta, era un concierto u escenario hermoso, cuya vista era apreciada por casi nadie.
Makoto cansado de correr por varios minutos por una calurosa playa, a punto de caer exhausto, pero sin intenciones de rendirse, como un reflejo causado por la decadente luz, a lo lejos pudo verlo, una silueta inconfundible de aquel cuya imagen había invadido su cabeza de manera temerosa durante las últimas horas.
Se acercó lentamente, debía admitir que aquella luz natural le hacía ver aún más hermoso, quería guardar esa imagen en su cabeza el mayor tiempo posible, sabía que la charla que debía tener con el pelinegro no sería fácil, no tenía idea de cómo iniciarla si quiera como terminaría.
Se acercó aún más, de manera tal que era imposible no darse cuenta de su presencia, estaban un poco alejados de las áreas habitadas, estaban más por aquellas partes rocosas donde solo eran visitadas por aquellos que necesitaban estar solos, como era la intención del pelinegro.
— ¿Cómo me encontraste? — Cuestiono el más bajo sin perderle la vista al paisaje descrito — No pensé que me encontraras tan rápido.
— ¿Entonces pretendías seguir escondido hasta que te encontrara? — Makoto sonaba tranquilo pero la verdad estaba desesperado, deseoso de abrazarlo.
— No creo poder esconderme mucho tiempo — Continuaba en el mismo lugar
— Ni yo creo poder soportar no encontrarte — Dijo adoptando su posición
— Eres fuerte, podrías buscar sin rendirte — Makoto se giró nuevamente en su dirección
— No soy tan fuerte… Haru — Comento
— Lo sé, lo descubrí de la peor manera — su voz ahora ronca se entre cortaba al salir
— Haru… — Trato de iniciar
— No, no tienes que explicar nada Makoto, en tu lugar yo hubiera hecho lo mismo — Haruka volteo en dirección a Makoto, sus ojos estaban bañados por un líquido salado, ese líquido que se nutre de nuestras tristezas, aquel que llamamos lagrimas — pero… aunque lo entiendo… me dolió, aun así, me dolió y me sigue doliendo Makoto
Y sin un conteo descendente Haruka estallo en llanto, siendo sostenido por los brazos de su amado, ambos trataron de ser fuertes, ambos querían manejar la situación con madures, pero fue imposible, se amaban y estaban sufriendo por el dolor del otro.
Makoto apretó más y más a Haru, sentía su calor como nuevo, la tarde ahora más oscura, le daba permiso para ser más íntimos, para expresar sin vergüenza lo que solo sus cuerpos podían expresar.
Se encaminaron sin alejarse el uno del otro aun lado de las rocas, aquellas que mantenían una batalla con las olas y roseaban ligeramente gotas de agua salada a los amantes.
El crepitar de las llamas sobre la madera quemada se unía al sonido de las olas rompiendo en la orilla. La arena aún conservaba un poco del calor del día, trasmitiéndolo así a los jóvenes que estaban acostado sobre una manta que habían obtenido de la mochila que inconsciente aun llevaba Makoto encima.
En ella los besos eran entregados sin restricciones, las manos desatadas recorrían el cuerpo ajeno. Suaves gemidos se perdían con el rumor del mar.
Makoto se estaba deleitando con cada sonido que lograba liberar del siempre frio Haru. Mientras el pelinegro solo podía entregarse por completo a su amante.
Aunque conservaban aun sus pantalones puestos, eso solo provocara que el momento fuera más erótico. Sus pechos estaban unidos, compartiendo el calor de cada piel.
Makoto bebía de los labios de su amado, mientas la dureza de su entrepierna se rozaba con la contraria, llevándolo a los dos más cerca del placer puro.
Mientras que Haruka, debajo del fuerte cuerpo de Makoto solo podía ansiar el momento en que sería llenado por el peli verde. Estaba excitado, más que excitado a decir verdad, sentía que su piel ardía donde fuera que Makoto lo tocara. El ojiazul apenas era consciente de los sonidos que los rodaban, no era consciente del ahora estrellado cielo sobre ellos, solo podía ser consciente de su cuerpo y del de Makoto, solo podía pensar en que su entrepierna quería más atención, necesitaba más atención. Su miembro necesitaba ser libre de las telas que lo retenían…pero no se atrevía a liberarlo él. Estaba demasiado abrumado por los besos que devoraban su boca, besos que se perdían en su cuello, besos y caricias que quemaban su piel.
Como si leyera su mente, Makoto alzo uno de los muslos de Haruka, provocando una mayor fricción entre las protuberancia de sus sexos. Un fuerte jadeo salió de la garganta del pelinegro al sentir tan divina presión. En respuesta, enredo sus piernas en las caderas del Tachibana, quedando totalmente dispuesto a su deseo.
Makoto solo pudo gruñir en medio de un beso, mientras sentía esas firmes piernas atarse a él. Sabía que Haruka estaba muy excitado, dispuesto a ser tomado en ese mismo momento, pero aún faltaba, Makoto quería alargar la espera del Nanase para así alargar el dulce placer del final.
Makoto inicio un vaivén cadencioso, provocando que Haruka rompiera el delicioso beso para inclinar la cabeza hacia atrás y dejar salir un sonoro gemido. Makoto se deleitó con la muestra de disfrute, y tomo por asalto ese blando cuello que le era ofrecido de manera casi involuntaria. Sin demora la boca de Makoto devoro una vez más esa piel expuesta. Dejando marcas rosáceas que evidenciaba las ansias de su deseo. Bajo más, llegando a la clavícula del pelinegro, y más abajo, hasta llegar a las tetillas de Haruka. Una de las manos de Makoto, abarco el bulto palpitante del pelinegro, mientras sus dientes tiraban del pequeño pezón. Un grito placentero llego a los oídos de Makoto, mientras sentía los dedos de Haruka hundirse en la piel de sus hombros.
— Ahh Ma..koto…humnn — gemía Haruka entregado a los deseo de su cuerpo — por favor..yo..
— lo se… — respondió el peliverde liberando el pequeño pezón, tan solo para tomar el otro y atormentarlo con sus dientes y lengua, dejando un rastro húmedo y ardiente sobre la piel del de ojos azules, quien solo quería ser poseído — solo resiste un poco más…
— Ahh… — fue la respuesta entrecortada del Nanase
Apiadándose de él, el peliverde se separó lo suficiente para quitarle los pantalones a Haruka, provocando que su miembro saltara orgulloso totalmente erguido y cubierta su punta por una capa de presemen. Una vez las piernas estuvieron libres de la tela, Haruka dio un giro a la situación.
Tomando a Makoto desprevenido, lo tumbo en la arena y se posiciono a horcajadas sobre él. Ante el cambio Makoto solo pudo reír, pero fue por poco tiempo, ya que sin decir palabra, Haruka se lanzó a devorar los labios ajenos.
Ya no eran besos eróticos, ahora eran besos hambrientos, besos que buscaban desbordar la llama del deseo hasta que se desatara el incendio.
Makoto se dejó hacer, disfrutando del cuerpo ahora desnudo sobre él. Sus manos acariciaron todo a su paso hasta que una llego al falo inhiesto que pedía atención.
— Aahaaa…— Haruka rompió el beso para gemir audiblemente. La mano de Makoto solo había sujetado su longitud provocando que casi se corriera al instante.
— Estas muy ansioso Haru-chan… — acoto de manera juguetona mientras unía su otra mano a la caricia en la virilidad del pelinegro.
—aahh mnnmm y tu estas ju…gando…Makoto — clavo sus orbes azules en los verdes de su amante — lo quiero…ya.
Una sonrisa más se extendió por los labios de Makoto mientras soltaba el miembro de Haru para agarrar su trasero con ambas manos, e invertir las posiciones una vez más. Ataco los rosados labios nuevamente mientras volvía a acariciar el miembro de Haru ahora prisionero entre los cuerpos.
Haruka estaba enloqueciendo, necesitaba ser uno con Makoto. Necesitaba esa gruesa polla llenando su interior con maestría.
Makoto se alejó, en esta ocasión para liberar su propia erección. Haru miro anhelante la carne palpitante que quedo expuesta frente a él, se vio tentado a levantase y lamer la longitud, pero antes de poder moverse, fue Makoto quien se inclinó y tomo la suya en sus labios.
El grito salió de la garganta, muestra inequívoca de placer. Makoto llevo el miembro de su amado tan adentro de su garganta como le era posible, su lengua se movía alrededor de esa carne hinchada, mientras el fondo de su garganta recia más gotas del delicioso pre-semen del azabache.
Haruka estaba a punto de explotar, No creía resistir mucho con su pene enterrado en la boca ardiente de Makoto. Lo deseaba tener dentro al momento de correrse, quería que fuera el pene del peliverde la que lo lanzara al abismo del placer, pero su cuerpo necesitaba liberarse cuanto antes.
Makoto apretó los labios, provocándole más placer al pelinegro, quien preso del mismo se retorcía sobre la manta y enterraba la manos en los cabellos del Tachibana, quien solo podía sentirse satisfecho del estado en que estaba el pelinegro.
El de ojos verdes quería tomarlo, solo dios sabia cuan ansioso estaba de enterrarse en la estreches del otro, pero no sabía por qué, quería tenerlo así por más tiempo, quería verlo sumergido totalmente en el placer que él le estaba dando. Sin dejar salir el miembro de su boca, Makoto llevo su mano hasta la entrada de Haruka, sabía que era mejor si la lubricaba, pero no pensaba soltar tan amada presa de su boca, por lo que lentamente introdujo dos dedos en las estrechas paredes de Haruka. Este perdido en el placer que recibía, apenas se percató de la intromisión, situación que cambio cuando sintió como el Tachibana golpeaba su próstata.
— AHHH... — grito sin pudor alguno el pelinegro mientras de manera inconsciente empujaba la cabeza del peli verde para llevar su miembro más profundo en a la garganta ajena.
Makoto no se tomó a mal la muestra de pasión, sino, que golpeo una vez más ese cumulo de nervios sabiendo lo que pasaría.
— Ma…Mako…AHHH — Haru sintió el calor extenderse por todo su ser y como si de un rayo se tratara, ese calor se concentró en su sexo, liberándose en una caliente descarga de semen que fue a parar a la garganta de Makoto. Haruka solo podía temblar mientras su miembro se sacudía en la caliente prisión que se había convertido la boca de Makoto.
Cuando la última gota se semen fue vertida en la boca de Makoto, este se dignó a soltar a su amado prisionero. Haruka aun gemía cuando el peli verde se alzó para acomodarse entre las ahora temblorosas piernas del azabache, sacando sus dedos, guio su gruesa virilidad hasta la entrada de Haruka, ahora lubricada con su propio semen y con firmeza comenzó a adentrarse en él.
Haruka gimió más fuerte cuando sintió la masa de carne adentrarse en su cuerpo. No era doloroso, pues Makoto se había encargado de ensancharlo lo suficiente para que no fuera incomodo, pero si era abrumador, recién se había liberado con una fuerza atronadora, no creía poder responder tan rápido, pero su cuerpo tenía vida propia, y con sorpresa sintió su sexo llenarse de deseo una vez más.
Makoto se había adentrado por completo en el pelinegro, sentía su sexo ser apresado por las cálidas paredes del otro. La suavidad y el calor de su interior era lo más glorioso que pueda sentir en ese momento. Verlo en éxtasis solo era un plus a toda la situación. Su rostro sonrojado y sudoroso sus labios húmedos de su saliva. Aun podía sentir en su boca el sabor del semen del pelinegro. Era increíble, amar a ese hombre era increíble.
— Ma…Makoto…— llamo el de ojos azules, provocando que el peli verde centrara más su atención en el —…TE AMO…— confeso sin reparos, sin superlativos que lo adornaran, solo era la confesión del sentimiento que inundaba su ser.
Haruka recio su confesión con el corazón abierto, y solo por un momento pensó no merecerlo, quería que Makoto sintiera que le estaba entregando más que su cuerpo, su vida, para amarlo el doble por cada momento de tristeza que vivió por su inmadurez, pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando los ardientes labios del peliverde descendieron sobre los suyos, para acallar los gritos que libero cuando esa gruesa polla empujo dentro de él.
Una, dos, tres…no se podían contar las acometidas de las caderas de Makoto contra el cuerpo ardiente de Haruka, no se podían contar ni se podía medir la fuerza de la pasión de ambos desatada.
— Mas…mas…si….mmmnn…Ma-makoto…ahí….siiiii — desenfreno corría por la sangre de Haruka. Su pasión estaba desbordada. Solo podía pedir más, más amor, más pasión, más sexo…más empuje contra su cuerpo que lo llevaba cerca de la locura. Solo quería más de Makoto.
— Te daré todo lo que quieras Haru-chan….
La leña estaba casi extinta, mientras que los amantes estaban acurrucados brindándose calor, había conversado sobre muchas cosas, entre ellas la conversación del pelinegro con su padre, y el encuentro de este con los Tachibana. De alguna manera todo empezaba a tener sentido para ambos.
Makoto no fue la excepción, le conto al más bajo sobre esos años de tratamiento, también de la primera vez que se animó levemente a confesarse, esa vez en la fiesta donde Rin le animo tras ver un paisaje hermoso en la mansión Nanase, a decirle sus sentimientos, esa fue la primera vez que se sintió expuesto.
Haruka lamentaba tras cada historia ser tan tonto y no haber escuchado lo que tenía que decir, lamento a sobremanera los años que por su culpa estuvieron alejados el uno del otro.
Se levantaron de la tibia arena, recogieron sus cosas y a pasos lentos mientras se tomaban de la mano se encaminaron a casa del Nanase, donde seguro le esperarían sus preocupados amigos.
Durante todo el camino se contaron un sinnúmero de cosas sobre sus pasados, Makoto consideró oportuno y justo contar sus planes de venganza al más bajo, entendiendo que era una manera de poder cambiar la página.
— Haru-chan, hay algo más que quiero decir… — Tomo un fuerte respiro, mientras el pelinegro ponía atención — ¿recuerdas aquel día que tuvimos nuestra primera cita?, Haru yo…
— No importa Makoto — Haruka le detuvo — Ya no importa, solo es ahora, solo nuestra nueva historia, el ultimo capitulo para finalizar esta historia e iniciar una nueva, sin secretos, sin tragedias, una historia donde solo nuestro amor importe — se acercó al más alto, depositando un ligero pero tierno beso en los labios ajenos.
— Te Amo, te amo, te amo — Grito Makoto a todo pulmón sin importar nada, tomando a Haruka pos su delgada cintura, ignorando el sonrojo y nerviosismo de este mientras estaba en las altura de sus brazos.
Desde una ligera distancia, con una cerveza en mano, y sonrisa en el rostro Kisumi vociferaba a la pareja quien no pudo ignorar el bullicio.
— Hey, Tortolos ¿por qué no entran de una buena vez?, todo está listo para fiesta, solo los esperábamos a ustedes — dicho esto se adentró a la estancia seguidos de los amantes.
Tras su entrada, todos los presentes al lado de sus compañeros, aplaudían felices por la reciente reconciliación, sirvieron copas de licor para todos y alzando sus bebidas al aire y brindaron
— Por el Amor — Dijeron Rei y Nagisa
— Por el Perdón — las palabras de Rin y Sousuke
— Por la Familia — fueron los deseos de Nitori y Momotarou
— Por los Amigos — Pidieron Kisumi y Takuya
— Por Nosotros — Sonrieron Makoto y Haruka
Para lograr alcanzar un Felices para siempre...
FIN
