LA PRIMERA VES QUE LA VIO
—¿En verdad no quieres saber quién te envía esas cosas?
—No, Sai, no quiero saber.
De hecho Naruto, si quería saberlo. Había momentos en los que se sentía observado, pensaba que sufría un caso común de delirio de persecución.
Aunque extrañamente, todo lo que necesitaba llegaba a sus manos, como si tuviera súper poderes, pero había descartado la idea, después de pedir que a Sai le cayera un árbol o algo gigante encima. Se percató de que al parecer, el súper poder solo funcionaba cuando las necesidades eran inocentes y hasta cierto punto habituales.
—Como sea amigo, estos son los mejores pastelillos de chocolate que he comido, y si no encuentro pronto a la chica que los hace para casarme con ella, no sé qué será de mí. Uzumaki, debes al menos tener una idea.
—Pues no la tengo. —Sentencio el rubio.
Y era verdad, no la tenía, se sentía frustrado. Los pastelillos le encantaban, hasta había comido ramen de misteriosa procedencia, y aunque no era del Ichiraku, tenía un sabor totalmente glorioso.
Su tarea, su uniforme. Hasta esa ocasión, cuando los tipos mayores en primer año quisieron hacerles la clásica novatada, robándoles la ropa, la suya apareció mágicamente, con una nota que contenía solo una carita feliz. Solo eso. Todo siempre tenía ese sello único. Una carita feliz.
No iba a mentir. Le gustaba sentirse mirado y cuidado por alguien, se sentía bien. En paz. Le habría gustado conocer a la chica en cuestión, aunque si resultaba ser un chico, no estaba muy seguro de sentirse feliz entonces.
De cualquier modo, el tiempo se terminaba. Jugaría la final, se realizaría el baile, y al irse al Remolino, esos detalles dejarían de existir.
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—¿Vas a ir a la final Hinata?, ¿Ya hiciste tu pancarta para Uzumaki?
Se encontraban, en plena cafetería. ¿Cómo se atrevía Kiba a casi gritar eso?
—Shhhh —Hinata le hizo una seña con su dedo índice acallando sus labios.
—Esta mesa es invisible para todos.
Hinata le dedico una mirada acusatoria. —Sabes bien que solo yo, soy la invisible.
—Claro que no lo eres. Lo que sucede, es que evitas tanto a las personas, que ellas lo hacen contigo también. La gente siente las vibras y eso.
La pelinegra prefirió omitir comentario alguno. Naruto, ya se había tardado. Le pareció raro. Sasuke hacia su entrada habitual con Sai y Sakura a lado. Todos sabían que la reina del baile seria ella, era la reina del teatro. Se rumoreaba que esa zona de la escuela nunca había resaltado, hasta que llego ella. Por otro lado, el rey del baile, sería Naruto, no eran pareja, pero eran quienes dominaban en las listas de popularidad.
Las miradas se centraron en los llegados, hasta que tomaron su sitio en la mesa "principal". Mesa que era ocupada, por demás deportistas y novias.
Pasaron los minutos y entro Shion, la novia de Naruto, la chica que lo había acaparado prácticamente todo el instituto. Hinata reconocía su belleza: era rubia, cuerpo perfecto, ojos bellos pero feroces. Shion, sabía lo que quería y lo obtenía a como diera lugar. Hinata había aprendido eso a muy temprana edad. Las chicas como ella y sus fieles seguidoras Fuu y Amaru, se encargaban de marcar los territorios y ubicar en su lugar a los despistados que pretendían más de lo que merecían.
La Hyuuga espero, un poco más, cinco minutos. Naruto, moría de hambre a todas horas, y justo la hora del almuerzo, era, junto con el entrenamiento, a las únicas que jamás llegaba tarde. ¿Qué pasaba con él?
—Problemas en el paraíso. —Murmuro Kiba.
—¿Qué dices? —Hinata solo podía pensar, en su rubio, su rubio, que no había comido, que no había llegado, que tendría hambre en el entrenamiento si no llegaba pronto.
Empezaba a realizar un conteo mental del horario del día.
Calculo por la mañana… el profesor no lo había llamado para después.
Química, Historia, Literatura, y la última había sido Biología en el laboratorio. Habían salido juntos. El había sido interceptado por sus amigos en los pasillos, caminaban a la cafetería, y cuando el había estado a punto de entrar…
—Shion esta histérica.
—¿Qué dices Kiba?
—¡Que la pelos de elote tuvo problemas con el rubio idiota!
Hinata, no respondió, se levantó de su asiento y corrió. Tenía que encontrarlo, debía hacerlo. En algún lugar tenía que estar. Tenía su comida de la tarde. La que guardaba para el entrenamiento. Vería por hacerle llegar eso y… solo quería asegurarse de que estuviera bien…
Después de un largo rato de correr, recorrer pasillos, saltar algunas clases y perderse, Hinata fue al último lugar dentro de la escuela donde aún había posibilidad de verlo.
El campo de futbol, el no perdería el entrenamiento. No lo haría jamás.
Sigilosa se coló y adentro a las gradas.
—¡Chica, me has dado el susto de mi vida!
Hinata sintió que todo se volvía negro. Y si no hubiera sido por el dolor, seguro atribuía la situación a un próximo desmayo.
—Oh perdón. Creo que yo fui el que te dio el susto de tu vida. Siéntate antes de que te golpees de nuevo.
—Pe… pe… perdón, no, no sabía, que ha… había... a… alguien aquí. —Paso una eternidad antes de que Hinata terminara de hablar, pero el rubio la miro atento, escucho cada palabra y espero paciente a que terminara, lo que parecía imposible. Seguido de eso, soltó una carcajada.
—Sí que eres una chica rara. Tranquila, no pasa nada. Solo quería estar solo, no pensé que este ya fuera el lugar de alguien más. ¿Esto es tuyo? —Pregunto tomando del piso una pequeña hoja color lila que contenía una carita feliz.
—Emm, no… no… no es mía… —Hinata comenzó a temblar y a sudar frio. Sabía que Naruto era un despistado, pero tanto como para no recordar, el emblema con el que firmaba todo lo que hacía con tanto esmero para él. Sabía que no.
El chico hizo una mueca y se encogió de hombros. —Ni hablar. —Cuando miro a la chica pelinegra llegar, pensó que era un fantasma, una chica tan pálida y con ropa tan triste y gris.
Había llegado a ese lugar por accidente, solo quería escapar…
—Yo… yo… lo… lo si… siento. —Dijo Hinata, lista para emprender la retirada cuando el chico rubio dejo de mirarla. —La… lame… me… mento…
Naruto giro su rostro para mirarla una vez más. —No te preocupes. Puedes quedarte si así gustas, de cualquier modo, en menos de diez minutos tengo que ir a entrenar… —Termino de decir en un susurro. Preguntándose, que le sucedía para darle explicaciones a esa chica rara, que ni si quiera había resultado ser su admiradora secreta.
Cuando se adentró debajo de las gradas y vio el lugar, le pareció que este parecía semi-ambientado, para pasar el rato. Poco después encontró el trozo de papel lila e imagino, que su chica misteriosa lo miraba desde ese punto. Hizo una mueca. ¿Quién en su sano juicio piensa que es lindo que te anden acosando? Porque era eso. Acoso. Esa chica debía de estar completamente dañada.
Miro a la chica que tenía a lado una vez más. Esta parecía temerle. Totalmente descartado que estuviera detrás de sus huesos. A duras penas podía mirarlo.
Con un suspiro de resignación, Naruto, anunció su retirada. —Bueno, te sedo el lugar, —dijo levantándose e inclinándose mostrando respeto al lugar tan cómodo que había hallado.
Hinata, vio como Naruto pasaba entre los espacios de las gradas con agilidad y destreza. Pero un poco apagado. Ese no era el chico que se dedicaba a espiar todo el tiempo. ¿Sería que Shion lo había lastimado? ¿Era eso?
Cuando Naruto se perdió de su vista, vio con adoración, el lugar del cual se acababa de levantar. El había estado ahí, y la parte más psicópata de su mente, considero que aún estaba cálido, que aun podía aspirar el aroma que desprendía el chico rubio.
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Al llegar a los vestidores, se podía escuchar tanto escándalo, que más que cambiarse de ropa, parecía que los chicos estaban haciendo una batucada.
Cuando Naruto entro, todo el lugar se llenó de silencio.
Gaara le dio una palmada en el hombro y con una inclinación de barbilla le saludo. Naruto regreso el gesto. Parecía que el desliz de Shion ya era de dominio público. Igual nunca pensó que pasaría desapercibido.
Camino hasta su casilla y empezó a cambiarse. Poco a poco todos regresaron a sus actividades anteriores.
—¿Entonces quien es la siguiente Uzumaki?
Naruto rodo los ojos en secreto y volteo su rostro a Sasuke. —Vamonos. —Le dijo el moreno.
El rubio asintió y dejo al risueño de dientes afilados con su duda tan poco apropiada.
Poco después, un chico pelirrojo y gigante. Miro con recelo al alvino. —No seas bocazas, el que Uzumaki, no te haya respondido, solo es indicador de…
—¿Que esta triste? Pobre Narutin… —Le interrumpió con voz chillona y melosa. Seguido de eso soltó una carcajada. —El gran Uzumaki cambiado por un pobre diablo como Taruho. —Volvió a reír.
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Al llegar al campo, Naruto inicio con su calentamiento habitual.
—Creo que el pendejo de Suigetsu, tiene razón. Necesitas otra chica.
Naruto miro con seriedad, indicativo de eso, su ceño fruncido, al tipo pálido que le llamaba.
—La final está cerca, la graduación. —Enumero con los dedos. —Te ha dejado por un perdedor y tú tienes que buscar un remplazo mejor que ella.
—Deja de leer todas esas revistas para adolescentes, solo aprendes pendejadas. —Le recrimino Gaara a Sai.
Naruto no se inmuto. No respondió nada. No tenía nada que decir.
¿Conseguir otra chica?
No, no solo una chica. ¿Una chica mejor?
Pero ¿qué era mejor? Shion era bella, demasiado bella, y de no haber sido por su repentino cambio de sentimientos, la habría considerado para toda la vida, una chica superficial.
La confesión de Shion, solo le hacía ver que el había sido tan o más superficial que ella, al haber mantenido una relación de años, sin involucrar los sentimientos jamás.
Solo bastaba mirar a su familia para sentirse aún más caído. Su padre había sido el capitán del equipo, había salido con la chica más hermosa, que, para fortuna del rubio, era su madre. Animadora y brillante, su madre era el claro ejemplo de que para ser bella, no debías tirar por el retrete tu cerebro. Sus padres tenían la relación ideal. La perfección.
El solo había querido seguir el esquema.
Había sido amigo de Saske, Sakura y Gaara, casi desde su llegada a Konoha. Había conocido a Shion en una fiesta, justo en el primer año. Era amiga de Ino. Habían hablado y a él le había parecido una chica bonita, algo especial, por no decir sangrona, pero bonita. Ese día había conocido a Taruho. Un nerd, que había estado con ella desde siempre, que hacia lo que ella le pedía, como y cuando ella quería. Sabía que él estaba enamorado de ella, así como sabía que ella lo tenía ubicado muy concienzudamente en la friendzone.
—Hey Uzumaki, entrenaras o quieres que te traiga una silla, para que puedas meditar a gusto. —Naruto salió de sus cavilaciones, para mirar al viejo Bee, el entrenador, parecía un desquiciado, pero era buena gente. Naruto lo apreciaba y respetaba.
—Tranquilo viejo. —Le giño y siguió a sus compañeros al entrenamiento.
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Hinata lo observaba desde la distancia. Aunque su energía habitual no se veía disminuida por no haber almorzado. Si se notaba pensativo, un poco distraído y desanimado.
Cuando el entrenamiento termino, ella ya había colocado sus bocadillos en su casillero. Era tan invisible, que casi podía hacer las cosas con calma y parsimonia, podía entrar, salir y pasar completamente desapercibida.
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—La chica misteriosa, te ha dejado un regalo. ¿No sería genial saber quién es? Así podría ser el remplazo. —Hablaba Sai.
—Es un fantasma. Nadie la ha visto jamás… —Agrego Sasuke.
—Vamos a buscarla Uzumaki. Pondremos letreros y pasaremos la voz, de que la estás buscando. Seguro que se aparece. ¿Quién dejaría pasar la oportunidad de estar con el gran Naruto?
Naruto miro con cansancio a Suigetsu.
—Sí, claro. Shion. Shion dejaría pasar la oportunidad… —Después de un siglo de carcajadas por parte del alvino. Y de ser ignorado por completo por casi todos, o al menos algunos disimulaban que no les daba risa, la tragedia que seguía a su capitán, otros tantos, más cercanos al rubio, solo fulminaban con la mirada al de dientes afilados.
Suigetsu, con su naturaleza simplona y valemadrista, continúo con las risas y burlas un rato. Al final sabía que Naruto no movería ni un dedo para rebatir lo que decía.
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Hinata esperaba la salida del rubio. Cuando lo miro caminando a la salida acompañado de Gaara, inicio la caminata de persecución vespertina.
Camino con mucho sigilo, hasta la salida, donde Gaara se despidió con un choque de puños.
Naruto caminaba cabizbajo. ¿La razón?, era tan difícil como tonta de aceptar. Se sentía liberado. Sentía que ahora podía hacer con su vida lo que quisiera.
El final del instituto estaba a la vuelta de la esquina. Y el solo tenía que avanzar un poco para alcanzarlo. Podía terminar con ese ciclo, y reiniciar. Cambiar sus metas.
Solo debía ser más… —¡Gaara! —Se giró y lanzo un grito. Gaara ya no estaba. Pero si había alguien más detrás de él.
Era la chica fantasma. Y (otra vez), la había espantado. Se apeno un poco, solo le basto con ver la cara de pánico de la chica, para recriminarse el grito lanzado hace unos momentos. Le sonrió y se encogió de hombros mientras formaba la palabra "Lo siento" con sus labios, sin decirla en voz alta.
Ella no respondió nada. Se quedó estática y pálida, poco a poco vio como empezaba a temblar. Que chica taaaan rara. Pensó.
Se sintió tan incómodo que giro sobre sus talones y continuo con su camino anterior.
Al llegar a su casa, fue recibido por su madre. Nada como estar en su hogar, para sentir que todo el peso del día se le escurría y estaba en paz.
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