¡SORPRESA!
A la mañana siguiente, Hinata esperaba impaciente que saliera el rubio de su casa. Se estaba haciendo más tarde de lo normal y ella no sabía cuánto más retrasarlo. Miro el reloj y noto que apenas llegaría para entregar su proyecto final si acaso.
Salió disparada de su casa. Casi literalmente corrió, y por una vez considero tomar un taxi. Esperaba uno en la avenida, cuando sintió que alguien tocaba su hombro.
—Hola.
Era Naruto. Sin poder controlarlo su corazón empezó a latir con una frecuencia frenética. Paso saliva e intento saludarlo, aunque solo consiguió un murmullo de ratón. —Ho… hola.
—¿A ti también se te ha hecho tarde? —Pregunto risueño. A él no se le había hecho tarde, de hecho llevaba toda la mañana esperando a que Hinata saliera de su casa para casualmente caminar acompañado de ella a la escuela.
Hinata asintió con su cabeza un par de veces.
—¿Te parece si compartimos un taxi? —Naruto hizo la parada a uno y abrió la puerta para que Hinata entrara.
Ella lo dudo un poco, pero termino entrando al vehículo. Se recorrió y dejo espacio para que Naruto ingresara también.
—¡Somos vecinos! ¿Lo sabias? —Pregunto el rubio, pretendiendo generar conversación.
Ella aclaro su garganta un poco. —Esto… sí, cre… creo que te he visto. —Hinata lloro de risa en su interior ante su respuesta. ¡Ja! Mejor dicho, él era lo único que había visto en toda su vida.
—Me llamo Naruto.
Las carcajadas mentales de Hinata estaban a tope. Sabía su nombre, sabía su color favorito, su comida favorita, su música favorita, su postre favorito, sabía cuándo, a qué hora, dónde y como hacía todo. Lo sabía todo de él. Pero, él presentándose, era algo muy bonito. Algo que no creía posible llegar a vivir. —Hi… Hinata.
—Hinata Hyuuga, ¿pensaste en lo que te dije ayer?
—¿Hum? —La morocha estaba sorprendida de que Naruto, el chico más popular, hermoso y lindo del mundo supiera su nombre. ¿Cuándo había pasado todo eso? ¿Y porque ella no se había dado cuenta? ¿Se lo habría dicho Amaru? No, no lo haría…
—¿Lo de estudiar juntos? —Agrego al verla tan confundida.
—Emm… yo, esto… eh… no qui… quisiera molesta… tarte.
—¡Que va! No es ninguna molestia. Podemos iniciar hoy. Tengo entrenamiento, pero después de eso podríamos vernos en la biblioteca, en mi casa o la tuya. ¿Qué dices?
Hinata, no tuvo que pensarlo demasiado. ¿Cuántas veces podía pasar el rato con Naruto? —Bu… bueno. —Le sonrió. —Gra… gracias, Na… Naruto.
Que bien se sentía decir su nombre en voz alta. Que bien se sentía llamarlo a él por su nombre. Era maravilloso estar sentada a lado de él.
Llegando al instituto. Después de que Naruto se negara a aceptar que Hinata pagara el taxi, se separaron, solo unos minutos, ya que de nuevo compartían clase.
En esta ocasión, Naruto ya estaba dentro del salón, platicaba animadamente con Lee y Chouji.
—La fiesta la hará Kakuro, después de la graduación. ¿Vas a ir verdad Uzumaki?
—¡Claro! Kankuro, hace las mejores fiestas… ¡Hinata!
La Hyuuga saltó cuando el rubio grito su nombre sin previo aviso. —¿Es que estas en esta clase también? —¿Cómo demonios jamás la había mirado?
Gracias a la efusividad del rubio, muchos compañeros centraron su atención en Hinata, ella se sentía morir. Naruto camino hasta ella.
—Ven, siéntate conmigo. —Era algo tan gracioso de escuchar. ¡Ella se sentaba tras el en todas las clases!
Hinata camino con el brazo de Naruto extendido en su espalda. Se sentía cálido y le daba tanta seguridad, que olvido las miradas del resto del grupo.
/
Para Naruto resultaba el descubrimiento del siglo. Hinata Hyuuga, no solo era su vecina de enfrente, sino que también la tenía en todas las clases.
Al final Hinata le había dicho al Uzumaki que podían verse en la biblioteca después de su entrenamiento. La razón era principalmente, que no quería perderse el entrenamiento, todas las facetas de Naruto le fascinaban (literal), pero en el campo de futbol, parecía un guerrero sexy y hermoso. No podía darse el lujo de perderse algo así. Como de costumbre dejo bocadillos para el en su casilla. Aunque, ahora había habido una variante. Por poco y no podía entrar a los vestidores, porque ahora, la gente la miraba. ¿Estaba perdiendo su invisibilidad?
Cuando termino el entrenamiento corrió a la biblioteca. Lo esperaría ahí, estaba frenéticamente nerviosa y abrumada por todo lo que le ocurría. Todo era tan nuevo y tan irreal.
Cuando él entro a la biblioteca, comenzaron a sonar los murmullos. ¿Qué hacía Naruto Uzumaki en la biblioteca? Se acercó a la mesa que Hinata compartía con un par de chicos.
La morocha cayó en cuenta de la situación. Ella era invisible. No Naruto.
—¡Hola! —La saludo animado. —¿Ya tenías rato esperando? ¿Estas lista para estudiar?
Al escuchar la palabra «estudiar», todos rodaron los ojos. Claro, ahora todo tenía sentido, Uzumaki estaba en la biblioteca con la chica rara y anónima, porque era su tutora, obvio…
Hinata casi pudo escuchar las burlas y murmullos con las conclusiones a las que, la gente de la biblioteca había llegado. Se hundió en su asiento.
—¡Mira! —Hablo una vez más el rubio.
Hinata le miro con atención. Quiso decirle que hablara más bajo, pero él era Naruto uzumaki, ¿Cómo demonios se le ocurría si quiera que podía reprenderlo por gritar en una biblioteca?
—Amo estos pastelillos.
La Hyuuga casi se fue de espalda al verlo sacar los bocadillos que ella había colocado en su casilla hace unos momentos. ¿Era acaso una broma? ¿Alguien la había descubierto y denunciado con Naruto? ¿Lo habría hecho Fuu? —¿Qué?
—Sí, mira, toma uno. ¡Están riquísimos! —Acerco la bolsa de papel a ella para persuadirla a tomar uno.
Temerosa, ella estiro la mano y tomo uno, seguían suaves y olían de maravilla, como en la mañana.
Naruto se acercó a ella, y le indico de la misma manera que se inclinara para susurrarle algo. —Te diré un secreto.
Hinata hizo el mejor intento por poner cara de póker, pero en realidad moría de felicidad. ¿Naruto le confesaría un secreto a ella? —Hay alguien, que me hace… mmm —se rasco la nuca y pensó mejor lo que diría. —Regalos. ¡Sí! Eso, regalos, son regalos, como estos pastelillos. Pero…
Hinata asintió. Porque no sabía que podía responder ante el llamado "secreto". Claro que recibía regalos. ¡Era el chico más popular del instituto! Si lo sabría ella que lo miraba a todas horas y podía ver claramente a cada una de sus fans rodearlo.
—No tengo la más remota idea de quién sea… —continuo el rubio. —Pero cuando me deja comida en mi casilla, es lo más genial del mundo. Los chicos a veces me molestan diciendo que podría ser un hombre o alguna chica loca, que, podría estar comiendo veneno disfrazado de comida sabrosa. Pero… —se rio. —¡no lo creo! Y aunque así fuera, moriría comiendo estas delicias una y otra vez. Lo que más me gusta es cuando me deja dulces de leche, son mis favoritos…
¡Ah! El rubio estaba hablando de ella, de su comida. ¡Le gustaba su comida! Hinata se quedó en shock.
—… aunque los he buscado en varias cafeterías y no he dado con ellos. Sospecho que con caseros Hinata. Ahora que tenga te convidare ¿vale?
Cuando Naruto notó que la Hyuuga no hacía por responderle se arrepintió de haber hablado. —No temas, de verdad no creo que tengan veneno.
Cuando la morocha vio su puchero, se sintió tan enternecida, que estuvo cerca de abrazarlo contra su pecho. Kiba la había acusado muchas veces de estar enamorada a ciegas. Pero ella sabía que no era así. Naruto era un alma muy noble y tierna, una persona de buen corazón.
—Esta bi… bien. —Le sonrió.
—Me gusta cuando sonríes Hinata. Te ves bonita, hazlo más a menudo ¿sí?
La pelinegra estaba de nueva cuenta en el séptimo cielo. La única explicación era que vivía un sueño. Sí, claro, eso era, estaba soñando. Pero era el sueño más bonito de todos los que había tenido.
—Bueno, menos bla, bla, bla y más estudio. Mira traje los apuntes de Shikamaru. Los míos son un desastre. —Se burló.
Hinata escucho atenta todo lo que decía Naruto, fechas, hechos, nombres. Extrañamente, era muy bueno explicando, ¿Por qué extrañamente? Bueno, porque ella nunca lo había visto en la faceta de tutor, pero lo hacía perfecto. A pesar de que todos esos temas ya estaban en su cabeza en extremo detallados, noto, que Naruto daba un plus a todo…
—Ah y también recuerda esto Hinata, si no sabes alguna respuesta, sigue resolviendo el examen y después vuelves si te da tiempo. No debes de perder tiempo valioso de la prueba. Es importante el resultado para que te acepten en la universidad.
Consejitos y todo.
Ella asintió rebosante de felicidad. Así que esto era lo que se sentía estar a su lado, y conseguir un poco de su luz.
—¿Vamos a casa?
—Sí. —Hablo por vez primera sin dudar ante una pregunta del rubio.
El noto, el cambio de tono, y se sintió lleno, satisfecho. Sintió que había encontrado su lugar a lado de esa chica.
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Camino a su casa, Naruto intento llevar su interacción más allá. Preguntando lo que le gustaba hacer y demás asuntos banales a la Hyuuga.
Ella respondió cosas irrelevantes, como que le gustaba leer, cocinar, estar con su hermana y…
Verlo a él, pudo haber sido una buena respuesta, pero solo dijo las tres primeras.
—¿Cuántos años tiene tu hermana?
—Trece… —Susurro Hinata.
—Ya está grande. —Era un bebe de brazos cuando la vi. Estuvo a punto de decir el rubio. En su lugar admitió que: —Me gustaría conocerla.
—Es una gran niña. Muy divertida e inteligente.
Naruto se sorprendió al escucharla hablar sin tartamudeos en una frase tan (tomando como base a Hinata) grande. Noto que el amor que sentía por su hermana era tanto, que era fácil hablar, si se trataba de ella.
Casualmente al llegar a sus casas Hanabi, la hermana de Hinata, se encontraba en el jardín. Jugaba con un pequeño perro blanco.
—Hermana, has llegado. —Grito la menor.
Hinata asintió y le dedico una sonrisa grande a la pelinegra menor. —Gra… gracias Naruto. —Dijo. —Gracias po… por todo.
Se giró para irse, pero fue detenida por el rubio. —¿Te molestaría, si conozco a tu hermana ahora?
Hinata no disimulo su sorpresa, pensó que al decir que la querría conocer, solo hablaba en sentido figurado y por educación. —Cla… claro.
Caminaron a su casa. Hanabi vio con interés al tipo rubio que acompañaba a su hermana. Ella sabía quién era. El vecino. Y sabía también, lo enamorada que estaba su hermana de él.
—Hanabi, él es…
—El vecino… —Dijo Hanabi.
—El vecino… —Se burló el rubio, y rio con la pequeña.
—Sé quién eres. —Dijo la Hanabi, segura de sí misma.
A Naruto eso lo emociono. Eran dos chicas tan parecidas físicamente. Pero tan diferentes en personalidad. Supuso que eso se debía a que Hinata había tenido una vida triste, y que en cambio, había hecho la vida de su hermana lo más amena y segura que podía. Lo veía en su rostro. Hanabi, miraba a Hinata con adoración. Cómo si fuera su heroína.
Le gusto eso. Su instinto no le fallaba. Hinata era muy especial.
—Señorita Hinata. Su padre esta al teléfono. —La niñera de Hanabi, la llamo.
—Vo… voy.
Hanabi le hizo una seña, indicándole que ella cuidaría del invitado.
Cuando Hinata se alejó, La Hyuuga menor se acercó a la mesa del jardín y tomo una charola con bocadillos. —Gustas, vecino.
Naruto miro con sorpresa las golosinas de la charola. Le parecían muy familiares. ¿Eran esos dulces de leche? —Ah, sí, tomaré uno.
Al probarlos, su corazón comenzó a acelerarse. Esos eran.
—¿Quieres más? —Pregunto Hanabi. —¿Son deliciosos verdad?
—¡Sí! —Respondió entusiasmado el rubio. —¿Dónde los compran? —Sería demasiado. No podía ser posible…
—Mi hermana los hace. Es una excelente repostera.
Naruto fue y regreso de la muerte al escuchar eso. No podía ser posible. —Le… le puedes decir a Hinata que me tuve que ir. ¿Por favor?
—Claro. —Dijo Hanabi despreocupada, la palidez del rubio paso desapercibida para ella.
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