DESCUBRIMIENTOS

Paso una semana. Naruto se sentía tranquilo. Shion y el, habían dejado de ser los protagónicos de los chismes, gracias a que Sakura había montado una pelea con Ino, por un vestido en la cafetería.

Al final, como todo, las cosas pasaban de moda antes de que te dieras cuenta.

Recibió un codazo por parte de Shikamaru. —¿Ya tienes tu regalito?

—¿Qué regalo? —Pregunto desconcertado.

—No finjas. El tentempié matutino. Muero de hambre, desperté tarde y no desayune.

Naruto rio. —Ya me llego, sí. Pero lo he comido. Eran dulces de leche. —Encogió los hombros.

—No me importaría que fuera una mujer con apariencia de bruja si me va a cocinar así para toda la vida yo me caso.

—Clama Nara, Mi hermana, no tiene cara de bruja, tiene mente de bruja que es peor, yo que tu reservaría mis comentarios. —Kankuro, se acercaba con Gaara.

Naruto solo sonrió y se despidió de sus amigos, para ir a sus clases.

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—Hoy tendremos el último examen de diagnóstico, para que realicen los finales. Cierren por favor cuadernos, libros, guarden celulares, afuera solo quiero ver lápiz.

Cuando el profesor Iruka, termino con sus indicaciones. Hinata empezó a buscar de entre sus cosas un lápiz. Lamentablemente no lo encontró. Justo el día anterior había vaciado su mochila para utilizar una nueva. Pero se había dejado los lápices y las plumas.

—Esto… pro… profes… sssor…

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A los oídos del rubio llego un murmullo. Se escuchaba como una chica. El sonido le parecía familiar, pero era muy bajo. Volteo a los lados y no vio nada que indicara la procedencia del sonido.

Giro su rostro por completo y se encontró con una carita espantada. La chica rara estaba en su clase se historia. ¿Y ahora porque estaba asustada? ¡No había hecho nada!

Cuando Naruto, empezaba a girar su rostro para no espantar más a la chica, se percató de algo. Ella no lo miraba a él, intentaba atraer la atención del profesor. Pero hablaba tan bajito y tartamudeaba tanto, que Iruka pasaba completamente de ella.

Su cara angustiada pudo ser discernida, por él, por primera vez. Tenía ojos grandes, eran unos ojos poco comunes. Blancos… hablando de fantasmas pensó. Pero también tenían un pequeño tono ¿lila?, su nariz era pequeña y respingona, sus mejillas estaban teñidas de carmín y sus labios, que temblaban mientras llamaba al profesor eran carnosos, su boca fácilmente se asemejaba a un corazón. Era una chica muy bonita. Su piel era blanca y no parecía tener marcas de acné o perforaciones. Su cabello cubría parte de su rostro, pero no lo ocultaba, lo enmarcaba y realzaba su belleza. ¿Cómo no lo noto antes?

Bajo un poco la mirada. Su cuello era largo, delgado. Inclino un poco su rostro mientras detallaba su vestuario. Ropa holgada, falta de color, pero linda, con clase. No se veía mal. Al contrario, se veía muy bien. Demasiado bien.

—¡Naruto! Dije que hay examen. Vista al frente. Deje a su compañera Hyuuga.

Naruto regreso al presente y miro a la chica una vez más, ahora ella se percataba de su mirada. De la mirada detallada que le había dedicado y aparte de estar completamente asustada, estaba muy muy roja. Su piel, que en un principio estaba blanca y bella, ahora parecía un foco, un foco que se había sobrecalentado.

—Lo siento. —Hablo sin pensar. —Toma. —Le extendió su lápiz. —Al menos había notado, que su problema radicada en no tener con que responder el examen. —Te presto el mío.

Hinata, miro el lápiz y dudo un buen rato entre tomarlo o no.

—Señorita Hyuuga, ¿será que podemos empezar con el examen?

Hinata miro a Naruto, al lápiz y al profesor. Al lápiz de nuevo. Lo tomo, cuando el profesor empezó a golpear con su piel el suelo en repetidas ocasiones, haciendo evidente su desesperación.

Naruto no soltó el lápiz, por lo que Iruka, ejerciendo su autoridad como maestro y superior en clase, lo saco de su ensoñación, quitando el lápiz de sus manos.

—Aquí tiene señorita Hyuuga. Ahora a trabajar. —Dijo para todos.

Hinata, no podía concentrarse en su examen. Tenía en sus manos un lápiz, un lápiz que pertenecía a Naruto. Era una situación nueva. Él, la había mirado, directamente a ella, a la chica invisible y le había ofrecido un lápiz. Todo, tan propio de Naruto. "Ayudar sin mirar a quien."

Poco a poco el salón se fue quedando vacío. Cada quien terminaba su examen y se retiraba. A excepción de la señorita Hyuuga, que aún no podía cavilar respuesta alguna para el examen, no podía salir de su shock.

—El tiempo se terminó. —Dijo Iruka. —Hinata, eres la última.

La chica de ojos color perla, levanto el rostro y noto, que en efecto, era la última. Naruto se había ido y ella no le había regresado su lápiz. Ahora se lo quedaría, el seguro no se lo pediría jamás, solo era un lápiz. Había perdido gran parte del tiempo ideando el dialogo perfecto para devolvérselo al terminar su examen. Pero… eso no había pasado. No había terminado la prueba.

Miro al profesor. Y con una mueca le entrego el examen. Salió disparada de ahí, sin mirar atrás. Solo era un diagnóstico, no tenía importancia.

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Por alguna razón, Naruto había quedado prendado de la chica rara. ¿Cómo era posible que nunca la había visto? Si hasta se sentaba detrás de el en la clase de Historia.

Hyuuga. Su apellido era Hyuuga. ¿Pero, de donde había escuchado eso? Ese nombre le parecía tan familiar.

Camino por el pasillo para llegar a la cafetería. Al entrar vio directamente a la mesa del fondo. Ahí estaba esa chica. La chica fantasma, estaba sola, perdida en sus pensamientos, hasta que… un chico con apariencia salvaje se sentó en su mesa. Ella lo miro y le sonrió. Vaya, era aún más bonita si sonreía.

—¿Naruto te vas a sentar o qué? —Sakura y la paciencia no eran buenas amigas.

Sasuke rodo los ojos e ignoro a su novia. Naruto hizo lo mismo, para sorpresa de todos, no discutió a Sakura, como comúnmente lo hacía.

—¿A este que mosco le pico? —Pregunto Sai.

El evento pasó. Naruto termino de comer, pero estuvo pendiente en todo momento de la chica rara. Había hablado mucho con el castaño salvaje. Al que ya había visto, pero no sabía su nombre. Ella no parecía tartamudear, ni tener cara de asustada. Se veía feliz, sonreía la mayoría del tiempo y una que otra vez miraba con reproche juguetón al castaño. Eso le molesto. Pero ¿Por qué? ¿Por qué sentía ese revoltijo en el estómago?

¿Qué era lo que pasaba con él?

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Al regresar a clases. Hinata se llevó una sorpresa. Naruto miraba en su dirección. Ella miro disimuladamente detrás de sí, para asegurarse de que no era a ella a quien miraba, aunque lo pareciera.

—¿Cómo te fue en el examen? —Le pregunto animado, una vez que ella estuvo sentada. Extrañamente atrás de él.

Hinata, aun dudaba que estuviera hablando con ella.

Después de un rato de silencio mutuo, el agrego. —¿Me temes o algo parecido? —La chica era aún más extraña. ¿Qué le había hecho el para que actuara tan temerosa y retraída? Procuraba ser amigable, era raro que tuviera algún enemigo, y las pocas ocasiones en las que eso había pasado, solo bastaban un par de encuentros para aliarlos. Y esa chica, a la que no había visto, sino una semana atrás por primera vez, ahora resultaba que lo odiaba, le tenía pavor. ¿Pero qué demonios? Él no era Sasuke con cara de amargado, no era Sai con sus comentarios pervertidos y sin contexto, no era Gaara con cara de momia, o Shikamaru con su aburrimiento eterno, Él era Naruto, y era… Ahora que lo pensaba, no tenía idea de qué tipo de cara tenía él. Amigable, estaba seguro que siempre se veía así. Pero esta chica, que parecía propensa a los desmayos, estaba aterrada. Aterrada de él. Sintió una punzada en el pecho, con una inclinación al lado izquierdo. Le dolía que esa chica lo viera así. Parecía tan linda y tierna. ¿Por qué no podía dedicarle a él la sonrisa perfecta que le dedico al castaño en la cafetería? ¿Por qué no podía ser para él, la luz tan bella de sus ojos?

—No… no… lo… lo te… termine. —Dijo la Hyuuga, cuando él había perdido la esperanza de que le respondiera.

—¿Se te complico? ¿Puedo ayudarte a estudiar si gustas? —¿Puedo ayudarte a estudiar si gustas? A duras penas podía retener información en su cabeza de chorlito, como para poder ayudar a alguien a estudiar. No cabía duda de que esa chica tenía algo. Lo hacía decir incoherencias.

Y parecía que ella sabía que no era muy bueno en los estudios, porque le dedico una mirada incrédula.

—Quiero decir, no soy un genio, pero Shikamaru, me ayuda a estudiar en ocasiones, y no estoy tan perdido en el asunto. —Trato de sonar seguro de lo que decía. ¡Claro que podía dar clases de regularización! Obvio que sí.

El profesor Yamato ingreso al aula de Biología y termino con el monologo de Naruto. —Uzumaki vista al frente.

—Piénsalo. —El rubio susurro a la pelinegra y le guiño el ojo.

Hinata abrió tanto los ojos, que pensó, que corría el riesgo de que se salieran de sus cuencas. Su rubio le había ofrecido… ¿estudiar juntos?

El resto de las clases tuvieron la variante de que: Hinata ya no se sentía tranquila sentada detrás de Naruto. Había dejado de ser invisible y ahora él la notaba. Le sonreía y le hacía asentimientos a manera de saludo. Eso era todo tan irreal.

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Ese día Naruto no tenía entrenamiento. Normalmente y en tiempos pasados ese sería tiempo dedicado a salidas con Shion. Cosa que, de hecho, Hinata prefería perderse, solo estaba pendiente por su regreso más tarde a casa. Pero por lo que había escuchado ya no estaba con Shion. ¿Qué iba a hacer ahora?

Ella camino sigilosa y con una buena distancia detrás de él. No dejaría que la sorprendiera como la vez anterior.

Extrañamente el solo daba vueltas por la escuela. Hinata no entendía que pretendía hacer.

Ella lo observo con detenimiento, sin duda buscaba a alguien. ¿Pero quién sería? Lo había visto despedirse de sus amigos. De repente apareció Shion, la práctica de animadoras había terminado, y él se había acercado a las gradas. Así que era eso. Estaba buscándola a ella, una vez más…

¿Por qué imagino que su suerte cambiaría? ¿Qué Naruto la había mirado y sonreído? ¿Qué le había ofrecido su lápiz y ayuda para estudiar?

Ese solo era Naruto, siendo Naruto, y era la razón por la cual, se había enamorado de él en primer lugar. Por su vitalidad, por su buena vibra, por su magia, su luz, su esperanza. Era un gran chico. Era el mejor chico…

Desconsolada, por primera vez en su vida giro su rostro, ya no tenía caso, de cualquier modo, los encuentros con Shion eran territorio prohibido. Ella no podía ir ahí jamás. Lo sabía…

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—Naruto. —Grito Fuu.

—Me da mucho gusto verte. —Hablo Shion.

—¿La estabas esperando verdad? —Agrego Amaru.

Naruto fue consiente en ese momento de su error. Que hacía en el campo de entrenamiento cuando tocaba el turno de las porristas.

Vio las miradas divertidas y recelosas de algunas de ellas. Ino, lo miro con pena, Temari negó, y otras cuantas, bastante huecas como Amaru rieron.

—Buscaba a alguien. Pero no está aquí. Adiós Shion.

—Claro buscabas a alguien. —Le guiño coqueta Amaru

—Sabes que aún podemos ser amigos ¿no? Que Shion y tu terminaran, solo es indicativo de que puedes estar con alguien más… —Fuu se acercó a él, y le acaricio descaradamente.

Naruto prefirió no responder. Esas chicas nunca le había agradado y Shion… le había dado una oportunidad a Taruho y eso, le había demostrado a él, que la chica rubia, sabía al menos algo de amistad y lealtad. Lo notaba, el resto de las porristas, y muchas de las que se aseguraban intimas de Shion, hablaban a sus espaldas y se burlaban de la decisión tomada por su capitana.

La relación que había tenido con él, era pura imagen, sin substancia… Pero Taruho había conseguido que por una vez en la vida, la pose de maldita, abandonara a Shion, y se convirtiera en una chica real.

Maldijo el momento en el que se le ocurrió ir al campo. ¡Demonios! Había esperado ver a la chica rara. El último lugar donde pensó que podía encontrarla fueron las gradas. La había visto ahí la primera vez, después de todo.

Ni hablar, iría a su casa, y tal vez más tarde saldría con los chicos. Camino directo y sin distracciones, hasta que noto algo extraño. Esta era la calle de su casa, estaba seguro, no estaba perdido, era su camino habitual, ¿Qué hacia la chica fantasma ahí? ¡Caminando a su casa!

Se detuvo y miro con detenimiento. La chica siguió caminando despistada y retraída, se veía tan triste. Caminaba del lado de la acera de casa del rubio, seguido de eso cruzo la calle y entro en la casa… Hyuuga.

¡Cierto! ahí había escuchado el nombre. Su mamá hablaba mucho de las niñas Hyuuga… La chica rara era su vecina.

Y si no se equivocaba, si sus recuerdos no le fallaban. Ella ya vivía ahí cuando ellos llegaron, él fue al funeral de su madre. Y ahora que lo pensaba. La había visto de lejos. En la mecedora con un bebe cerca del féretro. Callada y triste.

¿Cómo era posible que el mismo semblante de aproximadamente once años atras, aun no desapareciera de su rostro?

Algo lo golpeo de nuevo, en el interior. Se sintió triste, por ella, por él, por todo.

¿Cuántas veces su madre le pidió que buscara a la niña Hyuuga, que jugara con ella? Y el, nunca lo había visto importante.

Era un idiota.

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